Reportajes

Hijos de Abraham

La judería de Toledo

Juan Carlos Tellechea
viernes, 23 de junio de 2023
Sinagoga del Tránsito, Toledo © Creative Commons / Selbymay Sinagoga del Tránsito, Toledo © Creative Commons / Selbymay
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Los judíos siempre se han sentido como en casa en Toledo. Vivían principalmente en la judería, pero no estaban obligados a ello; podían residir también en otros barrios de esta ciudad imperial española, que albergó y toleró más o menos pacíficamente durante centurias tres culturas diferentes: la musulmana, la cristiana y la judía.

En el siglo XII habitaban Toledo más de 12.000 judíos. Éstos fueron mediadores entre moros y cristianos, durante la dominación musulmana. Profesaron su fe y enriquecieron la vida intelectual y artística, de la que aún dan testimonio dos templos de la Edad Media conservados como museos hasta hoy: la sinagoga de Ibn Shushan y posterior iglesia de Santa María la Blanca, y la Sinagoga del Tránsito, en la que se encuentra el bello Museo Sefardí que cuenta la interesante historia de la judería española.

La Sinagoga del Tránsito no es muy grande: 23 metros de largo, por 9 de ancho y 17 de altura. Fue construida entre 1357 y 1363 bajo el patrocinio del rey Pedro I de Castilla sobre los cimientos de un hammam toledano. Pese a la prohibición de construir sinagogas por Alfonso X, Pedro I la mandó erigir en agradecimiento, apoyo y lealtad a los judíos que ayudaron a combatir a Enrique de Trastámara.

Dibujo del siglo XVIII de la Sinagoga del Tránsito. © Creative Commons / Selbymay.Dibujo del siglo XVIII de la Sinagoga del Tránsito. © Creative Commons / Selbymay.

Esta sinagoga refleja parte de la historia de los judíos en España. Hasta 1492 fue lugar de culto judío. Después, hasta 1964, fue propiedad de la Orden de Calatrava y utilizada como iglesia. No se hicieron muchas reformas en el edificio durante este tiempo, por lo que numerosas partes interesantes de la sinagoga permanecieron bien conservadas. Los cristianos colocaron un altar delante del santuario judío de la Torá y añadieron una puerta de acceso a la sacristía, de estilo renacentista; éstas fueron algunas de las pequeñas alteraciones introducidas.

Desde 1964 la sinagoga, es sede de la institución museística abierta a todo el público de nuestros días. Su mampostería exterior de estilo morisco es de ladrillo sencillo. Su decoración interior, como la de la sala de oración y la de la galería para las mujeres que la rodea en la parte superior, está influenciada por el estilo mudéjar, paredes enlucidas y ricamente ornamentadas con paneles de madera y techo artesonado de cedro con incrustaciones de marfil. Las sinagogas construidas en fechas posteriores son similares a la del Tránsito, ya que combinaba muchas de las diferentes culturas existentes en España en aquella época.

Convivencia

También cristianos y musulmanes vivían muy a gusto en la judería. Mas a finales del siglo XIV, los pogromos sacudieron a la comunidad. 100 años después, la pareja de reyes católicos, Isabel I de Castilla (de la dinastía Trastamara) y Fernando II de Aragón, destruyó por completo la convivencia entre las tres religiones. Persiguieron a judíos y musulmanes con gran brutalidad. Los judíos que se negaban a ser bautizados eran expulsados de España.

La cultura judía (al igual que la morisca) en España fue erradicada, las sinagogas se convirtieron en iglesias o edificios laicos, los cementerios fueron arrasados, las juderías pasaron a formar parte de los cascos antiguos medievales, incluso las recetas culinarias sefardíes fueron demonizadas, la popular berenjena fue condenada allí como obra del diablo. Mediante el matrimonio, los cambios de nombre, la falsificación de documentos y la asimilación total, probablemente miles de personas con antepasados sefardíes "sobrevivieron", incluidos, según la leyenda, algunos cardenales (al menos el primer Inquisidor de Castilla y confesor de la reina Isabel, Tomás de Torquemada) y nobles.

