Una jirafa en Copenhague

Entrevista Intrapersonal Confrontada: Omar Jerez con Iñaki Reyes.

Omar Jerez
miércoles, 27 de julio de 2022
Iñaki Reyes © 2022 by Iñaki Reyes Iñaki Reyes © 2022 by Iñaki Reyes
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Debo resaltar de Iñaki Reyes algo que pocos pueden decir:  es una persona querida, respetada y admirada por un entorno que siente devoción por todo lo que hace.

Cada vez que ha firmado su exitoso libro, que va por la segunda edición, El origen del bien, han venido multitud de personas para mostrarle su apoyo desde diferentes puntos geográficos, ya fuera mañana , tarde o noche; con calor, lluvia o frío; da igual. Todos lo aman e Iñaki corresponde con ese amor que deja una sensación de un ambiente nutritivo y que uno desea ver en bucle por tan inhóspita escena.

Efectivamente, Iñaki tiene un trono cubierto de belleza en un entorno inmejorable. Su apellido es monárquico,  pero su inmensa generosidad hacía los suyos es republicano.

Pocas veces de manera sutil y sumamente elegante en una entrevista, se expresan entre líneas tantas claves que dejan asteroides; para el buen entendedor  pocas palabras bastan.

Leamos a Iñaki Reyes, ya que algo sabe de esto.

¿Qué significa para ti la palabra Educar?

Según la RAE, educar es criar, enseñar y adoctrinar a los niños y a los jóvenes. Pues bien, estando de acuerdo en parte con esta definición, la palabra educar para mí comprende además la formación como persona, no tiene por qué ser niño o joven, de quien está recibiendo este don. Educar es crear situaciones, buscar oportunidades en las que las personas puedan desarrollar su competencia intelectual, su opinión moral, y su capacidad afectiva de acuerdo con la sociedad en la que viven.

Destaco mucho esta última parte del párrafo, ya que muchas personas tienden a confundir los verbos educar y enseñar cuando estos, a pesar de sus similitudes, no son o no deberían ser sinónimos.

Enseñar se encamina a mostrar, a transmitir. Educar debería llevar implícito el “hacer sentir”, el emocionar.

¿Cuánto tiempo llevas dedicándote a la educación?

Llevo 14 años ejerciendo como maestro, aunque he de confesar en honor a la vocación, que llevo dedicándome a la educación desde que tenía 9 años y fui hermano mayor.

Desde ese momento, mi vida ha ido ligada a la educación. La educación de mi hermano, mi preocupación por hacerle ver lo que era ser una buena persona y los beneficios que ello conllevaba.

Más tarde, a la edad de 16, comencé a dar clases de karate a los niños pequeños del pueblo donde vivía, ya que el profesor que había hasta entonces, mi profesor, no podía acudir en ese horario, por lo que puso su confianza en mí para que fuera yo quien dirigiera esa clase.

Para mí, aquello fue una gran revelación porque, salvando lo vivido con mi hermano en sus primeros años de vida, con las clases de karate pude experimentar de verdad lo que era enseñar (lo digo consciente de lo que la palabra significa) algo a los niños, de lo que era hacerlos sentir bien, ser partícipe de sus emociones, de su aprendizaje y del premio que uno recibe al ser testigo de cómo un niño evoluciona con tu ayuda.

Es curioso que años atrás, en una de las épocas reflexivas por las que todo adolescente pasa, estuve a punto de dejar el karate, quizá aburrido de entrenar cada día, pero fue mi padre quien, educándome a su manera, me obligó a continuar, asegurándome muchas ventajas que aquello me depararía en mi futuro.

No pudo tener más razón ya que, estoy seguro que de no ser por el karate y las experiencias que viví aquel año como monitor, yo no sería lo que soy hoy en día.

¿Qué consideras que es lo más importante que se debe enseñar en las escuelas hoy en día?

Es una pregunta muy difícil de contestar.

Para empezar, hay que tener en cuenta que yo soy una persona que cree en la individualidad del ser humano, que piensa que ni de lejos somos todos iguales (como algunos intentan meternos en la cabeza).

Por lo tanto, considero que no existe ese “algo importante universal” que haya que enseñar en todas las escuelas.

Puedo hablar de lo que creo que es importante que los niños de la etapa de primaria aprendan en las escuelas de mi comunidad (Madrid) o como mucho de mi país.

