Francia

Giselle en el TCE : dignidad sin emoción

Francisco Leonarte
martes, 10 de enero de 2023
'Giselle'. Ballet de la Ópera Nacional de Ucrania © 2022 by Ksenia Photoart 'Giselle'. Ballet de la Ópera Nacional de Ucrania © 2022 by Ksenia Photoart
París, miércoles, 4 de enero de 2023. Théâtre des Champs-Elysées. Giselle, ballet en dos actos estrenado en 1841. Libreto de Théophile Gautier y Jules-Henri Vernoy de Saint-Georges. Coreografía de Marius Petipa a partir de Jules Perrot y Jean Coralli. Música de Adolphe Adam. Director de Ballet, Kostyantin Sergieiev. Decorados y trajes originales de Tetiana Bruni. Trajes, nuevo diseño de Malva Verbytska de la Maison Malva Florea. Con Natalia Matsak / Kateryna Alaieva ( Giselle), Sergii Kryvokon / Oleksii Potiomkin (Albrecht), Iryna Borysova / Kateryna Kurchenko (Myrtha), y Tymofiy Bykovets, Maksym Bilokrynytskyi, Daria Manoilo, Kostiantyn Pozharnytskyi, Sergii Lytvynenko, Kseniia Ivanenko, Petro Markishev. Cuerpo de baile de la Opera Nacional de Ucrania. Orquesta Prométhée. Dirección musical, Dmytro Morozov.
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Comentaba hace nada con una persona muy querida que el ballet, como la ópera, es un compendio de varias artes (movimiento, teatro y música, en el caso del ballet) pero que todas esas disciplinas deben ponerse al servicio de una misma emoción: entiendo que incluso en obras tan descarnadas como el Apollon Musagete de Stravinsky/Balanchine hay emoción, aunque sea la emoción del icono...

Cuando no hay emoción, quedan al descubierto todos los defectos de la obra representada, y hasta se puede caer en el ridículo. Máxime en géneros tan codificados, tan lejanos a la realidad, como el ballet y la ópera... Algo de eso hubo en la representación de Giselle este jueves ... 

Los primeros compases suenan. La orquesta es digna. Sin más.

Se alza el telón. El decorado es a base de telones a la antigua. Eso no sería en sí un problema si no fuera por las flores de plástico que crecen abundantes alrededor de la casa de la protagonista, por la puerta de tela que se mueve, por las grandes hojas en la parte superior del escenario que no son ni antiguas ni modernas, todo dibujado y realizado con la presteza de lo barato ...

Bueno, el decorado sería lo de menos si no fuera porque, cuando entran Albrecht y su paje, Albrecht no tiene ademanes de príncipe, sino de bailarín, y, por más que me esfuerce, en él sólo consigo ver a un bailarín que ejecuta los gestos que ha de ejecutar según su coreografía.

'Giselle' de Petipa-Coralli-Perrot. Música de Adolphe Adam. Director de Ballet, Kostyantin Sergieiev. Dirección musical, Dmytro Morozov. Théâtre des Champs-Elysées, enero de 2023. © 2022 by Ksenia Photoart.'Giselle' de Petipa-Coralli-Perrot. Música de Adolphe Adam. Director de Ballet, Kostyantin Sergieiev. Dirección musical, Dmytro Morozov. Théâtre des Champs-Elysées, enero de 2023. © 2022 by Ksenia Photoart.

Entra Giselle. La cosa cambia. Indudablemente hay una cierta gracia en sus movimientos. Hay un personaje. Pero la pareja no funciona. Ese primer pas-de-deux que en otras versiones me ha hecho pensar en la ligereza de Fred Astaire y Ginger Rogers, aquí se queda sólo en un pas-de-deux más. No veo a los enamorados. O veo sólo a la enamorada y a un bailarín a su lado.

