Reportajes

Brasil, la nueva y difícil era de "Lula"

Juan Carlos Tellechea
jueves, 29 de diciembre de 2022
Luiz Inácio Lula da Silva © 2022 by Casa Rosada Luiz Inácio Lula da Silva © 2022 by Casa Rosada
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Este domingo 1 de enero de 2023 Luiz Inácio Lula da Silva, de 77 años, asume su tercera presidencia en Brasil, marcando el final del pernicioso mandato de Jair Messias Bolsonaro. Hay suficientes indicios de que el proceso de traspaso del poder será ordenado, aunque Bolsonaro, quien ni ha reconocido hasta ahora su derrota, no asistirá a la ceremonia de toma de posesión de Lula, y sus partidarios han anunciado masivas protestas.

La democracia brasileña, en contra de los temores generalizados, ha dado pruebas de su fortaleza en las circunstancias de una campaña electoral extremadamente polarizada, un alto nivel de movilización popular y la temida intervención de los militares en el proceso electoral.

El resultado de los comicios, finalmente muy ajustado en la segunda vuelta (después de que Lula llevara mucho tiempo liderando las encuestas), puede resultar un gran lastre, ya que el bolsonarismo se ha mostrado robusto y le dificultará el mantenerse en el cargo.

Replanteo

El presidente Luiz Inácio da Silva tendrá que replantear sus políticas de gobierno. Un retorno a las directrices de su período anterior no será posible, porque las distorsiones creadas por Bolsonaro durante su destructivo período no podrán ser ignoradas.

Ante la compleja situación política interna -léase una mayoría adversa en el parlamento con la que tendrá que negociar y pactar constantemente para ganar su apoyo- será difícil para el nuevo presidente reducir el fuerte rechazo a su persona en su propio país, así como satisfacer las elevadas expectativas internacionales de una gobernanza ordenada, afirma en un análisis el politólogo Dr Günther Maihold, director adjunto de la Fundación Ciencia y Política (Stiftung Wissenschaft und Politik, SWP) y profesor de la Universidad Libre de Berlín. La fundación SWP es un gabinete estratégico que asesora al gobierno y al parlamento federal de Alemania.

Además, con la economía en una situación desesperada, el margen fiscal de Lula para contentar a los brasileños es escaso. Tras la destructividad de Bolsonaro, se avecinan grandes limpiezas en los sectores de la educación y la protección del medio ambiente. Al mismo tiempo, los compañeros ideológicos de Bolsonaro, que obtuvo el 49,1% de los votos en la segunda vuelta, harán todo lo posible para torpedear al nuevo presidente.

Diplomacia

Así pues, Lula tiene una base mucho más débil para su programa de política exterior que en sus dos primeros mandatos. Parte de su energía tendrá que emplearse primero en remendar la porcelana diplomática con los países latinoamericanos vecinos que Bolsonaro hiciera añicos.

Al nuevo presidente le interesa estrechar las relaciones con Alemania y Europa, pero no les hablará a los europeos con la boca abierta. Ya lo demostró en una entrevista en mayo, cuando dijo del presidente ucraniano Volodimir Zelensky: Ese tipo es tan responsable de la guerra como Putin. En una típica actitud de los Estados no occidentales, Lula no estará de acuerdo con las sanciones contra Rusia, como tampoco lo está con el aislamiento diplomático del Kremlin.

Consultas con Alemania

El 2015 fue el año en el que se celebraron las únicas consultas gubernamentales bilaterales entre Alemania y Brasil. Sin embargo, esto no debería ser un obstáculo para invertir en unas relaciones germano-brasileñas más sólidas, sobre todo teniendo en cuenta que, por lo demás, Lula puede ser un socio constructivo para Alemania en el seno de las Naciones Unidas. En este sentido, el Gobierno alemán se beneficia de la excelente y tradicional conexión entre los socialdemócratas y Lula (desde aquellos lejanos tiempos en los que éste era obrero y sindicalista metalúrgico en São Paulo y fuera recibido en 1983 en Bonn por el entonces ex canciller alemán Willy Brandt, entonces presidente del SPD).

