Discos

Chopin y Pleyel

Juan Carlos Tellechea
jueves, 2 de marzo de 2023
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Frédéric Chopin. Margarita Höhenrieder (piano), Orchestra La Scintilla, director Riccardo Minasi. Frédéric Chopin: Primer concierto para piano op 11 en mi menor (en una nueva crítica edición) y mazurcas. Concierto grabado en Zúrich (Suiza) desde el 4 al 7 de octubre de 2021. Las mazurcas fueron grabadas en Zug (Suiza) desde el 28 al 30 de febrero de 2022. Ingeniero de sonido Jean-Daniel Noir. Piano original Pleyel Grand Piano de 1845. C + P 2022 Solo Musica (https://solo-musica.de/).
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La magnífica pianista Margarita Höhenrieder y la Orchestra La Scintilla, dirigida por Riccardo Minasi, rinden homenaje en este CD (sello Solo Musica) a un solo compositor, Frédéric Chopin. Profesora del Conservatorio de Música y Teatro de Múnich, Höhenrieder optó por la originalidad y lo inesperado.

El Primer Concierto para piano en mi menor op 11 lo propone la artista en una nueva edición crítica a partir de la partitura histórica de Jan Ekier, y lo ejecuta en un instrumento original de la época, un Pleyel Grand Piano de 1845. El mismo Chopin decía en 1831 que "los instrumentos de Pleyel son el non plus ultra". La empresa parisina le proporcionaría un total de 20 pianos de concierto al compositor y pianista a lo largo de su vida.

Uno de esos modelos lo halló Höhenrieder en el museo del coleccionista Eric Feller, en Kellinghusen, al norte de Hamburgo. También los músicos de La Scintilla tocaron con instrumentos históricos bajo la dirección de Menasi, un especialista en interpretaciones historicistas.

En los tres movimientos del Concierto en mi menor op 11 -que siempre figura como número 1, pero que en realidad es el segundo- Höhenrieder se siente muy a gusto y prepara con extrema delicadeza detalles hasta ahora desconocidos u olvidados. El elevado arte del toque de la pianista, que caracteriza aquí su estilo romántico, produce una sorpresa tras otra y clímax seductores en esta obra de Chopin.

El centro lírico

Un movimiento lento, Romanze. Larghetto, está enmarcado por dos rápidos. El movimiento de apertura es un Allegro maestoso que dura más de 20 minutos; en la exposición, la orquesta introduce la sustancia temática antes de que el piano entre e intervenga, varíe y también aporte algo nuevo. En lugar de dar forma discursiva, la música de Chopin despliega las ideas musicales desde nuevos puntos de vista, con elaborada ornamentación y refinadas armonías.

La intérprete, toda una institución en el ámbito musical de habla alemana, monta sus discos como toca el piano: hay que aguardar siempre lo inesperado y escuchar muy atentamente lo que hace con ello. Höhenrieder es también una mediadora músico-pedagógica muy motivada, cuyo entusiasmo por el repertorio es contagioso.

El centro lírico de la obra se encuentra en el suave Romanze, que roza lo confiado y lo efusivo. El movimiento retoma y continúa la tonalidad de mi mayor y el carácter de las reflexiones paralelas del primer movimiento. El piano responde a la teatral apertura de la orquesta con una expresiva cantilena. La comparación con el teatro musical no es casual. 

El Belcanto de Gioachino Rossini, y más tarde el de Gaetano Donizetti y Vincenzo Bellini, son los modelos del lirismo y la inconfundible ornamentación de Chopin, como parte integrante del movimiento pianístico y no como mera decoración. A lo largo de su vida, albergó un enorme entusiasmo por la ópera; en las declaraciones sobre sus visitas a esos escenarios, se centraba sobre todo en la calidad del canto, las peculiaridades de la coloratura y el fraseo.

Emocionante

Tras una transición inmediata, al Romanze.Larghetto le sigue el Rondó.Vivace final, que Chopin concibió como una danza estilizada. Es, de nuevo una vuelta a una especie de alegría de vivir; el compositor rechaza deliberadamente cualquier forma de tristeza. Para ello, eligió el popular Krakowiak, con sus síncopas características. Chopin debía de ser plenamente consciente del efecto de una conclusión tan emocionante, ya que fue precisamente el tono popular polaco con el que también electrizó al público extranjero "que no está acostumbrado a tales canciones", como informaba a familiares en agosto de 1829, tras su segundo concierto en Viena.

Ciertamente la pianista posee en abundancia una habilidad aún más fiable, sabe explorar con grandiosidad los puntos fuertes y la riqueza de sobretonos de su Pleyel. Con el concierto para piano virtuoso-romántico y las ingeniosas mazurcas, en ropajes sonoros cuidadosamente recreados, Margarita Höhenrieder aporta ahora nuevas y muy interesantes miradas al universo de Chopin, arrastrando literalmente al oyente a la atmósfera íntima de los salones de aquellos tiempos.

Ésta es la segunda vez que Margarita Höhenrieder se dedica al Romanticismo a través de la práctica histórica de la interpretación. En 2020 fue muy elogiada y aplaudida su lectura de obras para piano de Clara y Robert Schumann.

