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Israel y Hamas en guerra: ¿Es factible la solución de los dos Estados?

Juan Carlos Tellechea
viernes, 17 de noviembre de 2023
Der Nahostkonflikt © 2023 by 2016 Der Nahostkonflikt © 2023 by 2016
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La guerra entre Israel y Hamás hace que la solución de los dos Estados sea menos viable que nunca. Alcanzar la paz requiere voluntad política, compromiso e iniciativa por parte de la comunidad internacional. En las últimas décadas, en Israel/Palestina se ha afianzado la realidad de un Estado único con derechos desiguales. El antagonismo israelo-palestino, que había sido contenido por los Acuerdos de Oslo, ha recaído en un conflicto existencial por toda la Palestina del antiguo Mandato Británico. La comunidad internacional se ha contentado con gestionar la crisis.

Sin embargo, las atrocidades cometidas por Hamás y otros militantes el sábado (sabbat) 7 de octubre de 2023, el número de muertos y la destrucción sin precedentes causados por la guerra en Gaza y el alto riesgo de conflagración regional e internacional ponen de manifiesto que no puede haber una estabilidad duradera en Oriente Medio sin un acuerdo que responda a las necesidades de seguridad, las aspiraciones nacionales y la dignidad humana tanto de israelíes como de palestinos.

Esta toma de conciencia debería ayudar a centrar las mentes de los actores relevantes -sobre todo en Estados Unidos, Europa y los Estados árabes- para unir finalmente sus fuerzas y presionar primero por un acuerdo para Gaza y luego por una solución de la cuestión palestina.

Dos Estados

De hecho, una separación en dos Estados parece el único formato disponible, ya que un Estado binacional con igualdad de derechos se ha vuelto aún más improbable de lo que era antes, afirma la politóloga Dra Muriel Asseburg, encargada de la división de África y Oriente Medio del Instituto Alemán de Asuntos Internacionales y de Seguridad, así como de la Fundación Ciencia y Política (SWP) con asiento en Berlín.

Si los actores internacionales consiguen reunir la voluntad política y el capital suficientes para mostrar el camino a seguir, empujar a las partes hacia un proceso de mediación sólido y llevarlo a cabo, aún podrían lograr ese resultado, señala no sin cierto optimismo la investigadora del mayor gabinete estratégico de la Unión Europea que asesora al gobierno y al parlamento de Alemania.

La politóloga es una de las expertas en Oriente Próximo de mayor prestigio de Alemania; lleva más de 20 años investigando el conflicto en la región, ha vivido y trabajado en Jerusalén, Ramala, Damasco y Beirut; conoce la complejidad del conflicto, la situación política allí, pero también el laberinto que representa el debate aquí en Alemania acerca de la pugna entre Israel y los Palestinos.

Historia

El conflicto de Oriente Próximo no surgió únicamente con la proclamación del Estado de Israel en 1948. Más bien se remonta a la inmigración y colonización judías de la zona desde finales del siglo XIX, que provocó una competencia con los habitantes árabes locales por la tierra y sus recursos, evocan claramente la Dra Muriel Asseburg y el politólogo Dr Jan Busse, del Instituto de Ciencias Políticas de la Universidad de las Fuerzas Armadas Federales de Alemania, coautores de Der Nahostkonflikt (El conflicto del Cercano Oriente), publicado por la renombrada editorial C.H. Beck, de Múnich.* Eran además las épocas del tenebroso muftí Amin Al-Husayni, quien también colaboró con el régimen genocida nazi durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).

En el capítulo centrado en las “Etapas del conflicto de Oriente Próximo”, los politólogos sostienen que la inmigración judía, a su vez, solo puede entenderse en el contexto del aumento del antisemitismo y los pogromos contra los judíos en Europa y Rusia y, como reacción a ello, la aparición del sionismo político. Pero con la creación del Estado de Israel, el conflicto cambió en el sentido de que también se convirtió en un conflicto interestatal.

Por un lado, el conflicto árabe-israelí se ha manifestado desde entonces en seis guerras internacionales entre Israel y sus vecinos árabes (1948, 1956, 1967, 1973, 1982, 2006) y dos levantamientos de palestinos contra la ocupación israelí (1987-1991 y 2000-2005). En particular, la Segunda Intifada (que en árabe significa "sacudirse") no solo ha provocado un uso masivo de la violencia en los territorios palestinos ocupados, sino también en Israel. Esto ha alimentado grandes dudas en ambas poblaciones sobre el deseo de paz de la otra parte.

