Danza y Ballet

Ballet del Estado de Baviera: doble moral y escarnio de la libertad de prensa

J.G. Messerschmidt
martes, 21 de febrero de 2023
Marco Goerke y su perro Gustav © 2023 by Stuttgarter Ballet Marco Goerke y su perro Gustav © 2023 by Stuttgarter Ballet
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En la década de 1990 y en los primeros años del actual siglo el ballet tuvo en Múnich un período de gran auge, tanto por la calidad que alcanzó como por el reconocimiento público del que fue objeto. Eran los tiempos en que Konstanze Vernon dirigía el Ballet del Estado de Baviera y los años inmediatamente siguientes, cuando el eco de su labor aún resonaba en la compañía. En ese período se establecieron en Múnich buenas relaciones de colaboración con San Petersburgo, extraordinariamente ventajosas para la danza clásica alemana. 

El ballet del Teatro Mariinsky hizo algunas visitas a la capital bávara, donde también sus mejores solistas actuaban frecuentemente como invitados. Entre ellos se encontraba un excelente bailarín que no tardó en convertirse en uno de los ídolos del público muniqués: Igor Zelensky. Sus actuaciones acompañando a grandes estrellas como Yelena Pankova, Uliana Lopatkina, Svetlana Sajarova, etc. fueron verdaderas sensaciones. Acabada su carrera de bailarín, fue director de ballet en el Teatro de Ópera Stanislavsky Demirovich-Nanchenko de Moscú.

En 2016 Zelensky regresó a Múnich como director de la compañía de la que tantas veces había sido huésped. En febrero de 2022 su condición de ruso lo convirtió, de la noche a la mañana, en un personaje sospechoso e incómodo. El intendente de la Ópera de Baviera, Serge Dorny, lo conminó a manifestarse públicamente contra la posición de su país en el conflicto ucraniano como requisito para conservar su empleo. Para la inmensa mayoría de los artistas rusos satisfacer esta pretensión es casi imposible por motivos laborales, familiares, económicos, etc., sin olvidar que tal condición es jurídicamente aberrante y profesionalmente vergonzosa. 

Para Igor Zelensky la situación se volvió insostenible, pues sus circunstancias personales impedían absolutamente cualquier declaración como la exigida. Desde hacía años mantenía una relación amorosa con Katerina Vladimirovna Tijonova. Es decir, con la hija de Putin, al que la pareja incluso ha hecho abuelo. La prensa alemana reveló que Tijonova había hecho más de veinte visitas a Múnich en cuatro años; que viajaba bajo identidad falsa y rodeada de guardaespaldas; que se albergaba en un "conocido hotel de lujo" en la ciudad y en otro junto a un cercano lago alpino; que había gastado un total de 50.000 € en alojamientos; que estaba divorciada; que Igor Zelensky estaba casado con una ex-bailarina, etc., etc., etc.

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La intriga en torno a Igor Zelensky llegó a tener aspectos casi jocosos, y no sólo por la homonimia con el mandatario ucraniano. Un despistado periódico británico, confundiendo a Igor con Volodimir, llegó a dar la noticia de que la hija de Putin era amante del mandatario ucraniano... 

En abril de 2022 Igor Zelensky fue sonrientemente expulsado de Múnich, alegándose "motivos familiares" para su precipitada "dimisión". Poco después hizo su entrada en escena el dúo de cómicos rusos Vovan y Lexus. Uno de ellos, haciéndose pasar por un ministro ucraniano, mantuvo una videoconferencia con el intendente de la Ópera de Baviera. Serge Dorny, creyendo hablar con un ministro del Zelenski de Kiev, se fue de la lengua y, entre otras muchas inconveniencias, se jactó de haber puesto de patitas en la calle al Zelensky de San Petersburgo. La videoconferencia apareció en youtube y en unos cuantos lugares más y desapareció rápidamente sin dejar rastro (¡salvo en Mundo Clásico!). 

