Memoria viva

Sé que hay cosas (Reflexiones/comentarios a los 50 años de los Encuentros de Pamplona-72)

Llorenç Barber
viernes, 28 de octubre de 2022
Luis de Pablo © by Luis Pérez Mínguez Luis de Pablo © by Luis Pérez Mínguez
0,0021768
Sé que hay cosas, y he venido a verlas, pero quizás todos estemos sumergidos en nuestro problema particular.
Néstor Basterrechea en el Pensamiento Navarro, Pamplona, 28 de junio de 1972

Yo también estuve en los Encuentros. Todavía de público. Fui con Maya Aguiriano, compañera y crítica de arte. Dejamos en Madrid los exámenes sin acabar y aparecimos en Pamplona con ya todo en ascuas.

Claro que antes de ir a Pamplona, viví, todavía en Madrid, como Juan Hidalgo y Walter Marchetti, enardecidos, me narraban, en el bar en que habíamos quedado, que venían de una larga y fortota discusión con Luis de Pablo en la que éste les exigía – para poderles programar en los Encuentros -,que ZAJ no interviniera como tal en Pamplona, sino que se contentaran con que se programaran las piezas de Juan estrenadas en Darmstadt, o París anteriores al nacimiento de Zaj. Tras mil dires y diretes, de Pablo aceptó - muy a regañadientes - que Zaj entrara en la programación. Era conocida por todos nosotros, los cercanos, la tirria inmensa de un de Pablo a todo lo que Zaj era y representaba por aquellas fechas en la España, o mejor en el Madrid en que lo moderno en vanguardia ya no lo ostentaba en solitario el ciclo Alea, sino sobre todo ZAJ.

Menos mal que zaj pudo estar en los Encuentros porque Zaj fue – para muchos – lo más interesante, y lo que dio más que hablar y comentar de las intervenciones ‘musicales’ españolas.

Ya tras los Encuentros, el filósofo Daniel Charles, quien vino a Pamplona ex profeso desde París, publicó en la Revue d’Estetique unas reflexiones sobre la intervención zaj en los Encuentros destacando en su texto el rotundo comentario de John Cage - “Más Nô que el Nô”- a la intervención zaj, tras asistir a la desnortadora presentación de un Zaj, todo un ‘clásico’, y sin embargo todavía infumable para los más.

Los Encuentros, por hache o por bé, ya no se apagarían nunca jamás en el relato nacional de lo ‘vanguardísta’. Por ejemplo, unos años después, en el verano del 83, estando yo en New York, el músico Glen Velez me llevó a un festival en el que junto a Steve Reich iba a versionar el Clapping Music. Fue ahí, en el descanso de medio día en el que al saber Steve que yo era español me comentó con entusiasmo la maravilla del estreno en Europa, en los Encuentros de Pamplona, de su paradigmática pieza Drumming, pues contra todo pronóstico, el público, sorprendido al inicio de la pieza, por las insistentes repeticiones, acabó más adelante poniéndose en pie para gozar el frenético ritmo insistente de la obra, nada menos que bailando.

Más allá, en 1997, con motivo de celebrar los 25 años de aquellos Encuentros, el crítico Fernando Huici, me invitó a participar en un libro de reflexiones sobre el Pamplona-72. Allí hablé de como el festival se montó en el espíritu (tan sesentayochista, diríamos hoy) de tomar la ciudad, de “tomar la calle”, siguiendo el parisino esquema del “art dans les rues”, solo que estábamos en el franquista y fraguista España de “la calle es mía”…..

 Mil veces al narrar las vicisitudes del presente de las músicas españolas, he señalado como prominentes e irrepetibles aquellos eventos que ocuparon/invadieron la vieja Pamplona.

A decir verdad nunca investigué con detalle los pormenores de aquellos días de los Encuentros tan contagiosos de optimismo como confusos, plenos, preñados de ‘asambleas’ no permitidas y – como correspondía a un franquismo sin ya salida -, con la policía impregnándolo todo, esos ‘grises’ siempre cerca.

