Austria

Salzburgo 2022

Suor Angelica fuma

Agustín Blanco Bazán
lunes, 22 de agosto de 2022
Loy, Suor Angelica © 2022 by SF / Monika Rittershaus Loy, Suor Angelica © 2022 by SF / Monika Rittershaus
Salzburgo, jueves, 18 de agosto de 2022. Grosses Festpielhaus. Trittico con música de Giacomo Puccini. Gianni Schicchi (libreto de Giovacchino Forzano). Regie: Christoph Loy. Escenografía: Etienne Plus. Vestuarios: Barbara Drosihn. Dramaturgia: Yvonne Gebauer. Elenco: Misha Kiria (Schicchi), Asmik Grigorian (Lauretta), Enkelejda Sjkosa (Zita), Alexey Neklyudov (Rinuccio), Scott Wilde (Simone). Il tabarro (Libreto de Giuseppe Adami). Elenco: Roman Burdenko (Michele), Asmik Grigorian (Giorgetta), Joshua Guerrero (Luigi), Andrea Giovannini (Il Tinca), Scott Wilde (Il Talpa), Enkelejda Shkosa (La Frugola). Suor Angelica (Libreto de Giovacchino Forzano). Elenco: Asmik Grigorian (Suor Angelica), Karita Mattila (la tía princesa), Hanna Schwarz (Abadesa). Orquesta Filarmónica de Viena bajo la dirección de Franz Welser-Möst. Co-producción con la Ópera Nacional de Paris.
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En una escena memorable del Tríptico escenificado por Christoph Loy en Salzburgo, Asmik Grigorian -la soprano estrella del Festival de este año- nos presenta una Suor Angelica que responde con desesperación, incredulidad y rebeldía al lacónico anuncio de la muerte del hijo que la ha obligado a purgar su pecado en un convento. Luego de firmar los papeles que tira por el aire en la cara de su tía princesa, la monja se arranca la cofia y se desploma en una silla para comenzar un antológico Senza Mama. Pero el hijo muerto que ella ve en una estrella le ayuda a incorporarse y elevar los brazos con la liviandad de una espiga mientras emite un filado firme y luminoso.

Las monjas comprenden que con la muerte de su “pecado” el encierro ha terminado para ella y le acercan la valija de la cual sacará la ropa de calle de la cual una vez se despojó para tomar sus hábitos. Allí se encuentran los cigarrillos que había dejado de fumar, uno de los cuales enciende para darse un respiro antes de preparar su veneno.

Loy respeta la visión que Puccini concedió a ésta, su suprema heroína, al permitir que un niño interrumpa la escena y se acueste en el regazo de esta mujer finalmente liberada de los prejuicios que arruinaron su vida. Pero también se permite una de sus típicas “originalidades”: Angélica, que ha cortado las plantas para preparar su veneno con una tijera, trata de escapar por la puerta trasera de la escena, pero cae torpemente estando de espaldas del público para volver a la escena con los ojos morados. ¿Se los ha herido con la tijera para quedar ciega y así transformarse en vidente como el mítico Tiresias? ¿Y de esa manera “ver” la milagrosa aparición de su hijo muerto?

‘Il Trittico: Il tabarro’ de Giacomo Puccini. Dirección musical, Franz Welser-Möst. Dirección escénica, Christoph Loy. Festival de Salzburgo 2022. © 2022 by SF / Monika Rittershaus.‘Il Trittico: Il tabarro’ de Giacomo Puccini. Dirección musical, Franz Welser-Möst. Dirección escénica, Christoph Loy. Festival de Salzburgo 2022. © 2022 by SF / Monika Rittershaus.

Loy ubicó las tres óperas dentro de un espacio cerrado, algo así como un gran estudio de ensayos casi vacío, y solo interrumpido por unos pocos muebles. En Gianni Schicchi hay una cama debajo de la cual los Donati esconden rápidamente el cadáver de Buoso, y una nevera en cuya parte trasera Rinuccio encuentra el testamento. En Il tabarro, la derecha está ocupada por una gran barcaza que comercia con muebles. Alguno de ellos, en particular un gran sillón desembarcado o a punto de ser subido a bordo, ayudan decisivamente el progreso de la acción. Y en el lado izquierdo de Suor Angelica están las macetas con las plantas redentoras que cultiva la monja, mientras que a la derecha vemos la mesa que no solo servirá para firmar el documento a través del cual Angelica certifica su conformidad con la partición de bienes de su familia: en una primera rebelión la heroína reprocha a su tía la falta de piedad golpeando furiosamente sus puños contra este mueble. Decididamente esta nena no es tan modosita como lo pretende la madre superiora.

