Recensiones bibliográficas

Carl Orff y el nacionalsocialismo

Juan Carlos Tellechea
viernes, 12 de agosto de 2022
Carl Orff und der Nationalsozialismus © 2022 by Schott Music Carl Orff und der Nationalsozialismus © 2022 by Schott Music
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Una monografía sobre el papel del compositor y pedagogo Carl Orff en el entorno del nacionalsocialismo, del historiador Dr. Oliver Rathkolb, director del Instituto de Historia Contemporánea de la Universidad de Viena, acaba de ser publicada por la editorial Schott Music en la serie de Publicaciones del Centro Orff, de Múnich.

En su libro, titulado Carl Orff und der Nationalsozialismus (Carl Orff y el nacionalsocialismo), Rathkolb no solo analiza aquí los resultados más importantes de las precedentes investigaciones sobre este controvertido asunto, sino que los complementa con numerosas y nuevas aportaciones basadas en fuentes fidedignas.

El destacado historiador estudia el comportamiento de Orff antes, durante y después de la dictadura genocida nazi de Adol Hitler (1933–1945), especialmente  sus contactos con los potentados y oportunistas del nacionalsocialismo [sobre los que nos ocuparemos más concretamente en una próxima reseña acerca de quiénes eran realmente los nazis], así como la recepción artística y política del Orff Schulwerk (o método Orff), la cantata escénica Carmina Burana y otras obras escénicas.

Impresiones

En su retrospectiva, Rathkolb examina las impresiones de Carl Orff entre 1923 y 1933 para situarlas en el contexto del período posterior a 1933. Otros temas son el de la observación política de que fue objeto el compositor a causa de su éxito musical, así como su proceso de desnazificación con los correspondientes protocolos de los interrogatorios a los que fue sometido, incluidos los que se consideran perdidos.

El director del Instituto de Historia Contemporánea de la Universidad de Viena examina detalladamente la denominada mentira de la resistencia, según la cual Orff fue acusado durante mucho tiempo de haberse incluido deliberadamente en la resistencia de forma falsa para que su figura apareciera retrospectivamente bajo una luz favorable.

En la joven República Federal de Alemania, tras la Segunda Guerra Mundial (1939–1945), Carl Orff era uno de los compositores contemporáneos más conocidos; sus obras escénicas o piezas corales gozaban de gran popularidad y para las clases de música elemental en las escuelas primarias y secundarias, sus obras pedagógicas, así como los llamados "instrumentos Orff", eran imprescindibles.

Éxito ininterrumpido

Hoy en día, la música de Orff ha desaparecido de los repertorios de los teatros de ópera y de las salas de concierto. Solo su Carmina Burana se considera uno de los mayores éxitos de la música clásica en todo el mundo. Por cierto, ya entusiasmaban al público alemán bajo el nacionalsocialismo.

Michael Jackson y algunas otras figuras populares hicieron mundialmente famosa la dramática Carmina Burana de Carl Orff. Sin embargo, era hasta ahora poco conocido su papel en la Alemania nazi. Pese a todo, pudo continuar su celebridad casi sin obstáculos en la joven República Federal.

Nacido en Múnich el 10 de julio de 1895, Carl Orff publicó sus primeras canciones en 1911. Tras el final de la Primera Guerra Mundial (1914–1918), el joven compositor trabajó brevemente como director de banda en Mannheim y en Darmstadt antes de volver a estudiar a partir de 1920 con el compositor Heinrich Kaminski, nueve años mayor que él.

En este período también estudio intensamente la música de los siglos XVII y XVIII. Esto incluía sobre todo las óperas de Claudio Monteverdi, que fascinaban especialmente a Orff. A partir de 1922, comenzó a adaptar el Orfeo de Monteverdi para la escena. Un año después, esta versión se estrenó en Mannheim con poco éxito; tanto la dirección del teatro como los intérpretes la consideraron un "experimento aberrante y hostil al repertorio".