Destacados representantes del Partido Socialdemócrata de Alemania visitaron a Lula mientras estaba en prisión. El co-presidente del SPD, Lars Klingbeil (comparte el liderazgo junto a Saskia Esken), se reunió últimamente con Lula en el verano (invierno austral) pasado. El canciller Olaf Scholz aspira a reanudar en 2023 las consultas gubernamentales germano-brasileñas, en las que los gabinetes federales al completo deben sesionar conjuntamente cada dos años.

Los problemas

Lula se enfrenta a una mayoría opositora en el Parlamento, y solo 10 de los 27 gobernadores son del bando de Lula. Es probable que el hecho de que la gobernación de São Paulo, el estado más populoso e importante económicamente, se perdiera a manos de Tarcísio Gomes de Freitas, quien fuera ministro del gabinete de Bolsonaro, perjudique especialmente al nuevo primer mandatario.

Por tanto, da Silva no podrá gobernar con respaldo total. Se verá obligado no solo a transigir dentro de su heterogénea alianza de gobierno, sino también a hacer importantes concesiones al bando contrario en decisiones clave. Lula deberá tender puentes e iniciar pasos hacia la reconciliación en un país extremadamente dividido.

Esto no es menos cierto con respecto a los militares, que han cultivado una estrecha relación con el gobierno del capitán de la reserva (de paracaidistas) Bolsonaro bajo su mandato: En 2020, el número de oficiales en la administración del Estado ascendía a más de 6.000, el doble que en 2016. No en vano, desde el bando de Bolsonaro se han hecho reiterados llamamientos en el contexto de las manifestaciones para que la cúpula militar impida que el ganador de las elecciones se haga con la presidencia mediante un golpe de Estado. Dada la mayoría opositora en el parlamento, Lula también debe temer que los partidarios radicales de Bolsonaro puedan buscar pronto un proceso de destitución para cambiar el equilibrio de poder en el país.

Bolsonarismo

Muchos observadores ven en el mandato de Jair Bolsonaro un episodio aberrante en la historia de Brasil, afirmando que con la elección de Lula el país había vuelto a la normalidad. Pero esta visión no reconoce el punto de inflexión que Bolsonaro (un oficial conflictivo y comprometido en diversos actos de amotinamiento en sus épocas de militar activo) ha provocado en la política interior y exterior de Brasil y que seguirá dando forma al país.

El giro consiste en la ideologización de muchas cuestiones políticas, desde el aborto hasta la posesión de armas, pasando por el uso económico de la región amazónica. Esto hará que sea mucho más difícil para Lula aplicar correcciones de rumbo: La alianza tripartita entre militares, iglesias evangélicas y tecnócratas neoliberales, que constituye la base del bolsonarismo, es heterogénea, pero tiene una gran capacidad de movilización.

La esperanza de que con Brasil no todo será bueno, pero muchas cosas serán más fáciles y de que ahora es necesario un buen nuevo comienzo en las relaciones germano-brasileñas y europeo-brasileñas podría quedarse corta. El regreso de Lula al palacio presidencial (Planalto) abre la oportunidad de volver a ganar un socio fuerte que sigue un enfoque cooperativo de la acción y puede y quiere contribuir sustancialmente a restaurar el marco multilateral de entendimiento internacional con vistas a resolver los problemas globales, afirma el profesor Dr Günther Maihold, director adjunto de la Fundación Ciencia y Política, con asiento en Berlín.

Qué le aguarda al presidente saliente

Bolsonaro se dirigió a sus partidarios en la capital, Brasilia, una vez después de perder la votación, diciendo brevemente que las fuerzas armadas estaban bajo su control. Una segunda vez, permaneció en silencio mientras sus partidarios rezaban por él.

Algunos partidarios insisten en que Bolsonaro no les defraudaría abandonando la lucha, pero otros han empezado a dejar puestos importantes. Según la agenda diaria oficial de Bolsonaro, trabajó poco más de una hora cada día desde las elecciones hasta el 23 de diciembre.

El Partido Liberal, la mayor colectividad política tanto en la Cámara Baja como en el Senado, ha declarado su oposición al gobierno entrante de Lula y se espera que Bolsonaro lidere el esfuerzo dentro del partido, según un funcionario partidario.

