Discos

Investigación y micromecenazgo, o cómo disfrutar de obras olvidadas

Josep Mª. Rota
lunes, 2 de enero de 2023
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Giacomo Meyerbeer, Oberturas y música escénica. Der Admiral oder Der verlorene Prozess: Obertura. Der Fischer und das Milchmädchen oder Viel Lärm um einen Kuss: Ballet completo. Das Brandenburger Tor: Introducción. Wirt und Gast oder Aus Scherz Ernst: Obertura y Marcha turca. Romilda e Costanza: Obertura. Orquesta filarmónica de cámara checa de Pardubice. Dario Salvi, director. Un disco compacto DDD de 75.44 minutos grabado del 27 al 30 de agosto de 2021 en la Casa de la Música de Pardubice (Chequia). Naxos, 2022 / 8.574316
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Así canta el coro de organilleros del sainete lírico en un acto El bateo (Chueca, Domínguez y Paso), estrenado en 1901. Por culpa de la huelga de organilleros, los madrileños y las madrileñas ya no podrán bailar con música moderna, sino que tendrán que hacerlo con la música de los grandes del pasado: Beethoven, Verdi, Mozart y Meyerbeer.

Somos los organilleros,
somos los pianistas
de la capital,
que nos declaramos en huelga
por necesidad.
Nuestros amos nos explotan
y nos tiranizan tan sin compasión
que por eso el gremio pedimos
más retribución.
Ya no podemos tocar;
se halla de luto Madrid:
ya no podéis escuchar
piezas de baile hasta allí.
Ahora tendréis que bailar
música de Beethoven,
arias de Verdi o Mozart
y óperas de Meyerbeer,
y en las verbenas
tendrán que suplir
nuestros pianos de manubrio
con el arpa o el violín.

Porque Meyerbeer fue uno de los grandes, como Beethoven, Verdi y Mozart, que lo siguen siendo. A Meyerbeer le pasó lo que a otros, que desaparecieron de los programas (Auber, Cherubini, Mercadante, Paccini, Paër, Spontini, Vaccai) o que vieron reducida su producción a dos o tres óperas (Rossini, Bellini y Donizetti). Pero si estos últimos lograron resurgir en la segunda mitad del siglo XX, no pasó lo mismo con Meyerbeer; lo que resulta chocante, pues Meyerbeer fue durante décadas el indiscutible árbitro de la vida musical en París. Figura capital del género Grand opéra, de Meyerbeer solo sobrevivieron dos óperas; para más inri, en versión italiana: Gli ugonoti y L’africana. Afortunadamente, hoy en día se pueden encontrar grabaciones en CD de prácticamente todas sus óperas, incluso de Alimelek y Romilda e Costanza, que luego se comentan.

El sello Naxos, conocido entre los melómanos por su labor de sacar del olvido obras y compositores, ofrece aquí composiciones dedicadas a la escena del joven Meyerbeer. Al director Dario Salvi, que ya grabó un disco con música sacra de Meyerbeer, se debe el honor de recuperar estas obras, que se ofrecen por primera vez en CD. A él y a los mecenas que aparecen mencionados en el librito. 

La pieza más importante del disco es el ballet Der Fischer und das Milchmädchen (El pescador y la lechera), conservado milagrosamente en la Staatsbibliothek de Berlin con el título Der Schiffer und das Milchmädchen oder Viel Lärm um einen Kuss (El patrón de barco y la lechera o mucho ruido por un beso). El nombre del compositor que aparece en la partitura es el de Meier Beer; es decir, los apellidos materno y paterno (Amalia Meyer Wulff y Jakob Herz Beer). Meyerbeer compuso el ballet en 1809 (tenía 18 años) y lo vio estrenado en 1810 en su Berlín natal. 

Resulta curioso que la primera obra escénica de Meyerbeer sea un ballet, género en el que sería un verdadero maestro y que resultaría ser pieza clave de la Grand opéra. El matrimonio de pescadores lo bailaron los también matrimonio en la vida real Monsieur y Madame Telle. La lechera fue interpretada por Madame Lauchery. La coreografía corrió a cargo, precisamente, de Monsieur Lauchery.

