Francia

20 años de Les Siècles: Un gran lujo francés

Francisco Leonarte
jueves, 19 de enero de 2023
--- ---
París, martes, 10 de enero de 2023. Théâtre des Champs-Elysées. Claude Debussy: Prélude à l'après-midi d'un faune; Edouard Lalo: Suite nº1 del ballet Namouna; Albert Roussel: Suite nº2 del ballet Bacchus et Ariane; Jules Massenet: Scènes alsaciennes; Paul Dukas: L'apprenti sorcier; Maurice Ravel: La valse. Les Siècles. Dirección musical de François-Xavier Roth. Coproducción del Théâtre des Champs-Elysées y Les Siècles en colaboración con el Palazzetto Bru-Zane.
0,000278

Una orquesta con instrumentos de época centrada principalmente en el (riquísimo) repertorio francés del XIX y principios del XX. Que además suena estupendamente, con unos solistas de órdago a la grande. Fundada y dirigida por uno de los más sensibles, atentos e imaginativos directores de orquesta que servidor de ustedes conozca. Que existe desde hace 20 años ¿Es o no es un lujo de los grandes?

Pues eso son Les Siècles.

Esta noche, en el TCE, nos han vuelto a dar un concierto memorable. Memorable por la manera en que San François-Xavier Roth (ya saben ustedes que servidor lo ha canonizado sin pasar siquiera por la beatificación, cfa Schoenberg, Berg, Mahler por Roth) dirigió su magnífica Les Siècles. Memorable también por las obras interpretadas. Como decía un conocido que nos cruzamos en el entreacto, «habrá que esperar veinte años para que volvamos a tener un programa como este». Al lado de las más habituales obras de Ravel, Dukas y Debussy, pero en perfecta armonía con las mismas, tres joyas hoy infrecuentes de Lalo, Roussel y Massenet.

¿¡Por qué no tenemos con más frecuencia este tipo de programa?! Ya no digo que siempre lo interprete San Roth con Les Siècles (no se puede pedir que haya milagros todos los jueves, por parafrasear a Berlanga/Azcona), pero tal vez sí más obras infrecuentes y menos sinfonismo alemán. A todos nos encantan Schuman, Schubert, Brahms y Mahler, pero hay también otros compositores para orquesta, no? Y hay también muchas otras obras que no son ni concierto con solista ni sinfonía en cinco movimientos, no?

Obra a obra

La cosa empezó con un silencio. Hasta que en la sala no cesaron las pequeñas toses, el último comentario al marido/mujer/Perico de los palotes, los ruidos de búsqueda en los bolsos (ya saben ustedes que no se pueden guardar las gafas, buscar el paquete de pañuelitos, sacar el caramelo pertinente, guardar el teléfono y otras cosas esenciales, si la música no ha empezado; no tiene sentido hacerlo antes de que el director de orquesta suba al podio, verdad?) y otros sonidos espúreos, San Roth no quiso empezar.

Porque sabe lo importante que es el silencio en la música, y que toda música comienza por un silencio. Y muy particularmente ese Preludio a la siesta de un fauno, inspirado de Mallarmé. Bebimos pues los silencios de Debussy antes, entremedio y después de la frase maravillosa de la flauta que respiraba y nos hacía respirar, paladeando cada nota sin no obstante forzar la lentitud. Escuchamos, como si escucháramos la obra por primera vez, detalles primorosos de la arpa, o el color evocador de las trompas que parecían venir de lejos...

Y mientras quien esto escribe pensaba con admiración en tal o cual detalle, insensiblemente la música nos llegaba a todos por ondas, por olas, y, sin siquiera sospecharlo, sin aviso previo, hete aquí que uno empieza a llorar, sin saber por qué, escuchando una obra que sin embargo ha escuchado mil veces... Y los pequeños crótalos que difunden su sonido... Aquello tiene un algo de eternidad, aunque se nos hace corto a todos... Cuando acaba, uno no sabe si tiene derecho a aplaudir o a rezar...

En fin. Fuerza es pasar a la obra siguiente.