Diario de vida

El género de la mazurca acompañó toda la carrera creativa de Frédéric Chopin: tanto su primera obra como su última (inacabada) son mazurcas. El presente CD reune 10, de un total de 58 catalogadas y 63 números, si se consideran las variantes de algunas de ellas.

En fin, que las mazurcas constituyen algo así como un diario de vida del compositor e incluso un laboratorio de ideas compositivas. Son piezas cortas para piano, basadas en la danza mazur, de tres tiempos, originaria de la región de Mazovia (centro-este de Polonia), pero utilizada de forma diferente que en el vals.

Las mazurcas comprenden estilizaciones elaboradas -no para bailar, como Chopin informaba a la familia en 1830- de varias danzas folclóricas polacas, todas ellas con el triple ritmo en común, pero diferentes en carácter: entre ellas, la animada y fuertemente acentuada mazur, la melancólica kujawiak y la salvaje oberek. En sus composiciones, Chopin solía combinar elementos de varias danzas con las peculiaridades de su estilo para formar un conjunto muy diferenciado.

'Se trata de pequeñas melodías, entrelazadas unas con otras, que requieren la atención sostenida del oyente para captar todos los recursos armónicos que se suceden en rápida secuencia, 

escribía un crítico de la época. Su inventiva no conoce límites en cuanto a alternancia de tonalidades, tempi, ideas musicales, atmósferas y caracteres. A menudo surge una impresión de improvisación.

Sucesivamente

Chopin utiliza frases cortas repetidas y un tema genialmente inventado, ya sea simple o muy elaborado, una yuxtaposición de ideas musicales y atmósferas diferentes. Están compuestas en su mayoría en grupos de cuatro, luego de tres a partir de la op 50, siendo la última pieza de un ciclo, la más desarrollada; y pensadas además para ser interpretadas sucesivamente.

Margarita Höhenrieder inicia la serie con las dos primeras (por ese orden), de las cuatro mazurcas op 24, entrando en el meollo de la cuestión con la nº 1 (en sol menor), una tonalidad muy sombría, que indica la inclinación de Chopin por la angustia y una especie de melancolía difusa, pero presente. La mazurca nº 2 (en do mayor), por el contrario, muestra un claro retorno a una especie de rusticidad casi brutal, totalmente contraria al espíritu del vals. Una cosecha de momentos de felicidad bajo los dedos de una maestra del teclado.

Chopin siempre ha estado en el corazón de la música que toca con gran aliento Höhenrieder. La concertista y académica se dedica incansablemente a descubrir y redescubrir las inconmensurables bellezas de la obra del maestro polaco. Las analiza con pertinencia y señala las particularidades de cada pieza. Esto permite también medir la evolución del estilo de Chopin.

Sentimiento

A pesar de su brevedad, cada una posee su propio dramatismo interno, expresando uno o varios sentimientos: ímpetu vital, brío o despreocupación, ligereza, incluso jocosidad, pero también, y quizás sobre todo, nostalgia, en particular lo que se conoce como el zal polaco, un indefinible sentimiento patriótico.

Los cambios de humor son pues frecuentes, a lo largo de una línea melódica cambiante. Basta con dar algunos ejemplos, distinguiendo varias obras características. Las primeras mazurcas, compuestas por un Chopin adolescente, son muy rítmicas y juguetonas.

La nº 1 del op 6, data de 1830 / 1831, cuando Chopin se trasladó a París, y su serie está entre las primeras mazurcas publicadas. Con el ciclo op 30 (aquí fue incluida solamente la nº 2 en si menor) que data del primer encuentro con George Sand, la invención toma forma a través de nuevas investigaciones armónicas y formales y el ritmo de danza pasa a un segundo plano.

Nohant

Las tres mazurcas de la op 50 (Höhenrieder grabó aquí la número 3 en do menor) fueron compuestas en Nohant. Esta tercera evoluciona como una historia contada a la manera de una balada. Con la op 59 (Nohant, 1845), y sobre todo con la op 67, el filón no se seca, ni mucho menos.

La gama de interpretación es enorme: abarca desde mazurcas cadenciosas (op 7, nº 1 en si bemol mayor) hasta extensos poemas tonales (op 17, nº 4 en la menor); desde humoradas musicales hasta obras de gran tensión dramática (op 50, nº 3 en do sostenido menor); desde la elegancia pintoresca (op 24, nº 2 en do mayor) hasta la expresión poderosa y enérgica (op 30, nº 2 en si menor).

Inmediatez

Algunos movimientos se caracterizan por una textura sencilla; otros, se convierten en un campo de experimentación con armonías audaces y sintaxis polifónica (op 59, nº 3 fa sostenido menor). Esta última mazurka mencionada, con la que cierra este CD precisamente, es un recuerdo lejano de esta danza tradicional centroeuropea, pues aquí todo se desprende de tal ritmo. En todas estas piezas de Chopin, la interpretación es ahora más central, más interiorizada. Estas grabaciones realizadas en Zúrich en 2021 y en Zug en 2022 ofrecen una imagen sonora de extrema inmediatez. El piano Pleyel ofrece un sonido claro y despejado, los agudos suenan suaves, y los graves resonantes.

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