Francia

Don José, de Bizet, en París

Francisco Leonarte
jueves, 2 de noviembre de 2023
Stanislas de Barbeyrac © 2023 by Dav Gemini Stanislas de Barbeyrac © 2023 by Dav Gemini
París, domingo, 22 de octubre de 2023. Théâtre des Champs-Elysées. Carmen, opera en cuatro actos. Libreto de Henri Meilhac y Ludovic Halévy, basado en el relato de Prosper Merimée. Versión de concierto. Con Marina Viotti (Carmen), Stanislas de Barbeyrac (don José), Jerôme Boutillier (Escamillo), Iulia Maria Dan (Micaëla), Faustine de Monès (Frasquita), Floriane Hasler (Mercedès), Nicolas Brooymans (Zuñiga), Yoann Dubruque (Moralès), Florent Karrer (Le Dancaïre), Thomas Morris (Le remendado). Maîtrise du Conservatoire à rayonnement régional de Rouen. Choeur Accentus/Opéra de Rouen Normandie. Director del coro, Christophe Grapperon. Orchestre de l'Opéra de Rouen Normandie. Dirección musical, Ben Glassberg.
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La Ópera de Ruán acaba de terminar una serie de representaciones en que -con la inestimable colaboración del Palazzetto Bru-Zane- los decorados, trajes y puesta en escena en general se inspiran directamente de los documentos visuales y escritos (al parecer muy abundantes) que quedan sobre las primeras representaciones de Carmen allá por el año 1875. Según se cuenta, ha sido un exitazo de crítica y público, harto este sin duda de tantas re-interpretaciones a menudo caprichosas del director de escena de turno.

Aprovechando lo cual, las huestes de la Ópera de Ruán recalan en París, reclamadas por el Teatro de los Campos Elíseos. Sólo que sin el componente escénico, para realizar una simple versión de concierto.

Marianne Crebassa, prevista inicialmente para el rol titular, desistió del empeño hace algunos meses, siendo reemplazada en Ruán por Deepa Johnny, y, para el bolo parisino, por Marina Viotti.

Viotti es una buena cantante y hemos tenido últimamente varias ocasiones de escucharla y de alabarla públicamente. Sólo que…

Que por una parte está sobre-empleada. La chica está de moda, y aprovecha el tirón, Así que tras cantar el rol titular en una serie de representaciones de Cenerentola (el jueves fue la última), promociona su libro de diálogos con una filósofa (no me pregunten el título, ni tampoco la utilidad: no lo he leído ni tengo previsto leerlo), y aprovecha también para cantar Carmen el domingo por primera vez... No conozco el resto de sus actividades, pero juraría que antes de abordar un papel protagonista vale la pena tomarse un tiempo de descanso y reflexión (máxime tratándose de un rol icónico como Carmen, que tantas excelentes mezzos y sopranos han interpretado desde su creación)...

Por otra parte, Marina Viotti debe de haber cumplido los treinta y no-muchos. Es normalmente la edad en que se considera que la voz empieza a estar hecha. Pero según para qué papeles. Cuando uno piensa que Mirella Freni esperó a los 45 para aborda Elisabetta del Don Carlo, o que Berganza no se atrevió con Carmen hasta los 44, uno se pregunta si las actuales estrellas del canto no tienen a veces demasiada prisa... El caso Viotti con Carmen es similar al de Gaëlle Arquez (otra cantante más que estimable pero que no da la talla -al menos todavía no- para abordar Carmen...).

Así que Viotti se pasó toda la segunda parte pendiente de su particella, incluso en las partes que el aficionado se conoce de memoria. Proyectó siempre para abajo. Tuvo unas muy bonitas coloraturas (como si la Angelina rossiniana se hubiese metido a cigarrera) y un bonito color. Eso sí, aserción, cero; tablas, pocas; graves, sin cuajo; anchura, poca; y personaje, escasito...

Harina de otro costal fue Stanislas de Barbeyrac como (magnífico) don José. Barbeyrac, que empezó su carrera abordando el repertorio barroco y clásico (le hemos escuchado un estupendo Pylades en la Iphigénie en Tauride de Gluck, por ejemplo, o varios papeles en Les Indes Galantes, de Rameau), de un tiempo a estar parte viene trabajando para abordar roles más (bastante más) pesados, de tenor dramático. Hace dos o tres temporadas dió un más que notable Max en el Der Freistchutz de Weber, esta misma temporada está previsto como Sigmund en la Valquiria que Nézet-Séguin ha de presentar en versión de concierto en este mismo teatro... Así que aborda el personaje de Don José con una voz ancha, con hechuras de spinto. Pero eso no le impide utilizar las medias voces, ni las notas en voz mixta típicas del estilo francés que Barbeyrac conoce bien.