Para acabar de arreglar las cosas, se nombró nuevo director del Ballet de Baviera al francés Laurent Hilaire. Es decir, al mismo señor que cuando Igor Zelensky se había radicado en Múnich en 2016, se convirtió en su sucesor como director del ballet Stanislavsky Demirovich-Nanchenko de Moscú. A Laurent Hilaire nadie lo echó de Rusia, pero por si acaso prefirió tomar las de Villadiego y volver a heredar un puesto de Igor Zelensky... En fin, una historia de la que Billy Wilder habría podido hacer una sátira magistral al estilo de Uno, dos, tres

Hace unos pocos días en la Ópera del Estado de Hannover ocurrió un incidente que tiene algunos rasgos comunes con la historia que acabamos de contar: es grotesco, es tragicómico y el protagonista es un director de ballet. El coreógrafo Marco Goecke había estrenado en La Haya un ballet que a la crítica de danza del Frankfurter Allgemeine Zeitung, Wiebke Hüster, le pareció bastante malo. La recensión de Hüster es muy negativa, pero correcta. Sin faltar a esa misma corrección en estas mismas páginas hemos publicado más de una vez críticas tanto o más severas.

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 Pues bien, el pasado sábado el coreógrafo Marco Goecke estrenaba de nuevo una obra, pero ahora en Hannover, donde es director del ballet. En el vestíbulo de la Ópera el Sr. Goecke, acompañado de su perro, coincidió con la Sra. Hüster, a la que se acercó para recriminarle su crítica, que, según él, lo desprestigiaba injustamente e incluso habría hecho disminuir el número de abonados al ballet. 

Durante el entreacto volvieron a coincidir en el mismo lugar, ahora sin perro. El Sr. Goecke abordó nuevamente a la Sra. Hüster, pero no contento con hacerle amargos reproches, extrajo de su bolsillo una bolsita de papel con excrementos de su can, con los que procedió a embadurnar el rostro de nuestra colega.

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Con posterioridad y después de ser suspendido de su cargo, el Sr. Goecke se manifestó arrepentido y pidió disculpas. Pero al mismo tiempo hizo unas declaraciones en la televisión en las que, reconociendo no haber obrado bien, intentó justificarse, insinuó haber tenido sus razones y se manifestó en contra de que un artista deba aceptar críticas duras. El resultado final ha sido la destitución de Goecke de su puesto de director de ballet en la Ópera de Hannover.

En Múnich, sin embargo, soplan otros vientos. Para el próximo 23 de junio estaba previsto el estreno de una coreografía de Marco Goecke por el Ballet del Estado de Baviera. En un comunicado hecho público el 16 de febrero, el Ballet de Baviera afirma que el ataque cometido por Goecke "es en todos los sentidos inaceptable" y que la libertad de prensa es un bien valioso que debe ser respetado y defendido sin reticencias. Tras esta introducción anuncia que continuará su colaboración con Marco Goecke, cuya colaboración "es muy apreciada por toda la compañía". Literalmente se afirma: "Conocemos al coreógrafo Marco Goecke como un artista extraordinariamente responsable y respetuoso".

Ante una frase como ésta es inevitable sentir una inmensa preocupación por la salud mental de quienes dirigen el Ballet de Baviera. Hablemos en serio. Marco Goecke ha agredido de forma insultante a una periodista en medio de un estreno en la ópera. Es un acto de venganza. Es un ataque contra la libertad de expresión, contra la libertad de información y contra el ejercicio del periodismo. Que el Ballet de Baviera se limite a una condena puramente formal, pero siga empleando al coreógrafo y nos cuente que es "extraordinariamente responsable y respetuoso" es más que grave, es un escarnio. 

Moralmente el Ballet de Baviera nos está llenando de excrementos la cara a todos los que realizamos una labor de periodismo cultural.

El "extraordinariamente responsable y respetuoso" Sr. Goecke puede seguir colaborando tranquilamente con el Ballet de Baviera, su ataque coprofílico no tiene ninguna consecuencia práctica, es una bagatela. Los crímenes de Igor Zelensky fueron ser ruso, no decir una palabra sobre política y, en su vida privadísima, haberse enredado a escondidas con la hija de un jefe de estado presuntamente "enemigo". Eso sí se castiga.

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