No son fieles

Pero muchos de los miembros del Partido Liberal no son totalmente leales a Bolsonaro ni están ideológicamente alineados con él, y tendrán incentivos para trabajar con la nueva administración, señala Guilherme Casarões, analista político y profesor de la Fundación Getulio Vargas en São Paulo. El Partido Liberal se considera centrista y es conocido por pactar con el gobierno de turno. Eso hace más difícil la fidelidad ideológica que a Bolsonaro le gusta mantener. Si no consigue tener un control total sobre el Partido Liberal, va a haber una nueva división.

Por su parte, el economista y politólogo Eduardo José Grin, también analista y profesor de la Getulio Vargas, acota que Bolsonaro obtuvo el 49% de los votos presidenciales, alimentando la posibilidad de una carrera presidencial en 2026 y convirtiéndolo en una posible ayuda para los candidatos en las elecciones municipales de 2024. Sin embargo, hay un historial de candidatos brasileños fuertes que no consiguen mantener el apoyo en años posteriores. Y los gobernadores de São Paulo y Minas Gerais, los dos estados más poblados de Brasil, podrían resultar opciones más apetecibles para los votantes conservadores.

La ceremonia

El acto final habitual de los presidentes salientes es entregar la banda presidencial a su sucesor. La oficina de Bolsonaro, tras reiteradas consultas de la prensa, confirmó por fin que éste no asistirá a la toma de posesión de Lula. La última vez que un presidente se negó a entregar la banda fue en 1985, marcando el final de la dictadura militar de dos décadas de la nación y el retorno de la democracia.

En cualquier caso, la toma de posesión será un golpe para los partidarios de Bolsonaro, puntualiza el analista económico Mario Sérgio Lima, de Medley Advisors. Como sus partidarios están acostumbrados al radicalismo, esperan una catarsis. Cuando vean jurar a Lula, se sentirán traicionados, como si Bolsonaro tuviera el poder en sus manos y no hiciera nada, lo que para ellos, sería una señal de debilidad.

Bolsonaro también se enfrenta a un torbellino de amenazas legales. El Tribunal Supremo lo está investigando bajo la sospecha de difundir mentiras sobre temas como las vacunas contra la pandemia de COVID-19 o infundios contra los propios jueces del Tribunal Supremo o por divulgar información confidencial de una investigación en curso e interferir indebidamente con la Policía Federal brasileña. El Tribunal Supremo es el único órgano gubernamental que puede investigar a un presidente en ejercicio o a un legislador federal.

Sin inmunidad

A partir del 1 de enero, Bolsonaro ya no gozará de la protección legal de los líderes en ejercicio, y podría enfrentarse a nuevos cargos en tribunales inferiores. Esto después de que Lula, condenado por corrupción y lavado de dinero por tribunales inferiores en 2018, fuera considerado inelegible para presentarse a las elecciones presidenciales de ese año y pasara más de un año en la cárcel. Sus condenas fueron anuladas más tarde con el argumento de que fue juzgado en un tribunal sin la jurisdicción adecuada.

Pero la diferencia radica en que Lula tenía todo un partido detrás de él para volverlo a levantar, y ese no es el caso de Bolsonaro, quien tendría dificultades para mantener aliados que luchen por su causa. Y una eventual condena podría poner en riesgo una posible candidatura en 2026 para volver a su antiguo cargo, además de todos los otros desafíos que enfrenta, agrega Mario Sérgio Lima. El destino político de Bolsonaro y de la extrema derecha brasileña tiene más escollos de lo que parece. Habrá más dificultades que facilidades, vaticina a su vez Eduardo José Grin.

Vuelta al parqué internacional

Lula ha anunciado ante la Conferencia cumbre de jefes de Estados y de gobierno de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP27), en Egipto:

Quiero decir que Brasil ha vuelto. Hemos vuelto para reconectar con el mundo.

 Por lo que se supone que la orientación aislacionista de la política exterior de Bolsonaro sí será cosa del pasado. Sin embargo, el bolsonarismo seguirá marcando la vida política del país. En los últimos cuatro años, las coordenadas políticas y sociales en Brasil han cambiado enormemente, con un crecimiento masivo del nacionalismo y una nueva forma de concebir la soberanía. Esto hará imposible que Lula continúe directamente desde donde dejó las cosas en sus anteriores mandatos.

