Recensiones bibliográficas

Live Music in America, desde Jenny Lind a Beyoncé

Juan Carlos Tellechea
miércoles, 28 de diciembre de 2022
Live Music in America: A History from Jenny Lind to Beyoncé © 2022 by Oxford University Press Live Music in America: A History from Jenny Lind to Beyoncé © 2022 by Oxford University Press
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Cuando la soprano sueca Jenny Lind realizó una gira por los Estados Unidos en 1850, se convirtió en el prototipo de la moderna estrella pop, y su tournée en un modelo de espectáculos en estadios, mientras su agente artístico, el engañoso P.T. Barnum (''virtud'' heredada de su abuelo, Phineas Taylor), devendría en el arquetipo de otra figura de importancia perdurable: el empresario de la cultura popular.

A partir de aquella legendaria serie de actuaciones de Lind por diversas ciudades estadounidenses, el Dr Steve Waksman, profesor de música y de estudios sobre Estados Unidos en el Smith College, de Northampton, Massachusetts, examina en su nuevo libro, Live Music in America: A history from Jenny Lind to Beyoncé, la repercusión y las condiciones cambiantes de la música en vivo en ese país durante el siglo XXI.*

La música en vivo es algo más que músicos tocando sus instrumentos musicales ante un público. Es también una gran aventura empresarial, y el libro del profesor e historiador Waksman profundiza en la música en directo como un complejo fenómeno cultural y empresarial.

Productores

La voluminosa obra, publicada por Oxford University Press, abarca una serie de actuaciones históricas, desde los Fisk Jubilee Singers, que ampliaron la esfera de la música afroamericana en la década de 1870, hasta Benny Goodman, que llevó el swing al Carnegie Hall en 1938, pasando por el Moondog Coronation Ball de 1952 en Cleveland -posiblemente el primer concierto de rock and roll de la historia- y la actuación de Beyoncé con su espectáculo Homecoming, en el festival Coachella de 2018, que rompió fronteras.

Más aún, Waksman detalla los papeles desempeñados por los artistas, el público, los comentaristas de los medios de comunicación y una variedad de productores de música en vivo (promotores, agentes, técnicos de sonido y escenario) en la configuración de lo que significa la música en vivo y su evolución hasta hoy.

El libro conecta lo que ocurre entre bastidores con lo que tiene lugar sobre el escenario para poner de relieve que las formas de la música en directo se producen muy deliberadamente y no de forma tan espontánea como se cree. Por el camino, materiales de archivo hasta ahora no estudiados arrojan nueva luz sobre los orígenes del jazz, la aparición del rock and roll y el auge de los festivales de música modernos.

AEG en último término

No es para nada preocupante el hecho de que Live Music in America, refiriéndose al rentable negocio de la música en vivo, no mencione a hasta casi el final a AEG (Anschutz Entertainment Group), el mayor conglomerado del espectáculo en Estados Unidos, del solitario millonario Philip Anschutz. El trabajo de Steve Waksman, que reescribe la historia de la música estadounidense, tiene muchísimo más que contar.

Entremedias, se aprende de todo en estas páginas, desde las giras de conciertos pioneras hasta el auge del jazz en los años veinte, del rock en los cincuenta, de los festivales en los sesenta (incluido el ingeniero de sonido Bill Hanley, un incondicional de los festivales de folk y jazz de Newport, de George Wein que también se encargó del sonido de Woodstock y del Fillmore East de Bill Graham), pasando por una mordaz historia del hip-hop en directo hasta finales de los noventa.

En todo momento Waksman inclina el marco de la historia de la música y cambia la imagen por completo. Abriendo Live Music in America por cualquiera de sus 692 páginas siempre se encuentra algo que capta de inmediato el interés del lector. Hay un sinfín de paralelismos con el negocio de la música de hoy, en cada etapa de su recorrido.

Nuestra humanidad

Sin embargo, Steve Waksman concluye al final de su libro:

En una línea menos idealista, pero optimista en el fondo, la teórica de los medios de comunicación Nancy Baym afirma, refiriéndose al trabajo que realizan los músicos para establecer relaciones con su público, que lo que está en juego es mucho más que el hecho de que esos músicos puedan ganarse la vida, por muy importante que eso sea. Más bien, lo que está en juego es 'cómo ellos, su público y, en última instancia, todos nosotros, relacionándonos a través de plataformas comerciales en sistemas de mercado, podemos aferrarnos a nuestra humanidad básica y ayudarnos mutuamente a florecer'. La música en directo, en sus múltiples manifestaciones, ha sido un recurso primordial para permitirnos conservar cierto sentido básico de humanidad de esta manera y a veces contra grandes probabilidades. Su regreso es esencial para nuestra recuperación.