Corría el año 2006 cuando, estando en mi casa de Madrid tuve una tarde, una visita excepcional, de mis amigos los profesores Carmen Pardo y José Cuyás, pues tenían cita con mi vecino Luis de Pablo. En efecto, al salir de ella vinieron a mi casa dónde una paellita esperaba condimentarse con las frescas noticias de mi ilustre vecino compositor.

Llegaron asombrados, y como fuera de sí, pues Luis de Pablo lejos de entrar en comentarios mas o menos laudatorios sobre los ya míticos y enrevesados Encuentros, les dejó fuera de sí al espetarles: 

No puedo entender porqué tanto interés en lo que pasó aquellos días de Pamplona si las cosas fueron como fueron porque no tuve el dinero adecuado para invitar a otros músicos más interesantes y significativos.

¿Cómo que “más interesantes y significativos”? ¿Más “significativos” todavía que el inabarcable Cage, o un Steve Reich rotundo creador del minimalismo de repetición gradual, o incluso del Halo, ici la terre de Luc Ferrari,…..?

Más allá del mito, la fiesta, los vericuetos, vetos y problemas, la realidad fue infinitamente más compleja, y la actitud que traducen estas palabras ante unos estudiosos – reputados especialistas de lo estético- lo ponen de relieve.

Desde aquel día, siempre que he podido he ido hilado datos, actitudes, palabras, declaraciones, reacciones y posturas de ese hombre, músico compositor, que ha sido mi vecino amable durante más de dos decenios, llamado de Pablo.

Entremos pues en reflexiones, para aclarar el estupor y asombro por nuestro lado y por otro la aparente (o no) lejanía e - como veremos - incomodidad con los Encuentros de uno de los actores centrales de aquel evento, para todos nosotros, mayúsculo. Único.

Para comenzar puede que ayude decir que hace unos pocos días, horas antes de recibir una invitación de la revista Mundoclasico.com a deslavazar, en la medida de lo posible, que significaron y dieron de sí y que lugar ocupan en el devenir de la muy poco y mal explicada música española de los últimos decenios, que aclare un tanto, el hecho más que sorprendente de celebrarlo convocando – otra vez - unos nuevos actos que se nos quiere presentar – así lo declaran - como ‘celebración’ del 50 aniversario de aquel E-72.

 Claro que, tras conocer las ‘amargas’ pero rotundas confesiones de quién figura como el ‘ideólogo’ y ‘factotum’ de estos “Encuentros”, yo y conmigo todos aquellos que hayan escuchado las opiniones del compositor de Pablo, no podemos sino preguntarnos: ¿Celebración? ¿qué celebración?, y ¿celebración de qué?. ¿fueron o no ‘significativos’ para muchos o incluso para todos menos para un tal de Pablo?

La cosa resulta algo misteriosa y hasta puede que sin sentido alguno. ¿O sí lo tiene?

Tengo para mí que estamos ante una disfunción en la que un de Pablo desvela silencios no armónicos con el jajaja de una celebración cargada de enigmas y/o disensos difíciles de verbalizar o de encajar. Pero no adelantemos el embrollo, si es que lo hay.

El mismo día de recibir y aceptar el mensaje/reto de “Mundoclasico.com de recordar/narrar lo que considere de estos segundos “Encuentros”, tropiezo casualmente con un facebook (14 de octubre de 2022)del compañero músico Sánchez-Verdú que – tras participar como músico/compositor en la actual Pamplona-22 - escribe literalmente lo siguiente: 

nunca olvidaré que Luís de Pablo nunca quiso saber nada de [los Encuentros].¡ Cuantas veces me contó sus peripecias y problemas y ataques y quejas ante ese panorama que proyectaron en aquella Pamplona¡. Salió casi huyendo, e incluso no asistió a aquella amplia exposición en el Reina Sofía [que repasó lo más destacable de los Pamplona-72].

No soy, no somos, pues, los únicos que conocemos ese desentenderse de Luís de Pablo de unos Encuentros hilvanados por músicas y músicos ‘poco o nada significativos’. ¿Lo sabrán también quienes han montado algo tan excepcional como estos Encuentros-22, incluso a sabiendas de que aquello que ocurrió hace 50 años fue para un de Pablo un auténtico ‘chasco’, un flu, una especie de tomadura de pelo pues fue ‘protagonizado’ por músicas y músicos nada para él ‘significativos’, todo lo contrario de lo que fue para el resto de la humanidad?.