Considero que los alumnos de la etapa de primaria deberían aprender fundamentalmente valores. Decir esto es muy fácil, ya que la palabra valores engloba un espectro demasiado grande y diferente para muchas personas.

Los valores que deberían aprender son aquellos que les enseñen a ser capaces de decidir por sí mismos lo que es el bien y lo que no, generando situaciones en las aulas que así lo provoquen. Esa es la tarea más ardua de un buen maestro, el generar situaciones en las que los alumnos, interactuando, deban decidir, deban elegir y que, en función de su elección, la consecuencia sea buena o mala.

En la etapa de primaria los contenidos académicos, sin restarles ni un ápice de importancia, deberían ser meros conductores, escenarios en los que mientras los alumnos los conocen, se generan ese tipo de situaciones.

Repito en que es una tarea difícil para un maestro.

Qué está bien y qué no está tan bien. Qué sucede en ti mismo y en tu sociedad cuando tú intentas hacer lo que crees que es el bien y qué sucede cuando intentas hacer lo contrario.

Eso es lo importante para mí.

Si el alumno es capaz de aprender, él mismo se preocupará por intentar llevar ese “bien” a todos los aspectos de su vida, incluyendo el puramente académico que tanto preocupa a algunos maestros y padres. El alumno, por sí mismo sabrá organizarse, estudiar, trabajar… Y si no sabe hacerlo, habrá aprendido que debe pedir ayuda, preguntar, fijarse en algún ejemplo, porque aquello será lo que él ha aprendido como bien.

En tu opinión como docente, a día de hoy, la educación en las escuelas o colegios ¿tiene más ventajas o desventajas?

Sin ninguna duda, para cualquier docente de verdadera vocación (entiéndase para los maestros que, bajo mi punto de vista, el que tiene verdadera vocación es más feliz en la escuela que en ningún otro sitio) no hay más que ventajas a la hora de educar. Hoy en día y siempre.

La experiencia plausible de contemplar cómo uno puede ayudar a cambiar la vida de una persona es algo que carga las conciencias y llena de felicidad. Y eso, un buen maestro lo experimenta cada día.

Ahora bien, si la pregunta va encaminada a la propia escuela como ente limitador en la educación, claro que hay algunas desventajas. Las hay hoy en día al igual que supongo que siempre las ha habido.

¿Cuáles son entonces esas desventajas?

Más que desventajas, como he referido antes, yo las llamaría limitaciones.

La sociedad, desde que el humano es humano, y de eso hace ya cientos de miles de años, no para de cambiar, por lo que los gurús de la educación (sin intención de sonar peyorativo), no dejan de modificar y hacer saber al resto lo que se debe enseñar o no.

Eso, convertido en ley educativa, limita a veces la labor del docente ya que este, que vive a diario en el aula, nunca es o ha sido, al menos en este país, una de las personas que elabore dicha ley.

Al igual que las leyes, la familia como concepto tampoco ha parado de evolucionar. Cada vez es más normal que los niños pasen poco tiempo con sus familias y mucho de ese tiempo en sus colegios o en sus actividades extraescolares, cosa que, yo no critico. Lo entiendo, y yo también tuve que vivirlo de niño debido al trabajo de mis padres.

Por esto es tan importante la labor de las escuelas como pilares de la educación, que no solo de la enseñanza, como algunos docentes impostores (ahora sí que es mi intención ser peyorativo) claman y defienden.

Por esto además, no se le debe dar tanta importancia a los contenidos estrictamente académicos hoy en día. No es tan importante que los niños sean bilingües, o que sepan dividir como las calculadoras, o nadar como un atleta olímpico en la etapa de primaria. Por no hablar de la importancia que cada vez más se le da a Estudiar (maldita palabra…) en esta etapa. Señores y señoras, a estudiar no se enseña, a estudiar se aprende. Y cada persona aprende de una manera diferente y en un momento de su vida diferente. Si los alumnos pasan a secundaria con los valores a los que me referí anteriormente bien interiorizados, tengan por seguro que sabrán cuando tienen que ponerse a estudiar y cómo deben hacerlo. Si no, pedirán ayuda. Si no, no pasará nada, porque no todo el mundo está obligado a estudiar.

