Discos

Manfred Honeck, rigor y pasión

Juan Carlos Tellechea
miércoles, 26 de julio de 2023
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Tchaikovsky: Symphony No. 5 / Schulhoff: Five pieces. Pittsburgh Symphony Orchestra / Manfred Honeck, conductor. Grabado en directo entre el 17 y el 19 de junio de 2022 en la gran sala auditorio Heinz Hall for the Performing Arts, de Pittsburgh. PA Soundmirror, Boston. Ingeniero de sonido Dirk Sobotka. Esta grabación ha sido posible gracias al mecenazgo de Mary Ann Craig. P 2023 Pittsburgh Symphony Orchestra. C 2023 Reference Recordings.
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El maestro Manfred Honeck, director principal de la Pittsburgh Symphony Orchestra, se toma el tiempo necesario en esta grabación para que le quejumbrosa obertura, con unos clarinetes maravillosamente entonados, evoque intensamente en el Andante – Scherzo: Allegro con anima el motivo del destino que tanto caracteriza a la Sinfonía nº 5 en mi menor de Piotr Chaikovski. Como surgidas de la nada, las cuerdas se entremezclan, apenas audibles al principio.

Con instinto y profunda conexión con la música, Honeck acierta con el pulso adecuado para darle todo a esta sinfonía. Su dinámica bien equilibrada, su escucha de las estructuras y su interpretación de los amplios arcos melódicos son magníficos. Chaikovski compuso la Quinta Sinfonía en un momento de gran incertidumbre personal y concibió un guión de frontal oposición al destino inexorable que lo condena a la aniquilación y a la muerte. 

El compositor acababa de salir de un matrimonio infeliz y estaba acosado por la depresión, lo cual ha dado pie a especulaciones acerca de que la sinfonía sea una confesión personal del alma de Chaikovski, de lo cual no existe prueba alguna y es negado por los mejores biógrafos.*

Maligno

El guión de la sinfonía refleja un conflicto interior, pero también una esperanza de recuperación. Entabla combate contra las fuerzas del mal simbolizadas por una especie de marcha extraña y siniestra que invade progresivamente este primer movimiento, situado bajo el reinado de lo maligno y lo fúnebre.

El segundo movimiento (Andante cantabile, con alguna licencia, en re mayor) con uno de los más bellos solos de trompa (William Caballero), es interpretado en un esbelto tono con devoción y muy buen fraseado. Con una embocadura perfecta y la más fina agógica, ofrece una intervención inolvidable. El íntimo diálogo con el clarinete y el oboe (magistrales) tiene un efecto fascinante. Con la mayor sensibilidad y una sincronización perfecta, Honeck y la Orquesta Sinfónica de Pittsburgh obsequian en esta grabación un poderoso clímax, antes de que el motivo del destino estalle salvajemente y lo disuelva todo.

En 1888, Chaikovski escribió esta Quinta Sinfonía; junto con la Cuarta y la Sexta (la llamada "Sinfonía patética"), la Quinta es una de las sinfonías más populares del compositor ruso. En estas tres últimas sinfonías suyas, Chaikovski expuso enunciados programáticos, que luego volvió a desterrar. Formuló demasiadas intuiciones sobre el "yo" más íntimo del creador artístico que fueron malinterpretadas como muestras de autoexpresión. 

El elemento unificador de estas obras es el poder del destino. En las sinfonías cuarta y quinta, la lucha con el destino conduce finalmente a la luz, pero en la concluyente Sexta Sinfonía, la muerte tiene la última palabra.

Furor

Honeck conduce con agilidad a través del Valse: Allegro moderato, con un nuevo enturbiamiento del motivo del destino y agudas disonancias en las trompas, para abrir todas las compuertas en el Andante Maestoso final y dejar que la Orquesta Sinfónica de Pittsburgh actúe con entrega y completamente desatada. La marcha pseudotriunfal con la que concluye la sinfonía pone en evidencia lo que está en juego aquí y profetiza ya el triunfo de la muerte, que no tardará en abatir al propio compositor quien lógicamente ignoraba su inminencia, puesto que no era vidente

El furor y la gran precisión con la que este colectivo musical de élite interpreta este movimiento es uno de los grandes momentos de este álbum. Honeck construye repetidamente nuevos cúmulos sonoros y momentos de tensión hasta que la impresionante coda coloca la obra bajo una poderosa luz de consuelo y esperanza.

La Quinta Sinfonía de Chaikovski es interpretada aquí por la Pittsburgh Symphony Orchestra dirigida por Manfred Honeck de forma cuidadosa y sensible, expresando su profundidad emocional y sus arrebatos dramáticos. El director hilvana hábilmente los diversos temas y motivos de la sinfonía, aclarando sus conexiones y su mensaje. Los músicos utilizan sus habilidades y toda su fuerza expresiva para transmitir adecuadamente los diversos estados de ánimo de la sinfonía. La interpretación es rigurosa y apasionante a la vez, conducida inquebrantablemente hasta su desenlace último y abismal.

