Discos

Berman en casa

Maruxa Baliñas
martes, 13 de septiembre de 2022
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Boris Berman, piano (Steinway D). Joseph Haydn, Sonata en mi bemol mayor Hob.XVI:52, y Sonata en re mayor Hob.XVI:51. Franz Schubert, Sonata en la mayor D.959. Un disco de 76.15 minutos grabado del 12 al 15 de enero de 2021 en el Morse Recital Hall, Sprague Memorial Hall de la Universidad de Yale. Matthew LeFevre, productor e ingeniero de sonido. Le Palais des Dégustateurs, 2021. B09HCVCSQX
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Boris Berman (Moscú, 1948), actual director de la sección de piano de la Yale School of Music, ha grabado en su 'propia casa', el Morse Recital Hall situado en el Sprague Memorial Hall de la Universidad de Yale (EEUU), un disco dedicado a dos Sonatas de Haydn (más bien tardías) y una de Schubert. 

Un disco así es siempre un placer. Las Sonatas para piano de Beethoven son consideradas desde hace décadas un 'monumento' y además de numerosas integrales hay muchísimas versiones de Sonatas sueltas de modo que no faltan referencias. Pero en cambio las Sonatas de Haydn siguen siendo relativamente inusuales -sobre todo si se considera su calidad e interés musical- y con frecuencia parecen ser grabaciones más anecdóticas o casuales que planteadas con un deseo serio de centrarse en ellas. Y si eso se puede decir de las grabaciones fonográficas, tanto o más todavía de la escasa inclusión en concierto de las Sonatas de Haydn. 

Como integrales de las Sonatas de Haydn conozco las de Rudolf Buchbinder, Jeno Jando, y John McCabe, y existen unas pocas más, que no he oído, además de alguna grabada en instrumentos de época. En Sonatas sueltas, quizá Brendel es mi favorito, aunque es un pianista que no gusta a todo el mundo, y por supuesto Sviatoslav Richter. Y sin duda este último es una de las principales referencias de Berman a la hora de plantear su versión. 

Porque lo que hace Berman es tocar Haydn con una gran libertad expresiva, que no es capricho sino que se basa en un profundo conocimiento de la tradición pianística, tanto de las tendencias rusas como de las germano-británicas, que ha ido asimilando a lo largo de su ya extensa carrera. 

La versión de la Sonata en la mayor D.959 de Schubert que presenta Berman es mucho más severa que en las dos sonatas de Haydn e incluso requiere un cierto esfuerzo en la escucha. Se trata de una obra larga (casi 20 minutos el primer movimiento y son cuatro) que ocupa más de la mitad del disco y en la que Berman plantea una visión reconcentrada y ensoñada que parece acercar esta Sonata a las últimas escritas por Beethoven -aunque el estilo sea muy distinto- más que a la tradición haydiniana, que Schubert posiblemente conocía mejor como admirador de Hummel. El segundo movimiento 'Andantino' es maravilloso pero en mi opinión son más interesantes los dos movimientos finales, ligeros aunque no muy rápidos, llenos de musicalidad. 

"Las auténticas últimas composiciones"[Diabelli al publicar las últimas Sonatas de Schubert]

Las Sonata en re mayor Hob.XVI:51 y la Sonata en mi bemol mayor Hob.XVI:52 son consideradas las dos últimas sonatas para piano compuestas por Haydn. Están datada en 1794-5, en ese invierno que Haydn pasó en Londres (o quizás a su vuelta en Viena), cuando el contacto con algunos de los mejores compositores e intérpretes del momento lo animaron a volver a componer un tipo de obras que ya había abandonado años antes, las Sonatas para piano. Como particularidad, la Sonata en re mayor tiene solo dos movimientos y es bastante breve, sobre todo el último movimiento, de apenas dos minutos, pero eso sí, cargados de energía y brillantez. 

No se sabe si estas Sonatas fueron escritas para algún intérprete o mecenas concreto, o si simplemente se trata de algunas más de esas escritas para su propio gusto, y que luego publicaba con éxito. 