Como ocurre normalmente con Loy el minimalismo escénico se complementa con una regie de personas sobria e intensa. Como Lauretta, Grigorian canta su “O mio babino caro”, parada y sin un gesto de brazos junto al sillón donde está sentado su padre y solo bien al final se sienta en el regazo de éste para cantar su “Bappo pietà pietà” mirándole a los ojos.

Iurii Samoilov (Marco), Caterina Piva (La Ciesca), y Scott Wilde (Simone) en ‘Il Trittico: Gianni Schicchi’ de Giacomo Puccini. Dirección musical, Franz Welser-Möst. Dirección escénica, Christoph Loy. Festival de Salzburgo 2022. © 2022 by SF / Monika Rittershaus.Iurii Samoilov (Marco), Caterina Piva (La Ciesca), y Scott Wilde (Simone) en ‘Il Trittico: Gianni Schicchi’ de Giacomo Puccini. Dirección musical, Franz Welser-Möst. Dirección escénica, Christoph Loy. Festival de Salzburgo 2022. © 2022 by SF / Monika Rittershaus.

La propuesta de comenzar con Gianni Schicci y terminar con Suor Angelica fue en parte aceptada por la grandeza de la escena final, realmente una exaltación digna de un final operístico. Pero, ¡ay!, como ocurre con la secuencia más común en la presentación de las tres óperas, la del medio siempre parece perder dramatismo. Así pasa con Suor Angelica normalmente, y así pasó en Salzburgo con Il Tabarro que al quedarse en medio pareció perder su arrolladora intensidad de film noir y grand guignol: solo el “E ben altro il mio sogno” de la Grigorian arrolló como una visión de ideal no consumado, pero no por ello menos luminoso, en medio de la desesperanza que predomina en esta ópera.

¿Tal vez mejor poner Gianni Schicchi entre las otras dos? No en opinión de Loy, que ha decido evocar esta trilogía comenzando por un infierno que nadie se toma en serio, seguida de un purgatorio aparentemente sin salida y culminada con ese paraíso al que solo pueden llegar los pecadores. ¡Bien dantesco!

Aparte de Grigorian los elencos fueron aceptables pero no descollantes, tal vez con la excepción de Karita Mattila, una tía princesa elegantemente vestida y de pantalones, pero decididamente más fría que un Iceberg y capaz de lanzar cada frase como una puñalada sutil y penetrante. Nada pués de la chupacirios a que nos tienen acostumbrados sino una formidable manipuladora de conceptos como religión, honor y fortuna familiar.

Karita Mattila (La Zia Principessa) y Asmik Grigorian (Suor Angelica) en ‘Il Trittico: Suor Angelica’ de Giacomo Puccini. Dirección musical, Franz Welser-Möst. Dirección escénica, Christoph Loy. Festival de Salzburgo 2022. © 2022 by SF / Monika Rittershaus.Karita Mattila (La Zia Principessa) y Asmik Grigorian (Suor Angelica) en ‘Il Trittico: Suor Angelica’ de Giacomo Puccini. Dirección musical, Franz Welser-Möst. Dirección escénica, Christoph Loy. Festival de Salzburgo 2022. © 2022 by SF / Monika Rittershaus.

Mishia Kiria cantó un Schicchi de voz firme y fraseo claro y de aceptable sarcasmo, y Roman Burdenko también convenció vocalmente como Michele en Il Tabarro, pero se quedó dramáticamente corto en su doliente dúo con Giorgetta y en su “Nulla Silenzio”.

Como Rinuccio en Gianni Schicchi, Alexei Neklyudov exhibió un bello timbre lírico en el registro medio pero estuvo débil en el pasaje a la colocación de los agudos y estos le salieron algo “estrangulados”. En Il tabarro Joshua Guerrero cantó un Luigi bien fraseado pero de timbre algo desparejo: algunas notas brillantemente colocadas, otras más bien neblinosas.

Entre los cameos se destacó Ankeadja Shkosa, quien como Grigorian cantó en las tres óperas como Zita, la Frugola y la Suora Zelatrice

¿Hay algún acorde que no salga perfecto a través de la Filarmónica de Viena? La respuesta es, por supuesto: ¡NO! Es así que este Tríptico brilló por su detalle y diferenciación de voces orquestales. Pero ocurre que Puccini es sin duda itálicamente expresivo pero nunca bombástico. En mi opinión Franz Welser-Most ignoró este requerimiento de sobriedad en los tutti, que sonaron demasiado fuertes y exageradamente expandidos. Y el volumen también afectó frecuentemente el balance entre los cantantes y la orquesta. De cualquier manera, la sincronización entre esta última y la escena fue prolijamente cincelada. 

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