Sin embargo, Orff estaba convencido de la idoneidad de la obra para la escena y produjo dos versiones más hasta 1940. Lo mismo ocurrió con la Arianna de Monteverdi, de la que solo se conserva la conclusión, el Lamento. Orff también adaptó esta pieza varias veces.

Colección de canciones de la Edad Media

En esta época también trabajaba en la que hoy es su obra más conocida, Carmina Burana para solos, coro y orquesta, basados en una colección de cantos y poemas del mismo nombre del siglo XIII procedentes del monasterio bávaro de Benediktbeuern (hoy de los Salesianos de Don Bosco). En la primavera de 1934, Orff había descubierto una edición de la misma en un anticuario de Würzburgo, que lo cautivó inmediatamente.

Seleccionó varios textos en latín, francés antiguo y alto alemán medio y los musicalizó con un fuerte acento rítmico. Los cantos y poemas de Carmina Burana no estaban pensados como cantata, sino como obra escénica; en consecuencia, se estrenaron el 9 de junio de 1937 en la Ópera de Fráncfort.

Al principio, algunas personas se sintieron ofendidas por los textos en latín y su erotismo a veces crudo; la pianista y ferviente nacionalsocialista Elly Ney llegó a calificar la obra de vergüenza cultural. En cambio, muchos otros grandes del partido nazi (NDSAP) se entusiasmaron con el ímpetu de la música, al igual que la mayoría del público. Los Carmina de Orff se convirtieron rápidamente en una de las obras más interpretadas de los compositores alemanes contemporáneos. Entre 1939 y 1944, se realizaron dos grandes cortes para el disco, así como varios números con la soprano Tiana Lemnitz, entre otros.

El hecho de que Carmina Burana fuera concebida como una obra de teatro y se representaron como tal no solo durante la Segunda Guerra Mundial, sino también mucho después, se ha olvidado en gran medida hoy en día. Entre otros, el director de renombre internacional Jean-Pierre Ponnelle puso en escena la obra en 1975 para una producción televisiva que recibió el premio de dirección Prix Italia.

La vida de Orff bajo el nacionalsocialismo también fue olvidada durante mucho tiempo, o incluso suprimida, y el compositor habló poco de ella en vida. Incluso las monografías que se publicaron hasta poco después de su muerte casi omiten este periodo. Normalmente solo se mencionaba que Orff se enfrentaba a ataques por su elección de textos en latín o por el fuerte componente rítmico de sus obras. Después de 1945, él mismo contribuyó a la imagen del compositor, poco apreciado por los nacionalsocialistas y que al mismo tiempo simpatizaba con el movimiento de resistencia de la Rosa Blanca.

Se enfatizaron las críticas a su obra y se ocultaron los elogios unánimes, así como su popularidad en el Tercer Reich. Su ópera en un acto Der Mond. Ein kleines Welttheater ("La Luna: un pequeño teatro mundial"), basada en un cuento de los hermanos Grimm, fue criticada tras su estreno en la Ópera Estatal de Baviera, en Múnich, en febrero de 1939, por estar ambientada en el reino de los muertos. Curiosamente, la obra se emitió solo un mes después en una versión radiofónica adaptada por Orff en la Deutschlandsender de Berlín, con solistas de renombre. El narrador fue el tenor Karl Erb. Erb asumió el mismo papel en la primera grabación completa de la ópera en enero de 1950 con la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera dirigida por Rudolf Alberth.

Llevarse bien con los nacionalsocialistas

El hecho de que la música de Orff no fuera rechazada por el régimen nacionalsocialista, sino más bien apreciada, se demuestra también por la inclusión del compositor en la llamada Lista de los Gottbegnadeten compilada por Hitler (con su siniestro ministro de Ilustración Pública y Propaganda, Joseph Goebbels) en 1944. Según su hija Godela, con la que mantuvo una relación bastante tensa, así como otros contemporáneos, a Orff no le interesaba la política de los nacionalsocialistas y puede que incluso se mostrara crítico y distanciado de sus objetivos; no obstante, intentó llevarse bien con el régimen para no poner en peligro su cosmos artístico y privado.