Namouna, de Lalo, fue en su día muy programada. No en balde revolucionó en su día el mundo del ballet -a pesar de que ahora parece que Chaikovski llegó justo después de Adam-, no en balde Debussy lo puso por las nubes cuando se estrenó en 1882... Lo cierto es que su partitura sigue derrochando frescura, imaginación, sentido melódico... Con sus giros inesperados, con sus ritmos obsesivos, con sus cinco percusionistas que dan color constante sin caer en localismos, Namouna es obra singular, de auténtica originalidad. Es también ocasión para que los solistas de Les Siècles muestren su altísima categoría, en particular con un solo de trompeta que es un verdadero tour de force.

Y termina la segunda parte con otra suite de ballet, la de Baco y Ariadna, de Albert Roussel. Ya estamos en otra época (1930), Roussel cultiva las disonancias con primor. Y los ritmos con contundencia. San Roth transforma su conjunto de sutiles perfumistas, de simpáticos solistas con sentido del humor, en máquina de guerra que avanza sin dejar títere con cabeza. Para mayor entusiasmo de todos los asistentes, que al terminar vitoreamos un nuevo triunfo de la Música.

Perdonen. Ya ven ustedes que la evocación de este concierto me lleva a los peores extremos del lirismo, defecto imperdonable en un crítico, pero ¿cómo evitarlo ante obras e interpretaciones semejantes ?

Abren la segunda parte las Escenas alsacianas de Massenet. Escuchando los dos primeros números, fuerza es admitir que esta suite, aun siendo evocadora y bonita, no está a la altura de las demás obras del programa. Pero llega el tercer número, Bajo los tilos, con su dúo de clarinete y violonchelo, y ahí, ahí escuchamos al mejor Massenet, aquel que, según Romain Rolland, todos los franceses llevaban en el corazón. Es difícil hacer más hermoso. Y difícil tocarlo con más embeleso -sin cursilería- que Les Siècles con Roth...

Le sigue una interpretación modélica del Aprendiz de brujo, de Paul Dukas. Modélica por su sentido del humor (qué divertido, ese clarinete bajo), por su capacidad evocadora (indispensable, por supuesto, en esta obra, y uno de los puntos fuertes de San Roth), por su ritmo ‘ineluctable’, por su sentido de la narración.

Y terminamos

Y terminamos con La Valse, de Ravel. Servidor nunca había escuchado una versión tan alucinada de esta obra. Insistiendo sobre los glissandi, jugando con los rubati (tán típicos del vals) y con los volúmenes sonoros, San Roth crea desde el principio un clima onírico que, más allá del carácter paródico de la obra, la lleva a nivel de símbolo. El símbolo de un mundo que tal vez nunca haya existido. O que no ha existido más allá de lo que hemos querido fantasearlo. Con un final teñido de jubilosa catástrofe... Muy hermoso.

¿Hemos dicho que ‘terminamos’? No, el concierto no terminó ahí. Porque ante la insistencia, San Roth y Les Siècles nos ofrecieron un bis, el hermoso andante de La Arlesiana de Bizet, remanso de paz donde los haya, traducido por orquesta y director con delicadeza de encajeras.

Y para terminar -esta vez de verdad- ante un pastelón de cartón piedra con globos (bueno, lo del pastelón de cartón-piedra con cuatro míseros globos que se sostenían como podían no era glorioso, cierto, pero ya se sabe que la parte visual no es el punto fuerte de San Roth y su orquesta...) entonamos todos con alegría y admiración el Cumpleaños feliz, dirigido a una agrupación y su director que tan felices nos hacen a cada ocasión.

Gracias, San François-Xavier Roth. Gracias, Les Siècles. Que cumpláis muchos, muchos muchos, muchos más.

Post-data

«Last but not least». Sentada a mi lado en el concierto, una señora simpatiquísima y entusiasta que me cuenta que ella trabaja en una sociedad bancaria, y que ella y otros muchos trabajadores de la misma entidad, durante dieciocho meses, a razón de una hora por semana, han estado preparándose con instrumentistas de Les Siècles para finalmente tocar un concierto en formación conjunta de amateurs y profesionales a las órdenes de François-Xavier Roth (de quien no ha parado de loar la sencillez, la amabilidad, la capacidad de persuasión y de entusiasmo). Todo subvencionado por dicha entidad bancaria. ¿Conocen ustedes algún ejemplo similar en sus respectivos países ?

Lo dicho: Puro lujo, de los que no solo dependen del dinero... 

Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.