Alemania

La tradición no es la adoración de las cenizas, sino la transmisión del fuego

Juan Carlos Tellechea
jueves, 1 de septiembre de 2022
Anne-Sophie Mutter © 2022 by Julie Goetz Anne-Sophie Mutter © 2022 by Julie Goetz
Essen, martes, 30 de agosto de 2022. Gran sala auditorio Alfried Krupp de la Philharmonie Essen. Anne-Sophie Mutter, violín. Pittsburgh Symphony Orchestra. Director Manfred Honeck. György Ligeti, Lontano para gran orquesta. Ludwig van Beethoven, Concierto para violín y orquesta en re mayor op 61. Gustav Mahler, Sinfonía nº 1 en re mayor “Titán“. 100% del aforo.
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En la apertura de este maravilloso concierto de la aclamada Pittsburgh Symphony Orchestra en la gran sala auditorio Alfried Krupp de la Filarmónica de Essen, suenan con sobresaliente acústica las grandes páginas de Lontano de György Ligeti, una enorme superficie sonora estática y en movimiento a la vez; un flujo interminable, instrumentalmente muy estructurado, que parece muy natural al escucharlo. Ligeti fue el gran universalista de la música del siglo XX, de ahí que su obra siga infinitamente vívida.

Introducirla en el programa fue un muy buen golpe de efecto del celebrado maestro Manfred Honeck. El comienzo de la composición tiene un alcance muy especial, casi mágico; la forma en que el piano cuádruple se convierte en un piano a través de un pequeño crescendo, que luego se apaga de nuevo como un sonido (morendo), está magníficamente elaborado y realizado de forma magistral desde el punto de vista orquestal.

Manfred Honeck dirigiendo la Pittsburgh Symphony Orchestra en la Philharmonie Essen. © 2022 by Julie Goetz.Manfred Honeck dirigiendo la Pittsburgh Symphony Orchestra en la Philharmonie Essen. © 2022 by Julie Goetz.

Todas las cualidades de este cuerpo sonoro brillan ahora de repente. Tienen un gran poder espiritual, que a su vez apoya el proceso que sigue. Todo fluye, desde muy cerca hasta muy lejos. Lontano fue interpretado por la Pittsburgh Symphony Orchestra con mucha emoción y filigrana hasta la última pausa general de respiración. Trece minutos en total. Demasiado breve a mi gusto. El público quedó al principio mudo de asombro, hasta que instantes después aplaudió estruendosamente ante la velada de gran intensidad que se avecinaba.

Entre el público

Estaban presentes en la sala la nueva embajadora de los Estados Unidos ante del gobierno de Alemania, Amy Gutmann, ex presidenta y catedrática de ciencias políticas de la Universidad de Pensilvania, quien patrocina frecuentemente estos eventos culturales de su país, y el alcalde de la ciudad de Essen, Thomas Kufen.

Honeck eligió esta transición antes de ir al extraordinario Concierto para violín en re mayor de Ludwig van Beethoven, con la virtuosa Anne-Sophie Mutter. La platea aplaudió entre cada uno de los movimientos. Al final se levantó de sus butacas varias veces para ovacionar a la orquesta, a la solista y al director. Parafraseando a Julio César: vinieron, interpretaron y vencieron, para continuar viaje a Salzburgo y después seguir su intensa gira europea.

La gran violinista ofreció su extraordinaria interpretación del opus 61, plasmando muy inteligentemente la fuerza de Beethoven. La empatía entre el compositor y la intérprete es aquí intensa. La cuidadosa e inspirada dirección de Honeck consiguió así un clímax indiscutible con este Concierto que se ha convertido en caballito de batalla de todos los grandes violinistas de nuestro tiempo. Entre otros, me viene a la memoria David Oistraj. Pero hace mucho tiempo ya que el virtuosismo dejó de ser patrimonio masculino.

Radiante Beethoven

Compuesto en 1806, el Concierto en re mayor refleja, al igual que la Sinfonía nº 4, Op 60, el mismo sentimiento de felicidad radiante y optimista, aparentemente libre de todas las aflicciones terrenales, que rara vez se encuentra en las obras de Beethoven.

El primer movimiento comienza con un prodigioso Allegro ma non troppo que concluye con una sorprendente cadencia entre el violín y los timbales. Manfred Honeck lo toma acertadamente, con calma, creando una serena tranquilidad. No es que la batuta no cobre vida después. Pero el gesto no es nunca discordante. También el diálogo del violín con la orquesta es de verdadera distinción durante el famoso pasaje lento puntuado por la percusión. En el momento de la cadencia, el arco de Anne-Sophie Mutter despliega su bella digresión sobre el referido fondo de timbales.

Hasta las lágrimas

El Larghetto, de una intensidad lírica poco común (lágrimas de emoción asomaron a las mejillas de muchos espectadores en esta velada; me consta que a Anne-Sophie Mutter le ocurre lo mismo en múltiples oportunidades) sorprendentemente plástico: las primeras páginas, cuando el violín es acompañado por el clarinete y luego por el fagot, rozan lo sublime.

Se establece un diálogo etéreo, de formidable intensidad, en un pianissimo hechizante, ya que las sinuosas frases del violín se contraponen a los tenues pizzicatos de las cuerdas. La resolución roza el silencio. Tras la transición ex abrupto, el Rondo allegro final, que florece de alegría pura, se toma con gran brío, como si estuviera libre de toda pesadez, y la breve cadencia será alegre, como la gloriosa reprise final.

También en este caso, Anne-Sophie Mutter demuestra un dominio de los matices: el sonido refinado de su Stradivarius Lord Dunn-Raven. No hay énfasis. Es como si se negara a utilizar cualquier efecto que recuerde remotamente al virtuosismo escénico. La complicidad con el director Manfred Honeck es total en una pieza que sitúa a la solista y a la orquesta en un plano de igualdad.