Antilulismo

El propio Bolsonaro, su familia políticamente activa y la política de movilización de sus seguidores, dirigida a la oposición fundamental, acompañarán permanentemente el liderazgo del nuevo presidente si éste no logra establecer un hilo de diálogo con partes del bando bolsonarista.

Bolsonaro alimentará permanentemente el antilulismo que ya está profundamente arraigado en la sociedad brasileña. La imagen del enemigo siempre puede reactivarse en muchas cuestiones sociopolíticas y traducirse en una presión política masiva, que también se reflejará en el parlamento y en una judicialización de la política.

Grandes expectativas

Tan fuerte como la campaña electoral fue montada por una personalización extrema, entre Bolsonaro y Lula, la confrontación programática de este antagonismo resultó vaga. La oferta sustantiva de Lula al electorado estaba fuertemente orientada hacia las recetas con las que había tenido éxito en el pasado y se basaba, entre otras cosas, en la promesa de progreso social para todos. Por ello, sus primeros esfuerzos se dirigieron también a movilizar fondos en el presupuesto federal, en gran parte vacío, que pueda utilizar para programas sociales, directamente tras su toma de posesión. Lula quiere atar a sus votantes a él de forma permanente e impedir que se marchen o incluso que simplemente se desmovilicen.

Pero la confianza, muy valorada internacionalmente, en que Lula dará un giro rápido a la protección de los recursos naturales y a la reducción de la deforestación en la Amazonia también podría contribuir a su sobrecarga política interna. Su celebrada aparición en la conferencia COP27 de Sharm El Sheikh, donde prometió una nueva política amazónica, ha alimentado muchas esperanzas y expectativas de que Brasil se dispone ahora a volver a los pilares de su anterior mandato.

Arcas vacías

Pero el Gobierno de Lula se enfrenta a un grave problema: las arcas están vacías, entre otras cosas por los regalos electorales que Bolsonaro repartió en forma de transferencias directas de efectivo a su electorado. Esta difícil situación presupuestaria contrasta claramente con la fase de auge que caracterizó el primer mandato de Lula, cuando Brasil se benefició masivamente de los altos precios de exportación de sus materias primas debido al auge de China.

Por ello, es probable que Lula se dirija a la comunidad internacional con la exigencia de que se comprometa más financieramente con la preservación de la selva tropical y abra oportunidades para que Brasil desarrolle nuevas opciones económicas, por ejemplo mediante una mayor creación de valor interno en la explotación de materias primas. En este sentido, será importante que Alemania, como socio, se dirija al nuevo Gobierno con una oferta atractiva y no se limite a continuar con los planteamientos establecidos en materia de inversiones y proyectos.

Brasil como actor internacional

Con la llegada de Jair Bolsonaro al poder, Brasil derivó hacia el aislamiento internacional, perdiendo su papel de liderazgo en la región y su estatus internacional como fuerza configuradora dentro del grupo BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica) y del G20. El discurso antiglobalización de Bolsonaro, su alianza con el agronegocio en detrimento de una política amazónica sostenible y el patrón de actuación en política exterior, muy cargado ideológicamente, dañaron no solo la reputación del país, sino también la sustancia de sus relaciones bilaterales.

La antigua previsibilidad de la política exterior brasileña se perdió, al igual que su prolongada orientación hacia el multilateralismo. Los compromisos con acuerdos internacionales como el Acuerdo del Clima de París solo se cumplieron simbólicamente, y Brasil se retiró por completo del Pacto Mundial sobre Migración y de la asociación regional de países de América Latina y el Caribe (CELAC).

Las relaciones de Brasil con Estados Unidos también se han enfriado considerablemente desde que Joe Biden asumió el cargo, y lo mismo puede decirse con respecto a la Unión Europea, donde la política amazónica de Bolsonaro no ha sido lo último en entorpecer el proceso de ratificación del ya negociado acuerdo UE-Mercosur. Las relaciones con el vecino inmediato y socio de Mercosur, Argentina, también se desarrollaron de forma bastante conflictiva.

