Reportajes

Al mestizaje cultural por la guitarra

José Amador Morales
miércoles, 18 de septiembre de 2002
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0,0003438 Entre el 1 y el 13 de julio, Córdoba se convirtió de nuevo en el epicentro internacional en el mundo de la guitarra demostrando que el citado y bello instrumento tiene, al menos en verano, un incuestionable sabor cordobés. Y es que el XXII Festival Internacional de Guitarra Córdoba 2002 parece haber dejado claro el camino a seguir tras pasadas ediciones en que los titubeos y la falta de una apuesta clara por parte de diversas instituciones hicieron peligrar su futuro. Como cualquier festival de música que se precie, la presente edición ha sido capaz de ir dinamizando la vida cultural de la ciudad durante los días en que ha tenido lugar en base a una oferta versátil y variada donde el disfrute de la música y la magia de la noche cordobesa eran los protagonistas; un claro síntoma de avance, pues ha habido años en los que el festival no contó con la difusión ni con la participación a muchos niveles que merecía.Como en otras ocasiones, el amplio y variado programa de actividades se ha repartido en tres áreas. De una parte, el llamado “programa formativo” -calificado por la organización como el alma del festival en base a su fama internacional y a la categoría de sus profesores- ha constado de cursos sobre construcción de guitarra, guitarra antigua, guitarra clásica, flamenca, contemporánea, moderna, cursos de composición para guitarra, y cursos de baile y cante flamenco, impartidos por nombres de la talla de Francisco Santiago Martín, Manolo Sanlúcar, Leo Brower, Manolo Franco, Paco Serrano, Rolf Lislevand, Víctor Pellegrini, Costas Costiolis, Larry Coryell, Eugenio Tobalina, Calixto Sánchez, Javier Latorre o Inmaculada Aguilar.Por otra parte, el “programa de actividades complementarias” compuesto por el merecidísimo homenaje a Leo Brower del que más abajo hablaremos, de las habituales jornadas de estudio sobre la guitarra en esta ocasión dedicadas a Tárrega y su época, a dos exposiciones (La Europa de la Guitarra con guitarras de los siglos XVII a XX procedentes de diversos países europeos, y Francisco Tárrega para conmemorar el 150 aniversario de su nacimiento), y de un interesante ciclo de cine realizado en colaboración con la Filmoteca de Andalucía.Finalmente, el grueso del festival lo conformaba el “programa de grandes conciertos y espectáculos” desarrollado en recintos y plazas emblemáticos de la ciudad, como Gran Teatro, Alcázar de los Reyes Cristianos, Caballerizas Reales, Palacio de Congresos, Jardín Botánico, Plaza de la Corredera, Filmoteca de Andalucía, Plaza de Tierra Andaluza..., en donde un sinfín de grupos y artistas desde diversas coordenadas culturales y estéticas han dado buena muestra de su quehacer. El flamenco, lo clásico, el jazz, el pop, las nuevas músicas, fusión, lo étnico (árabe, latino, celta...), el ballet, lo sinfónico,... se dieron cita en las tardes-noches cordobesas del mes de julio. A destacar por ejemplo a Vicente Amigo que cautivó a los suyos en la apertura del festival con su sentido de la armonía, del acorde guitarrístico, y con su capacidad de sublimar la guitarra haciendo las delicias de miles de asistentes. De ahí a la clausura con “Gwendal” y la máxima expresión de lo que es hacer de la música una fiesta: con este ya clásico grupo sucedió una curiosa anécdota pues por algún efecto atmosférico o acústico sus alegres y rítmicas melodías se escucharon por toda la ciudad durante el concierto. Antes, la Orquesta de Córdoba había ofrecido un hermoso concierto en la poco acústica pero evocadora Plaza de la Corredera con la totalidad del programa dedicado a la música canaria de manos del timple Benito Carrera y -¡cómo no!- de su directora titular Gloria Isabel Ramos, a la sazón de origen isleño. Entremedias se dieron cita espectáculos como el de Javier Latorre, Raimundo Amador y Tomatito, Javier Ruibal, Manhattan Transfer, Cuarteto de Damasco, Enrique Morente, etc...Mención especial merece el ciclo dedicado a la música sefardí y que tuvo lugar en el Jardín Botánico en torno a la medianoche, un paraje de ensueño que contribuyó lo suyo a crear un clima muy especial para estas músicas de otras épocas. No es la primera vez ni mucho menos que el público cordobés tiene ocasión de apreciar este repertorio pues durante los últimos años se vienen celebrando diversos y aclamados ciclos especializados en la música de las tres culturas que en época medieval convivieron en Córdoba. Receptividad pues para estos cuatro conciertos interpretados cada uno por artistas de Argentina, España, Italia y Francia y que estuvieron enmarcados dentro del Festival Internacional de Música Sefardí en la Red de Juderías de España. Homenaje a Leo Brower"Viene todo esto a cuento para valorar en su justa medida la formidable contribución de Leo Brower (1939) a la guitarrística contemporánea : no se trata sólo de una de las referencias fundamentales de dicha praxis, sino que tan alta consideración la adquiere, además, en un contexto de excelencia compositiva y enorme auge en el estudio e interpretación de dicho instrumento (...) Con todo, hay algo que sitúa a Brower en un lugar de privilegio con respecto a la inmensa mayoría de los principales compositores para guitarra del siglo XX, y es su condición de experto y fenomenal intérprete – con una brillante carrera concertística a sus