España - Valencia

Retórica del género

Enrique Sacau
viernes, 4 de octubre de 2002
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Alicante, jueves, 3 de octubre de 2002. Teatro Principal. Enrique Igoa, La profesión. Ópera contemporánea en 7 escenas con libreto de Elena Montaña y Gregorio Esteban. Gregorio Esteban, director escénico y escenógrafo. Juan Manuel Pérez, ayudante de dirección. Sagrario Barrio, soprano. Elena Montaña, mezzo. Luis Álvarez, Barítono. Avelina Vidal, guitarra. Joseba Candaudap, piano. Esteban Algora, acordeón y cinta. Aforo: 1.000 localidades. Asistencia: 30 %
0,0001095 En Against and Beyond: the Rethoric of genre in the Nineteenth Century Opera -presentado en el XVII Congreso Mundial de Musicología, Lovaina, agosto de 2002– el professor E. Senici, de la Universidad de Oxford, relacionó directamente el éxito de una ópera decimonónica con la adecuación de su estructura al género propuesto en su enunciación. De este modo, considera fundamental el estudio de las acotaciones y explicaciones del compositor acerca de la naturaleza de su creación. Por poner un ejemplo extremo, si Parsifal se hubiese vendido en un teatro de provincias italiano como una opera bufa habría cosechado, con toda seguridad, un estrepitoso fracaso. El profesor Senici está actualmente aplicando este método a la creación del siglo XX y según he sabido, está funcionando igualmente bien este modelo explicativo.El profesor Frits Noske, una de las más importantes autoridades en la musicología operística internacional, reconoce en Dentro l’opera sus iniciales errores como estudioso al considerar la ópera una partitura normal susceptible de análisis como si de una sinfonía se tratase. El eximio investigador se dio cuenta de su error durante unas representaciones de Atila de Verdi, en la que comprobó que sus sesudos comentarios musicales y su exhaustivo análisis no resistían la realidad del teatro.Sin embargo, no obviaremos este aspecto al comentar la ópera de Igoa, a la que hay que reprochar inadecuación a su género, pero no problemas en materia compositiva. En el primer apartado, comprobamos un separación excesiva entre lo propuesto por el compositor en el breve texto que precede al libreto –una serie de escenas cómicas, según afirma, que servirán como comentario satírico al mundo de los cantantes y al del arte en general– y lo presentado ante el público. El público no se rió y a mi juicio, la ópera y el libreto carecían de gracia como para ser presentados en el modo en que Igoa lo hizo.En el escenario, tres cantantes agobiados por los encargos, reciben continuas llamadas telefónicas para cantar a suicidas, cantar mientras arreglan una cañería –trabajo arduo del ‘Barítono-Fontanero’–, cantar para proteger una casa de intrusos, cantar, cantar, cantar... En general, resultó más triste que graciosa porque reflejó, no una realidad contemporánea, sino la vida durísima de algunos cantantes de teatros menores que son sistemáticamente explotados por un ritmo de producción desesperante. Los grandes nombres, aunque por otros motivos, son también víctimas de una sobrecarga de trabajo a la que no eran ajenos los divos del XIX. Miremos, si no, las giras estadounidenses de Jenny Lind para comprobar que no hay nada nuevo bajo el sol.En fin, es una ópera triste. Está claramente diferenciada la línea vocal declamatoria de los momentos en que los tres personajes hablan de las arias que, por encargo, deben cantar a niños, suicidas que llaman por teléfono, políticos en una sesión sado-masoquista y mujeres con la casa inundada.El acompañamiento musical es fruto de una continua fusión de ritmos entre los que destacó una acertada inclusión del tango. Este ‘foso’ fue bien defendido por competentes músicos. La cinta, con sonidos acuáticos y teléfonos, estuvo bien preparada y se acertó con su utilización.El libreto de Elena Montaña es más bien estático e impide un normal desarrollo de la dramaturgia. Puede haber un obra de teatro de personajes y puede haber una obra de teatro en la que se nos cuenta una historia. Aquí se optó por una extraña mezcla y no se llegó a ninguna parte. Los cuadros eran sucesivas situaciones descriptivas que acabaron por resultar poco trascendentes.Escénicamente, la moderación fue en sí misma un acierto. De nuevo cortinas, como en The four note opera, tras las que se cambiaban los intérpretes, que lucieron incluso ropa de buceo.Un hora duró esta poco aplaudida ópera, que podría dar mejores frutos con una revisión del libreto.
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