Italia

La ‘Prolusione Accademica’ de Verdi

Jorge Binaghi
jueves, 23 de junio de 2022
De Ana, Ernani © 2022 by Fabrizio Sansoni De Ana, Ernani © 2022 by Fabrizio Sansoni
Roma, sábado, 11 de junio de 2022. Teatro Costanzi (dell’Opera). Ernani (9 de marzo de 1844, Teatro de La Fenice, Venecia) libreto de F. M. Piave y música de G. Verdi. Puesta en escena, escenografía y vestuario: Hugo de Ana. Intérpretes: Francesco Meli (Ernani), Angela Meade (Elvira), Ludovic Tézier (Carlo), Evgeny Stavinsky (Silva) y otros. Orquesta y coro (maestro de coro: Roberto Gabbiani) del Teatro. Dirección: Marco Armiliato
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Con esta denominación, ‘discurso inaugural’ o algo así, llamaba Franco Abbiati en su monumental estudio sobre Verdi (I, p.489) a este título. Porque, según dice Julian Budden, ‘en esta ópera Verdi define sus puntos de referencia para los próximos años. Aun más que Nabucco muestra la cristalización de su personalidad musical. Cosa más importante todavía, fue la primera de sus óperas en llegar a ser pieza de repertorio para la escena internacional, como lo siguió siendo por cierto por más de medio siglo después de ser escrita.” (The Operas of Verdi, Volume I, ‘From Oberto to Rigoletto’, Revised edition, chapter 7, p 170).

Ciertamente Ernani puede parecer, o ser, irregular (basta pensar en los coros de introducción de tres de sus cuatro actos) o tener formas convencionales (el protagonista es el más damnificado desde el vamos, aunque su cavatina de entrada sea ‘bonita’), pero además de anticipar claramente en formas (y lugar) a Il Trovatore es la primera con libreto del aún inexperto y siempre dócil Piave en sustitución del aúlico y cotizado Solera, y utiliza una obra prácticamente contemporánea que había causado nada menos que una batalla en París casi quince años atrás, y de nada menos que un Hugo, que, como de costumbre, se quejaba de las óperas que se hacían con sus piezas –sobre todo las de Verdi parecían irritarlo- pero sin poder evitar, y la historia habla clara, que hoy sólo se representen porque fueron ‘fuente de’ o directamente hayan pasado al olvido y se mantengan gracias a música -y correspondientes libretos- de Verdi o Donizetti o Ponchielli (son los primeros que me vienen a la mente).

Roma ha sido un teatro que históricamente ha apostado por Ernani y tenemos la prueba en la producción, que ya se ha estrenado aquí mismo, de la total autoría de Hugo de Ana. Un espectáculo que deja satisfechos a muchos y descontentos a algunos, con razones de ambas partes. Sin duda es decorativa, no interfiere, no subvierte (y eso es bastante, aunque si se leyera atentamente el libreto no resulta que haya mujeres entre los bandidos ni estos van vestidos igual que los cortesanos de Silva o el rey, y tampoco son los de I Masnadieri). Tampoco dice nada nuevo salvo en mínimos detalles, pero los artistas se mueven a sus anchas y todo el mundo parece funcionar sin estrés (eso también es importante para una representación lírica).

 Esta es una ópera de cantantes al mismo título que Il Trovatore , y sólo algo más fácil.

G. Verdi: Ernani. Director musical, Marco Armiliato. Puesta en escena: Hugo de Ana. Roma, Teatro Costanzi, junio de 2022. © 2022 by Fabrizio Sansoni / Opera Roma.G. Verdi: Ernani. Director musical, Marco Armiliato. Puesta en escena: Hugo de Ana. Roma, Teatro Costanzi, junio de 2022. © 2022 by Fabrizio Sansoni / Opera Roma.

La orquesta y el coro (aunque éste tuvo algún desajuste, tal vez producto de la emoción porque se despedían dos de sus miembros que fueron aplaudidos por público y colegas al final de la representación) son buenos y estuvieron bien, aunque esta vez Armiliato me haya convencido menos que en otras. Enfasis y rito muy marcados, dinámicas fuertes (y no todos tenían el volumen de soprano y barítono para hacerles frente), y una parquedad en el lirismo (por ejemplo en el final del aria ‘O de’ verd’anni miei’) que no ayudaron mucho.