El Dr. Oliver Rathkolb en una reciente entrevista de prensa:

Carl Orff ecibió un premio interno del Ministerio del Reich para la Ilustración Pública y Propaganda y dos encargos de composición en Fráncfort y en la Ópera Estatal de Viena. Pero si analizo críticamente en qué lugar quedó con todo eso en 1945, puedo afirmar que tuvo más éxito que antes de 1933, aunque no se encuentra entre los diez primeros en las estadísticas de rendimiento. Pero no solo sobrevivió, sino que compuso intensamente. Mas nunca fue ni remotamente antisemita. Por otro lado, era terriblemente ingenuo desde el punto de vista político.
Nunca entendió, por ejemplo, que era una señal política recomponer El sueño de una noche de verano de Mendelssohn, ni siquiera después de 1945. Echó todas las advertencias al viento, incluidas las de la editorial Schott, y cayó en la trampa de los nacionalsocialistas; y entonces sí que ignoraron esta composición. Pero también me sorprendió lo poco que esta, su música, acabó expresándose en el Tercer Reich, en comparación con su amigo y vecino Werner Egk. Y una y otra vez hubo críticas negativas en las actuaciones, por ejemplo también en Milán o.en Viena, porque su música sonaba sospechosamente atonal, aunque no pertenecía a la escuela de Schönberg.

El compositor, que veía su centro de vida en la Alta Baviera, Múnich y el Ammersee, probablemente nunca habría considerado la posibilidad de emigrar. Su tierra natal siempre le ofreció inspiración para nuevas obras musicales. Así, a partir de 1946, Orff escribió la pieza "bávara" Die Bernauerin, sobre Agnes Bernauer, inocentemente ejecutada en 1435, y la comedia "bávara" Astutuli, que apunta a los supuestos sabihondos y listillos.

Al mismo tiempo, seguía fascinado por los grandes poetas de la antigüedad, como Sófocles, Eurípides o Catulo. Incluso antes de conocer la colección de Carmina Burana, Orff se ocupó de los textos del poeta romano durante unas vacaciones en el lago de Garda en el verano de 1930. Poco después, puso música a algunas de ellas para un coro a cappella.

En 1941, Orff retomó estas piezas y las integró en los Catulli Carmina. La desdichada historia de amor entre un anciano y una joven era, según su definición, una parábola escénica de la omnipotencia de Eros. El estreno tuvo lugar el 6 de noviembre de 1943 en la Ópera de Leipzig, en la Augustusplatz, exactamente un mes antes de que fuera destruida por los bombarderos aliados. La obra no recibió mayor atención hasta después del final de la Segunda Guerra Mundial. Una primera grabación de varios coros de Catulli Carmina, entre ellos "Odi et amo", se realizó el 29 de enero de 1950 en Stuttgart con el Coro Bruckner. El director de orquesta era el compositor Johann Nepomuk David.

Orff busca la proximidad de la resistencia en la retrospectiva

Como casi todos los trabajadores de la cultura que vivieron el final de la Segunda Guerra Mundial en Alemania, las relaciones de Orff con el régimen también fueron investigadas en los procesos de desnazificación de las potencias ocupantes aliadas. Se benefició del hecho de que el funcionario cultural estadounidense a cargo de él, Newell Jenkins, era un antiguo alumno suyo. Al final, Orff fue clasificado como seguidor y pudo volver a trabajar sin restricciones a partir de 1947. Algunos de los proyectos en los que trabajaba en ese momento todavía tenían su origen en el Tercer Reich. Por ejemplo, su ópera Antígona, basada en la tragedia homónima de Sófocles, fue encargada por el Gauleiter y Reichsstatthalter (gobernador) de Viena, Baldur von Schirach en 1941. Aunque Orff comenzó a trabajar en ella en ese mismo año, a partir de 1947 sometió las partes terminadas a una profunda revisión y completó la composición un poco más tarde.