El mejor cuadro siempre es EL SUELO.

- En Pamplona-72 lo musical constituía el ‘acontecimiento’ (Cage, Tudor, Bussotti, Reich, Zaj, Lugán etc…..), en Pamplona-22 por contra lo musical cumple una función marginal, irrelevante.

- En Pamplona-72 no hubo ningún concierto de instrumentos orquestales. En Pamplona-22 no hay ni un instrumento que no sea orquestal ni ningún músico/compositor que no centre su proponer en lo camerístico/orquestal. La calle, la gente, el asombro de existir, es impuro decorado y accidente. no existe si no.

- Los Encuentros-72 fueron unos eventos irrepetibles e inolvidables, los Pamplona-22 prologan y prolongan los consuetudinarios eventos de cualquier Auditorio Nacional y hasta ‘provincial’ (o local).

- En el texto que prologa los Encuentros-72 se lee: 

la aventura del arte actual es una aventura colectiva que, a pesar de lo que a veces de diga, concierne a todos, incluso más que a nadie a los que se dicen sus ‘enemigos’.

- Los Encuentros-22 insisten – sin texto inicial que sepamos - en ser una aventura selectiva y sus supuestos enemigos están muy ocupados en mil otros modos, contextos, compañías y eventos con su propio público, espacio, interés y modos de expandirse/presentarse, etc. No se sienten concernidos. Pues.

- Borges hablaba de que “la realidad es siempre anacrónica”, los Encuentros-22 con su ordinariez apenas si existen para dar testimonio de ello.

- En el catálogo de los Encuentros-72 se lee que las obras que se presentan deben ser espejo real del tiempo que les tocó vivir, esto es son propuestas (mil veces no obras) denominadas como electrónicas, aleatorias, estocásticas, automáticas, neumáticas, accionales, peripatéticas, instalaciones, gestuales, performáticas, participativas, poéticovisuales y/o poético sonoras o fonéticas, callejeras, de intemperies o nocturnas, etc. Las músicas del Encuentro-22 son, por lo que conozco de sus autores, espejo real de una escucha muda e inmóvil, de sillón y cabezadita. No más.

- Los Encuentros-72 fueron pagados por una familia rica (¿franquista?) culta y muy abierta a lo distinto y desconocido, los Pamplona-22 están pagados por unos partidistas burócratas poco cultos y muy esquemáticos: de un ‘dual sí y/o no. Basta. No más.

- Que ¿cómo hemos llegado a esto? Los Encuentros-72 fueron el proemio de una muy deseada ‘transición’ tras decenios de una autarquía bien vigilada, cerrada y censuradora. Los Pamplona-22 son el resultado de una muy flagrante y denunciable intransición de un mundillo musical que pasó de puntillas sobre lo que ocurría a su alrededor y que nunca denunció, ni tan siquiera de boquilla, el ya supuesto exfranquismo. Y que nunca aceptó la multidiversidad de propuestas, intervenciones, instalaciones, programaciones y concepciones desde entonces hasta hoy, posibles y practicables, esto es, no se abrió a nuevos modos de relacionarse/mixturarse con el sonido ni con el resto de las artes, ni con los contextos de nuevos materiales ni modos de fungirse/imbricarse con los contextos, con los nuevos paradigmas etc. Unos ‘paradigmas’ como por ejemplo el soundscape, las free-improvisations, las intervenciones en los espacios públicos, la ‘biomúsica’, y un muy largo y sentido etcétera. Por el contrario continuó encerrado en unos Auditorios selectivos/elitistas/domesticados/faraónicos, silenciosos, etc.

