España - Cataluña

Intensa Minischubertiada

Jorge Binaghi
jueves, 25 de mayo de 2023
Barcelona, domingo, 14 de mayo de 2023. Recinte Modernista de Sant Pau. ‘Victoria y Schubert’. Ciclo Les muses de Schubert. ‘Schubert y Viena’, ‘Schubert i l’inmortal Mozart’ y ‘Schubert i la febre rossiniana’. Intérpretes: Elena Copons, Jan Petryka, Cristòfol Romaguera, Katharina Ruckgaber, Marcus Fansworth, Mercedes Gancedo, Marta Fontanals-Simmons, RuZhe Li, James Atkinson (cantantes). Mar Compte y Sholto Kynoch (piano).
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La Fundación Victoria de los Ángeles continúa con su abrumadora actividad en el Primavera Life, concentrado en el mes de mayo, para luego abocarse a la temporada del centenario del nacimiento de la ilustre artista. Imposible seguir algo más que algunos hitos, dejando de lado toda la actividad pedagógica que, por ejemplo, luego de las clases magistrales de Degout y Lepper en el Museo de Música siguió en la librería Byron con las de Sholto Kynoch, un pianista vital y generoso, que siendo la columna portante de los Oxford Lieder, se ocupó también de la organización de estos tres conciertos que él mismo ha llamado ‘Schubertiada’ en sus alocuciones en inglés y catalán ante un numeroso público.

Imposible resumir uno solo, y mucho menos los tres, pero consiguió dar cabida a talentos locales y extranjeros, totalmente formados o en vías de formación, empezando por la excelente Mar Compte con la que tocó a dúo polonesas de Schubert, la obertura de La flauta mágica y la Obertura en estilo italiano de Schubert.

Su propósito fue el de mostrar cómo era el contexto en la época y la ciudad del gran Franz, su reverencia por Mozart y su reacción al furor que causaba Rossini, de cuya influencia no pudo sustraerse totalmente.

En el de la atmósfera vienesa hubo exclusivamente lieder de Schubert, en el segundo obviamente Mozart y Schubert enfrentados, con Haydn y Salieri de acompañantes; en el tercero, obviamente el más operístico, Rossini y Schubert.

El piano que perteneció a la soprano sonó delicado y juguetón o melancólico en los acompañamientos de Kynoch, pero cuando a cuatro manos con Compte ejecutó piezas adaptadas o no, mostró un brillo y una amplitud que hace tiempo no le recordaba.

Tuvo hasta la capacidad para encontrar un buen sustituto para Martin Hässler en el último concierto en la figura de James Atkinson. Y de paso nos ayudó a recordar que los dos registros vocales preferidos por Schubert fueron el de barítono, en primer lugar, y luego el de soprano. Mezzo y tenores tuvieron participación destacada, pero más en los otros autores. La mayoría de ellos debutaba o en Barcelona o en los ciclos de la Fundación.

En el primero Copons demostró su valía para el género, y habría que oírla más en estas lides y no sólo en ópera. Petryka tiene una voz pequeña de tenor muy bien manejada y musical. Romaguera es una promesa por la calidad del material, pero aún debe madurar y sobre todo contener el caudal.

En el segundo, quizás el más equilibrado de los tres, Ruckgaber y Farnsworth se mostraron muy bien conjuntados en algunos dúos tanto de Mozart como de Schubert y también en solitario demostraron su valía cantando desde fragmentos de La flauta mágica a algunos de los lieder menos frecuentados de Schubert (por fin pude escuchar de nuevo, tras la primera y única audición en vivo en un recital de Fleming en Salzburgo, el tercero de los cuatro Refrainlieder -aquí presentados en su totalidad- ‘Die Männer sind méchant’).

En el tercero tal vez las cuatro voces se conjuntaron bien en el número final (‘I gondolieri’ de Rossini), pero en el resto del programa me sobró un poco la del tenor, un buen cantante bastante impersonal. Gancedo mostró de nuevo su valía, musicalidad y simpatía además de estar despampanante. Fontanals-Simmons exhibió belleza de timbre y muy buen legato pero sobre todo en los lieder de Schubert de la segunda parte (el Ave Maria fue muy sentido), mientras que en la primera (en particular en la gran escena de Desdemona del Otello rossiniano) su mandíbula se agitaba excesivamente al pasar a la zona aguda. Atkinson se mostró pletórico, en particular en los cuatro lieder italianos de Schubert escritos para Lablache aunque en algunos momentos la emisión pareciera un tanto engolada, pero seguramente hay que recordar que había llegado de lejos un día antes. Mucho éxito y mucho entusiasmo.

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