Historia

Waksman empezó a trabajar en este libro hace 14 años y lo terminó de escribir en febrero de 2018, justo antes del espectáculo Homecoming de Beyoncé, con el que concluye el volumen. Cuando empezó la obra, el autor se imaginaba que el final iba a tratar más sobre las formas en que la música en directo interactuaba con otros tipos de medios, sus innovaciones, y cómo se difuminaban los límites entre la experiencia en directo y esos otros tipos de medios. Pero a medida que se acercaba al final, Waksman se dio cuenta de que no se hablaba del hip-hop como fenómeno de la música en directo, salvo de forma muy dispersa., sintiendo así que podía llenar ese vacío.

Cuando apareció Homecoming, le pareció que era el siguiente paso lógico, después de haber reflexionado tanto sobre la importancia del hip-hop como tipo de música en directo, totalmente conectado con la historia más amplia de la vertiente afroamericana, el racismo sistémico en los Estados Unidos y las formas en que la segregación ha tenido importancia en la vida y en la historia de la música.

Ángulo empresarial

La otra parte en la que había estado pensando durante toda la preparación del libro, y nunca había llegado a saber cuál iba a ser su punto de vista, se centraba más en el lado empresarial de los asuntos, en los cambios del siglo XXI en la industria de la música en directo en términos de consolidación: Live Nation, Ticketmaster, todo ese conjunto de nuevas corporaciones e instituciones que realmente han redefinido los contornos comerciales de la industria de la música en vivo. A este respecto, Steve Waksman declara:

Había otras personas que hacían ese trabajo; podía dejárselo a ellos. Pero sentí que éste tenía que estar en algún lugar del libro.

Básicamente, la música en directo es una forma de entretenimiento de gran formato. A Waksman le pareció que era un buen sitio para sintetizar estos hilos del libro que habían estado ahí todo el tiempo. Homecoming fue como una repetición de la historia de una forma muy interesante.

La industria

Una de las cosas que sorprenden a los lectores es que el libro demore tanto en entrar en la era actual: ni siquiera se menciona a AEG hasta la página 542, como si el musicólogo hubiera querido escribir algo sobre el panorama moderno que no estuviera incluido. Está claro que la gran consolidación es una parte de esa historia. Pero en la introducción se refiere al hecho de que la industria de la música en directo se ha convertido en una parte mucho más importante de la industria musical en general en el siglo XXI.

Hay aspectos sobre los que Waksman hubiera querido disponer de más espacio, como el hecho de que Ed Sheeran fuera el artista de música en vivo más taquillero de su época. Otro aspecto es el del modo en que la música en directo está vinculada a la economía de ciertas ciudades. Trata algo de ello con respecto a la versión anterior de Newport de los años 50 y 60. Pero ello tiene una importancia especial en la era de los festivales modernos, como los diversos Electric Daisy Carnival y su relación con lugares como Las Vegas. El autor confiesa que:

Tuve que cortarme, porque el libro ya era demasiado largo.

Sobrevino la pandemia

Los efectos nefastos de la pandemia de coronavirus quedaron, por supuesto, fuera de esta edición. Pero Waksman ha mantenido en este lapso diversas entrevistas con la prensa especializada acerca de los problemas emanados de la realidad del distanciamiento social, así como sobre los temores en torno a los efectos sociales más amplios de la suspensión de giras y el cierre de locales.

Los beneficios psicológicos de reunirse en multitudes están bien demostrados, y Waksman cree que reunirse en masa con un propósito compartido -ya sea para bailar, cantar o rendir culto- ayuda a crear los lazos sobre los que se asienta una civilización:

Obviamente, hay muchas cosas que nos hacen sentir que formamos parte de un colectivo social más amplio, pero la música en directo es esencial para ello. Si la perdemos, estaremos perdiendo una parte realmente clave del tejido social.

El momento

Para Waksman esta catástrofe llegó en un momento álgido para la industria de la música en directo. Durante la mayor parte de la historia de la humanidad, la interpretación en vivo ha sido el principal modo de transmisión musical, pero fue superada brevemente por las grabaciones -vinilo, casetes, CD- en la segunda mitad del siglo XX.