Unos lugares estos en consonancia con – en nuestro caso - un auditorio dicho Nacional, que - por más que todos lo sabemos - en palabras de nuestro compañero López-López 

ha sido [y continúa siendo] un lugar elitista, poco flexible y con una programación reiterativa, complaciente, nada original y circunscrita a una franja muy estrecha de la historia musical de Occidente, en particular de Europa Central; pensada más en función del intérprete que del compositor, que en definitiva es la base de la pirámide. [La Razón, Madrid, 5 julio, 2008)

 Dos padres, dos modos, dos mundos

En el verano de 1971 tuvo lugar en Buenos Aires el estreno de Soledad Interrumpida, obra plástico-acústica de la que Luís de Pablo y yo [José Luis Alexanco] somos autores. Este hecho, precedido de mucho tiempo de trabajo e intercambio de ideas, dio lugar a, desde viajes por los Andes a reflexiones sobre como habitar el Arte.

Hijo de esta confianza mutua entre un músico muy concreto - de Pablo- y un artista plástico –José Luis Alexanco- vinculado al Centro de Cálculo de la Universidad Complutense, esto es interesado por el cultivo del arte a partir del – todavía en mantillas – mundo computacional, gracias a lo cual nacerá un proyecto ambicioso, transversal y tan radical que nunca más en este país nada ni nadie volverá a intentar.

Dos artistas, pues, que resuelven sus respectivas soledades mediante una interrupción que quiere ser nexo y fertilidad compartida: unos Encuentros ‘vivos’ en los que 

el llamado público pueda – casi diríamos, deba – intervenir en el hecho artístico, por un lado, de una forma mucho más próxima de lo que se tenía por costumbre, habitándolo de manera diferente; de otro, lógica consecuencia de lo anterior, el creador va a encontrarse frente a un público mucho menos pasivo que de ordinario. 

Y así lo publican en el texto proemio de los Encuentros, un texto que (casi) nadie lee ni cita., pero que habla de intenciones, riesgos, polvaredas y hasta balances finales que tarde o temprano, han de ser positivos para todos.

José Luis Alexanco es -además - descrito siempre como un ser generosamente optimista, de un “entusiasmo arrollador e ilusionista” (sic) e hizo que este proyecto 

ampliara enormemente sus puntos de mira artísticos. Es él quien lleva a Pamplona-72 a Lugan, Isidoro Valcárcel Medina, Nacho Criado, Ignacio Gómez de Liaño con la “Poesía visual y fonética”, era amigo de Muntadas a través del cual traen obra de New York, era amigo de Jorge Glusberg, traen una muestra exclusiva de Arte Conceptual.

Cuando en 1997, en el libro publicado por el Reina Sofía titulado Los Encuentros de Pamplona 25 años después, Alexanco escribe unas reflexiones (“A 25 años de los Encuentros de Pamplona”) en las que se pueden leer cosas como estas: 

El eje principal de la idea era crear una nueva manera de habitar el Arte, compartir escenarios, involucrar al espectador, hacer convivir a los sentidos, mezclar la vanguardia con lo tradicional, lo plástico con lo sonoro, atendiendo siempre a la calidad de los hechos, y a su capacidad de estar vivos…los protagonistas se buscaron entre aquellos que en las distintas tendencias encarnaban lo por venir y lo ya consolidado. Se prestaba a enfrentar conceptos nuevos con los ya aparentemente asentados. Estaba servida la polémica. Se dice del Arte Vivo que tiene capacidad subversiva (pp 9 y 10)

Casi dos decenios más tarde, invitado por la Complutense a hablar sobre todo aquello – casi olvidado y enterrado – durante un par de horas, sus palabras con sabor a lluvia fresca todavía entusiasmada, despertarán en Clara Saña Reñones un chorro de felicidad que se concretará en una investigación cuidadosa y profundamente clara sobre el tema Encuentros-72. Esta investigación devendrá tesis doctoral, y su título será Entre la fiesta y la crisis. Los Encuentros de Pamplona-72.

Es en esa tesis – que yo acabo de descubrir – defendida el 14 de diciembre del 2015 -dónde Clara Saña describe de generoso y dispuesto a un Alexanco que 

abre puertas incondicionalmente para ofrecer material gráfico, prensas y sobre todo sus recuerdos. Igualmente de la familia Huarte (Charo Huarte) se dice que “puso en nuestras manos todo lo que estaba en las suyas”. En cuanto a los participantes, de Prada Poole destacará la “sensitiva visión de la arquitectura” toda ella plena de colores, olores y sensaciones. El puzzle se completa dando cuenta de las infinitas facilidades de gentes que resultaron cercanas como Jordi Benito, Lugán, Antoni Muntadas, o Oppenheim de cuyas propuestas la doctoranda destacará cuán profundo afectan nuestros “sentidos y percepciones”.