De los tres miembros del proyecto ‘Fabbrica’ (programa de jóvenes artistas del Teatro) el que tuvo más oportunidad de lucirse fue Rodrigo Ortiz en el escudero del rey, Don Riccardo. Los otros dos, Alessandro Della Morte (Jago, al servicio de Silva) y sobre todo Giovanna, doncella de Elvira (Marianna Mappa) tienen menos oportunidades y estuvieron correctos. 

Pero la ópera es de cuatro cantantes: con toda la tinta que ha corrido sobre el bajo y sobre si la cabaletta introducida posteriormente es o no de Verdi, etc., el pobre se suele quedar sin ella si no tiene nombre (o interés) para imponerla. Aquí Stavinsky, muy joven y poco maquillado para no parecerlo, no pudo, pero cantó bien, a veces engolando un poco a la manera eslava, pero dijo algunas frases con justo acento (‘La vendetta più tremenda’, pero también se escuchó, poco es cierto, la frase que cierra la obra y que es resumen de la misma y de su personaje, ‘della vendetta il demone qui venga ad esultar’).

Meli es seguramente hoy quien más ha cantado el rol protagonista. Lo hace bien, siempre con ese agudo un tanto corto, y empieza a haber señales de fatiga, no tanto en el ‘desliz’ cometido en la repetición de la cabaletta ‘O tu che l’alma adora’, sino en sonidos abiertos y en medias voces que sólo a veces lo son realmente. Como intérprete nunca ha hecho más que cumplir, y es lo que hizo esta vez.

G. Verdi: Ernani. Director musical, Marco Armiliato. Puesta en escena: Hugo de Ana. Roma, Teatro Costanzi, junio de 2022. © 2022 by Fabrizio Sansoni / Opera Roma.G. Verdi: Ernani. Director musical, Marco Armiliato. Puesta en escena: Hugo de Ana. Roma, Teatro Costanzi, junio de 2022. © 2022 by Fabrizio Sansoni / Opera Roma.

Meade es, en cambio, la voz más adecuada a su personaje que haya yo escuchado en vivo. Ciertamente es más la virago que canta ‘fiero sangue d’Aragona’ que la mujer enamorada que canta una frase -nada difícil y sin embargo …- que hacen que Verdi sea quien es -‘ogni cor serba un mistero’- pero lo que no logra en actuación o fraseo lo logran unos medios poderosos y brillantes (qué agudo, qué centros, qué grave -hoy ligeramente más velado) capaces de recogerse en alados pianissimi, de smorzare y de efectuar trinos y agilidades que no nos pillan desconocidos a los que hemos escuchado sus bellinis y donizettis. Fue aplaudida con delirio y merecidamente.

Pero, y qué pero, el ‘personaje’ de la ópera es el rey del que dice Bernard Sahw citado por Budden (p.171, cit.) al terminar su estudio de la obra: "en la obra de teatro es sublime en sentimientos, pero algo tedioso en expresión. En la ópera es igualmente sublime en sentimiento, pero conciso, noble y conmovedor en la expresión, demostrando de este modo que la principal gloria de Victor Hugo como poeta dramático fue la de haber provisto libretos a Verdi" (y Shaw era, si es que lo era en serio, más bien wagneriano). 

Lo cito porque en esas palabras está resumida la memorable interpretación de Tézier a quien se le pidió insistentemente el bis (no concedido) tras su gran aria, pero habría que habérselo pedido desde que entró con su imperativo ‘Fa che a me venga, e tosto..’ hasta que terminó dominando el gran concertante del tercer acto con su generoso cantable 'a Carlo Magno gloria e onor’. Los barítonos deberían cotizarse y levantar un monumento a Verdi (lo digo en serio), pero sólo (son pocos) los que tienen todas las cartas en regla como el fantástico francés que, desde su primera vez en Montecarlo (estuve presente y aquí está la reseña) cantó un Carlo Quinto extraordinario; pero el de esta vez fue inmenso porque sin perder nada de la lozanía, de la belleza y de la igualdad de los registros, introdujo más matices en un ‘arioso’ como ‘Da quel dì che t’ho veduta’ o ‘Vieni meco sol di rose’ de raigambre belliniana hasta el feroz ‘Lo vedremo o veglio audace’ o los pequeños tríos y apartes con Ernani y Elvira que anticipan al Luna de Il Trovatore, del que también es extraordinario intérprete. A este Carlo Quinto, sí, ‘gloria e onor’. 

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