espaldas -, circunstancia ésta que le ha permitido innovar constantemente en la escritura y la técnica guitarrísticas...". Con estas palabras de Juan Miguel Moreno Calderón extraídas del libro del festival parecería que no habría más que decir a la hora de justificar el especial homenaje que en esta edición se le ha brindado al cubano Leo Brower.Pero hay además dos aspectos esenciales que a nuestro juicio hay que tener en cuenta para valorar en su justa medida dicho gesto. De una parte la labor realizada como director titular de la Orquesta de Córdoba desde su creación en 1992 hasta el pasado año en donde imprimió su personalísima manera de entender la música orquestal y desde la cual llevó a cabo un importante proyecto pedagógico-musical en la ciudad (en sus palabras “una Florencia en plena Andalucía del siglo XX cuando la descubrí por primera vez”) que le valió entre otras anécdotas curiosas el título de cordobés del año. Por otra parte, su importante trabajo a la hora de apoyar y difundir a nivel mundial el Festival Internacional de Guitarra de Córdoba valiéndose de su inmenso prestigio (al mismo tiempo que su importante capacidad para expresar su descontento cuando las cosas no han ido como debieran) hasta el punto de que es posible advertir un punto de inflexión en la historia del mismo desde la llegada del cubano.El homenaje en sí ha constado de la proyección de la película cubana Muerte de un burócrata (1966) con banda sonora de Leo Brower (otra faceta más de su labor compositiva, destacando su aportación musical para más de un centenar de películas en todo el mundo), así como del documental Ficción sin ficción, de la conferencia Semblanza de un cubano universal a cargo de Juan Miguel Moreno Calderón –director del Conservatorio Superior de Música de Córdoba “Rafael Orozco”- y de sendos recitales a cargo del interesante “Dúo Fibo” (Luis Velasco y Eduardo Garrido) y el fantástico Eugenio Tobalina con programas dedicados íntegramente a la obra del homenajeado. Y, aunque no enmarcado teóricamente dentro de este ciclo, el propio Brower –batuta en mano- fue el protagonista de un sabroso concierto made in Leo en el que dirigió a ‘su' Orquesta de Córdoba junto a Larry Coryell (uno de los mayores exponentes de la improvisación en el mundo de la guitarra) y al trompeta Randy Brecker en un programa titulado “fusión de géneros” en el que destacaban las obras Canciones remotas y From Yesterday to Penny Lane (una suerte de rapsodia de temas archiconocidos de The Beatles) del mismo Leo Brower.Guitarra clásicaEl apartado clásico del recital tuvo su máximo expresión en los recitales ofrecidos en la modesta pero encantadora Sala de Telares del Gran Teatro de Córdoba como viene siendo tradicional en los últimos años, si bien habría que recordar los ya citados del Homenaje a Leo Brower y los conciertos que han tenido lugar en la Plaza de Tierra Andaluza a cargo de la Orquesta de Cámara de Nalón (uno de ellos de carácter infantil) así como la clásica y festiva Maratón de guitarras en donde cualquiera que se inscriba previamente y quiera interpretar públicamente con una guitarra cualquier tipo de obra puede hacerlo sin ninguna clase de impedimento.Sin llegar a las cotas memorables de otras ediciones marcadas por la excelencia artística de un John Williams, el virtuosismo de un –a pesar de su trasnochado divismo- Pepe Romero o el maravilloso sonido de un David Russell, el recital clásico cumplió con las expectativas. Nuevamente, y ante lo que nos pareció cierto aumento de la entrada con respecto a otras ocasiones, se dio cita esa característica ‘mezcla democrática' de público asistente con el único deseo de disfrutar del maravilloso timbre de la guitarra. Esta vez destacó el intento por innovar en los programas, por ofrecer nuevas y desconocidas obras, y también en las formas. En relación a esto último habría que destacar la participación de la extraordinaria violinista cubana Isel Rodríguez (concertino de la Orquesta de Córdoba) que coprotagonizó junto a Costas Costiolis lo mejor del recital de éste al interpretar unos arreglos para violín y guitarra de varias piezas de Astor Piazzolla. Costiolis, ya en solitario, no supo o no pudo ofrecer más que atisbos de su reputada técnica en gran parte debido a contratiempos externos (el viento azotaba un toldo situado encima del techo) que lo pusieron visiblemente molesto y nervioso. Por su parte, Manuel Barrueco acudió incansable a su ya esperada cita cordobesa ofreciendo una vez más su ya legendaria elegancia y musicalidad guitarrísticas junto a su alumno Franco Platino quien dio sorprendente réplica al maestro. El veterano argentino Víctor Pellegrini volvió también al festival con un casi monográfico Brower: a pesar de ocasionales brusquedades, pocas veces hemos podido disfrutar de una sonoridad tan bella y de tal depurado análisis tímbrico de las obras del cubano quien, presente en la sala, parecía disfrutar como el que más de su propia música. Rolf Lislevand, finalmente, nos remontó a il barocco mediterraneo con su laúd barroco con obras de Visèe, Corbetta, Piccinini, Sanz, etc... demostrando sus dotes de gran especialista que es en este repertorio en un recital donde el público asistente disfrutó como pocas veces.En fin, un ciclo clásico muy correcto en el que si algo se ha echado de menos ha sido la inclusión de alguna obra concertística para guitarra y orquesta.
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