Francia

Nadia Boulanger, tomo 1: con Copland, Carter, Piston y Fauré

Francisco Leonarte
lunes, 23 de enero de 2023
Aaron Copland y Nadia Boulanger © 1945 by Victor Kraft Aaron Copland y Nadia Boulanger © 1945 by Victor Kraft
París, miércoles, 11 de enero de 2023. Maison de la Radio. Walter Piston: A symphonic prelude; Elliott Carter : Concerto for flute and orchestra; Gabriel Fauré: Fantaisie pour flûte et orchestre; Nadia Boulanger: Trois pièces pour violoncelle et piano; Aaron Copland: Symphonie pour orgue et orchestre. Con Emmanuel Pahud (flauta); Lucile Dollat (órgano); Renaud Guieu (violonchelo) y Catherine Cournot (piano). Orchestre Philarmonique de Radio France. Director, Mikko Franck. Con la colaboración del Centro Palazzetto Bru-Zane, dedicado a la música romántica francesa
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Radio France, en colaboración con el Centre Bru-Zane dedicado a la música romántica francesa, ha estado dedicando una serie de conciertos (el último tendrá lugar el domingo 29 de enero) a una de las figuras más importantes de la música del siglo XX, fundamentalmente por su papel de pedagoga. Nos referimos, claro está, a Nadia Boulanger, que estudió en su día con Gabriel Fauré, que frecuentó a músicos de su generación como Stravinsky, y sobre todo que fue "maestra" o consejera de una cantidad impresionante de grandes figuras musicales, desde Georges Gershwin, Jacques Ibert o Aaron Copland, a Quincy Jones, Astor Piazzola, Leonard Berstein, Michel Legrand, Philip Glass, Pierre Henry, Igor Markevitch, Yehudi Menuhin o Daniel Barenboim entre otros muchos creadores e intérpretes.

Menos conocida es su faceta de compositora -es sobre todo su hermana Lili quien es conocida como (magnífica) compositora. Nadia, tal vez por no compararse con su hermana menor (cuya música difundió siempre que le fue posible), o tal vez por no tener tiempo, o tal vez por esa suerte de pudor que a veces invade al verdadero pedagogo, no sólo dejó de componer sino que incluso prohibió la ejecución de sus propias obras.

Cuando precisamente se está revalorizando a las figuras femeninas de la composición (de Barbara Strozzi a Eliane Radigue o Sofia Gubaidulina, pasando por Pauline Viardot-García, Clara Wieck o Louise Bertin), parece casi una evidencia que había que echarle una ojeada a la obra compositiva de quien alcanzó un puesto fundamental en la Historia de la Música como pedagoga.

Empezaba el primer concierto -de una serie de cinco- con una obra de un alumno de Nadia, el más que interesante aunque poco conocido en Europa Walter Piston, que fue a su vez maestro del gran Conlon Nancarrow. Su Un preludio sinfónico, influida claramente por la Segunda Escuela de Viena, sabe sin embargo captar el interés del oyente con un sentido a la vez sobrio y apasionado. En este sentido, creo que la interpretación de Franck al frente de la Filarmónica de Radio Francia hizo justicia a la obra. Dan ganas de escuchar más de Piston.

Y sigue una obra de otro alumno de Nadia Boulanger, el muy respetado Elliott Carter que llegó a centenario como "figura eminente de la música de su tiempo" ... Permítanme un confesión: no comprendo el interés que suscita este compositor. Es sin duda zafiedad mía, pero cada vez que se presenta la ocasión (ya no busco la ocasión, lo confieso) de escuchar una obra de Elliott Carter, vuelvo a quedar decepcionado, con la impresión de haber escuchado una obra que podrían haber firmado cientos de autores de la misma época. Algo así como una banalidad de académico, muy respetada por los colegas académicos y completamente insulsa para el resto de la Humanidad. No encuentro invención ni originalidad. Eso sí, la estrella de la flauta Emmanuel Pahud se pegó un buen curro defendiendo una partitura asaz virtuosística. El público aplaudió cortesmente y yo me desperté de una ligera cabezadita que no pude evitar a partir de los primeros cinco minutos...

Siguió (¿para compensar?) una encantadora obra de Fauré, compuesta en su día precisamente como obra de concurso para el Conservatorio de París. (Da la impresión de que en este ciclo alrededor de Nadia Boulanger, Fauré ha servido de comodín para dar ligereza y gancho. Pero entiendo que todo vale para atraer a un público reacio a escuchar lo que no conoce ...). Se trata de una de las obras preferidas por los flautistas. Pahud volvió a brillar. El público recompensó con nutridos aplausos.

Y entonces vino -fuera de programa- el momento en que Pahud brilló de verdad, la propina: Un Syrinx de Debussy cantado por la flauta con esa mezcla de misterio y de sobriedad, de esencia musical, que requieren esta pequeña obra maestra, con una regulación del soplo realmente magistral por parte de Pahud. Uno de los momentos señeros de la noche.

Empezaba la segunda parte con una pequeña obra de juventud de Nadia Boulanger. El problema es que Nadia compuso al parecer todavía menos que su querida hermana, Lili, fallecida muy joven. Por tanto las obras que quedan de Nadia no siempre justifican su permanencia en la Historia de la Música ni mucho menos en el repertorio. Esta obrita, que se pliega a lo que se considera una bonita sonata de estudiante de la época, no inventa nada ni reviste originalidad alguna. Se escucha agradablemente como miles (¿decenas de miles?) de obras de estudiantes que se han quedado (justamente) en los cajones de sus respectivos compositores. Tomémoslo pues como una curiosidad sin más, la obrita de estudiante de una inmensa pedagoga. Con haberla escuchado una vez cada cincuenta años y tener una grabación testimonial, esta sonata va que se mata.

Termina el concierto, eso sí, con una obra maestra: la Sinfonía con órgano de Copland que este dedicó precisamente "A Nadia Boulanger, con admiración". Cierto, Copland es muy joven cuando la compone, pero ya no es un estudiante, y a pesar de la neta influencia de Stravinsky patente en algún que otro giro, ya se vislumbra lo que serán después sus más famosos ballets. Hay una inteligencia musical en los ensamblajes y en la orquestación, hay una potencia de motivos, a menudo magnificados por el órgano, hay una urgencia (pero no precipitación) de creación, que hacen de esta obra un momento a la vez gozoso y profundo. Se nota que Mikko Franck disfruta y la orquesta responde con entusiasmo. El público también en cuanto termina la obra. Exaltado.

Bienvenidos sean los conciertos que nos descubren y redescubren una obra tan hermosa.

Ojalá podamos escucharla de nuevo en vivo: quién sabe cuándo ... 

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