También es por esto que las familias deberían confiar más en los maestros que tratan de educar en valores a sus hijos. Es algo que creo que se ha ido deteriorando con el tiempo cada vez más. Uno va al doctor y nunca le pide rendir cuentas cuando le diagnostican una enfermedad. Sin embargo, a los maestros hoy en día les piden de media una justificación por segundo de cada cosa que hacen o dicen. A decir verdad, es labor de un buen maestro y de las jefaturas que deben acompañarlo siempre, ser honesto y firme consigo mismo, y hacer caso omiso a la opinión de determinadas familias.

Concluyendo, los colegios son el hogar (y lo digo con todas las consecuencias) de millones de niños durante más de 8 horas al día 9 meses al año, y como un hogar deberían ser tenidos en cuenta por todos los que colaboran en la educación.

¿Cómo comparas entonces la educación que tú recibiste con la que impartes?

Muy buena pregunta.

Tienen bastante que ver en cuanto al intento de enseñanza de valores por parte de la mayoría de los docentes.

Lo que ha cambiado de manera radical, al igual que la sociedad, es la manera de transmitirlos y las consecuencias o la repercusión que generan tanto en los alumnos como en las familias.

Yo tuve la fortuna de acudir a colegios en los que se me enseñó a hablar de usted, a respetar el orden en una fila, a pedir la palabra y a no interrumpir al que habla.

También se me enseñó a respetar al adulto, a lavarme los dientes, a utilizar los cubiertos… En fin, una serie de recursos que me han servido muchísimo a lo largo de mi vida.

Los profesores eran más estrictos que hoy en día, pero siempre fueron respetuosos conmigo y con mis compañeros.

Una broma era considerada como tal, tanto por profesores como por alumnos y familias.

Unos ganaban y otros perdían en clase o en el patio, pero afortunadamente me enseñaron que lo normal en la vida es perder, que solo gana uno, y que es importante aprender a estar preparado para ello.

Me enseñaron que todos tenemos un don particular y que, si aprendíamos a descubrirlo, podríamos ayudar a muchas personas.

No tengo ni un solo mal recuerdo de mis años en la escuela, y te aseguro que nunca fui un alumno brillante.

Mis padres, a pesar o, mejor dicho, debido a todo el tiempo que pasaba en el colegio, siempre colaboraron con los profesores en mi educación, por lo que les estoy muy agradecido.

¿Cómo sería para ti una ley de educación ideal?

Otra buena pregunta de difícil respuesta.

Bien, para empezar, como he dicho antes, creo que los docentes deberían tener mucho más peso del que tienen a la hora de elaborar este tipo de leyes.

También considero que estas leyes, si se elaboraran de esta manera, deberían tener al menos una duración de 8 años, gobierne quien gobierne, para que dé tiempo a su implantación total y para poder cotejar de manera más real sus resultados.

En cuanto a la ley como tal se refiere, yo primaría mucho las humanidades; la filosofía, las ciencias sociales y la historia. La historia de España, en nuestro caso, me parece fundamental. Creo que los niños, desde bien pequeños, deberían conocer la historia del lugar en el que viven, además de la del resto del mundo.

Restaría importancia a los idiomas en general, sin dejarlos de lado, pero intentaría en la medida de lo posible que fueran más optativos, ya que no todas las personas están preparadas para aprender un idioma o, al menos, no al mismo tiempo.

Primaría mucho la labor tutorial en la etapa de primaria; la Asamblea como materia obligatoria y diaria, para que los alumnos aprendan unos de otros, aprendan a escuchar, a intervenir, a hablar en público…

Dejaría mayor libertad de enseñanza en los colegios públicos, para que, al igual que en los privados y en los concertados, haya una parte del proyecto educativo que sea propio de cada centro, teniendo en cuenta las condiciones socioeconómicas del lugar donde esté ubicado y de las familias que lleven a sus hijos a estos.

Concluyendo, una ley que no trate de adoctrinar, sino de educar, de transmitir valores, de dar una amplia gama de oportunidades a todos los alumnos teniendo en cuenta sus características individuales. Una ley que, siendo imposible que guste a todos, beneficie a la mayoría.

*Entrevista Intrapersonal Confrontada (O cómo responder y después preguntar)

La entrevista es un género periodístico fundamental. De hecho, se podría considerar su piedra angular, porque permite al periodista confirmar, acceder y conocer los hechos de manera directa, sin intermediarios, hablando con la fuente y estableciendo un diálogo con los protagonistas.

