España - Castilla y León

Ventaja para el estreno

Samuel González Casado
lunes, 13 de noviembre de 2023
Anna Clyne © 2023 by Christina Kernohan / Boosey & Hawkes Anna Clyne © 2023 by Christina Kernohan / Boosey & Hawkes
Valladolid, viernes, 3 de noviembre de 2023. Centro Cultural Miguel Delibes. Sala Sinfónica Jesús López Cobos. Jess Gillam, saxofón soprano. Orquesta Sinfónica de Castilla y León. George Jackson, director. Dvořák: Mi país, op. 62. Clyne: Glasslands. Dvořák: Sinfonía n.º 7 en re menor, op. 70. Ocupación: 90 %
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El concierto de abono n.º 3 de la OSCyL, cuya conexión temática pareció residir en el mundo del folclorismo (muy en general), se saldó con un resultado mayoritariamente anodino, solo roto por el estimulante estreno de Anna Clyne Glasslands, que probablemente llegó a gustar más al público que los mediocres resultados de las obras de Dvořák.

Pese al debe de la parca información que se da en el programa de mano sobre esta obra (ni una mención a que el instrumento solista es un saxofón soprano, ni la más ligera explicación de en qué se inspira cada uno de sus tres movimientos, que tienen carácter muy acusado), la obra fue un éxito, seguramente porque mezcla toda suerte de estilos populares (folclore tradicional irlandés, new age, jazz, pop…) con especial pericia. Sus tres movimientos pasan de lo descriptivo (onomatopeyas incluidas) a lo evocador, y la arquitectura se repite continuamente, lo que tiene distintos propósitos: sorpresas y contraste ambiental en el primer movimiento, y lo que parece ser una suerte de cenotafio paródico en el último, lo que aportó un subtexto fascinante.

Las melodías no tienen trascendencia y es el imaginativo tratamiento orquestal y solista lo que otorga a Glasslands su valor, como se aprecia en un segundo movimiento calmado y muy fácil de seguir (al principio me recordó al ambiente de las introducciones instrumentales de canciones del grupo The Cranberries, pero evidentemente el asunto fue ganando en riqueza tímbrica y desarrollo). Algunos recordatorios o citas (momento Prokófiev, por ejemplo) hicieron aún más digerible el estreno, y por supuesto la excelente labor de la saxofonista Jess Gillam, dueña de todos los resortes de una obra que fue compuesta pensando específicamente en su sensibilidad y apabullante dominio técnico.

Del resto del concierto, poco hay destacable. El director George Jackson, que sustituía a la anunciada Elena Schwarz, no acertó con el concepto y se empeñó en ocultar o convertir en intrascendentes los puntos más inspirados de Mi país y sobre todo de la Séptima de Dvořák, esos que recordamos todos, dándoles la vuelta supongo que a favor de una originalidad que ni siquiera estaba desarrollada. Fue una dirección de detallitos aquí y allá, pero de poco amor al detalle en el fondo: frases concluidas de cualquier manera, ocultamiento de melodías importantes, tímbrica descuidada… El final del primer movimiento fue torpe, con poca tensión, mala graduación de esta y más que discutible proporcionalidad entre las secciones orquestales; y el segundo, sin direccionalidad clara, sufrió mucho en sus clímax. Tercero y cuarto, más directos, fueron aceptables, y la sinfonía concluyó con espectacularidad Deus ex machina que quiso maquillar algo sensaciones anteriores. La orquesta, además, no estuvo fina: los violines sonaron pobres, con poca dinámica, y, como en el concierto de abono n.º 1, se produjeron claras descoordinaciones.

El programa de mano, una vez más, fue un desastre, con erratas en sitios importantes (es posible y hasta recomendable escribir de forma correcta el nombre de este concertino); notas de circunstancias; y falta de unificación en general, lo que provocó el curioso efecto de que, con algunos criterios errados por sistema, hubo ocasiones en que se acertó de casualidad.

Mientras en numerosísimo público abandonaba la sala, alguien que se quejaba de este Dvořák a un grupo de amigos recibió la respuesta que titula esta crítica por parte de una ilustre abonada. Y sí, de este concierto solo se recordará a Anna Clyne y a Jess Gillam, lo que no sé si es muy halagüeño pero hace entrever como buena decisión el haber elegido a Clyne artista en residencia esta temporada. Pese a todo, que la primera de las tres obras encargadas haya brillado sobre un compositor tan popular no es fácil. Espero con cierta impaciencia las dos restantes.

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