Desde aquel entonces no volvió a restablecerse la vida judía en Toledo, y en España hasta comienzos del siglo XIX. Sería el hoy rey emérito Juan Carlos I, quien el 31 de marzo de 1992, al conmemorarse el V Centenario de la expulsión de los judíos de España, diría que ''Sefarad no es ya una nostalgia, sino un hogar (…). Un verdadero lugar de encuentro para las generaciones venideras. ¡Shalom!''. Hasta ahí sus palabras.

Sin un museo general

Sin embargo, en España no hay hasta ahora un Museo Judío que englobe la vasta prehistoria e historia de la presencia judía en este país ni mucho menos el Holocausto perpetrado en Europa en el siglo XX. En el distrito madrileño de Chamberí existe un pequeño Museo de historia de la comunidad judía (fundada en 1917) de esta ciudad. Allí se encuentra también la sinagoga Beth Yaacov y la biblioteca Abraham S. Yahuda, que cuenta con más de 6.000 títulos en diferentes áreas de los estudios sobre el judaísmo, una exposición permanente (fotos, elementos gráfico y objetos rituales), así como un centro de visitantes.

Herencia

Sinagoga del Tránsito, Toledo. ©  Creative Commons / Selbymay.Sinagoga del Tránsito, Toledo. © Creative Commons / Selbymay.

El legado judío (sefardí) sigue siendo hoy solo una herencia lejana y exótica para muchos españoles e incluso para no pocos iberoamericanos, porque hasta la recién descubierta América (12 de octubre de 1492) emigraron judíos que no aceptaron convertirse al cristianismo. El que más o el que menos tiene también algún lejano ancestro judío.

El número de judíos observantes en España en 2022 es, según las comunidades organizadas, de unas 40.000 - 45.000 personas; aunque es imposible cuantificar de forma fiable cuántos individuos se definen como judíos en este país en función de su origen o confesión.

Caminar por las sinuosas calles de Toledo es como dar involuntariamente un salto al pasado. La calle más concurrida de la judería es la de Samuel ha-Leví, por la que se llega al Museo Sefardí y al Museo del Greco (el célebre pintor cretense vivió muy a gusto en la judería). La comunidad judía de Toledo llegó a ser la más populosa y rica del Reino de Castilla en los siglos XII y XIII.

Puerta

Al barrio se accede por una puerta; una de las muchas entradas es la Puerta de Assulca, próxima a la cual funciona un mercadillo de aceite, mantequilla, garbanzos, lentejas y todo lo necesario para la vida diaria. Después se adentra en las calles, adarves y plazas del barrio. La vía principal es la calle del Mármol y conecta el barrio judío con el resto de la ciudad.

Hay un mercado, lugares para rezar, baños públicos, hornos de pan, palacios y una muralla. Cerca del río Tajo se encuentra el barrio del Degolladero, llamado así porque en él se realizaba el sacrificio ritual (shechitah) del ganado.

Sabbath

En el barrio de Hamazelt residían las familias judías más ricas y en la calle hoy conocida como San Juan de Dios vivió el judío más famoso de Toledo: Samuel ha-Leví, quien fue tesorero de Pedro I y mandó construir la Sinagoga del Tránsito. Como en todas las casas judías, en su jamba hay una mezuzá con pasajes del Deuteronomio. En la tradición judía, se cree que la mezuzá protege la casa.

En aquellas épocas, cada viernes antes de la puesta de sol, un rabino hacía sonar tres veces el shofar (cuerno de cabra), anunciando la llegada del Sabbath, fiesta semanal en la que los judíos descansaban mientras el resto de la ciudad continuaba con su bullicio habitual.

Cerca de cada sinagoga hay un baño subterráneo llamado mikvah. El mikvah era utilizado también para purificar los utensilios de cocina adquiridos a los no judíos, que no eran considerados kosher cuando se los compraba y debían sumergirse en sus aguas antes de usarlos.

Judíos y cristianos

La historia (verificada con testimonios fehacientes) de los judíos en España se remonta a hace más de 2000 años, en tiempos del Imperio Romano. Santiago el Mayor (Jacobo, hijo de Zebedeo), según la tradición uno de los apóstoles más destacados de aquel mítico predicador ortodoxo judío que fue Jesús de Nazaret, es el patrono de España y sus restos -siempre según la leyenda- descansarían bajo la catedral de Santiago de Compostela.