Lamentablemente, y salvo honrosísimas excepciones, la entrevista, ese momento excepcional que combina conversación, reto y seducción, se ha convertido en un acto seco, forzado, en el que demasiado a menudo el entrevistado no quiere responder y al entrevistador le da lo mismo que no quiera. El momento sublime que permite al periodista ejercer su derecho a preguntar se transforma en un trámite, una penitencia o directamente un combate tosco y sin ningún vencedor.

En otras ocasiones, los entrevistados han tenido una clase por parte de sus asesores para evitar, rodear o directamente eliminar preguntas incómodas, que suelen ser precisamente las que el periodismo debe y puede hacer. El resultado, nuevamente, queda en un limbo de medias verdades y frases insulsas. Por no hablar de las entrevistas promocionales asociadas a algún producto cultural, tipo cine, literatura y música, donde la superficialidad es tan apabullante que se podrían mantener las preguntas hechas años antes y tendríamos la certeza de encontrar las mismas respuestas.

Ante este panorama, desolador y habitual en demasía, el artista y creador Omar Jerez propone una nueva fórmula, una nueva aproximación al género que exige una complicidad de ambas partes (tomando como inspiración las entrevistas noveladas que hizo durante años Milan Kundera) para generar un contenido atractivo, valiente, que enriquezca al lector y que suponga una aventura donde ni el camino ni el destino queda prefijado.

El nuevo concepto se llama Entrevista Intrapersonal Confrontada, (EIC), y tiene como cimiento inamovible la siguiente premisa: el entrevistado genera un discurso a priori, provocado y sugerido (o no) por el entrevistador, y posteriormente el periodista edita y da forma periodística a ese contenido. Se crea una arcilla pura que será moldeada por las manos expertas del entrevistador, a posteriori.

A continuación se exponen los 10 puntos que definirán cualquier EIC que se haga a partir de ahora, y que creemos supone una innegable revolución en este género. Es tan sencillo como invertir el orden para recuperar la pureza que nunca debió perder.

Decálogo para una Entrevista Intrapersonal Confrontada (EIC)

  1. Cualquier persona, tenga o no relevancia pública, podrá solicitar a un periodista la realización de una EIC. Igualmente, cualquier periodista podrá solicitar la realización de una EIC a cualquier persona o personaje.
  2. Cualquier EIC tiene como base fundamental la relación que se establece entre el periodista y el entrevistado, así como la reinterpretación del concepto de entrevista para el siglo XXI.
  3. Una vez aceptada la realización de la EIC, se propondrá, por cualquiera de las partes, un tema sobre el que girará la narración, así como su extensión. Igualmente podrá ser de libre elección si así se decide de mutuo acuerdo.
  4. El entrevistado construirá libremente una narración sobre la temática escogida, que podrá ser creada en cualquier formato: texto, audio, vídeo, ilustración, así como cualquier combinación entre estos. El periodista no intervendrá nunca en esta parte del proceso.
  5. El periodista recibirá esa narración y a partir de ahí construirá una EIC en la que se compromete a mantener el sentido del texto original, y podrá modificar, eliminar, ampliar o extender la entrevista para tratar de llegar a la naturaleza real del entrevistado. Podrá solicitar más información al entrevistado, así como convertirla a otro formato.
  6. Bajo ningún concepto el periodista podrá utilizar la información en bruto para difamar o menoscabar la figura o reputación del entrevistado.
  7. El periodista deberá entregar una copia de la EIC antes de su difusión al entrevistado para que la confronte y certifique que se ha mantenido el sentido original, no entrando éste en consideraciones de estilo y forma.
  8. El periodista puede declarar la EIC nula si percibe que está falseada o que el entrevistado se aleja del objetivo principal, que es un ejercicio de honestidad consigo mismo.
  9. El espectador, para poder completar la experiencia, debería tener acceso al discurso en bruto enviado por el entrevistado y la EIC  definitiva, para comparar y enriquecer la lectura/visionado/escucha del proceso.
  10. Al contrario que en la entrevista clásica, en cualquier EIC la búsqueda de la verdad queda supeditada a la experiencia compartida, confrontada y colaborativa entre las dos partes. 
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