Costa Rica

Estreno trascendental

Andrés Sáenz
miércoles, 30 de octubre de 2002
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San José de Costa Rica, viernes, 25 de octubre de 2002. Teatro Nacional. Bertha Granados, soprano; Encarnación Vásquez, mezzosoprano; Carlos Galván, tenor; Luis Girón May, barítono. Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) Coro Sinfónico Nacional (CSN). Director del CSN: Ramiro A. Ramírez. Director invitado: Delta David Gier. Temporada oficial 2002.
0,0001551 El trascendente estreno en el país de la grandiosa Missa Solemnis, opus 123, de Ludwig van Beethoven (1770-1827), fue una ocasión de elevada importancia artística para la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) y el Coro Sinfónico Nacional (CSN), bajo la sagaz dirección del estadounidense Delta David Gier. Asimismo, revistió honda significación anímica para el público numeroso reunido, el viernes, en el Teatro Nacional (TN), en el décimo concierto de la temporada oficial de la OSN.Como recuerda Jacques Sagot en sus claras, eruditas y pertinentes notas al programa de mano, la monumental Missa Solemnis cuenta, junto con la Misa en si menor, de Johann Sebastian Bach, entre los pináculos de la música sacra de Occidente. Yo añadiría que su importe espiritual es planetario y rebasa los dogmas de cualquier creencia particular, como incumbe a la concepción heterodoxa, íntima y sincrética que Beethoven tenía de la Divinidad.Comenzada en abril de 1819 y concluida en marzo de 1823, la Missa Solemnis es contemporánea de las tres últimas sonatas para piano, obras en las que también se manifiesta el profundo sentimiento religioso del compositor, próximo al misticismo. El estreno se llevó a cabo en San Petersburgo en abril de 1824.No recuerdo haber escuchado nunca al CSN en mejor forma. Su prestación fue simplemente magnífica: a pesar de contar con un número menor de miembros, el sonido se oyó afinado, potente y homogéneo, indicación de que la calidad de las voces suplió la merma en cantidad; el ataque guardó firmeza y las entradas fueron exactas. Sin embargo, la prestación altamente emotiva y satisfactoria obtenida por el CSN se debió, ante todo, a la entrega y el denuedo tangibles que desplegó a lo largo de la Missa Solemnis.Aparte de la meticulosa preparación, a cargo de su director, Ramiro A. Ramírez, el rendimiento superior del Coro Sinfónico Nacional resultó del trabajo intenso realizado con el maestro Gier durante el período luengo que dedicaron a ensayos, en los cuales el director invitado hizo hincapié en el sentido del texto latín, el importe de las modificaciones a la liturgia introducidas por Beethoven y las correspondencias musicales mediante las cuales el genial compositor ilustró y extendió el alcance de las palabras.Gier y la OSN plasmaron una interpretación que realzó la arquitectura majestuosa de la obra, el conjunto respondió con pericia e idoneidad a las arduas exigencias de la partitura, produjo sonoridad compacta y templada, las secciones unidas y precisas.En el cuarteto vocal, destacaron los hermosos y rebosantes timbres de la mezzosoprano mexicana Encarnación Vásquez, así como su proyección robusta y dicción clara. Menos logradas, aunque aceptables, estuvieron las intervenciones de sus compatriotas, la soprano Bertha Granados y el tenor Carlos Galván, y del bajo guatemalteco Luis Girón May.Muy expresivo se escuchó el solo de violín en el Benedictus, ejecutado por el concertino, José Aurelio Castillo.Algunos asistentes aplaudieron de modo importuno después de la Kyrie, la Gloria y el Credo. No obstante, el grueso del público se mantuvo atento y silencioso en el transcurso de la obra. El final de la Missa Solemnis fue saludado con una prolongada ovación.El décimo concierto de la temporada oficial de la OSN se realizó como homenaje a monseñor Hugo Barrantes, nuevo arzobispo de San José. Ojalá durante el ministerio episcopal de monseñor Barrantes se renueve el patrocinio eclesiástico a la música sacra tradicional, en sus formas corales e instrumentales, herencia histórica que la Iglesia en Costa Rica descuidó de manera lamentable, como atestiguan el estado de abandono de la mayoría de los órganos en los templos y la ausencia de maestros de capilla en ellos.Para terminar, debo corregir el error contenido en mi crítica de la anterior presentación de la OSN, al aseverar que Jacques Sagot estrenó aquí Totentanz, de Liszt, en el octavo concierto de la temporada actual, cuando él ya había interpretado la pieza en 1988, y a principios de este año también se incluyó en el concierto de ganadores del certamen de jóvenes solistas.
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