España - Madrid

Pétrea Turandot

Germán García Tomás
viernes, 28 de julio de 2023
Wilson, Turandot © 2023 by Javier del Real Wilson, Turandot © 2023 by Javier del Real
Madrid, lunes, 10 de julio de 2023. Teatro Real. Turandot. Drama lírico en tres actos. Música: Giacomo Puccini. Libreto: Giuseppe Adami y Renato Simone, basado en la fábula homónima de Carlo Gozzi. Producción del Teatro Real (2018), en coproducción con la Canadian Opera Company de Toronto, el Teatro Nacional de Lituania, la Houston Grand Opera y la Opéra National de Paris. Dirección de escena, escenografía e iluminación: Robert Wilson. Codirección: Nicola Panzer. Figurinista asociado: Jacques Reynaud. Videocreador: Tomasz Jeziorski. Escenógrafa asociada: Stephanie Engeln. Diseño de maquillaje: Manuela Halligan. Dramaturgia: José Enrique Macián. Reparto: Ewa Plonka (Turandot), Michael Fabiano (Calaf), Ruth Iniesta (Liú), Liang Li (Timur), Germán Olvera (Ping), Moises Marín (Pang), Mikeldi Atxalandabaso (Pong), Vicenç Esteve (Emperador Altoum), Gerardo Bullón (Mandarín), Legipsy Álvarez (Primera doncella), Ana María Fernández (Doncella). David Romero (Príncipe de Persia). Pequeños Cantores de la JORCAM (directora: Ana González). Coro (director: Andrés Máspero) y Orquesta Titulares del Teatro Real. Dirección musical: Nicola Luisotti.
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Como nos cuenta Julian Budden en el capítulo 12 (Turandot) de Puccini. Su vida y sus obras -biografía recientemente publicada en español en la editorial Akal- el compositor de Lucca “había dejado claro su deseo de escapar de ese 'íncubo de la grand-opéra' que había dominado la escena italiana durante las dos décadas anteriores. Con Turandot regresó al género, pero no como prisionero, sino como conquistador. Un aura de grandeur fue apoderándose gradualmente de la ópera durante sus cuatro años de gestación (…)”.

Pero es precisamente todo lo contrario lo que Robert Wilson (en su triple faceta de director, escenógrafo e iluminador) materializa con sus colaboradores en su ya conocida lectura de la ópera póstuma de Giacomo Puccini, que ha vuelto al escenario del Teatro Real para cerrar su temporada, ya que pudimos presenciarla en 2018.

Su visión gélida, fría, hierática, como la propia princesa de hielo que da título a la obra, impregna el movimiento escénico, que se concibe como una cantata a gran escala con el único contrapunto cómico y súper dinámico de los tres ministros de Turandot, cuya comicidad e irrisorio histrionismo de trazos circenses al modo saltimbanqui contrasta sobresalientemente con la rigidez estatutaria del conjunto general.

Para esta reposición, que ya ha pasado por París, Lituania, Toronto y Houston, Wilson ha querido seguir huyendo de las máscaras, del universo Gozzi y de la commedia dell’ arte, pero ha optado esta vez por un matiz novedoso asociado a Ping, Pang y Pong en la forma de modificación de su indumentaria, al (re)vestirlos de mayor seriedad con traje negro como si se tratase de verdaderos funcionarios, y abandonando por tanto esa chistosa vestimenta morada que pudimos ver hace cuatro años y medio tan asociada al mundo oriental.

Cambio totalmente prescindible, pues no nos desagradaba esa apariencia chinesca que en esencia deberían tener unos personajes a los que les ridiculizan con holgura la propia colección de melodías tradicionales que Puccini empleó para acompañarles.

‘Turandot’ de Puccini. Dirección de escena: Robert Wilson. Dirección musical: Nicola Luisotti. Madrid, Teatro Real, julio de 2023. © 2023 by Javier del Real / Teatro Real.‘Turandot’ de Puccini. Dirección de escena: Robert Wilson. Dirección musical: Nicola Luisotti. Madrid, Teatro Real, julio de 2023. © 2023 by Javier del Real / Teatro Real.

No hay que negar que la magistral música de Puccini, plagada de escenas corales y mayestáticas, se presta a esa pétrea disposición que plantea el regista estadounidense a través de todos los demás personajes, con una coloración en blanco y negro a excepción del rojo sangre del vestido de la cruel Turandot y una ausencia de ambientación escenográfica, sin la pomposidad y la ostentosidad de la China imperial y la ausencia de elementos clave para la escena, como el invisible gong que el príncipe Calaf golpea en el aire.

A pesar de todo, no hay nada cálido en esta puesta en escena, todo es gélido por más que aparezca el sol radiante en el happy end del tercer acto. El clima lírico, emotivo, asociado a Liú, es epidérmico y toda su tremebunda escena del mencionado acto sigue siendo tan de cartón piedra como todo lo que la rodea. El momento de su muerte se vuelve a recrear tan simbólicamente que la aparente poesía que le quiere insuflar Wilson puede llevar a equívoco cuando no a risa, pues vuelve a no haber daga de auto apuñalamiento, la tortura de los verdugos -de estética guerrera- parecen cosquillas y ella sigue sin desplomarse muerta sobre el escenario, adoptando una especie de trance místico al lado de Timur hasta que ambos hacen mutis.

