Alemania

El poder del teatro musical: La casa de Bernarda Alba

Juan Carlos Tellechea
viernes, 19 de mayo de 2023
Bernarda Alba Haus, régie de Dietrich W. Hilsdorf © 2023 by Karl & Monika Forster Bernarda Alba Haus, régie de Dietrich W. Hilsdorf © 2023 by Karl & Monika Forster
Gelsenkirchen, sábado, 6 de mayo de 2023. Gran sala del Musiktheater im Revier (MiR) de Gelsenkirchen. ''Bernarda Albas Haus'' (La casa de Bernarda Alba'), ópera en tres actos de Aribert Reimann, a partir del drama homónimo de Federico García Lorca en la traducción al alemán de Enrique Beck, estrenada mundialmente el 30 de octubre de 2000 en el Nationaltheater de Mannheim. Régie Dietrich W. Hilsdorf. Escenografía Dieter Richter. Vestuario Nicola Reichert. Vídeo Gregor Eisenmann. Iluminación: Mario Turco. Reparto: Bernarda Alba (Almuth Herbst), María Josefa: (Matilde Großmann), Angustias (Lina Hoffmann), Magdalena (Bele Kumberger), Amelia (Margot Genet*), Martirio (Soyoon Lee*), Adela (Katherine Allen), La Poncia (Sabine Hogrefe), Criada (Anke Sieloff). *Miembro de la Opera Studio NRW (Nordrhein-Westfalen). Coro de ópera del MiR, preparado por Alexander Eberle. Extras del MiR. Orquesta Neue Philharmonie Westfalen. Director Johannes Harneit. Con el apoyo del ministerio de Cultura y Ciencia del Estado de Renania del Norte-Westfalia en el marco del Fondo 2022 para el Nuevo Teatro Musical. 80% del aforo.
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Lo más difícil no es conocer de historia, sino el saber contarla, y Dietrich Hilsdorf lo hace de maravilla en esta excelente puesta de Bernarda Albas Haus (La casa de Bernarda Alba), ópera en tres actos de Aribert Reimann, con la extraordinaria dirección musical de Johannes Harneit, estrenada entre efusivas ovaciones en la sala grande del audaz Musiktheater im Revier Gelsenkirchen (MiR), corazón de la cuenca del Ruhr.

La España negra, cuya sombra es hoy más bruna que nunca (véase Castilla y León, así como Andalucía, gobernadas por ultraconservadores y neofascistas), es ambientada en esta pieza en la época inmediatamente anterior a la Guerra Civil, el 19 de agosto de 1936, cuando Federico García Lorca fue asesinado por los partidarios del general Francisco Franco, que se había hecho ya con el poder. 

Con una música atmosférica y dramática que funciona a través del paso del tiempo, sin importar desde qué perspectiva se la mire, el escenario unificado (Dieter Richter) de esta España surrealista ofrece una visión de la estéril habitación de las criadas y del noble salón de la casa de los Alba; en el centro un balcón sobre el que se entroniza una Inmaculada Concepción del pintor del Barroco Bartolomé Esteban Murillo

En este sombrío escenario, Bernarda Alba (Almuth Herbst), viuda por segunda vez, impone un régimen dictatorial. A su madre, María Josefa (imponente en su papel, Mechthild Großmann), débil mental y clarividente, ya la ha encerrado. La música suena aquí como una imposición, muy cerca del sufrimiento de los personajes. 

La casa de Bernarda Alba de Reiman es una gran ópera - y muy dura a la vez. Deja en vilo al público a lo largo de sus dos horas y 15 minutos de extensión, sin descanso. Tan fuerte como en su momento lo fuera el histórico estreno mundial de la obra de Lorca en mayo de 1945 en el Teatro Avenida de Buenos Aires, dirigida por Margarita Xirgú, quien la llevó en agosto de ese mismo año por primera vez a Montevideo. 

Bochorno

Tal vez, por haber vivido la derrota del nazismo en carne propia, alemanes como Reimann y Hilsdorf son capaces de asumir mejor la historia que los mismos españoles, quienes todavía no han procesado suficientemente la suya (la dictadura franquista murió en la cama en 1975, no bajo las bombas aliadas de la Segunda Guerra Mundial, 1939-1945). 