Jesús y el cristianismo han sido tema de debate entre los rabinos desde la Edad Media; también en sus centros principales de Córdoba y de Toledo, entre otras ciudades europeas. Muchos turistas ni siquiera saben que los pequeños y bonitos patios del casco antiguo de Córdoba formaban parte de la judería de esa ciudad.

En el emirato y califato de Córdoba se fundaron universidades de élite similares a las escuelas de traducción, en las que los conocimientos de Oriente y Occidente eran transcritos por miembros de las llamadas "Tres Culturas" y así puestos a disposición general. La filosofía griega, mal vista en la Edad Media cristiana, llega así a Italia como fuente del Renacimiento.

Eruditos

Eruditos religiosos, filósofos, viajeros, científicos naturales y poetas sefardíes contribuyeron al canon del saber, algunos incluso ayudan a definir las normas de fe judías, y siguen siendo muy respetados en el judaísmo y presentes en los planes de estudios de escuelas y universidades de Israel, pero también en los de los países más ilustrados del Islam. Eruditos y administradores judíos negociaron en nombre de los califas con los imperios cristianos europeos, entre otros.

En el ámbito sefardí, Yehuda ha-Levi (Séfer HaKuzari 4:22) y Maimónides (Mishneh Torá, Ley de los Reyes 11:4) opinaban que los cristianos tenían una visión equivocada de los atributos de Dios, pero que desempeñaban un papel en el desarrollo del plan Divino. Esto también otorgaba al rabino y predicador Jesús, muy apegado a la Ley Judía (halajá) una función específica en la redención del mundo.

En la zona ashkenazí (Alemania y centro de Europa), los tosafistas dictaminaron que, aunque los cristianos añadían algo al monoteísmo de procedencia judía con la Trinidad (schituf en hebreo), esto era permisible solo para ellos (Comm bSanh 63b), por lo que se les aceptaba explícitamente como monoteístas, no como idólatras.

Diferencias internas

Pieza enlazada

Los codificadores judíos no ocultaban su frustración ante lo que consideraban el oscurantismo de sus colegas rabinos, que se deleitaban complicando la ley bajo la cual los judíos hacían todo lo posible por vivir en piedad, afirma el historiador Martin Goodman, profesor e investigador de Judaística en la Universidad de Oxford, en su Die Geschichte des Judentums ('La historia del judaísmo', editoriales Penguin/Random House, de Londres, y Klett-Cotta, de Stuttgart).

Jacob ben Asher se quejaba en la primera mitad del siglo XIV de que "no hay ley que no tenga diferencia de opiniones". Su propio padre, Asher ben Jehiel, conocido como el Rosh, había elaborado un influyente compendio halájico que abarcaba toda la práctica de la época, tanto para Alemania (donde había estudiado el Rosh) como en Toledo (España), donde llegó a ser director de la Academia rabínica en 1305, pero en opinión de Jacob seguía habiendo demasiada incertidumbre.

La solución adoptada por Jacob fue organizar la halajá en su Arba'ah Turim según una novedosa disposición de cuatro "filas" (en recuerdo de las cuatro filas de piedras preciosas del pectoral del Sumo Sacerdote): Orah Hayyim, para los deberes diarios como las bendiciones; Yoreh De'ah para la ley ritual como las normas dietéticas; Even haEzer para la ley familiar; y Hoshen Mishpat para la ley civil.

Pragmatismo

A diferencia de Maimónides, Jacob citaba en la Mishné Torá las autoridades en las que se basaban sus decisiones. El suyo era un código eminentemente práctico que omitía todo el derecho que había dejado de aplicarse desde la destrucción del Templo, doce siglos y medio antes. Su influencia sería considerable. En todos estos métodos de desarrollo de la halajá, la autoridad derivaba de la erudición o perspicacia intelectual de los sabios en cuestión, reconocida por sus colegas rabinos.

Algunas de estas autoridades, como el propio Jacob ben Asher, se negaron a aceptar ningún nombramiento rabínico. Éste prefirió dedicarse al estudio jurídico a pesar de vivir en la pobreza. Se decía que algunos halajistas eran de una piedad ejemplar, pero tal reputación no era necesaria para la aceptación de las sentencias legales si se consideraba que las propias sentencias merecían respeto.