Todo es sutileza y movimiento mecánico en detrimento del realismo, un realismo del que muy discutiblemente Joan Matabosch, -cuando nos explica la visión de Wilson en sus notas al programa- nos dice que huyó el propio Puccini en su inacabado canto de cisne.

‘Turandot’ de Puccini. Dirección de escena: Robert Wilson. Dirección musical: Nicola Luisotti. Madrid, Teatro Real, julio de 2023. © 2023 by Javier del Real / Teatro Real .‘Turandot’ de Puccini. Dirección de escena: Robert Wilson. Dirección musical: Nicola Luisotti. Madrid, Teatro Real, julio de 2023. © 2023 by Javier del Real / Teatro Real .

Así las cosas, nos queda la música, la poderosa y subyugadora música de Puccini. Una función que sostiene con tempo equilibrado el maestro Nicola Luisotti, que vuelve a repetir dirigiendo este título. El italiano maneja con sapiencia los colores de la abrumadora orquesta pucciniana, la más elaborada de toda su producción lírica, sabiendo espolvorear con refinamiento el complejo tímbrico de la percusión y un impactante despliegue de metales, y su labor como excelente concertador al servicio del canto y las voces está fuera de toda duda, dando el protagonismo que merece a la orquesta cuando ésta debe lucirse, como en la procesión de entrada y el himno imperial del acto segundo.

Aun así, nos llamó la atención la elección de tempi extremadamente morosos para las primeras escenas del primer acto, que nos recordó a la curiosa grabación de esta ópera, tan denostada como aplaudida, de Herbert von Karajan al frente de la Filarmónica de Viena con Domingo, Ricciarelli, Hendricks y Raimondi. Se hizo especialmente notable en el edicto del mandarín y en la primera aparición muda de Turandot, instantes donde Luisotti dilató el tempo de una manera no muy alejada de la que lo hace el director salzbugués en el mencionado registro, y que posteriormente abandonó para aligerar la velocidad, lo que se agradeció ampliamente.

Pudimos asistir al segundo reparto, que fue no más que aceptable. La Turandot de la polaca Ewa Plonka, bien cantada y proyectada en resumidas cuentas, carece de una variedad de matices canoros, pues su declamación y canto posee escasas variaciones en el color, y aunque va muy bien por arriba, no potencia el grave lo suficiente, ni siquiera en la escena de los tres enigmas.

Se le puede exigir dar mayor rienda suelta a su capacidad actoral, pero lo cierto que el inmovilismo de la óptica de Wilson apenas le da opciones. Nos ofreció un dúo final de un gran interés, aunque en general su voz no posee la calidez argentina, el poso y la carnosidad de otras cantantes para dotar de colores al personaje y que no se quede tan frío vocalmente como la propia propuesta escénica.

Aunque no atesora tintes heroicos, volvió a asombrar con su metal y grato timbre el tenor americano Michael Fabiano, que se ve muy cómodo en el personaje, aunque no emite a conciencia el sobreagudo en el concertante subsiguiente a los enigmas, antes de lanzar su contraoferta a la princesa. Ofrece un “Nessun dorma” aseado y con óptima resolución y que el público premia grandemente, suponemos que con ganas de bis, pero el fluir melódico de Puccini no perdona: es el peaje que hay que pagar con Turandot y que en cambio no se paga con La bohème o Tosca. Fabiano brindó un Calaf apasionado hasta el incombustible dúo final, aunque sometido a la rigidez imperante.

Bien resuelta igualmente la inmóvil y mecánica Liú -casi una offenbachiana Olympia, pero a lo oriental- de la soprano Ruth Iniesta, dotándola de la sensibilidad requerida, pero con sutilidades en el vibrato que aún debe depurar para redondear aún más su caracterización ya de por sí notable de la víctima mortal de la despiadada Turandot.

Los ministros encuentran un satisfactorio trío de cantantes españoles de enorme solvencia escénica, desde el barítono Germán Olvera dando vida a Ping, pasando por el tenor Mikeldi Atxalandabaso como Pang y el también tenor Moisés Marín como Pong. Toda una magnífica exhibición de gracia y animosidad con un encaje sobresaliente de voces.

Destacamos para concluir la gravedad y elocuencia del bajo chino Liang Li en Timur, con un grado amplio de profundidad para el anciano personaje, así como las prestaciones del barítono Gerardo Bullón como un redondo y matizado mandarín, y del tenor Vicenç Esteve en una nueva recreación del Emperador Altoum cual Dios supremo colgado del techo.

Los Pequeños Cantores de la JORCAM de Ana González se perciben demasiado distantes en la melodía “Molihua” asociada a la princesa, y el Coro, ese ente colectivo que Puccini desarrolló a niveles nunca antes sospechados en su décima ópera, se viste de pueblo y verdugos con una brillantez que, ya por última vez a las órdenes de Andrés Máspero, consigue hacer despuntar con perfecto empaste y vibrante emisión la Turandot oscura y fría de Robert Wilson. 

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