Por el contrario, y eso sorprende, no hay agradecimiento a un Luís de Pablo. No se encuentra en él ningún resto mentable de un (in)cierto ‘baúl de los recuerdos’. Un muy tangible sentimiento de derrota fluye de su ceñudo no recordar, no valorar, no citar…

En resumen, todo parece indicar que aquella discusión inicial y previa con los ZAJ, no era más un presentimiento, una victoria no pírrica sino real que ensombrecería un hombre llamado de Pablo que perdía su luz, pues al acabar estos Encuentros - todo se le viene encima- iba a perder ALEA, y con ella su mensualidad y la continuidad de unas actividades que ahora enmudecerán, y serán poco a poco sustituidas por otros músicos, otros empeños, otros paradigmas, etc. eso sí: nada ceñidos a los pentagramas, pero igual o más vivos, y en expansión y amplificación. Sin ALEA el mundo creativo sigue su curso, sus vericuetos y aperturas.

Todo dice que para de Pablo en estas circunstancias no hay emociones sino resquemores, y ni tan siquiera queda rico bagaje personal. No hubo “acontecimiento” ni fin de ninguna fiesta. Nada ‘significativo’ que recordar y mucho menos ‘celebrar’.

Desde aquí, la estela de un de Pablo se centra en huir, para subsistir, para tratar de rehacerse de muy otros modos, más discretamente ceñidos a unos pentagramas – ya sin aleas, ni electrónicas – a los que él va a acomodar su pentagramático componer.

En una entrevista con José Luís Téllez para la revista Minerva del Círculo de Bellas Artes de Madrid, el mismo de Pablo nos lo resumirá así: 

siempre me ha interesado la posibilidad de prolongar lo que podríamos llamar géneros históricos. Sucede con obras como los cuartetos, obras que sólo se distinguen por la numeración…..Siempre tuve presente una interrogación: ¿seré yo capaz, con mi lenguaje, de reconstruir los vehículos por los que tradicionalmente se ha desarrollado la música occidental durante más de dos siglos….? [Minerva, 01, 2006, pp 63-66].

Esto explica muchas cosas, no ya solo de una vida, que naturalmente tiene todo su magnífico camino cambiante, sino de un extenso período que se alarga ya más de cuatro decenios que es como es, y que en poco o nada se parece a aquello que fue hasta esos plurales y sonados Encuentros convertidos en “llamaradas de petate”, como se dice en México.

Intentar hoy prolongar o simplemente imitar el fulgor de aquello, sin un artista plástico con la vivacidad humana de un Alexanco es vano intentarlo con sólo unos pobres mimbres de compositor ad usum.

El Luis de Pablo que ha llegado a nosotros, perdió su impulso y hasta su curiosidad (si es que alguna vez la tuvo) hace ya medio siglo, como seguramente lo perdieron igualmente esos músicos más ‘significantes’ que el poco dinero de que dispuso no pudo traer (¡se habla de los muchos millones que costó aquel evento pagado por los Huarte¡).

No hace falta tener la sagacidad de un Bruno Latour para concluir que un de Pablo Nunca fue moderno, tan sólo un extraviado que siempre estuvo secretamente interesado por los muy premodernos géneros, instrumentos, situaciones, modos, desarrollos e históricas tradiciones. Sus óperas que vendrán tras la bocanada del Pamplona-72, bien regadas con dineros públicos, y nada exportables –por lo que se ve– bien lo cantan sin tener que ensayar ni entrar en comparaciones aquí siempre odiosas.

Crisis de representatividad. Exigimos permeabilidad y porosidad

Ese ser mohíno, solitario y charlador que es (o fue) el Luis de Pablo que algunos conocimos, supura miedos y desconfianzas que se traducen en un yo sin nosotros.