La vida es sueño y los sueños, sueños son

Excepcionales fueron las técnicas empleadas por el rabino Jacob de Marvège, en el centro-sur de Francia, quien escribió en su Responsa del Cielo la halajá que se le revelaba en sueños como respuesta a sus preguntas a Dios:

Pregunté, en la noche del tercer día, el decimonoveno día de Kislev, si esto me había venido del Señor o si no. Así lo pregunté: Oh Rey Soberano, El Grande, Poderoso y Asombroso Dios, Quien mantiene Su pacto de misericordia con aquellos que Le aman, mantén Tu pacto de misericordia con nosotros. Ordena a Tus santos ángeles designados para dar respuestas a las preguntas formuladas en sueños que me respondan lo que les pido desde delante de Tu glorioso Trono. Que sea una respuesta verdadera y correcta, cada cosa en su lugar, claramente definida, ya sea en relación con las Escrituras o con los dictámenes jurídicos, de modo que no haya más duda posible. He aquí, pregunto: Todas aquellas cosas que vinieron a mi boca como resultado de las preguntas que hice sobre la inmersión de los que han tenido una emisión seminal, ¿me vinieron estas cosas por el espíritu santo? Espíritu Santo? ¿Es ventajoso y correcto revelarlas a mi yerno, Rabbi Joseph, y darle instrucciones para informar a los sabios de la tierra de ellos, o vinieron a mí por otro espíritu por lo que no tienen ninguna ventaja y es mejor para mí ocultarlas y esconderlas? Ellos respondieron: Eran rabinos en occidente, verdaderamente, eran las palabras del Señor y las palabras son antiguas, el Anciano de los Días las dijo.

Es aún más sorprendente que las respuestas que Jacob afirmaba haber tenido en sueños, ninguna de las cuales se aparta de las enseñanzas de otros rabinos franceses de su época, fueran citadas como sentencias halájicas por maestros posteriores.

Indicios

Alrededor del 1200 a.C., los primeros colonos judíos llegaron a la Península Ibérica con los fenicios, también semitas. La prueba más antigua es un anillo encontrado cerca de Cádiz en el siglo VII a.C. con una inscripción hebrea primitiva. La Biblia hebrea y el Tanaj ya mencionaban conexiones comerciales judías con Tarsis, que se identifica como la Tartessos celtíbera, que cooperaba con los fenicios (hasta aproximadamente el 500 a.C.) en las actuales regiones de Andalucía (especialmente Huelva, Sevilla y Cádiz) y Extremadura (Badajoz), así como en Portugal.

Algunos autores ya han asociado Tarsis, mencionada en el Antiguo Testamento y en el Tanaj, con la Península Ibérica. En el I Libro de los Reyes (1 Reyes 10:22 EU) y en el Libro de Ezequiel (Ez 27:12 EU) se describen las conexiones comerciales de los judíos con Tarsis. Pero, en última instancia la localización exacta de Tarsis es incierta.

Si bien los judíos vivieron en España desde épocas muy tempranas, la leyenda de que el tesorero del rey Salomón, Adoniram, murió allí, así como la historia de que los judíos de Toledo, en una carta dirigida al Sanedrín de Jerusalén, se declararon en contra de la crucifixión de Jesús, no pueden ser creídas. Aunque sí es cierto que el apóstol Pablo intentó visitar España (Carta a los Romanos 15:24) para proclamar sus nuevas enseñanzas a las comunidades judías que vivían allí, y que Vespasiano, y especialmente Adriano (originario de Itálica, cerca de Sevilla), transportaron a varios prisioneros judíos a España.

En ascenso

El creciente asentamiento de judíos en este país comenzó con las fallidas revueltas de los judíos contra el dominio romano (la Guerra Judía del 66 al 74 d.C. y la Rebelión de Bar Kochba del 132 al 135 d.C.). Los primeros documentos fiables de asentamientos judíos en suelo español se remontan a la época romana. Incluso antes de la destrucción del Templo de Jerusalén en el año 70 d.C., por Tito, los judíos vivían no solo en Palestina, sino en toda la región mediterránea. La mayor parte de la Península Ibérica ya estaba bajo dominio romano desde la Segunda Guerra Púnica (218-202 a.C.).

