Francia

Sin aspavientos

Francisco Leonarte
jueves, 28 de septiembre de 2023
Vladimir Jurowski © 2020 by Royal Festival Hall​​​​​​ Vladimir Jurowski © 2020 by Royal Festival Hall​​​​​​
París, jueves, 21 de septiembre de 2023. Théâtre des Champs-Elysées. Richard Wagner: Preludio y muerte de Isolda de Tristán e Isolda. Robert Schuman: Concierto para piano y orquesta. Gustav Mahler: Sinfonía nº 4 en sol mayor. Con Yefim Bronfman (piano) y Elsa Dreisig (soprano). Bayerische Staatsorchester. Vladimir Jurowski.
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Se sienta el crítico sin saber lo que va a escuchar ni quiénes son los intérpretes, y, una vez orquesta y director a sus puestos, empieza a sonar el Preludio de Tristán... ¿Pues qué quieren que les diga? Siempre es una sensación mágica.

Empieza el Preludio de Tristán. Aquello suena como una caricia. Jurowski pide a su orquesta que comience cada frase con mucha suavidad y que cada frase termine con un suave diminuendo. Y sólo poco a poco (muy poco a poco) va aumentando la intensidad. Hasta llegar al final del Preludio, que enlaza, como es habitual, con la 'muerte de amor' de Isolda. Y como es frecuente, Isolda no aparece por ningún lado, y al auditor esa 'muerte de amor' se le queda algo coja ... Lástima, porque el Preludio había estado realmente bien, pero fuerza es reconocer que sin la soprano aquello se queda a medias ... Sin duda, no es la primera vez ni la última (por desgracia) que se interpreta así, sin soprano. Pero no por ser más frecuente me parece menos reprochable ...

Llega el Concierto para piano de Schumann. Yefim Bronfman no tiene aspecto de estrella del rock, no tiene veinte años ni cara ni cuerpo de efebo, no viste a la última, no pone cara de embeleso cada vez que toca una nota dulce ni de furia cuando llega un agitato ... ¡pero qué bien suena el condenao! En sus manos todo parece natural, la belleza de la música de Schumann es una evidencia. Es hermoso porque es hermoso, sin añadirle afeites ni azúcares. Jurowski lo mima, siempre atento al equilibrio entre solista y orquesta. ¿Tal vez uno y otro nos pierdan un poco en ese 'intermezzo' que no es ni chicha ni limoná y que parece que Schumann trate un poco como de pasada (de hecho lo añadió, como el finale, a la fantasía inicial para transformarla en un concierto en tres tiempos)? Puede ser. Pero pronto nos recuperan en el finale.

Y como el público aplaude con insistencia, Bronfman acaba por sentarse otra vez y nos regala el Nocturno nº 2 del opus 27 de Chopin. De nuevo esa evidencia de la música. Sin exagerar rubatos ni dulzuras, con toda naturalidad, y con toda la emoción que nace de la partitura mismo: un maestro.

Y vamos con el plato fuerte

Quien esto escribe sólo recordaba del programa que había una Cuarta de Mahler. Y ahí estaba, empezando como la más amable de las músicas: sólo que poco a poco Mahler la retuerce, la interrumpe, la pisotea, la escarnece, culminando con un formidable estallido disonante ... A ese primer movimiento, que es una suerte de disolución de la melodía rossiniana, le sigue el scherzo una especie de burla e improperios, tal vez uno de los más modernos de Mahler, que con la dirección de Jurowski recuerda casi a la Petrushka de Stravinsky. Se luce el violín con un sonido casi desagradable como lo pide la partitura: algún comentarista habla de “violín diabólico”. Y es que, dado el dramatismo de las sinfonías mahlerianas, es fácil construir una historia a partir de lo que se escucha ... Toda la orquesta suena agria, y entendemos que así debe sonar.

Un adagio relativamente dulce -en que fuerza es constatar que el director y su orquesta no alcanzan la intensidad del movimiento anterior, entre otras cosas porque las cuerdas no parecen tener en el agudo el sonido cristalino que tal vez fuera necesario-, y luego pasamos al último movimiento, el que retoma Das himmlische Leben (La vida celestial) una de las canciones del ciclo Das Knaben Wunderhorn (El maravilloso cuerno del muchacho – aunque traducido suene el título un poco chusco ...). Interviene la soprano franco-danesa Elsa Dreisig, que está haciendo una carrera fulgurante por su facilidad de emisión, su comodidad en los agudos y su bonito timbre. Y además es guapa, cosa que siempre ayuda para hacer una carrera, ¿verdad?

Dreisig, perfectamente inteligible, con un bonito color homogeneo en toda la tesitura, y mucha naturalidad en su expresión: en eso se parece a Bronfman. La orquesta siempre la sostiene sin ocultarla, aportando el lado sombrío, el lado dramático que aparece entre líneas en el poema original. Y a medida que progresa la canción, la voz de Dreisig se va tornando más dulce, finalizando casi con una mezzavoce que la orquesta secunda ...

El público reacciona poco a poco. Aplausos cada vez más entusiastas y algún que otro bravo. Jurowski corresponde con una propina. Para presentarla nos dice algo así como que “El fragmento que vamos a escuchar es demasiado conocido para dar el nombre. Pero lo interpretaremos en una orquestación del propio Mahler”. Bueno, me parece un poco tonto que Jurowski presuponga que todo el mundo en la sala conoce todo, incluso tratándose del Aria de la suite nº3 BWV 1068 de Juan Sebastián Bach, que es cierto que es melodía muy conocida aunque no siempre identificada.

Pero sobre todo me parece una lástima que escoja como bis una obra en que sólo la cuerda interviene, máxime cuando dicha cuerda no es el punto fuerte de la formación, o al menos no en el concierto ni en el bis que nos ocupa ... Los aplausos después del bis se tornan más discretos. Pero tal vez sea solamente porque Jurowski nos dice adiós con la mano y los maestros empiezan a abandonar sus atriles. Chi sa?

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