Cuando algo sucede y es mínimamente aplaudido pero no lleva su firma o sus estrechos modos tardosinfónicos, sus únicas palabras serán: “peligroso, muy peligroso”. No le conocemos otras palabras. Y esto trátese de un músico vecino, ya sea de un Morton Feldman, o un más cercano Luigi Nono.

Sea como fuere, la praxis de las ‘nuevas’ músicas españolas han quedado ‘marcadas’ por este final de los Encuentros-72, unos años y un modo de programar en los que se traiciona la concordia y sus conviviums más o menos abiertos y democráticos, para atender a un lado las músicas subsidiadas, acalladas y ‘significativas’ tras las que se parapeta y blinda una élite y unos alevines sin complejos, que –eso si- ocupan todo cargo, puesto, sillón, tribunal o estreno, sea ministerial, académico etc. y para quienes es muy verdad que ya el 68 y sus excesos quedaron atrás. Y por otro lado y lugar unos muy supuestos músicos que proponen eventos sónicos con ciertas cargas heterodóxicas, esto es preñadas de paradigmas otros, sean tecnológicos, performáticos, de atención al contexto (soundscape), que impliquen unas escuchas y una atención especial, activa o comprometida que si no los puedes evitar – no son significativos puede que ni tan siquiera sea música - con lo mínimo pueden apañarse.

 Dos ejemplos entre mil: Llorenç, me dijo una vez un joven músico pegado al poder, eres el único de todos nosotros que no se ha enterado de que el 68 ya pasó, hoy ¡hay que concentrarse en componer cuartetos¡. Y unos años más adelante en Valencia una señora, a la sazón, directora general de la música con mando en plaza, con un paternalismo fofo y vacuo, para librarse de concederme apoyo al festival Nits d’Aielo i Art me dijo: Llorenç, tienes una edad y unos niños pequeños muy bonitos: ¡deja ya de hacer tonterías¡.

Obviamente siempre que se pueda se prescindirá de ellos y sus propuestas. Así ocurrirá una y otra vez, véase el ejemplo del libro Música en Madrid (1993), compilado por José Ramón Encinar en el que ni tan siquiera aparecen – oh mordaza - Juan Hidalgo, Wade Matthews, o Barber.

Más allá de detalles y de anécdotas, hay que denunciar que Pamplona-72 somos todos, pues ha acabado siendo todo un emblema, especialmente de quienes allí fuimos felices y ricos por los mil encuentros con músicas no conocidas como la tergiversación de lo usual (Lugán con sus teléfonos aleatorios), o por poder estar cerca de quienes, por no ser significativos para el poder de una élite, ya nunca más serán invitados a este nuestro país. Y Pamplona-22 debió ser igualmente de todos, por desgracia traduce en su programación el mismo comportamiento desequilibrado y elitista de la vida musical oficial española desde los años de la intransición hasta hoy.

Claro que la vida creativa de una España abierta y engarzada en un mundo ya sin fronteras ni prejuicios nos ayudó al encontrar mil otros apoyos en proyectos salidos de nuestros propios impulsos, así como de artistas curiosos y de praxis intermediales. Desde muy al inicio, hemos sido bien recibidos por concejales, alcaldes, museos, Casas de Cultura Departamentos universitarios (algunos ya dedicados a un naciente ¡Arte Sonoro¡) etc. A los que sumar la facilidad fértil de viajes y encuentros con nuestros afines en ciudades y países menos obtusos y más abiertos al intermedia que el nuestro.

Sea como fuere, habrá que insistir en que nuestro crear no es –nunca debió serlo- de trinchera y combate, sino de comprensión, enlace y mixturas mil.

Un Pamplona-22 pudo y debió ir por ahí, por un ámplio ‘nosotros’, por un comunal convivium, en y desde un (re)concilium superador de estancamientos de los que vivimos y sonamos de espaldas al vecino que aunque queramos que no, tiene mil cosas que poner en común.

 Por otro lado, ya hoy ¿dónde acaba lo obvio y normal, y dónde comienza lo hetero?

 ¡occasio calvata¡

Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.