Musicología

El retorno de la música de Buono Chiodi a Salò, su patria

Pilar Alén Garabato
miércoles, 17 de agosto de 2022
Il Quartetto del Lago toca B. Chiodi © 2022 by Federico Franchini Il Quartetto del Lago toca B. Chiodi © 2022 by Federico Franchini
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Hace décadas publicaba en Italia un artículo titulado “Un illustre salodiano a Compostella (Spagna)” (Memorie dell’Ateneo di Salò, 1991). Ahora, bien podría poner como rótulo de estas líneas “Un ilustre compostelano en Salò (Brescia)”, dado que, aunque parezca paradójico, no había vuelto a sonar la música de este ilustre salodiano en su tierra natal desde hace más de 250 años.

El concierto en la Chiesa della Visitazione de Saló tuvo lugar el día 3 de agosto, por iniciativa del historiador y músico fundador de la agrupación Il Quartetto del Lago, Federico Franchini (Peschiera del Garda, 1986), bajo el patrocinio del Comune di Salò y la Parrocchia della Annunziata de dicho lugar. Se interpretó el Duetto Settimo, de la serie Duetti con il basso de Buono Chiodi, junto a piezas de los compositores gardesanos Ferdinando Bertoni y Giovanni Battista Quaglia.

Este Duetto es versátil, como otras piezas de la época y, en concreto, un número considerable del repertorio de Chiodi. No indica en la partitura a qué tipo de instrumentos está destinada, aunque la cuerda se adapta perfectamente al carácter melódico de la pieza. Es breve, pero con tres claras partes que van in crescendo en intensidad y complejidad hasta el final. Comienza con un Largo algo misterioso, lento y pomposo; continúa con un Moderato, galante, más elaborado y brioso, y finaliza con un vivaz y bello Fugato con intrincado contrapunto, muy en la línea de otras piezas de Chiodi. En esta ocasión ha sido interpretado por las violinistas Serena Chien y Elena Cicarelli, la chelista Giovanna Trentini y el contrabajo Federico Franchini, fundador del grupo Il Quartetto del Lago

Buono Chiodi

En el mentado artículo del Ateneo di Saló hacía hincapié en que “non è mai troppo tardi, se il resultato è buono…” Es un proverbio que de nuevo reitero, pese a que, por desventura, debo señalar que desde entonces a estos tiempos la figura de Chiodi sigue siendo un santo misterio.

Su biografía se resume en escasos datos constatables. Nació en enero de 1728. Sus padres fueron Lorenzo Chiodi y Ursula Usmerini y tuvo, al menos, una hermana más pequeña casada con un notable personaje de Salò, Stefano Vitalini. Hacia 1753, Chiodi ya era presbítero y, posiblemente, comenzaba a ser conocido por la composición de obras sobre textos de poetas locales y también sacras. Consta que fue un virtuoso organista.

A partir de aquí, se le pierde la pista. Pudo haber estudiado tanto en Brescia como en Milán, Bolonia, Venecia o -quien sabe- la misma capital italiana. Lo que sí está claro es que en 1770 estaba en la ciudad de Lodi. Allí, Joaquín Pardo, un delegado del cabildo del templo de Santiago, llevó a cabo su contratación como maestro de capilla de la catedral compostelana. ¿Cómo es que fueron a por él? Por su fama. Por el conocimiento cierto de que era un buen músico, algo que se sabía en Compostela pues aquí residían varios músicos italianos de su entorno y, en particular, un aventajado alumno que siempre estuvo a su lado, Felice Pergamo.

En sus trece años de magisterio en Santiago, Chiodi fue respetado y querido por todos, dejando en el archivo más de 600 obras. Murió en noviembre de 1783, siendo enterrado en el Convento de Carmelitas.

Por fortuna, era obligado entonces que las obras realizadas para la catedral pasaran a sus fondos. No así otras de carácter profano o no compuestas expresamente para el templo, que se han perdido. 

En España Chiodi es conocido por su Concerto grosso (s.f.), su Marchia para el aprir la Puerta Sta (1779) y la ejecución de un pequeño ramillete de otras piezas sacras. En el plano de la investigación el estudio más completo es la tesis doctoral El compositor italiano Buono Chiodi y su magisterio en Santiago de Compostela (1992), junto con la monografía La capilla de música de la catedral de Santiago de Compostela. Renovación y apogeo de una etapa privilegiada (1770-1808) (Edicios do Castro, 1995), ambas realizadas por quien suscribe esta reseña.

No me alargo más en algunas particularidades de su vida en Santiago, ni tampoco en su obra, toda ella excelente y novedosa para la época en Compostela, pues no es el tema que ahora compete. Vuelvo al recital de este mes de agosto, recalcando que ha devuelto a Chiodi al público italiano.

El concierto

Franchini se ha interesado en estos años en dar a conocer la música de los compositores gardesanos y salodianos en los diez años al frente de Il Quartetto del Lago. Tiene especial interés en rescatar del silencio a músicos que podrían calificarse de “menores” por haber caído en un inexplicable olvido o ser compositores apenas conocidos. Es una tarea ardua pero que comparto enteramente. Esos maestros cuyos nombres no figuran entre los grandes, son, sin embargo, los que han mantenido y generado nuevas tendencias y estilos, por lo que su presencia en la historia no es supletoria: son músicos “mayores”, aunque no los conozcamos tanto como a otros.

Puede que nos cueste ubicar Salò en un determinado lugar de Italia, fuera de la desgraciada historia de la República de Saló y la película de Pasolini. Como contrapartida y hecho anecdótico, corroboro que en la década de 1990 tampoco sonaba el nombre de Compostela en Italia. No en vano, en el título del artículo lo apuntalaba con la indicación “Spagna”.

Hoy Compostela es conocida en todo el mundo y quisiera que también lo fuese Salò y los músicos del Lago de Garda. Es un lugar que aparece como uno de los principales centros turísticos del norte de Italia por estar situado en lugar privilegiado por su clima. Pero Salò es también tierra de poetas y músicos, con un rico acervo cultural y cantidad de actividades lúdicas e instructivas. 

Ojalá suene también Chiodi en Santiago de la mano de Il Quartetto del Lago en primera instancia. Para piezas que requieren mayor despliegue, por precisar gran orquesta, solistas y coro, bien podrían implicarse formaciones ya consolidadas u otras nuevas que surjan en estas tierras, para que se levante el entusiasmo por un patrimonio musical “sagrado”: el de la Catedral. No todo lo que se conserva en su archivo es supremo, pero hay mucha, buena y respetable música en sus legajos. 

Para terminar, transmito un comentario de Federico Franchini, “redescubridor” de Chiodi, valorando lo interpretado en el concierto de Salò: La música de Buono Chiodi es refinada y culta, con matices y colores que combinan a la perfección con un excelente conocimiento del contrapunto.

Así lo consideraron también sus coetáneos, los entendidos de su época y los de siglos posteriores, más en Compostela que en Italia.

Franchini, prendado de la obra de su paisano Buono Chiodi, y dando a conocer esta obra inédita, ha puesto en escena de nuevo a este ilustre maestro de capilla que tanto hizo por la música compostelana. Ahora forma parte ya de la historia de Salò, su patria. 

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