Sefarad es el nombre dado en el Antiguo Testamento a la ciudad sepultada de Sfard (Sardis) en Lidia (actual suroeste de Turquía), término dado como promesa a la nueva extensión de tierra en el extremo occidental de Europa y que pronto se convirtió en sinónimo de la España judía y de los sefardíes españoles.

Primeros asentamientos

Diversos pasajes del Talmud y del Midrash (Levítico Rabbah) se refieren sin duda a España;* y las monedas judías desenterradas en la antigua Tarragona dan pruebas de un temprano asentamiento de los judíos en España, voluntario o involuntario.

La lápida judía más antigua con una inscripción latina descubierta en España es la desenterrada en Adra (Almería); es de una niña judía y data del siglo III.* Los judíos se extendieron rápidamente por la península pirenaica, y fueron bien tratados bajo la soberanía de los visigodos arrianos; vivían en igualdad con los demás habitantes, se dedicaban al comercio y la agricultura, y a menudo se les confiaban cargos judiciales.

El primer intento de perturbar las relaciones amistosas que existían entre judíos y cristianos se originó con el Concilio de Elvira (303-304); esto es, antes de que el cristianismo se convirtiera en la religión de Estado en el Imperio Romano y, por tanto también en Hispania. En ese entonces se establecieron las primeras juderías, a instancias de los líderes cristianos.

Prohibiciones

El concilio constaba de diecinueve obispos y veinticuatro presbíteros, siendo elegidos los obispos de Córdoba, Sevilla, Toledo, Zaragoza y otras ciudades habitadas por judíos. Este asamblea, prohibió a los cristianos, bajo pena de excomunión, vivir con judíos o comer en su compañía; prohibió también bendecir los productos de los campos judíos "para que la bendición eclesiástica no pareciera infructuosa y vana." Es decir, fueron normas precisas sobre el trato entre judíos y cristianos que sugiere una intensa vida judía en España. La afluencia de judíos hispanos a las ciudades se debió también a que normalmente se les negaba la propiedad de la tierra.

Colapso

A partir del 500 de nuestra era, con el colapso del Imperio Romano, tras las invasiones de varias tribus, los visigodos (seguidos más tarde por los ostrogodos) se apoderaron finalmente de la península. Como cristianos arrianos (sin Trinidad), eran relativamente tolerantes; el politeísmo romano o los cultos paganos restiberianos vivían en paralelo.

Sin embargo, tras la consolidación (que pronto fracasaría de nuevo) de los numerosos principados godos bajo una misma corona y la conversión de los reyes godos más importantes al "catolicismo" debido a la presión bizantina, tras el III Concilio de Toledo (589) comenzaron las persecuciones selectivas, los bautismos forzados y el robo de niños a la población judía.

A partir del año 638, tras el VI Concilio de Toledo, se prohibieron el sábado y la circuncisión "en nombre del Señor", luego se retiró definitivamente el derecho de estancia a los judíos, que ahora estaban proscritos. Hubo pogromos, expulsiones, esclavitud, pero también tolerancia bajo algunos gobernantes locales.

Edad de oro judía

A partir de 711, la conquista de Hispania por árabes y bereberes supone una liberación -o vuelta del exilio- para los judíos que vivían aquí. Son parcialmente armados y utilizados como administradores por los moros. Más tarde son acusados por los conquistadores cristianos de haber sido abridores de puertas para los musulmanes y, por tanto, traidores, algo tan grave como el "asesinato de Jesús".

Al igual que los cristianos, los judíos viven como dhimmi, es decir, no tienen que convertirse, pero sí pagar impuestos, de los que están exentos los musulmanes. Como miembros de las "religiones del libro", llevan una vida relativamente autónoma, pueden practicar su fe (no públicamente), incluso en iglesias y sinagogas, pero permanecen bajo la primacía indiscutible del Islam. Los eruditos y los comerciantes más ricos, sin embargo, gozan de una posición privilegiada.