Cuando Internet socavó las ventas físicas en torno al cambio de milenio, el paradigma empezó a cambiar de nuevo. A finales de la década de 2010, los conciertos proyectaban beneficios récord. Este hecho podría parecer un giro sorprendente, dado el auge de la cultura Netflix-and-chill. Pero el autor del libro sugiere que la música en directo, que se ha revitalizado en los últimos años, puede considerarse una consecuencia de esa cultura:

Cuanto más se filtran nuestras vidas a través de pantallas, más anhelamos experiencias que no solo se filtren a través de pantallas. Si esto era cierto antes de la pandemia, parece probable que se intensifique ahora que la gente sale de sus casas. Si también salimos con un agudo sentido de las formas en que el moshing y el codearse y sudar juntos pueden hacer daño, ¿es esto algo realmente nuevo?
Admito que siempre he pensado que los Coachellas y los Lollapaloozas son un poco fosas sépticas. Pero ningún brote de hepatitis en un festival de bandas improvisadas, ataque terrorista o colapso del escenario ha mermado la asistencia general a los conciertos durante mucho tiempo. Siempre ha habido un elemento de peligro en torno a la música en directo. Tras una tragedia, la música en directo se convierte en una forma clave de que la gente reafirme que sigue viviendo su vida una vez que ha pasado un cierto periodo de peligro y luto.

La sensación de peligro también se ha horneado en el linaje musical que exalta el sudor y el calor corporal. Los compositores saben que la intimidad, el éxtasis y la conexión son el botín, después de trascender los impulsos del asco y el miedo, que ahora se encuentran en un saludable punto álgido. Con el tiempo, para que alguien sobreviva y prospere, éstos tendrán que disminuir. A medida que el presente anormal empieza a parecer normal, es probable que se esté produciendo esa disminución, al menos en lo que respecta a escuchar música. En tal sentido, es necesario intentar un traslado de la cama a la mesa de la cocina y buscar en la biblioteca una canción que lleve al lector hasta allí, por lo que tendría que ser algo con pulso muy enérgico.

P.T. Barnum

Volviendo al libro, hay muchos empresarios que quieren compararse con P.T. Barnum, como Jerry Weintraub, que lo evoca constantemente en sus memorias, lo cual resulta fascinante para Steve Waksman. Sin duda hay promotores de música en vivo más recientes que tuvieron probablemente una importancia comparable, pero su modo de operar era bastante diferente. El autor menciona a George Wein, como uno de los grandes comisarios musicales del siglo XX:

Era un artista del bombo y el platillo, pero de un bombo y un platillo mucho más respetable que Barnum. Aunque éste le hincó el diente a Jenny Lind y eso fue sin duda un movimiento de respetabilidad por su parte.

Nuevo rumbo

Bill Graham es mencionado como otra personalidad importante en este contexto, no solo por sus actividades individuales, sino por sentar las bases para un cambio de rumbo realmente significativo en la industria en su conjunto. Según Steve Waksman:

De nuevo, las motivaciones son realmente complicadas. A Graham le gustaba la idea de elevar las cosas. Es notable con que frecuencia se da esta motivación. Quería que la música rock estuviera en el Metropolitan Opera House. El hecho de que incluso lo quería dice algo. Él pensaba que los espectáculos que estaba montando en el Fillmore eran arte. Y siempre lamentó la arena rock como la pérdida de ese arte. Pero no se privó de ir de cabeza una vez que se dio cuenta de que era la única manera de mantenerse solvente. Ahí es donde se ven algunos de los vínculos entre gente como Wein y Graham y alguien como Barnum. Son muy capaces de adaptarse cuando el mercado cambia a su alrededor para no quedarse atrás.

El crossover

La cantante de ópera sueca Jenny Lind fue la elección de Barnum, porque tenía un atractivo muy amplio, lo que hoy llamaríamos crossover. Contar la historia de la música estadounidense a través de espectáculos en vivo dice mucho de que ésta era una estrategia ganadora 70 años antes de que el negocio discográfico descubriera que el Crazy Blues vende a blancos y negros. En 1850, antes de la Guerra Civil (1861 - 1865), el crossover funcionaba, lo cual es también muy revelador, para Waksman:

Tuve que remontarme a un punto muy anterior al del que las grabaciones fueran una parte realmente dominante del paisaje cultural, así que retrasé el comienzo del libro hasta mediados del siglo XIX. En cuanto empecé a leer relatos contemporáneos de las giras de Jenny Lind, enseguida me di cuenta de lo contemporáneo que era, en el sentido actual, gran parte de lo que ocurría a su alrededor. ¡Una estafa! En una conferencia mostré estos anuncios de 1850: gente vendiendo entradas de Jenny Lind en lo que ahora llamaríamos el mercado secundario. La gente estaba asombrada.