Como además de inteligencia canora (con agudos seguros y anchos, graves cómodos y musicalidad a prueba de balas) y de una perfecta inteligibilidad, tiene el muchacho sentido teatral, y se nota que ha reflexionado sobre el personaje, que lo ha construido, el espectador, incluso en versión de concierto, se encuentra no con un cantante, sino con un guapo de pueblo, un punto temperamental e inestable, que es todavía niño de su mamá, y que se encuentra solo, completamente solo, ante una mujer que no quiere ser su madre ni seguir el modelo de su madre.

Si a eso añadimos que Barbeyrac posee el secreto de las respiraciones, y el arte del silencio que es la llave de la emoción, comprenderán por qué su versión del aria de la flor resultó una de las más emocionante que servidor de ustedes haya jamás escuchado. Un don José de referencia.

El caso de Jerôme Boutillier como Escamillo es un punto similar al de Viotti como Carmen. Boutillier está cómodo en agudos y graves, tiene una perfecta inteligibilidad, un bonito color de voz y un bonito fraseo. Pero le falta volumen, le falta espesor para abordar el papel, y la orquesta -que sin embargo es la misma para todos- a Boutillier se lo merienda con patatas. Con lo cual, por mucho que nos digan que, según la historia, Escamillo es un triunfa chulo y un tanto avasallador, musicalmente no es eso lo que se le transmite al espectador.

A Iulia Maria Dan, como Micaela, le pasa justamente lo contrario. Un volumen para dar y vender, a pesar de que su técnica pueda todavía mejorar y su inteligibilidad no sea de las mejores. No obstante, dada la calidad del material, es muy probable que pronto la volvamos a escuchar en papeles de lírica, Butterfly u otras. Su aria del tercer acto, bien ensayada con Glassberg, y con el recitativo previsto por Guiraud, fue muy emocionante.

En el resto del reparto, bueno es resaltar los buenos agudos de Faustine de Monès como Frasquita (indispensables para cerrar varios números de conjunto) y su buen hacer, con una voz no muy grande pero bien proyectada y una bonita presencia escénica. Buen hacer también los de Floriane Hasler, Florent Karrer , Thomas Morris ,Yoann Dubruque y Nicolas Brooymans (éste último, al que ya aplaudimos como estupendo Seneca de l'Incoronazione di Poppea, tal vez estuviera un punto cansado en esta Carmen del TCE) como respectivamente Mercedes, Dancairo, el Remendado, Morales y Zuñiga.

Buen papel del coro, aunque nos hubiera gustado más inteligibilidad por momentos en las sopranos, pero bien empastado, bien preparado por el estupendo Christophe Grapperon. La escolanía del Conservatorio de Ruán, siendo pequeña, cumplió con creces, y Glassberg supo tratarla con mimo.

Bonita dirección, de hecho, la de Glassberg, dinámica, colorida, resaltando los diferentes pupitres, respirando con los cantantes... Siempre echo de menos, cuando se trata de direcciones nerviosas, que no haya más dulzura, un momento de tiempo suspendido, en el preludio del tercer acto. Pero aparte de ese detalle, más que notable la dirección de Glassberg.

Notable, también la Orquesta de Ruán Normandía, ágiles las cuerdas, sueltas las maderas, vibrantes los metales...

Otra cosa es la versión escogida.

Ya saben ustedes -«o al menos se lo han figurao»- que, como es el caso de tantas otras obras, hay varias versiones posibles de Carmen: La Carmen exhaustiva de antes de los ensayos del estreno, la Carmen del escandaloso estreno en la Opéra-Comique, la Carmen del triunfo en Viena... Hasta los años setenta del pasado siglo, ésta última era la versión más difundida, con los recitativos compuestos por Ernest Guiraud para el estreno en la capital austriaca.. Sólo que desde la versión que Abbado, Berganza y Domingo presentaron en 1977 en Edimburgo, se volvió a la versión del estreno en 1875, con diálogos hablados que permitía no pagar a los herederos de Guiraud...

Uno de los alicientes de la puesta en escena en Ruán de hace pocas semanas era, precisamente que, además de los figurines, decorados y movimientos escénicos de la creación en 1875, se recuperaban también los recitativos de Guiraud.

Pues bien, la versión que es objeto de la presente crítica recuperaba tres o cuatro recitativos de Guiraud, y después pasaba a los diálogos, para terminar suprimiendo todo elemento de transición entre los números, convirtiéndose aquello en una especie de Suite cantada de Carmen. Lástima, porque recitativos y diálogos, aun en versión de concierto, tienen toda su lógica, dejan respirar, permiten entender, dan sentido al número que precede y al que sigue.

Desacierto, pues, en esa mezcolanza entre sí pero no pero puede pero tampoco. ¿Prisas ? ¿Falta de ensayos de alguno o alguna de los cantantes? No sería de extrañar.

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