Huida de los bereberes

Entre los siglos XI y XIII, tras la desintegración del califato en varias taifas, el destino de los sefardíes queda en manos de los emires locales. En algunas, los judíos ascienden hasta convertirse en ministros y administradores, en un caso incluso en jefe militar. En otras taifas son simplemente tolerados. Luego, cuando las tribus radicales islámicas bereberes de los almorávides y más tarde de los almohades (entre otros) explotaron las debilidades de este mosaico para apoderarse de Al-Ándalus, muchos judíos huyeron del terror interno al Magreb o a Castilla. Hasta Burgos llega una Biblia de 1260 escrita en hebreo que contiene el Antiguo Testamento y el Tanaj.

Desde el siglo XII al XIV y en las ciudades ya cristianizadas de Toledo, Segovia y Sevilla, entre otras, comienza un segundo, aunque breve florecimiento de la vida intelectual y de convivencia, esta vez también bajo la primacía del cristianismo. Esto cambió, sin embargo, con el fortalecimiento de la Iglesia Católica en el transcurso de la "Reconquista", que se exageró hasta convertirla en una cruzada.

Pogromos

A mediados del siglo XIV, el rey Pedro I de Castilla expropia tierras para que los judíos sevillanos puedan construir sinagogas, pero en 1391 Sevilla ya es escenario de pogromos, organizados tanto eclesiástica como políticamente, que pronto se extienden a otras ciudades. El Emirato de Granada bajo los nazaríes se convirtió en el último refugio de muchos judíos españoles, mientras otros resistían.

La Inquisición perseguiría a los judíos conversos a partir de 1492. Mientras Cristóbal Colón abría un imperio mundial en el oeste del globo y los últimos gobernantes moros tenían que abandonar la península, los Reyes Católicos firmaban el Edicto de la Alhambra, una ley antisemita de pura sangre. La consecuencia es la expulsión y expropiación sistemática de los españoles judíos y musulmanes; en Andalucía y Extremadura comienza ya en 1483, seguida de Portugal en 1496/98.

En esa época, más judíos hablaban español (o ladino, judeoespañol) y árabe que hebreo, y los eruditos también hablaban latín. Muchos se trasladan al Imperio Otomano, que se fortalece; las élites son incluso traídas en barco por el sultán. Llegaron a los Balcanes, Grecia o, a través de Portugal, al norte de África y a Iberoamérica. Los historiadores calculan que en aquella época había entre 130.000 y 300.000 judíos en España, entre el 3% y el 5% de la población total.

La trágica historia de Susona, la bella conversa sevillana, ha sobrevivido a las generaciones. Su retrato y placa recordatoria se conservan en el pequeño Museo Judío de Sevilla, en el barrio de Santa Cruz.

Edad de oro española

En torno al 1500, en el "Siglo de Oro" de España, convertida en imperio mundial, comienza también la persecución de los conversos (forzados) por parte de la Inquisición. Los eruditos de ascendencia judía pueden seguir existiendo en nichos transitorios, pero están permanentemente expuestos a la censura y arbitrariedad de la Inquisición o a la autonegación.

Un ejemplo destacado y especialmente curioso es el del "padre de la lengua española" Antonio de Nebrija, autor de la primera gramática. La Iglesia también se ocupa de popularizar el antisemitismo entre el pueblo, para controlarlo y como imagen enemiga. Se culpa a los judíos de sequías, epidemias y pestes, de envenenar pozos y de celebrar rituales de sangre con vírgenes cristianas. Las cofradías católicas (procesiones de Semana Santa) sirven como manifestación contra todo lo no católico, pero también como segregación y exclusión territorial y económica.

La cultura judía (al igual que la morisca) en España es erradicada, las sinagogas se convierten en iglesias o edificios laicos, los cementerios son arrasados, las juderías pasan a formar parte de los cascos antiguos medievales, incluso las recetas sefardíes son demonizadas, la berenjena popular allí es condenada como obra del diablo. Mediante el matrimonio, los cambios de nombre, la falsificación de documentos y la asimilación total, probablemente miles de personas con antepasados sefardíes "sobrevivieron", incluidos, según la leyenda, incluso algunos cardenales y nobles.