La orquesta tampoco sigue. El director parece músico experimentado; bajo el brazo lleva una vieja partitura que, puesta en un caldo debe de dar un buen sabor a rancio, como el hueso de jamón; da las entradas y marca el tiempo. Y todo suena muy correctamente. Pero no hay en la orquesta desmayos, ni delicadezas, ni ritardandi ni accelerandi. Nada que no figure de forma expresa en la partitura. ¿La flauta tiene una frase? Pues la flauta toca su frase y punto. No hay falsas notas. Pero tampoco hay sentimiento. Y la música de Adam, así como la coreografía de Coralli-Perrot, son esencialmente sentimiento ...

Todos bailan bien. Hay buena disciplina en el cuerpo de baile. El divertimento campesino está bien hecho, incluso con cierto encanto. Y en general los gestos, lo que es puro mimo, están muy bien ejecutados. Pero hay que esperar al final del primer acto, con el desengaño, la locura y la muerte de Giselle, para que entre la emoción. No a raudales (ya es un poco tarde para eso), pero indudablemente emoción. Bien. No habremos perdido la noche.

Bueno, vamos pues al segundo acto, el de las willis y sus apariciones fantasmagóricas... La temporada pasada tuvimos ocasión de ver una Giselle en el Palais Garnier con las huestes de la Ópera de París. Decorados y trajes a la antigua relativamente sobrios pero muy cuidados, coreografía también de Coralli-Perrot pero no en la versión de Petipa sino en la reconstrucción de Patrice Bart y Eugène Polyakov (hay en efecto bastantes diferencias), y a pesar de haber visto esta misma producción de la Ópera de París en varias ocasiones, cada vez quedo boquiabierto ante la mágica aparición de Myrtha, la reina de las willys, sobre sus puntas al fondo del escenario... Ayer, en la versión de Petipa-Ópera de Kiev en el Théâtre des Champs-Elysées, vi a una bailarina -buena, todo sea dicho, o al menos a mí y a la mayoría del público nos lo pareció- sobre sus puntas realizando una difícil coreografía. Pero magia, no. Magia no hubo, o yo no la sentí, ni la vi ni la escuché... Tampoco vi a Albrecht intentar cazar a una espectral Giselle. Vi un nuevo pas-de-deux. Bien ejecutado, no les quitemos ese mérito.

'Giselle' de Petipa-Coralli-Perrot. Música de Adolphe Adam. Director de Ballet, Kostyantin Sergieiev. Dirección musical, Dmytro Morozov. Théâtre des Champs-Elysées, enero de 2023. © 2022 by Ksenia Photoart.'Giselle' de Petipa-Coralli-Perrot. Música de Adolphe Adam. Director de Ballet, Kostyantin Sergieiev. Dirección musical, Dmytro Morozov. Théâtre des Champs-Elysées, enero de 2023. © 2022 by Ksenia Photoart.

Poco a poco, no sé si llevados por la obra o simplemente porque público e intérpretes nos fuimos todos calentando, fue naciendo algo de emoción, algo de implicación, algo de identificación. Y volvimos a sentir lástima por el joven Hilarion y a sentir admiración y pena por el espectro de Giselle; en la orquesta, oboe, clarinete y viola cantaron sus frases con dulzura, y hasta pareció que la flauta por fin ponía un puntillo de embeleso. Ya habíamos llegado al final. 

El público aplaudió entusiasta, en parte tal vez por recompensar las penosas condiciones en que los intérpretes ucranianos han ensayado, todo hay que decirlo, porque eso también es meritorio.

Y bueno, hubo constantemente dignidad. No sobrados medios, pero siempre dignidad. No siempre emoción, pero siempre dignidad.

Y la obra maestra de Gauthier-Vernon de Saint-Georges-Coralli-Perrot-Adam volvió a dejarnos su poso de melancolía. Tal vez no fue una noche memorable, pero tampoco desmereció de tantas y tantas producciones. Ya es mucho. 

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