España - Andalucía

Descomunal Sokolov

José Amador Morales
miércoles, 6 de julio de 2022
Grigory Sokolov © by Vico Chamla Grigory Sokolov © by Vico Chamla
Granada, domingo, 26 de junio de 2022. Auditorio Manuel de Falla. Grigory Sokolov, piano. Ludwig van Beethoven: Variaciones Heroica, op.35; Johannes Brahms: Tres intermezzi, op 117; Robert Schumann: Kreisleriana, op 16. 71 Festival Internacional de Música y Danza de Granada.
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Grigory Sokolov ha vuelto al Festival de Música y Danza de Granada para ofrecer un recital histórico e inolvidable en el Auditorio Manuel de Falla de la ciudad de la Alhambra. De imperturbable semblante y mecánico paseo en su ir y venir al piano, Sokolov parece transformarse con la primera nota, acompañándose de un continuo silabeo con el que canta continuamente en su interior lo que en milésimas de sonido va a tomar forma sonora en la caja acústica del instrumento. Sin partitura, la música fluye directamente…

Ya en las iniciales Variaciones Heroica de Beethoven sucumbimos desde el primer compás, con ese acorde aquí deliciosamente manso pero poderoso en la resonancia de sus armónicos, ante el hermosísimo sonido y sutil rubato que fue desplegando a través de las quince variaciones en las que Sokolov desplegó una creatividad interpretativa desbordante. Finalmente remató la versión con una fuga tan robusta en el carácter como luminosa en la textura melódica, como lógica e inevitable conclusión de todo lo escuchado hasta ese momento.

Los Intermezzi op 117 de Brahms subieron el listón expresivo hasta alcanzar una belleza insólita. La sobriedad, musicalidad y refinamiento expresivo que el compositor hamburgués vuelca en estas piezas tardías (al igual que en los célebres opus 116, 118 y 119) encajan a la perfección con la personalidad del pianista petersburgués. Del arrobo y ensimismamiento lírico de la pieza nº 1 pasamos al clímax entre ensoñador y elegíaco de la intermedia, con una finale cuyo planificado sosiego provoca un impactante efecto expresivo, para terminar por sucumbir -de nuevo- ante la bautizada por el propio Brahms como “canción de cuna de todo mi dolor”. Ante tal demostración interpretativa por obra y gracias las manos y el cerebro musicalmente privilegiado de este gran maestro llamado Grigory Sokolov, parecía que no se podía decir más con menos.

Sin embargo aún quedaba la segunda parte oficial del recital y una tercera extraoficial que de facto integraron las obras interpretadas fuera del programa. Y es que aún nos aguardaba la fastuosa Kreisleriana de Schumann. La lectura serena de Sokolov le permitió derrochar un sinfín de matices y detalles interpretativos que, lejos de empalagar, contribuyeron a la naturalidad y clarividencia de una música que jamás habíamos escuchado de forma tan comprensible, lúcida y, en definitiva, hermosa. Así, la gama dinámica casi infinita, la paleta de colores sabiamente administrados con ese acertado plus de densidad sobre las obras precedentes, el equilibrio de los claroscuros expresivos o la pulcritud melódica, son algunos de los rasgos de la emocionante versión de Sokolov. 

Evidentemente, el público agasajó a Sokolov con un delirium tremens de los que hacen historia, a lo que el pianista de San Petersburgo contestó -eso sí, aparentemente igual de inmutable que en el resto del concierto- con seis contundentes bises (al igual que sucediera justo un año antes, el mismo día y en el mismo escenario con el pianista Arcadi Volodos). Abrió y cerró los mismos con dos habituales, la espectacular Ballada del op 118 de Brahms para enganchar con el programa ofrecido previamente, y un precioso Preludio BWV.855 de Bach en el habitual arreglo de Alexander Siloti. Entre medias cuatro de los Preludios op 23 de Serguei Rachmaninov (nº 2, 4, 9, 10) “marca de la casa” servidos con perfección técnica sublimada por un talento artístico inaudito. 

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