Reportajes

De Birgit a Yo Yo

Agustín Blanco Bazán
viernes, 21 de octubre de 2022
Yo Yo Ma © 2022 by Markus Gårder and Felicia Margineanu Yo Yo Ma © 2022 by Markus Gårder and Felicia Margineanu
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Hasta el 2022, el premio de un millón de dólares instituido por Birgit Nilsson para premiar contribuciones excepcionales a la vida musical había sido otorgado a artistas estrechamente comprometidos con la ópera. 

Ella misma eligió como primer destinatario a Plácido Domingo que lo recibió en el 2009 y a él le siguieron Riccardo Muti (2011), la Orquesta Filarmónica de Viena (2014) y Nina Stemme (2018). 

Particular curiosidad despierta entre los periodistas el destino de la abultada suma de dinero (la más alta en materia de premios musicales) sobre el cual los agraciados tienen control total. Sobre esto sabemos poco, con excepción del caso de los filarmónicos vieneses, que por unanimidad decidieron invertir el premio con un criterio contable de escrutinio fácil, a saber, la digitalización de sus importantes archivos.

Birgit Nilsson como Salomé (1954). © 2022 by Fundación Birgit Nilsson.Birgit Nilsson como Salomé (1954). © 2022 by Fundación Birgit Nilsson.

Mucho con la música, pero poco con la ópera, tiene que ver el destinatario del primer millón de la era postcovid, un chelista que ni conoció a la diva ni se ejercitó jamás en los agitados melodramas que la emparentaron con su apasionada multitud de seguidores. 

En común, sin embargo, el inspirado Yo Yo Ma (Paris, 1955) tiene con la Nilsson la membrecía de la Academia de Música de Estocolmo, la venerable institución sueca que hoy regenta la Fundación establecida por la diva. Y después de todo, ocurre que no hay por qué dar este premio a un artista de ópera. 

Basta con que el premiado exhiba cualidades estrictamente enumeradas como necesarias para definir un quehacer musical destacado, no sólo a través de un oficio de incuestionable fidelidad a los compositores que interpreta, sino con un estilo interpretativo reconocible como excepcional. 

También debe acreditar un profesionalismo intachable en materia de cumplimiento de contratos. Junto a estas exigencias, el estatuto que guía al jurado sugiere que, de ser posible, que el premiado comparta su talento con artistas jóvenes a través de masterclasses, tutoriales y entrenamientos. 

También cuenta en favor de la elección un compromiso con actividades humanitarias por encima de cualquier posición política, algo en lo cual el chelista premiado ha logrado destacarse particularmente. 

Yo Yo Ma en los actos del Premio Birgit Nilsson. © 2022 by Jason Bell.Yo Yo Ma en los actos del Premio Birgit Nilsson. © 2022 by Jason Bell.

Porque aunque los estatutos pretendan concentrarse en criterios musicales, Yo Yo Ma no deja de insistir que en su caso ser chelista es algo secundario. Lo principal, insiste, es presentarse como uno de esos seres humanos que ponen su profesión al servicio de los demás. No sé si alguna vez Ma habrá conversado sobre ésto con el Dalai Lama, pero lo cierto es que su mensaje es palpablemente similar al de este último. En las propias palabras del chelista en un simposio de los años 1990: 

Fe, sanación, servicio, es lo que creo cada músico debería aspirar. Así como el médico trata de sanar el cuerpo, el músico debe tratar de hacer lo mismo con el alma. Si durante mis conciertos me pongo nervioso trato de decirme a mi mismo que no estoy tocando para probar nada o para impresionar a la gente. Solo estoy para servir, para comunicar aquello en lo que realmente creo.

¿Pero quien es Birgit Nilsson?

Antes de empaquetar sus valijas para recibir el premio en Estocolmo Ma leyó atentamente la humorística autobiografía de “La Nilsson” y a través de ella descubrió indudables afinidades.

Birgit Nilsson. © 2022 by Fundación Birgit Nilsson.Birgit Nilsson. © 2022 by Fundación Birgit Nilsson.

Por empezar, y más que en la retahíla de éxitos y celebridades que documenta el libro, Ma parece haberse interesado en la campesina que creció y envejeció en su granja de siempre, en contacto con un paisaje natural eterno, frente al cual el paso por Bayreuth o la Metropolitan Opera House el chelista parece percibir como un accidente. 