La historia gira alrededor de un beso robado del pescador a la lechera, que enciende los celos de la mujer del pescador. La escena se completa con cazadores y lavanderas, en un entorno amable de naturaleza apacible. El ballet consta de una obertura y 21 cuadros, entre los cuales figuran un par de Air de Chassé, una Allemande, un Andantino pastorale y los correspondientes Pas seul, de deux y de trois. Se cierra con una Contredanse générale. La orquesta incluye flautas, oboes, clarinetes y trompas a dos. La música transita principalmente por las tonalidades de do, re, fa y sol. Una encantadora pièce de entretenimiento.

El disco se completa con más música orquestal para escena del primerizo Meyerbeer. La obertura de la ópera Der Admiral oder Der verlorene Prozess, (El almirante o el juicio perdido) la compuso en Darmstadt en 1811, junto con su profesor, el famoso Abate Georg Joseph Vogler. La obra no llegó a representarse. En la instrumentación destaca la Hozharmonika o Strohfiedel, especie de xilófono utilizado en el Tirol y otras regiones alpinas. 

Al año siguiente compuso el Singspiel Wirt und Gast oder Aus Scherz Ernst (Hostalero y huésped o en serio de broma) una turquerie tan de moda en la época, con el mismo sujeto que el Abu Hassan de su amigo Carl Maria von Weber. En la plantilla orquestal destacan triángulo, platillos y bombo (instrumentos que acompañaban a los jenízaros otomanos, igual que en la Sinfonía 'Militar' de Haydn o en El rapto de Mozart). Además de la Obertura, se ofrece la Marcha turca del acto segundo. Después del estreno en Stuttgart, se dio en Viena con el título de Die beiden Kalifen (Los dos califas) y en Dresde, bajo la batuta de su amigo Weber, también con otro título; aquí, Alimelek oder Wirt und Gast (Alimelek o hostalero y huésped). 

El año 1814 marcó el fin del terror napoleónico (quedaba el coletazo final de “Los cien días”) con la entrada en París de los ejércitos prusiano, austríaco y ruso. Para celebrar el retorno a Berlín del Mariscal Blücher y sus tropas, compuso Meyerbeer el Singspiel Das Brandenburger Tor (La puerta de Brandemburgo), que no llegó a estrenarse en vida del compositor. 

En estas oberturas se descubre la innegable herencia de Mozart y Haydn (otro autor cuyas óperas están injustamente olvidadas), pero también un incipiente estilo propio germánico que desarrollarán Weber, Marschner y Lortzing, quienes tanto influyeron luego, junto con Meyerbeer, en el joven Wagner.

Después de pasar por París y Londres, visitó Meyerbeer Italia en 1815. Allí compuso la primera de sus seis óperas italianas, Romilda e Costanza, opera semiseria de Gaetano Rossi, estrenada en Padua en 1817. Aquí Meyerbeer combina el inconfundible estilo rossiniano de obertura con la técnica armónica alemana. Con el nombre italianizado añadido a los apellidos intercambiados, ya tenemos a Giacomo Meyerbeer.

La orquesta de Pardubice suena muy adecuada para estas obras. En la batuta de Dario Salvi se reconoce no solo un interés musicológico por las partituras sino también un amor por las obras y su compositor. El sonido del disco es impecable. Los instrumentos y las familias de instrumentos suenan diferenciados y con entidad propia.  

El librito incluye unas interesantísimas notas de Robert Ignatius Letellier, autor de An Introduction to the Dramatic Works of Giacomo Meyerbeer (Londres, Routledge, 2016). La imagen de la portada es un dibujo nada menos que del mismo Dario Salvi, basado en litografías de la época.

Comentarios
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Jorge Ariel Binaghi
02/01/2023 12:07:57

La crítica es muy buena en el aspecto técnico  y musical. Pero hay una frase que me ha intrigado. Se habla de 'Terror napoleónico'. Muy interesante. Habría que preguntarle al amigo Stendhal si tiene algo que decir al respecto. En todo caso lo que siguió, lo del Congreso baila, no resultó demasiado bien ni para Francia ni para Italia, y no sé si para Europa (salvo para Rusia y la orgullosa y pérfida Albión). En España se tuvo luego de los afrancesados y Pepe Botella y la Pepa al Deseado, que él sólo serviría para volver definitivamente republicano a cualquier pueblo con dos dedos de frente, pero que al menos sirvió de pretexto a las colonias para sacudírselo de encima aunque no para dejar atrás algunas malas costumbres que se repiten hasta hoy en las 'nuevas' repúblicas y la Madre(?) Patria...

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