Una jirafa en Copenhague

Entrevista Intrapersonal Confrontada: Omar Jerez con Platón

Omar Jerez
miércoles, 31 de agosto de 2022
Platón © 2022 by Platón Platón © 2022 by Platón
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Me resulta cómodo hablar en términos elogiosos sobre el dúo musical Platón.

Nuevamente me encuentro con algo que he visto y experimentado en primera persona una y otra vez, en bucle: cuanto más alto ha sido el triunfo y reconocimiento de quiénes conozco, más accesibles, humildes y encantadores se muestran.

Platón, son dos tipos excepcionales tanto en el componente creativo como en su calidad humana. Para que os hagáis una idea, llamé a Michel en plenas vacaciones y en un sitio sin cobertura, y él se tomó la molestia para trasladarse a una zona que tuviese cierta conexión para de ese modo poder hablar conmigo. Mi corazón ya había sido conquistado con tal acto, obviamente, y me pregunté ¿Qué tipos de personas harían algo así en un periodo vacacional y siendo interrumpidos por alguien al que no conocen de nada?

Si a esto añadimos que el nivel de la *EIC con Platón ha sido un ejercicio de plena honestidad y sin cortafuegos, ya solo puedo decir gracias y que los lectores y sobre todo los músicos disfruten de las reflexiones más personales de dos incontestables artistas como son Platón.

Entrevista Intrapersonal Confrontada-Platón

Nos ha costado mucho encontrar “preguntas que no nos hayan hecho nunca”, aunque en realidad, lo difícil es afrontar con sinceridad algunas cuestiones que, en su momento, por no meternos en un lío contestamos pasando de puntillas al hablar de ciertos asuntos delicados, o por pudor, por no enseñar la trastienda de un oficio que se muestra a menudo con excesiva frivolidad, pero que necesita el mismo esfuerzo y dedicación que cualquier otro. Aquí van algunas de esas reflexiones, esta vez hechas con total honestidad.

¿Es tan difícil sobrevivir al éxito?

Siendo muy jóvenes escuchamos aquello de que “es más difícil sobrevivir al éxito que al fracaso”, tal vez por eso de que cuando tocas fondo sólo puedes ir hacia arriba y cuando estás arriba lo complicado será mantenerte en esa posición “elevada”. Pero para responder bien a esta pregunta deberíamos definir antes qué es el éxito: en cualquier trabajo, para la mayoría de la gente es sinónimo de ganar dinero, cuanto más mejor. Hablando de música, se considera que un artista o grupo tiene éxito cuando logra vender muchos discos y hacer muchos conciertos, lo que no siempre va unido al citado dinero. En nuestro caso el éxito, además de permitirnos vivir de nuestro trabajo, nos dio la posibilidad de poder continuar desarrollándonos como profesionales, porque en realidad lo que “compras” con ese éxito es tiempo y mejores recursos para dedicarte a hacer lo que más te gusta. 

Cuando empezábamos pasamos varios años entregando maquetas con nuestras canciones en todas las discográficas sin obtener respuesta; en esas circunstancias, el fracaso nos empujaba a pelear con más ganas, pues lo teníamos todo perdido y sólo quedaba seguir intentándolo. Curiosamente, cuando por fin grabamos nuestro primer disco y se convirtió en eso que llamamos “éxito”, el objetivo cambió y el reto era ver si seríamos capaces de superar las ventas de aquel primer trabajo. Esto es algo habitual en el arte, pues un escritor que logre un best seller pasará el resto de su carrera a la sombra de esa creación, con la incertidumbre de si será o no capaz de superar ese listón invisible. En el mundillo musical decimos que “vales lo que tu último disco”, por aquello de que no importa el tiempo que lleves en esto, pues serás juzgado y valorado por lo que muestre tu marcador “en tiempo real”. Con el paso de los años aprendes a vivir ajeno a la opinión que los otros tienen de ti y de tu trabajo y simplemente sigues adelante, intentando ser honesto contigo mismo, pues eso es lo más importante, más allá de cuántos discos o conciertos halla en tu currículum.