Antigonae está dedicada a Kurt Huber, fundador del mencionado grupo de resistencia nazi "Rosa Blanca", quien fue ejecutado en Múnich en julio de 1943. Aunque Orff era amigo de Huber, apenas hablaba con él de política y no sabía nada de sus actividades. Sin embargo, la dedicatoria póstuma acercó al compositor al luchador de la resistencia. El 9 de agosto de 1949, Antigonae se estrenó en el Festival de Salzburgo, en la Felsenreitschule, y supuso otro gran éxito para Orff.

En la joven República Federal de Alemania, Carl Orff era considerado un importante representante de la música contemporánea, al igual que su colega de la misma edad, Paul Hindemith, quien, sin embargo, había huido de los nacionalsocialistas.

A partir de 1950, Orff impartió clases magistrales de composición en la Academia de Música de Múnich. Entre sus alumnos se encontraba Wilhelm Killmayer, en cuya obra el examen de la música del último periodo romántico desempeña un papel importante. En una ocasión describió a su maestro como el compositor menos académico y menos dogmático que conocía.

De hecho, Orff apenas se dejó influir por las distintas corrientes y tendencias de la vanguardia contemporánea. Hasta su muerte, el 29 de marzo de 1982, continuó perfeccionando su estilo personal, que siempre fue tonal, pero que exigía las formas expresivas más diferenciadas. Hoy en día, sus óperas están relativamente poco presentes en el repertorio; los arreglos de las obras de Monteverdi o la Pasión según San Lucas de Johann Sebastian Bach han quedado relegados a los archivos como resultado de la práctica interpretativa históricamente informada. Solo Carmina Burana sigue gozando de una popularidad ininterrumpida.

Los restos mortales de Carl Orff yacen en la capilla del monasterio benedictino de Andechs, uno de los destinos predilectos de la Alta Baviera por peregrinos de todo el mundo y no solo por la exquisitez de su célebre cerveza, una de las mejores (si no la mejor) de Alemania.

Conclusión

El Dr. Oliver Rathkolb resume así en su libro las investigaciones realizadas:

En general, mi evaluación general del trabajo y el impacto del compositor Carl Orff bajo el nacionalsocialismo coincide con los análisis estadounidenses de 1946, que clasifican a Orff como antinazi pasivo.

Hoy leemos principalmente sobre los pocos combatientes activos y heroicos de la resistencia - en el caso específico de Orff, sobre Kurt Huber, quien era considerado políticamente poco fiable por los nazis, liberal y muy católico en su ideología.

Pieza enlazada

Por lo tanto, también hubo una gran indignación cuando (el historiador Dr.) Michael H. Kater publicó La mentira de la resistencia de Orff, que se basó en la interpretación de una historia de fuente oral, sin buscar o recibir más fuentes, hace que sea una construcción basada en un método de trabajo científicamente insostenible.*

En una publicación de 1944 sobre la Ópera alemana del presente, otros compositores se presentaron en toda su supuesta importancia y en algunos casos con una gran afinidad con el régimen nacionalsocialista: Orff por el contrario recurrió aquí a los medios estilísticos de reducción y simplicidad, como se documenta en su autodescripción, que en última instancia también refleja su trayectoria musical:

Carl Orff
geboren 1895 in München
….... lebt daselbst. -
Carl Orf
nacido en 1895 en Múnich
….... vive allí mismo. -
Notas

1. Oliver Rathkolb, “Carl Orff und der Nationalsozialismus“, München: Schott Music, 2022, 288 Seiten. ISBN 978-3-7957-9915-1

2. Michael Hans Kater, "Composers of the Nazi era: eight portraits". New York, Oxford: Oxford University Press, 2000. ISBN 0-19-509924-9. "Deutsche Übersetzung: Komponisten im Nationalsozialismus. Acht Porträts", Parthas-Verlag: Berlin, 2004. ISBN 3-936324-12-3. (Er behandelt Werner Egk, Paul Hindemith, Kurt Weill, Karl Amadeus Hartmann, Carl Orff, Hans Pfitzner, Arnold Schoenberg und Richard Strauss.)

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