Magnificencia

La excelencia de los músicos de la Pittsburgh Symphony Orchestra, numerosos en la sección de cuerda, añade magnificencia a estas interpretaciones, como le comentaba personalmente al término del concierto, y durante la recepción oficial posterior, a la laureada violinista ucraniana-canadiense Marta Krechkovsky, integrante de este colectivo musical.

Pieza enlazada

Tras el intervalo, la Orquesta Sinfónica de Pittsburgh al mando del maestro Manfred Honeck interpretó la Sinfonía nº 1 en re mayor “Titán“ de Gustav Mahler. Me remito, en general, a la reseña del concierto de gala ofrecido el 27 de agosto en el auditorio Felix Mendelssohn Bartholdy de la Tonhalle de Düsseldorf, organizado por Heinersdorff Konzerte.

Pero añado aquí que en la sala Alfried Krupp de la Filarmónica de Essen, por su excelente resonancia, la obra tuvo un efecto sobrecogedor e imponente. En esta gran primera sinfonía de Mahler, ya se puede adivinar qué y cuánto más seguiría.

Análisis

No hay ningún compositor del siglo XIX que prescribiera tantos detalles específicos en la música para directores y músicos como él. Como el director de orquesta excepcional que fue, sabía que solo con una precisión meticulosa la partitura y las interpretaciones podrían estar a la altura de su propio nivel artístico. Siguiendo sus instrucciones, la interpretación ya habría tenido éxito. Sin embargo, no es posible anotar todo, como dijera el propio Mahler: Lo más importante de la música no está en las notas.

En la primera sinfonía de Mahler, uno puede regocijarse y maravillarse ante la abundancia de ideas innovadoras y revolucionarias. Apenas hay un compositor que haya escrito una Primera con tanto amor por la experimentación, ni siquiera Beethoven.

Consideremos el primer movimiento, que no está escrito en la típica forma de sonata. Hay una especificación de estado de ánimo: "Despertar de la naturaleza de la hibernación". "Como un sonido de la naturaleza". El mismo comienzo permite al oyente entrar en la vida de la naturaleza, los suaves armónicos de las cuerdas crean una calma inquietante y misteriosa antes de que los vientos entonen el cuco (más tarde el petirrojo y el mirlo).

Fascinación

Mahler originalmente puso los lejanos cuernos de caza en pianissimo para las trompas. Más tarde, la escribió para los clarinetes, que pueden tocar mucho más tranquilos. Las fanfarrias de las trompetas detrás del escenario anuncian la llegada de los cazadores de antemano "a una gran distancia", acercándose después solo (!) "a una gran distancia". A continuación, se escuchan disparos inquietantes, que Mahler anota como pizzicato en fortissimo. Es fascinante el mundo en el que se sumerge el oyente, incluso en los primeros minutos.

El segundo movimiento suele describirse como un vals. Pero se trata de una danza campesina rústica, como dijo Mahler al director de orquesta Willem Mengelberg. Se eriza con muchos pasajes en fortissimo, lo que permite que se abra paso cierta tosquedad y crudeza. "Salvaje" señala Mahler aquí en la partitura.

Más tarde, en el movimiento de danza de la 5ª Sinfonía, prescribirá entonces "con fuerza bruta". En cambio, el trío es lírico. Aquí Mahler utiliza, consciente o inconscientemente, los primeros compases del hermoso vals Dorfschwalben aus Österreich de Josef Strauß. El idilio austriaco unido a las frases alpinas impregnan este movimiento. Es muy importante que este movimiento suene en el antiguo estilo austriaco de interpretación, tal y como lo practicaba el propio Mahler.

Klezmer

El solo de contrabajo que abre el tercer movimiento con el Frère Jacques también era inédito para la época y es paródico ("Des Jägers Leichenbegräbgnis", El entierro del cazador). Es emocionante ver cómo Mahler fue capaz de procesar musicalmente las experiencias externas e internas de su tiempo. Por eso no es de extrañar que, viniendo de una familia judía, integre ahora música de tipo klezmer, pero también con arte y parodia.

El último movimiento comienza "Dall' inferno como el súbito estallido de desesperación de un corazón herido hasta la médula". Durante la composición, Mahler conoció a Marion von Weber, nieta del compositor Carl Maria von Weber. Parece que la reacción al rechazo de su amor se refleja aquí musicalmente.

Los arrebatos vehementes y las continuas figuras salvajes en las cuerdas se alternan y parecen caracterizar el conflicto interior de Mahler. En el lírico segundo tema, que promete la reconciliación, el arte del rubato, hoy en día desgraciadamente algo descuidado, es especialmente importante.

Rítmica

Sobre la base de la partitura, en la que se exige constantemente cambios en la rítmica, se puede ver cuánto le importaba a Mahler la práctica del rubato. A menudo, la marcha triunfal del final corre el riesgo de convertirse en algo marcial. Mahler escribe un punto sobre las medias notas, pero en este caso no tienen que ser tocadas de forma corta, sino con peso y casi como un canto. Al final, el héroe triunfa como hombre y no el hombre como héroe.

El fuego

La primera sinfonía de Mahler es más bien un gigantesco poema sinfónico con impresionantes imágenes de la vieja Austria. A pesar de las muchas ideas revolucionarias, Mahler nunca perdió su conexión con la tradición. En este punto evocar una cita favorita que Mahler también utilizaba a menudo: "La tradición no es la adoración de las cenizas, sino la transmisión del fuego".

Largas ovaciones de pie del público y exclamaciones a viva voz de aprobación desde la platea y las galerías cerraron esta impresionante velada.

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