Brasil responsable

El Presidente Lula podrá reparar rápidamente algunas de estas fallas reasignando un papel activo a la política exterior de su país y contribuyendo así también a restaurar la reputación de Brasil como actor internacionalmente responsable. Otras decisiones, especialmente cuando requieren aprobación parlamentaria, como los tratados internacionales y el nombramiento de embajadores, pueden verse rápidamente atrapadas en la vorágine de la polarización política nacional.

No menos importante es que los gobernadores de los tres estados más poblados, São Paulo, Río de Janeiro y Minas Gerais, están surgiendo con sus propias agendas de política exterior, que a menudo pueden ser contrarias a los intereses de Lula. La estrategia del nuevo presidente de obtener ventajas internas mediante éxitos en política exterior podría fracasar rápidamente: por ejemplo, Lula anunció que Brasil quiere celebrar la COP30, prevista para 2025, en la Amazonia brasileña. Sin embargo, es allí donde ha obtenido sus resultados electorales más débiles.

Hasta entonces, tendrá que ampliar considerablemente la base de protección de los recursos y el medio ambiente de la región y satisfacer las necesidades legítimas de los grupos de población indígena. Mas también deberá integrar en su gobierno los intereses económicos de la agricultura, la industria maderera y otros grandes actores económicos para evitar una resistencia duradera de la agroindustria.

No será fácil

Pero el entorno internacional también exigirá a Lula otras habilidades políticas. Los elevados precios de la energía y los alimentos, la inflación del 8,3% (2021), el agravamiento de la deuda del país debido al aumento de los tipos de interés y la tensa situación presupuestaria hacen prever que el margen de maniobra del presidente será muy limitado.

Además, Lula no quiere posicionar unilateralmente a Brasil en el campo de tensión entre Washington y Pekín, para no poner en peligro el ascenso al que aspira Brasil en los BRICS y maximizar la influencia del país con vistas a la presidencia del G20 en 2024. Así, como era de esperar, Lula reaccionará a los nuevos desafíos geopolíticos con un posicionamiento autonomista de Brasil y, en particular, también asumirá posiciones del Sur Global.

Una de las cuestiones clave es si seguirá adelante con el ingreso de Brasil en la OCDE (promovido durante la presidencia de Bolsonaro), que según sus asesores no aportaría ningún beneficio al gran país sudamericano. Mucho se decidirá sobre la cuestión de cómo gestionará el nuevo presidente las relaciones con China para salvaguardar los intereses exportadores brasileños, que tienen una gran importancia política interna. Precisamente en este frente, su vicepresidente, Geraldo Alckmin, ex gobernador de São Paulo, tendrá la tarea de guardar las espaldas al presidente frente a las presiones de los distintos grupos de interés y demostrar su capacidad de diálogo.

Nueva era en las relaciones germano-brasileñas

Con la participación prevista del presidente federal alemán Frank-Walter Steinmeier (miembro del SPD) en la toma de posesión de Lula, Alemania envía una clara señal de que quiere volver a estrechar relaciones con Brasil. Este preludio debería servir no solo para reanudar la cooperación existente o suspendida políticamente, sino también para remodelarla. Entre ellos figuran el ámbito de conflicto y cooperación de la política amazónica, el desarrollo tecnológico conjunto y el uso sostenible de los recursos.

Además, Lula pretende renegociar el acuerdo UE-Mercosur, que en realidad está listo para ser firmado, y al que posiblemente ambas partes puedan dar cabida mediante una modificación del protocolo. Sería un error de juicio volver a ver en Brasil la clave de la región latinoamericana. En los últimos años se ha producido un fuerte retorno a las prioridades nacionales en muchos países de la región, por lo que el papel de liderazgo de Brasil se evalúa con cautela, incluso a la luz de los esfuerzos de integración regional menos fructíferos. En este sentido, deben aprovecharse las nuevas oportunidades que surjan con el socio brasileño, pero sin perder de vista al resto de la región, recomienda el politólogo Dr Günther Maihold, director adjunto de la Fundación Ciencia y Política, y profesor de la Universidad Libre de Berlín.

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