A partir de 1715, dependiendo del nivel de ilustración, el estado de ánimo entre los reyes y las élites españolas de la Edad Moderna, el trato a los judíos conversos fluctuaba entre la indiferencia, el antisemitismo "ordinario" o la igualdad como ciudadanos. El término "filosefardíes" se utiliza en un intento de reconocer la herencia intelectual como "buen judaísmo" de carácter español. A través del intercambio comercial y la apertura en el curso de la industrialización en los siglos XIX y XX, las comunidades judías resurgieron a través de la inmigración en Madrid y Barcelona, en las Islas Canarias, en Marbella y Torremolinos, así como en Alicante.

Sefardíes bajo el franquismo

Entre 1939 y 1978 el partido de ideología fascista Falange Española celebra la persecución alemana de los judíos como una continuación del Edicto de Granada, diciendo que los alemanes "resolverían un problema que los españoles resolvimos hace siglos". El dictador Francisco Franco hace cerrar las sinagogas y prohíbe el trabajo comunitario.

Durante la persecución alemana de los judíos, Franco repatría a los judíos sefardíes como "españoles" y los salva así del Holocausto, también como garantía para los Aliados. Al mismo tiempo, hace deportar a los judíos alemanes y de Europa del Este, conduciéndolos así al exterminio. La siniestra División Azul participa activamente en masacres en la Unión Soviética, también de la población judía. A partir de finales del decenio de 1960, España empieza a relajar sus exenciones religiosas para paliar el aislamiento internacional de la dictadura.

La España judía de hoy

Trajes de novios. © by Museo sefardí de Toledo.Trajes de novios. © by Museo sefardí de Toledo.

Muerto Franco en 1975 y a partir de la transición de España a la democracia en 1978, así como de la nueva Constitución española en 1979 se puso fin a la discriminación estatal de los españoles judíos. En la cultura popular, sin embargo, persisten hasta hoy "tradiciones" antisemitas, como la quema simbólica de muñecos de "Judas" en Semana Santa, en más de una docena de pueblos de toda España, acompañada de versos a veces abiertamente antijudíos.

Entre 2014 y 2019, España lanza un intento de reparación mediante la concesión de la nacionalidad a los descendientes de sefardíes, mas no a los de moriscos expulsados. En 2019 se reciben más de 140.000 solicitudes, principalmente de Iberoamérica, el Magreb, Turquía y Europa del Este. Académicos y políticos de izquierdas critican la prueba "racial", y también hay dudas sobre la autenticidad de muchos documentos. Pero incluso la exclusión de la oferta de los descendientes de los moriscos españoles, que finalmente corrieron la misma suerte, debe considerarse selectiva y perpetúa en parte el "Edicto de Granada" abiertamente racista.

Hoy en España, las sinagogas se están reparando, las antiguas juderías, pero también el patrimonio espiritual y gastronómico forman parte de un activo turismo cultural sefarad, aunque como oferta de nicho, sobre todo porque los monumentos arquitectónicos de la España judía no pueden acercarse al esplendor de los moriscos de turno.

En el espectro político de ultraderecha, los tópicos antisemitas de "conspiración mundial", etc., están servidos, y en el clero también hay "deslices" de vez en cuando, que, sin embargo, apenas difieren de los de otros países europeos. Por un lado, el partido de extrema derecha neofascista Vox invoca el "Occidente judeo-cristiano" como base de la cultura europea, pero por otro invita a congresos a antisemitas conocidos internacionalmente.

Razones religiosas y racistas

Aquel edicto del 31 de marzo de 1492 ordenaba a todos los judíos y judías de cualquier edad abandonar el reino antes del último día de julio, pero les permitía llevarse sus propiedades siempre que no fueran en oro, plata o dinero. La razón alegada para esta acción en el preámbulo del decreto fue la recaída de tantos "conversos", debido a la proximidad de judíos no convertidos que los sedujeron del cristianismo y mantuvieron vivos en ellos el conocimiento y las prácticas del judaísmo.