Erwin Schulhoff

Los siguientes surcos de este CD están dedicados a las Cinco piezas del checo Erwin Schulhoff. La escala camerística de la obra (originalmente para cuarteto de cuerda) llega ostentosamente transformada, en una versión para orquesta completa del maestro Manfred Honeck y el arreglista de la Pittsburgh Symphony Orchestra, Tomáš Ille (ambos han colaborado antes en montajes sinfónicos de óperas como Jenůfa, Rusalka y Electra.

Erwin Schulhoff, crónicamente infrarrepresentado en los conciertos de nuestros días, es uno de los fenómenos más originales entre los músicos de su generación. Nada menos que Antonín Dvořák recomendaría al niño de siete años al renombrado profesor de piano Jindřich Kàan. Schulhoff completó sus estudios en Praga, Viena, Leipzig y Colonia con sobresaliente. Max Reger fue también uno de sus profesores de composición. En cambio, sus lecciones con Claude Debussy en París parecen más bien una leyenda, pero la sensualidad tonal de la música de Schulhoff tiene claras huellas del impresionismo francés.

El manifiesto comunista

Como brillante pianista, defendió a los Neutöner y "bolcheviques musicales" como Arnold Schoenberg. Se llevaba bien con Alban Berg y se inspiraba en el jazz y el dadaísmo. Además, le encantaba aparecer como un terror de la burguesía. La hostilidad que esto provocó en Alemania, donde había vivido desde sus estudios, le hizo regresar a su ciudad natal, Praga. Allí se volcó cada vez más a la música checa y, finalmente, al realismo socialista.

Su entusiasmo llegó hasta el punto de musicar el Manifiesto del Partido Comunista. Su ciudadanía soviética, que ostentaba desde 1941, le valió finalmente el encarcelamiento en un campo de concentración (Wülzburg) como "extranjero enemigo", tras la ruptura del Pacto Hitler-Stalin. Allí murió a los 48 años de edad, falto de atención y enfermo de tuberculosis.

El original

Sus originales Cinco piezas para cuarteto de cuerda, un tratamiento moderno de una suite barroca, con cada movimiento inspirado en un estilo de danza específico, supusieron su consagración en el Festival de Música de Cámara de Salzburgo en 1924, aunque los críticos las tacharon de "bonitas bagatelas de baile". 

El hecho de que se trate de piezas cortas que no se ajustan a la estructura habitual y que la actitud "clásica" del cuarteto de cuerda se confronte con elementos jazzísticos ya puede considerarse una violación de las normas del género. Aparte de esto, sin embargo, la forma tonalmente esbelta e intelectualmente sofisticada del cuarteto de cuerda ofrece una alternativa a la sobrecargada música orquestal tardorromántica posterior a la Primera Guerra Mundial (1914 - 1918).

El género era, pues, a la vez tradicional y revolucionario. Cada una de las piezas designa un tipo de danza, que Schulhoff lleva al absurdo con engañosa ironía. "Alla Valse viennese", por ejemplo, está escrita en compás de cuatro por cuatro, de modo que el triple métrico del vals solo puede imponerse mediante síncopas y cambios de acento. La nada dulce "Alla Serenata" deja zumbar la voz principal a través del arco del violín tocado en el puente, mientras que las voces de acompañamiento subyacen en una densa red de ominosa penumbra. Los movimientos "Alla Checa", "Alla Tango Milonga" y "Alla Tarantella" aumentan hasta tal frenesí que sus gestos de movimiento se descontrolan de repente, la danza se convierte en una persecución o huida y el ingenio paródico se transforma en un humor catastrófico.

Los arreglos

Todas las transcripciones son actos de traducción, y aquí el humor de Schulhoff se perdió por el camino. Con un sonido masivo, ampuloso de los metales y la percusión añadidos al principio, estas Cinco piezas fueron menos ligeramente juguetonas y más mahlerianas: ingeniosas e irónicas, pero con impactante peso marcial. Una vez teñida de sonoridades debussianas, la danza checa del tercer movimiento fue un sombrío recuerdo de Dvorak. En el tango milonga que siguió, lo que antes estaba implícito en el ritmo se hizo literal en las exóticas castañuelas españolas (completamente fuera de lugar), y la tarantela final se tomó a sí misma demasiado en serio (cuando debería haber sido muy viva y divertida).

No hay nada inherentemente malo en estas orquestaciones, que constituyen una forma de arte en sí mismas. Pero esta versión parece haber perdido la oportunidad de haberle hecho bien a la música de Schulhoff, tan poco tocada hoy en día, defendiendo lo que es genuinamente suyo. La programación orquestal no tiene por qué responder a una fórmula lapidariamente inalterable y un cuarteto de cuerda (formado con músicos de la propia orquesta sinfónica) podría haber compartido este álbum fácilmente con este colectivo musical.

El CD, que sale en estos días al mercado, fue grabado en DSD256 (postproducción en DXD 352,8 kHz/32 bits) en directo en la amplia acústica de la sala de conciertos de la Heinz Hall for Performing Arts, de Pittsburgh, con cinco micrófonos omnidireccionales DPA 4006, complementados con "micrófonos puntuales" para captar los detalles de la orquestación, con excelente calidad y buen equilibrio de sonido.

Notas

Alexander Poznansky, «Chaikovski. Vida», Madrid: Akal, 2023, 800 páginas. ISBN 978-8446053101. Paperback 40,85 €, ebook 12,24 €

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