¿Qué le diríais a alguien que quiere dedicarse a la música?

Esta es una de esas preguntas que hemos contestado en numerosas ocasiones con una respuesta vaga o inocente y que ahora retomamos con la licencia que nos regala el paso del tiempo. Hace unos años, en un programa de televisión una artista muy famosa afirmó que “lo primero que debe hacer alguien que quiera ser músico es buscarse un buen abogado, pues todo el que se te acerca quiere robarte”. Obviamente esas palabras generaron una gran polémica, pese a la sinceridad que había en ellas. Respondiendo a la pregunta, habría que diferenciar entre hacer música como un entretenimiento o de forma profesional. Es bien sabido el beneficio que tiene la práctica de algún instrumento a cualquier edad, ventajas que aumentan si se hace en compañía de otros. 

Que un grupo de chavales se reúna en un local a interpretar sus canciones favoritas es una afición maravillosa, más aún si se animan a dar forma a sus propios temas y si algún día se deciden a ponerse delante del público en alguna fiesta se lo pasarán en grande, garantizado. Otra cosa será si intentan vivir de la música. En ese caso les diríamos que nunca tengan el dinero como prioridad, que ante todo se diviertan con lo que hacen y que sean honestos consigo mismos, más allá de lo que les proponga el presunto gurú de turno en forma de manager, productor o discográfica; que hagan su camino en base a sus decisiones y no a las que otros tomen por ellos; que se rodeen siempre de personas que tengan sus mismos intereses y que confíen en ellas, pues intentar estar en todo y en todas partes es imposible y sólo les traerá dolores de cabeza: eso se llama delegar y hay que saber hacerlo muy bien, pese a que es algo que nunca se termina de aprender del todo y de ello dependerá su futuro, les guste o no. 

Hoy en día se habla mucho de que la industria musical ha cambiado y que es más fácil caminar en solitario; nos encanta esa idea, sobre todo cuando vemos artistas o grupos que tienen su “parroquia” y pueden vivir de la música sin pasar por las multinacionales, las emisoras musicales tradicionales o las grandes cadenas de televisión, con la libertad de editar sus discos y venderlos por sus propios medios: felicidades, os habéis evitado un peaje carísimo. Seguid disfrutando de lo que hacéis y subiros cada noche al escenario como si fuera la última vez, es un privilegio con el que muchos soñarán el resto de sus vidas.

¿Ha merecido la pena?

Esta pregunta no nos la han hecho nunca, pero nosotros la hemos puesto sobre la mesa cada cierto tiempo, a modo de autoevaluación. Empezamos a cantar siendo muy pequeños, acompañando a nuestros padres en un espectáculo familiar. Desde entonces la música ha condicionado nuestras vidas, anteponiéndola a todo, para bien o para mal. Somos responsables de los aciertos y los errores, de haber vuelto a la casilla de salida las veces que ha hecho falta y de no perder la ilusión en ningún momento, porque no hay nada comparable con lo que se siente cuando compones una canción, la grabas en el estudio y meses después la cantas a una sola voz con una legión de gargantas que comparten la misma emoción y la hacen suya, esa es la única y verdadera magia de todo esto. ¿Ha merecido la pena? Una y mil veces sí.

Michel y Chuss Platón

*Entrevista Intrapersonal Confrontada (O cómo responder y después preguntar)

La entrevista es un género periodístico fundamental. De hecho, se podría considerar su piedra angular, porque permite al periodista confirmar, acceder y conocer los hechos de manera directa, sin intermediarios, hablando con la fuente y estableciendo un diálogo con los protagonistas.

Lamentablemente, y salvo honrosísimas excepciones, la entrevista, ese momento excepcional que combina conversación, reto y seducción, se ha convertido en un acto seco, forzado, en el que demasiado a menudo el entrevistado no quiere responder y al entrevistador le da lo mismo que no quiera. El momento sublime que permite al periodista ejercer su derecho a preguntar se transforma en un trámite, una penitencia o directamente un combate tosco y sin ningún vencedor.