Un hito

Jenny Lind es el punto de partida lógico para el libro, porque el nivel de celebridad que tenía engendró toda esa cultura comercial diferente en torno a la música en vivo que realmente no había existido de la misma manera antes de ella. Es una celebridad que no está limitada por un único público demográfico. En aquel momento, era sobre todo una cuestión de clase. El autor considera que hasta cierto punto fue asimismo una cuestión de género:

No es que las mujeres solo se quedaran en casa. Lind proporcionaba un entretenimiento público que las mujeres podían frecuentar, manteniendo su respetabilidad. Eso era muy importante en aquel momento. Se trata de que la respetabilidad de la clase media se convierta en una parte más moderna y prominente de la vida pública estadounidense.

La trascendencia del sonidista

Acerca de cómo Waksmann comenzó a entender la importancia del ingeniero de sonido Bill Hanley en el paso de los festivales de folk y jazz a los de rock, Waksman admite que es otro de los asuntos que se asimilan lentamente.

Cuando leía sobre Woodstock, aparecía una frase sobre Hanley en alguna historia oral y me preguntaba: '¿Quién es ese tipo?'. Y empecé a darme cuenta de que hizo mucho más que Woodstock. Es el 'Zelig' de la música popular, ese personaje de Woody Allen que es como 'Oh, ese es el tipo de esa foto'. Empecé a darme cuenta de lo mucho que aparecía Bill Hanley, no solo en los libros sobre Woodstock, sino también en los libros sobre el Fillmore East, donde se encargó del sonido, y el Festival de Jazz de Newport. Los promotores son una parte fundamental de la infraestructura. Pero entonces, ¿quiénes son los que realmente permiten que el evento funcione? La gente está empezando a prestar más atención a eso.

El hip-hop

Steve Waksman sostiene en Live Music in America: A history from Jenny Lind to Beyoncé que el Fresh Fest de 1984 y 1985 fue el corazón de la edad de oro del hip-hop de mediados de los ochenta, una corriente interrumpida por una cuestión muy diáfana, afirma Waksman:

Fue cercenada por la reacción reflexiva de una industria musical orientada a los blancos ante esta amenaza percibida que tenían los jóvenes negros cuando se reunían en gran número, que era también la razón de ser de los artistas de música negra en los años 50, 60 y 70, en un grado significativo. Esta retórica es: Cada vez que hay un espectáculo de hip-hop, estalla la violencia, así que tenemos que tener cuidado. Se vuelve muy convencional a finales del 85. Y el gangsta rap como un subgénero del hip hop no estaba allí como algo que hablara específicamente de esas ansiedades todavía. No fue como si NWA apareciera y de repente todo el mundo se asustara. Todo el mundo ya estaba asustado cuando apareció NWA.

Leer o salir corriendo

En síntesis, Steve Waksman recorre archivos de diversos espectáculos, desde circuitos de vodevil a festivales al aire libre, y demuestra que los teatros y estadios de los Estados Unidos se convirtieron en el otro lugar (junto a las grabaciones), donde las nuevas formas culturales buscaron la ratificación social. Es este un testimonio sumamente convincente, algo así como el Bruce Springsteen en los Meadowlands de los libros de música, para utilizar términos muy propios del género pop.

Para quienes han pasado incontables horas de sus vidas, absorbiendo esta música en compañía de desconocidos -en clubes diminutos y teatros ornamentados, en campos embarrados y en estadios deportivos, esta es una obra que documenta exhaustivamente la complejidad y el impacto de esos conciertos en vivo, y que ilustra las formas en que no solo han reflejado, sino que han dado forma al cuerpo político estadounidense. En definitiva, es uno de esos volúmenes que los interesados no pueden dejar de leer, a menos que tengan que salir corriendo a presenciar otra audición de este tipo.

Notas

Steve Waksman, «Live Music in America: A history from Jenny Lind to Beyoncé», New York: Oxford University Press, 2022, 656 pages. ISBN 978-0197570531

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