"Me sentaba al lado del piano y comenzaba a improvisar, ya fuera que mi espíritu estuviera triste o feliz, serio o juguetón. Una vez que captaba una idea, me esforzaba con todas mis fuerzas para desarrollarla y sostenerla de acuerdo con las reglas del arte." [Haydn]

Por su parte la Sonata en la mayor D.959 de Schubert es otra obra tardía. Se trata de su penúltima sonata para piano, escrita junto con las D.958 y D.960 en septiembre de 1828, poco antes de su fallecimiento. Esta cercanía a su muerte y el peculiar -para muchos terrorífico- segundo movimiento, hace que haya sido vista como una obra 'premonitoria'. Pero a pesar de los graves problemas de salud de Schubert, no podemos saber si realmente era consciente de su cercana muerte y estas tres Sonatas finales parecen estar escritas para sí mismo, para presentarlas en una gira que finalmente no pudo realizar por motivos de salud. 

Nuestro editor, Xoán M. Carreira, niega que sean 'testamentos al futuro' sino simplemente tres sonatas a la moda con las que Schubert pretendía ganar dinero imitando algunos de los estilos pianísticos más de moda en el momento:

La acumulación de convencionalismos en la Sonata en la mayor responde al proyecto comercial que Schubert había ideado para sus tres sonatas D. 958-60 de septiembre de 1728. Poco después de terminarlas, en una carta a Deutsch,  Schubert le contaba su intención de hacer una gira de conciertos tocándolas en diversas ciudades en la seguridad de obtener un gran éxito. El 8 de septiembre Schubert escribió una carta muy ansiosa al editor Probst indicándole que las sonatas debían ser publicadas con una dedicatoria a Hummel. Schubert falleció dieciocho días más tarde y, por diversos motivos, las sonatas no se publicaron hasta después de la muerte de Hummel (1837) y la dedicatoria desapareció cuando las partituras vieron la luz, once años después de haber sido escritas, con la inscripción “las auténticas últimas composiciones”, debida al avispado editor Diabelli, dando pábulo a las fábulas sobre estas sonatas.

Nada en la interpretación pianística ni en el folleto que acompaña al disco parece sugerir unas intenciones dramáticas en la elección de Berman de tres sonatas 'finales' como estas para su disco. Sus interpretaciones, como antes indicaba, se caracterizan por un estilo expresivo y elegante al mismo tiempo. Sólo en el segundo movimiento de la Sonata en mi bemol mayor Hob.XVI:52 se le podría acusar de 'trascendental', un adjetivo que a Haydn, por más que sea el 'padre' de la sonata para piano, no le sienta bien. Berman lo compensa sobradamente en el 'Finale. Presto' de esta misma Sonata donde hay alegría, gusto por los ritmos un poco populares en el sentido de bailables, y sobre todo el sentido del humor que vivifica siempre su música, y que es acaso uno de los motivos por los que en la trilogía clásica -Haydn, Mozart, Beethoven- siempre se deja a Haydn un poco más atrás: no tuvo una vida heroica ni romántica, no sufrió, no llevó a caso hazañas nunca vistas u oídas anteriormente ... O acaso sí tuvo su dosis de maravilla y sufrimiento como todos, pero no consideró 'necesario' que la posteridad se enterara. 

Aunque el motivo puede ser más vulgar, los biógrafos y expertos en Haydn han sido casi siempre -como el propio Haydn- gente poco aficionada a esas fabulaciones que, tanto en el caso de Beethoven como de Mozart, han nutrido el acervo popular con un montón de anécdotas hagiográficas. De hecho, pocos son los que asocian a H. C. Robbins Landon con Haydn, el compositor al que dedicó la mayoría de sus esfuerzos, y en cambio sus trabajos sobre Mozart, con ser mucho menos significativos, son bastante más populares. El otro gran experto haydiniano, más reciente, es James Webster. Lástima que el autor del folleto -Stéphane Friédérich- que acompaña a este disco de Berman no haya manejado esta bibliografía haydiniana (o los trabajos de Rosemary Hughes o W. Dean Sutcliffe) y se limite a contar tópicos y generalidades, añadiendo algunos errores graves, pero sobre todo siga 'pidiendo disculpas' por la música de Haydn y se limite a justificar el valor de sus Sonatas por el interesante entorno cultural y musical en que se movió más que en su propia valía. 

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