Cuando al final de una conferencia de prensa sus organizadores le ofrecieron unos regalos dentro de una bolsa de plástico con dos impresiones fotográficas de la diva, el chelista elevó la bolsa como un trofeo mostrando la foto de la campesina cantora esgrimiendo en forma similarmente triunfal sus instrumentos de cosecha de papas. Fue durante esta conferencia que en diálogo con los organizadores, y como respuesta a preguntas que respondió con vibrante entusiasmo y bonhomía, el homenajeado compartió con su audiencia algunos conceptos importantes.

Por ejemplo, confesó su admiración para quienes hacen de sus propias cuerdas vocales un instrumento musical: los cantantes hacen música con su propio cuerpo y él aspira a expandir el suyo asociándolo orgánicamente con la caja de su chelo. También se preocupó por dejarnos saber que dentro de una ejecución musical él siente que los silencios son exactamente igual de importantes que los sonidos. 

Algo que tal vez muchos consideren superfluo decir, pero que de cualquier manera brilló con particular intensidad durante una velada dos noches antes de la ceremonia del premio junto a la Orquesta Sinfónica de Estocolmo bajo la dirección de Alan Gilbert en el Konserthuser, la genial sala de conciertos art decó de la ciudad ¡Qué gran oportunidad, pensé, para volver a escuchar a Yo Yo Ma en el Concierto para chelo de Dvořák!

Esa noche Gilbert se presentó como demasiado contundente, más bien digamos aplastante, abriendo el programa con la Sinfonía Fantástica de Berlioz antes de confrontarse con un Dvořák que también le salió sobre-energizado. 

En contraste Ma optó por ser particularmente delicado, imponiendo algunos rallentandi para permitir a la obra respirar como es debido e intercambiando significativas miradas con el primer violín a su derecha y los chelos a la izquierda. ¿Fue tal vez demasiado ahorrativo en énfasis? 

Ciertamente, su versión me pareció menos contundente que en otras oportunidades, por ejemplo en el pizzicato de mano izquierda del segundo movimiento, ¡pero qué maravilloso fue su lirismo! Decididamente, lo que me parece perdió en contundencia lo ganó en sensibilidad, y las frases de chelo finales del tercer movimiento fueron conmovedoras, realmente como el respiro calmo y reflexivo instruido por el compositor.

Durante la conferencia de prensa afirmó que se había extasiado oyendo las violas a su espalda y que, en su caso, el solista es menos importante que el resto de la orquesta: se trata de que el solista sepa escuchar lo que ocurre alrededor de él. Solo a partir de ahí es posible construir los solos como se debe.

Yo Yo Ma en la rueda de prensa del Premio Birgit Nilsson. © 2022 by Felicia Margineanu.Yo Yo Ma en la rueda de prensa del Premio Birgit Nilsson. © 2022 by Felicia Margineanu.

Yo Yo Ma no es un entrevistado fácil porque tiende a expandirse excesivamente en sus respuestas. Digamos que más bien utiliza las preguntas como catapulta para desarrollar un credo artístico más genérico que al grano. De cualquier manera, es en este defecto que reside su principal atractivo: hay que dejarlo hablar para recoger alguna que otra perla en medio de un entusiasta aluvión verbal.

El proyecto Bach

Ninguna biografía de Yo Yo Ma omite la anécdota de un niño sentado sobre guías de teléfono y progresando a través de unos pocos compases día por día en su estudio de las Suites para chelo de Bach y, predeciblemente, el bis de su concierto de Estocolmo consistió en una distendida versión del Preludio de la Suite número 1

Durante la conferencia de prensa, la finalización de su famoso Proyecto Bach (las seis suites en un solo concierto en 36 ciudades de diversos continentes) fue anunciada como la culminación de una de las tantas sagas interrumpidas por la pandemia. 

Yo Yo Ma tocando en el Konserthuset en la Ceremonia de entrega del Premio Birgit Nilsson. © 2022 by  Felicia Margineanu.Yo Yo Ma tocando en el Konserthuset en la Ceremonia de entrega del Premio Birgit Nilsson. © 2022 by Felicia Margineanu.

El último concierto, en la Philarmonie de París el 21 de octubre de 2022, también ha incluido los famosos “días de acción” que asocian la velada con un sarao pluricultural que a juicio de Ma es lo más importante porque, para él, su Bach importa menos como “música pura” que como medio de conexión y engarce con la cultura, las ambiciones y las adversidades cotidianas del público que se presenta ante su chelo. 

“Más que tocar se trata de escuchar” lo que sugiere el ambiente cultural de la ciudad y el país donde tiene lugar el acontecimiento. En el momento de escribir estas líneas, se anunciaba que a la salida del concierto parisino los espectadores se toparían con telescopios operados por jóvenes que invitarían a observar el cielo nocturno. Los dos días siguientes, denominados “días de acción”, incluyeron una velada musical organizada por la UNESCO y la ESA (European State Agent). 