En otras ocasiones, los entrevistados han tenido una clase por parte de sus asesores para evitar, rodear o directamente eliminar preguntas incómodas, que suelen ser precisamente las que el periodismo debe y puede hacer. El resultado, nuevamente, queda en un limbo de medias verdades y frases insulsas. Por no hablar de las entrevistas promocionales asociadas a algún producto cultural, tipo cine, literatura y música, donde la superficialidad es tan apabullante que se podrían mantener las preguntas hechas años antes y tendríamos la certeza de encontrar las mismas respuestas.

Ante este panorama, desolador y habitual en demasía, el artista y creador Omar Jerez propone una nueva fórmula, una nueva aproximación al género que exige una complicidad de ambas partes (tomando como inspiración las entrevistas noveladas que hizo durante años Milan Kundera) para generar un contenido atractivo, valiente, que enriquezca al lector y que suponga una aventura donde ni el camino ni el destino queda prefijado.

El nuevo concepto se llama Entrevista Intrapersonal Confrontada, (EIC), y tiene como cimiento inamovible la siguiente premisa: el entrevistado genera un discurso a priori, provocado y sugerido (o no) por el entrevistador, y posteriormente el periodista edita y da forma periodística a ese contenido. Se crea una arcilla pura que será moldeada por las manos expertas del entrevistador, a posteriori.

A continuación se exponen los 10 puntos que definirán cualquier EIC que se haga a partir de ahora, y que creemos supone una innegable revolución en este género. Es tan sencillo como invertir el orden para recuperar la pureza que nunca debió perder.

Decálogo para una Entrevista Intrapersonal Confrontada (EIC)

  1. Cualquier persona, tenga o no relevancia pública, podrá solicitar a un periodista la realización de una EIC. Igualmente, cualquier periodista podrá solicitar la realización de una EIC a cualquier persona o personaje.
  2. Cualquier EIC tiene como base fundamental la relación que se establece entre el periodista y el entrevistado, así como la reinterpretación del concepto de entrevista para el siglo XXI.
  3. Una vez aceptada la realización de la EIC, se propondrá, por cualquiera de las partes, un tema sobre el que girará la narración, así como su extensión. Igualmente podrá ser de libre elección si así se decide de mutuo acuerdo.
  4. El entrevistado construirá libremente una narración sobre la temática escogida, que podrá ser creada en cualquier formato: texto, audio, vídeo, ilustración, así como cualquier combinación entre estos. El periodista no intervendrá nunca en esta parte del proceso.
  5. El periodista recibirá esa narración y a partir de ahí construirá una EIC en la que se compromete a mantener el sentido del texto original, y podrá modificar, eliminar, ampliar o extender la entrevista para tratar de llegar a la naturaleza real del entrevistado. Podrá solicitar más información al entrevistado, así como convertirla a otro formato.
  6. Bajo ningún concepto el periodista podrá utilizar la información en bruto para difamar o menoscabar la figura o reputación del entrevistado.
  7. El periodista deberá entregar una copia de la EIC antes de su difusión al entrevistado para que la confronte y certifique que se ha mantenido el sentido original, no entrando éste en consideraciones de estilo y forma.
  8. El periodista puede declarar la EIC nula si percibe que está falseada o que el entrevistado se aleja del objetivo principal, que es un ejercicio de honestidad consigo mismo.
  9. El espectador, para poder completar la experiencia, debería tener acceso al discurso en bruto enviado por el entrevistado y la EIC  definitiva, para comparar y enriquecer la lectura/visionado/escucha del proceso.
  10. Al contrario que en la entrevista clásica, en cualquier EIC la búsqueda de la verdad queda supeditada a la experiencia compartida, confrontada y colaborativa entre las dos partes.
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