¡Menudo trabajo tienen todavía por delante las fuerzas progresistas en ese país! Baste haber presenciado días pasados las bochornosas y anacrónicas escenas de los neofascistas españoles, saludando brazo en alto la exhumación de los restos del fundador de la Falange, José Antonio Primo de Rivera, en el mausoleo del Valle de Cuelgamuros, para ser trasladados al cementerio de San Isidro en Madrid. 

Tras la muerte de su segundo marido, un falangista, Bernarda, obliga a todos los miembros de la familia a guardar luto durante ocho años y los encierra en casa. Cinco hijas, una criada y la octogenaria madre se pliegan a la estricta tradición, reprimen necesidades y anhelos y tienen que ver cómo la cohesión familiar se desintegra cada vez más mientras se dirigen inexorablemente hacia el desastre.

Paradigma

Aribert Reimann ha desarrollado un lenguaje sonoro para la atmósfera austera e implacable del drama lorquiano, cargado de oscuros simbolismos y tan estrechamente imbricado con el texto que hace de La casa de Bernarda Alba un ejemplo paradigmático del poder del teatro musical, estrenado ahora, 20 años después de la última representación de esta obra maestra.

Bernarda dirige un régimen estricto, porque quiere proteger a toda costa a sus cinco hijas adultas del mundo exterior, especialmente del mundo de los hombres. Para que la fachada del honor familiar permanezca intacta y no salga nada desagradable hacia afuera.

Dentro de la casa, sin embargo, pasan muchas cosas, porque está el joven Pepe el Romano -invisible para el público- que hace girar las cabezas de tres hermanas. Hilsdorf lleva muy a punto las crecientes tensiones en el seno de la familia con una hábil dirección de los personajes.

Almuth Herbst, en el papel de la impulsiva Bernarda, y Sabine Hogrefe, como la vieja criada que habla a sus espaldas, forman fuertes contrapartes. La joven Soyoon Lee da a Martirio un perfil especial en su fragilidad y malicia infantil. Su voz ligera, que conduce a alturas vertiginosas, es también impresionante.

Canto hiperexpresivo

La realización musical es excelente, aunque los tonos, en su mayoría extáticos, exaltados e hiperexpresivos de los cantantes también pasan factura al público a la larga. La frecuente transición del canto a la voz hablada resulta encantadora.

La distintiva instrumentación orquestal de 10 vientos-maderas, incluídos cinco clarinetes diferentes,  entre ellos un clarinete contrabajo, siete vientos-metales, (cuatro) pianos preparados y 12 violonchelos, bajo la diestra dirección de Johannes Harneit, da vida a fascinantes colores instrumentales. El compositor trabaja exclusivamente con familias de instrumentos, lo que pone de manifiesto la dinámica familiar en el foso de la orquesta. 

Así, los cinco clarinetes diferentes aparecen como una traducción musical de las hijas. Sus intervenciones ponen de manifiesto las cinco perspectivas de las hermanas y llevan al extremo la polifonía de una familia que, a pesar de toda la diversidad sonora, permanece en el núcleo familiar.

Claridad

Se trata de sonidos que se plasman como instantáneas. Sesenta y cuatro años después de haber concluido la partitura, Aribert Reimann retoma los conflictos familiares y sociales de Lorca y crea una composición clara y perspicaz que retoma el carácter documental del texto. Lo trabaja de forma concreta y afiligranada, arreglándolo él mismo y decidiendo las palabras del libreto con el apoyo del pianista Axel Bauni

A partir de ahí, crea una música con saltos a intervalos extremos y el cambio constante entre el canto y el texto hablado, que subraya los acontecimientos surrealistas y de pesadilla en la casa de los Alba. Como en el drama de Lorca, en la obra de Reimann no se da protagonismo a los hombres: al comienzo, antes de que suene la orquesta y salgan las cantantes a escena, cuatro falangistas juegan a los naipes mientras se expone el cuerpo del muerto con el ataúd abierto, y solo el coro masculino tiene una breve aparición, pero permanece invisible para el público. 

La atención se centra en las mujeres y sus voces. En el proceso, da a una amplia variedad de sujetos vocales su propio ámbito de desarrollo. María Josefa, como único papel hablante, no sigue un ritmo prescrito, sino que es la orquesta la que tiene que seguir su estilo de habla. 

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