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The Brahms Connection

Juan Carlos Tellechea
jueves, 5 de enero de 2023
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The Brahms Connection. Dimitri Maslennikov (violonchelo), Sabine Weyer (piano). Robert Fuchs, Sonata nº 1 para violonchelo y piano en re menor op 29. Johannes Brahms, Sonata nº 1 para violonchelo y piano en mi menor op 38. Heinrich von Herzonberg, Sonata nº 1 para violonchelo y piano en la menor op 52 . Un CD de 77' 55" de duración. Grabado en el Trifolion Echternach (Luxemburgo) entre el 12 y el 16 de abril de 2022. Ingeniero de sonido Niels Doppelhamer. Piano: Steinway D model. Violonchelo: Luigi Azzolla (Turín 1937), cedido por Bouyer Laurent (Fonds Eisenberg). C 2022 Quartz Music Ltd. P 2022 Gunnar Strømsholm. Quartz QTZ 2151.
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¡Vaya calidez y emoción, la que emana de la interpretación del violonchelista Dimitri Maslennikov y la pianista Sabine Weyer, en este CD Brahms Connection

La Sonata para violonchelo y piano en re menor op 29 (1878) del archirromántico Robert Fuchs, que ocupa los cuatro primeros surcos, abre un abanico de posibilidades que este dúo explota con gran apasionamiento.

Maslennikov deja que su violonchelo cante y florezca, y reacciona a cada emoción de un modo muy lúcido. Weyer penetra en la multitud de notas con buena visión de toque y recursos de potencia superiores. 

Esta pareja, felizmente reunida propone aquí una colección de tres sonatas, de compositores más o menos vinculados profesionalmente en su época, aparecidas entre 1865 / 1866 y 1886.

En los tres siguientes surcos, la Sonata en mi menor op 38 (1865) de Johannes Brahms se explaya como una continuación lógica. Sabine Weyer y Dimitri Maslennikov juran por su sagaz interacción al mayor continuum lírico posible.

La música de cámara de Brahms contiene tesoros escondidos y en algunos casos hasta desconocidos durante mucho tiempo fuera de fronteras. Ésta sonata figura sin duda entre sus joyas. Eran aquellos unos momentos en los que los partidarios de la "música del futuro", como la denominaban, y los adeptos del renacimiento de la música alemana estaban enfrentados. La búsqueda de la sencillez, además del mejor equilibrio entre dos instrumentos separados por muchos elementos permite situar al op 38 en la primera categoría.

Consta de solo tres movimientos. El amplio Allegro non troppo tiene tres temas: uno decisivo y melódico, otro rítmico, incluso tempestuoso, y el tercero meditativo y misterioso. Están dispuestos de forma original en una especie de balada nórdica, como le gusta a Brahms, con atmósferas alternativamente tiernas y pesadas.

Maslennikov y Weyer, dos prometedores talentos de nueva generación, las traducen maravillosamente: la unión de los dos timbres tiene algo de hechizante. El Allegretto quasi Menuetto es un scherzo grácil y suave, saltarín y caprichoso, con cierto carácter arcaico en el trío melódico. También aquí todo respira un deseo de sencillez.

El final fugado (inspirado en el 'Contrapunctus XIII' del Arte de la fuga de JS Bach) no lo es tanto. El planteamiento es complejo por su pulso rítmico y la superposición de temas. Ambos intérpretes lo abordan con efusividad, con una libertad tímbrica y una naturalidad realmente seductoras, por no hablar de una verdadera simbiosis entre los protagonistas.

Al piano claro y bien timbrado de Sabine Weyer le corresponde el arco cálido y expresivo de Dimitri Maslennikov. No hay nada prepotente en ellos, sino un enfoque de fusión que conquista al oyente de inmediato. Los dos instrumentistas en primer plano, combinando lirismo apasionado y ritmo marcado.

Heinrich von Herzogenberg, amigo de Brahms, no solo pertenecía al círculo de influencia del titán musical, sino que produjo numerosas obras a partir de él. Brahms apreciaba mucho las obras de Herzogenberg, quien no tenía por qué ocultarse detrás de las de sus contemporáneos. Da muestras de su originalidad y una comparación directa con la primera Sonata de Brahms convence de ello.

La Sonata nº 1 en la menor op 52, estrenada en 1886, es aún más briosa y rebelde al final, por lo que resulta ideal para culminar esta trilogía. En el Adagio lírico, que cambia mágicamente de menor a mayor, la interpretación del violonchelo de Maslennikov aumenta aún más su conmovedora profundidad de sentimientos, antes de que el final, a través de un poderoso contrapunto en el piano que recuerda a Bach, impulse nuevos estallidos de emoción en el violonchelo, que parecen inagotables bajo las manos de este intérprete tan motivado.

En conjunto, a pesar de muchas diferencias individuales en los detalles, Dimitri Maslennikov y Sabine Weyer establecen de forma convincente un elevado nivel de visión común entre estas obras maestras profundamente románticas.

Para Herzogenberg su cercanía a Brahms se convirtió en cierto modo en su perdición. Fuchs fue calificado en su momento de epígono de Brahms. Éste se deshacía en elogios hacia la obra maestra, en la que Fuchs se muestra como un compositor con una inclinación por las soluciones musicales completamente individuales. Pero esto ya no interesaba a la posteridad.

Como ocurre a menudo con estas inmensas figuras, Brahms siempre ha sido el punto fijo y el centro de una red de compositores. En el centro se encontraba el nudoso compositor hamburgués y más tarde vienés por elección, que dudaba de sí mismo a lo largo de toda su vida y fue estilizado como modelo para muchos compositores, a veces en contra de su voluntad. Una y otra vez, compositores del círculo de influencia de Brahms se situaron a su enorme sombra sin pertenecer en absoluto a él. Fuchs y Herzogenberg son dos de estos creadores que son mucho más que "simples" amigos de Brahms.

La grabación, en el Trifolion Echternach (Luxemburgo), en perfecta armonía con la interpretación de cámara, hace justicia a la atmósfera íntima de estas piezas. La imagen sonora está bien centrada y reproduce con precisión la espacialización de los dos instrumentos sin separarlos artificialmente.

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