Diez de los conciertos han tenido lugar en los Estados Unidos de América. Los demás, en lugares tan disímiles como Barcelona, Dakar, Jakarta, Okinawa, Medellín y Praga, con días de acción similarmente variados: en Dakar, por ejemplo, se trasladó a la maravillosa y terrible Isla de Goré desde donde se exportaban esclavos a Europa y las Américas. 

Y en Yakarta tocó en los manglares al norte de la ciudad para conversar también sobre las actividades conservacionistas dedicadas a regenerar el medio ambiente en una de las ciudades más contaminadas del mundo. En Beirut se integró para interpretar Bach en las terrazas junto a activistas del movimiento sobre el derecho a tocar música en los techos, y en Leipzig participó en foros multiculturales, por supuesto que después de su cita más importante, con Bach para tocarle sus suites junto a la lápida de la Nikolaikirche.

La noche del Premio

Yo Yo Ma recibiendo el Premio Birgit Nilsson de Carlos Gustavo de Suecia. © 2022 by Markus Gårder and Felicia Margineanu.Yo Yo Ma recibiendo el Premio Birgit Nilsson de Carlos Gustavo de Suecia. © 2022 by Markus Gårder and Felicia Margineanu.

El público que el pasado 18 de octubre acogió a Yo Yo Ma en medio de la pompa y circunstancia de la 'Noche del Premio Birgit Nilsson' no pudo ser más diferente. Sus organizadores han insistido en que este tiene que ser una suerte de Premio Nobel de la música, con Rey y todo, y una abultada sucesión de discursos y números musicales seguidos de una cena de gala. 

Una vez sentada la audiencia luego del himno nacional, Birgit Nilsson nos saludó con una evocadora versión audiovisual de Du Teure Halle grabada en la Ópera de Stockholm y de entonces en adelante, en vivo y bajo la dirección de un Patrik Ringborg siempre atento a la presencia real, el coro de la Opera y la orquesta filarmónica de la ciudad irrumpieron con la versión completa de la entrada de los invitados de Tannhäuser

La música sueca se hizo presente con la archiconocida Suite para orquesta nº 1, “Vigilia de una noche de verano” de Hugo Alfvén y un fragmento del Concierto para chelo de Anders Hillborg. El coro de la Ópera se lució nuevamente con la obra a capella Der Abend de Richard Strauss y, como cierre, la incomparable Maria Bengtson acompañó a dos excelentes becarias de la Birgit Nilsson Stipendium, la soprano Johanna Wallroth y la mezzo Emma Sventelius en el trío y final del Caballero de la Rosa. 

En medio de este frondoso programa musical, un Rey sonriente y jovial entregó al todavía más risueño Yo Yo Ma la masiva estatuilla dorada de la Nilsson junto al diploma que acredita el no menos dorado reconocimiento pecuniario que Ma ya había anunciado que destinará a algunas de sus tantísimas obras humanitarias. 

Sus palabras para la ocasión fueron sensibles, medidas y no desprovistas de esa luminosidad que todos aspiramos a ver en cualquier artista de fama. Particularmente significativo fue su elogio a una Suecia que el día antes de la entrega del premio y para inquietud de muchos sólo había logrado poner en funciones a su nuevo Primer Ministro con el apoyo de una extremísima derecha:

Tal vez no sea una coincidencia que la nación que nos dio a Birgit Nilsson también nos dio a Dag Hammarskjöld, Igmar Bergman y Greta Thunberg
Se trata de una nación que ha sobresalido por su profundo humanismo, seguramente en las artes pero también en todo sentido a nivel mundial. 
Es una nación que siempre ha sido al mismo tiempo particularmente considerada a las necesidades tanto de las comunidades locales como las internacionales. 
Y es una nación que nunca ha olvidado que todos nosotros, a pesar de nuestras luchas y contradicciones, nuestros deseos más excelsos y nuestros desafíos más imposibles, estamos hermanados en nuestra humanidad y nuestra responsabilidad de uno a otro y para el futuro.

Pero concluyamos esta crónica con un momento indudable melodramático para los operómanos precipitados a Estocolomo en nombre de la Nilsson: el día anterior a la ceremonia fuimos invitados al Confidence, un palacio barroco con un pequeño y mágico teatro de ópera. 

Allí nos informaron que el gran mecenas de las artes, el Rey Gustavo III había sido asesinado en ese mismo lugar durante un baile de máscaras. ¡Un ballo in maschera!, protestamos algunos en italiano ante la sorpresa de nuestro amable guía local. 

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