No se atribuye ningún otro motivo, pero no cabe duda de que se apoya en la intolerancia religiosa y en el antisemitismo. Se afirma que don Isaac Abravanel, que anteriormente había rescatado a 480 moriscos judíos de Málaga de manos de los Reyes Católicos mediante el pago de 20.000 doblones, les ofrecía ahora 600.000 coronas por la revocación del edicto. Se dice también que Fernando vaciló, pero que Tomás de Torquemada, el gran inquisidor (y también con antepasados judíos), le impidió aceptar la oferta; irrumpió en la presencia real y, arrojando un crucifijo ante el rey y la reina, les preguntó si, como Judas Iscariote, traicionarían a su Señor por dinero.

Cualquiera que fuera la verdad de esta historia, no hubo signos de relajación por parte de la corte, y los judíos de España se prepararon para el exilio. En algunos casos, como en Vitoria, tomaron medidas para evitar la profanación de las tumbas de sus parientes, presentando el cementerio al municipio, una precaución no injustificada, ya que el cementerio judío de Sevilla fue posteriormente devastado por el populacho. Los miembros de la comunidad judía de Segovia pasaron los tres últimos días de su estancia en la ciudad en el cementerio judío, ayunando y llorando por haberse separado de sus queridos muertos.

Exiliados

El número de los que fueron expulsados de España ha sido estimado de forma diferente por diversos observadores e historiadores. La cifra más próxima a la realidad es de unos 165.000 emigrantes que fueron de España a Portugal. Mil quinientas familias de judíos moriscos del reino de Granada fueron las primeras en abandonar el país. Durante siglos, la vida judía abierta dejó de ser posible en España hasta los tiempos modernos.

Los judíos expulsados de España (sefardíes por el nombre hebreo de España סְפָרַד Sfarád) se asentaron en el resto de la región mediterránea, conservando en algunos casos la cultura y la lengua que habían traído consigo de España, el judeoespañol (español, ladino).

Renacimiento

Hoy la comunidad judía renace en España pese al desconocimiento y los prejuicios. Con aproximadamente 40 mil miembros, en un país de más de 45 millones de habitantes, la comunidad judía de España es apenas una nota al pie de página en las estadísticas demográficas. Sin embargo, su presencia en Madrid, Barcelona y otras ciudades tiene una relevancia histórica que no puede ser soslayada. Tras más de 500 años desde que los Reyes Católicos decidieran la expulsión o conversión forzosa de la milenaria y numerosa comunidad judía de Sefarad, y tras siglos de exilio y sufrimiento, los judíos, poco a poco, están regresando.

Cada día, el común de los españoles se está reencontrando con un rico legado que forma parte de la historia del reino y de sus propias familias, afirma un reciente informe del American Jewish Committee. Sin embargo, los prejuicios transmitidos por generaciones prevalecen, pese a que las transformaciones democráticas de las últimas décadas han ayudado a crear una sociedad más abierta e inclusiva.

Judíos de Marruecos

La comunidad está conformada mayoritariamente por gente proveniente de Marruecos y sus descendientes. Con la independencia de dicho país, los judíos vuelven a España y forman estas nuevas comunidades, muy tradicionalistas y con legado sefardí. A partir de la década de 1970, y con la llegada sobre todo de judíos provenientes de Iberoamérica producto de las diferentes dictaduras, la comunidad fue creciendo y ampliándose.

El judaísmo está vivo

La relación de la comunidad judía con España ha cambiado mucho. La sociedad española en general es desconocedora de los judíos y del judaísmo. Desconoce o tiene muchos prejuicios, producto de mitos que se han pasado de generación en generación. Pero hay iniciativas que fueron ayudando a que el judaísmo sea más conocido.

La comunidad es también bastante cerrada en relación a darse a conocer. Sus miembros preservaron las costumbres propias de un país musulmán, donde la vida judía era hacia adentro, hacia la sinagoga, hacia la intimidad del hogar. Con lo cual eso se reprodujo en España. Sin embargo, aquí el judaísmo ya no es esa cosa de los muertos, sino que está vivo. Y para muchos sefardíes, haber recobrado la nacionalidad, vengan o no vengan a vivir a España, ha sido una emoción muy grande.

Notas

1. Levy, «Neuhebr. Wörterb.» i. 128; Kohut, «Aruch Completum», i. 188

2. Hübner, «Inscriptiones Hispaniæ Latinæ», p. 268, Berlín, 1869; Ríos, «Hist.i.» 68

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