Alemania

Una mezcla explosiva

Jorge Binaghi
martes, 24 de mayo de 2022
Kosky, Agrippina © 2022 by Wilfried Hösl Kosky, Agrippina © 2022 by Wilfried Hösl
Múnich, viernes, 13 de mayo de 2022. Prinzregententheater. Agrippina (Venecia, 26.12.1709), libreto del cardenal V. Grimani y música de Georg Friedrich Händel. Dirección escénica: Barrie Kosky. Escenografía: Rebecca Ringst. Vestuario: Klaus Bruns. Intérpretes: Anna Bonitatibus (Agrippina), Elsa Benoit (Poppea), Gianluca Buratto (Claudio), John Holiday (Nerone), Iestyn Davies (Ottone), Mattia Olivieri (Pallante), Cortez Mitchell (Narciso) y Andrew Hamilton (Lesbo). Munichkammerochester. Director: Stefano Montanari
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Por fortuna parece que esta temprana obra maestra de Haendel se va imponiendo lentamente en el repertorio y por ahora en general es mejor garantía de una buena representación que títulos válidos y amadísimos que pocas veces terminan estando a la altura de las circunstancias…

En este caso me permitió conocer la ‘segunda casa’ de la Ópera del Estado de Baviera que hoy lleva el nombre del gran director de escena August Everding: una sala perfecta para el barroco y no sólo, una única platea como la de un gran cine de antaño, bellísima y de muy buena acústica, totalmente repleta de un público que no sólo aplaudía sino que emitía (sin límites de edad) otra serie de ruidos diversos que sigo considerando (inequívoca prueba de mi edad) no muy adecuados para demostrar satisfacción en una ópera o concierto.

Pieza enlazada

Era la última de tres representaciones en las que se reponía el reciente montaje de Kosky, como casi todos los suyos muy inteligente y en este caso muy despojado, en una ambientación contemporánea que al margen de alguna gracia (el último vestido de Popea por ejemplo) daba extraordinario realce y vigencia a los magníficos texto y música que son o pueden ser (lo fueron en este caso) un cóctel Molotov que te hace estallar en la cara la historia sin tiempo de la confusión entre amor y sexo y la utilización de ambos (en especial el último) para las maquinaciones y ambición del poder. 

'Agrippina' de Haendel. Dirección musical: Stefano Montanari. Dirección escénica: Barrie Kosky. Múnich, Prinzregententheater, mayo de 2022. © 2019 by Wilfried Hösl.'Agrippina' de Haendel. Dirección musical: Stefano Montanari. Dirección escénica: Barrie Kosky. Múnich, Prinzregententheater, mayo de 2022. © 2019 by Wilfried Hösl.

Una madre obsesionada por hacer de su inútil hijo un emperador, una dama atractiva que juega a tres bandas aunque le importe sólo una, un emperador al que las faldas lo traen de cabeza, un consejero astuto y acomodaticio, dos generales enamorados de la emperatriz pero a su vez calculadores y no demasiado valientes, y otro (el único noble, que por serlo hace la figura del idiota) son los ingredientes que en arias, recitativos y algún dúo o conjunto, y sin tener presente la historia ‘real’ (que es todavía más salvaje), nos proponen un viaje a una exploración no demasiado complaciente con los recovecos del alma de los llamados seres humanos. Nada nuevo aunque muy sarcástico y desencantado. Kosky no tiene piedad (correctamente porque no la tienen ni Haendel ni Grimani) y en el momento final se permite una pirueta estremecedora: Agripina consigue lo que desea, pero al precio de la soledad y seguramente la desconfianza y el desprecio (pero con un fuerte componente de temor) de los demás.

La versión musical fue entre buena y muy buena. Si no resultó perfecta fue sobre todo porque los tres contratenores elegidos no resultaron tan adecuados como cantantes aunque eran todos muy buenos actores.

El Narciso de Mitchell era prácticamente inaudible. Davies es un cantante conocido y musical, pero en apariencia ha perdido brillo en su voz y hay momentos en que Otón lo necesita. El ‘mejor’, por squillo, pero no por proyección (demasiado incisiva en todo momento, algo metálica) ni por articulación (se entendía muy poco) era el Nerón de Holiday, que el público adoró.

'Agrippina' de Haendel. Dirección musical: Stefano Montanari. Dirección escénica: Barrie Kosky. Múnich, Prinzregententheater, mayo de 2022. © 2022 by Wilfried Hösl.'Agrippina' de Haendel. Dirección musical: Stefano Montanari. Dirección escénica: Barrie Kosky. Múnich, Prinzregententheater, mayo de 2022. © 2022 by Wilfried Hösl.

Bien Hamilton (Lesbo es el único sin aria); mucho mejor que en Barcelona Benoit, cuya Popea no sólo fue ayudada por un juego escénico estupendo sino que ha crecido en matices; muy bien Bonitatibus (que había cantado anteriormente en la producción, pero esta vez llegó más tarde a sustituir a una famosa colega que no se sabe bien por qué no se presentó) aunque el volumen y el color en zona aguda parezcan haber sufrido el paso del tiempo, pero conoce técnica y estilo y sabe actuar, y su gran momento a final del acto segundo (uno de esos momentos que revela al Haendel mayúsculo) consiguió justamente impactar.

Dejo para el -casi- final el caso de Palante. Es cierto que el espectáculo no nació con Olivieri, pero es un crimen (además de un desequilibrio dramático) que se le haya privado de su segunda aria. Cantó muy bien la primera y estuvo perfecto en los recitativos e intervenciones escénicas, pero utilizar a un artista de sus quilates para un personaje como éste suena a despilfarro. Imagino que este es un contrato ‘prepandemia’ y me parece encomiable que se haya respetado, pero no estamos para lujos inútiles.

'Agrippina' de Haendel. Dirección musical: Stefano Montanari. Dirección escénica: Barrie Kosky. Múnich, Prinzregententheater, mayo de 2022. © 2019 by Wilfried Hösl.'Agrippina' de Haendel. Dirección musical: Stefano Montanari. Dirección escénica: Barrie Kosky. Múnich, Prinzregententheater, mayo de 2022. © 2019 by Wilfried Hösl.

Y una ‘pequeña’ cosa más. Bonitatibus al final se dirigió al público. Es cierto que sin micrófono y mucho no se oyó, pero yo, desde lo alto (fila 16) entendí perfectamente que pedía un recuerdo para la inigualable Teresa Berganza, que había fallecido ese mismo día. Hubo algún aplauso aislado y un señor de aproximadamente mi edad me preguntó a quién había nombrado. Le contesté y obtuve por respuesta un encogimiento de hombros y un ‘ah’ que podía tanto significar ‘¿y quién es?’ como ‘¿y a quién le importa?’. En cualesquiera de ambos casos tal vez se entienda que salí del teatro poco animado y pensando que a lo mejor esta ópera es demasiado optimista después de todo y que habría sido mejor que Popea y Otón no terminaran juntos como ejemplo de único amor serio, sino como terminaron en realidad (invito a quien no lo sepa, con todo derecho, que se informe si tiene tiempo o ganas. No estoy muy seguro de tener eco). 

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