Esfuerzos

Además, desde la retirada israelí de la Franja de Gaza en el verano de 2005, los intervalos entre los enfrentamientos violentos entre el ejército israelí y los grupos militantes palestinos son cada vez más breves, mientras que el alcance de la destrucción y el número de víctimas civiles han aumentado. Por otro lado, desde el principio Israel y sus vecinos han realizado repetidos esfuerzos para resolver el conflicto y alcanzar un compromiso pacífico.

Desde la segunda fase del conflicto de Oriente Próximo, en la década de 1970, también se han promovido empeños a nivel internacional. Israel concluyó acuerdos de paz con Egipto en 1979 y con Jordania en 1994, aunque siguieron siendo una "paz fría", es decir, que no condujeron a la reconciliación entre las poblaciones ni a la normalización de las relaciones sociales y políticas.

Por otra parte, los demás Estados árabes y la mayoría de los países islámicos aún no habían reconocido a Israel hasta hace un par de años. Qatar, Mauritania, Omán y Yibuti lo hicieron en agosto de 2020. Bahréin y Emiratos Árabes Unidos firmaron tratados de paz con Israel en septiembre de 2020. Arabia Saudita mantenía negociaciones secretas con Israel y Estados Unidos al momento de estallar el conflicto el pasado sábado 7 de octubre.

Enfoque internacional

Por este motivo, aún no se habían establecido relaciones interestatales normales. Éstas dependen -como se postula en la llamada Iniciativa de Paz Árabe de 2002- principalmente de una solución del conflicto israelo-palestino. Sin embargo, esto revela una paradoja: en las últimas décadas, la opción de los dos Estados se ha consolidado internacionalmente como un enfoque de solución, que también se ha convertido en el principal punto de referencia para las partes en conflicto.

Al mismo tiempo, sin embargo, su aplicación es cada vez más difícil, ya que el territorio disponible para un Estado palestino está cada vez más fragmentado debido a la construcción de asentamientos e infraestructuras de asentamiento, el aislamiento de Jerusalén Este de su zona circundante y la construcción de barreras en Cisjordania, así como el sellado de la Franja de Gaza.

Además, los territorios palestinos están divididos políticamente desde 2007: Mientras que Cisjordania está dirigida por Al Fatah (acrónimo árabe de "Movimiento para la Liberación de Palestina"), la Franja de Gaza está gobernada por el islamista Hamás (acrónimo árabe de "Movimiento de Resistencia Islámica"). En consecuencia, israelíes y palestinos han renunciado en gran medida a la esperanza de una solución negociada al conflicto. Ambas partes asumen que la otra no está realmente interesada en la coexistencia pacífica. Esto significa que el enfoque para la resolución del conflicto negociado en Oslo en 1993 ha fracasado por el momento.

Conflicto existencial

La solución de los dos Estados es el único camino posible hacia la paz entre israelíes y palestinos. Para Israel, vivir en un solo Estado es inaceptable: un día, con las tasas de natalidad actuales, los judíos podrían verse superados en número. Esta es la razón por la que Israel invirtió en el proceso de paz de Oslo en la década de 1990, que dio a retazos de Palestina una autonomía gradual. Nunca llegaron a la independencia. Una de las razones es la continua construcción de asentamientos israelíes y la "zonificación" militar en Cisjordania. Los pueblos palestinos están diseminados por todas partes, acordonados unos de otros.

El argumento de que los asentamientos son permanentes es falso, afirma la periodista neerlandesa Caroline de Gruyter, corresponsal del periódico NRC Handelsblad en una publicación de la fundación Carnegie Endowment for International Peace. Cuando de Gruyter vivió allí de 1994 a 1999, muchos israelíes se asentaron en tierras palestinas de Cisjordania, porque era una especie de suburbio subvencionado y barato, cerca de Tel Aviv y de la playa.

Uno de los artículos de la periodista publicado por el Handelsblad se titulaba “Colonos en Cisjordania”. Las autopistas, dice, permitían ir fácilmente al trabajo o al cine: estaba "a solo tres semáforos". La corresponsal conoció incluso a muchos colonos de izquierdas, votantes de Meretz, que decían que si algún día había paz, se irían encantados. El gobierno los compraría, como hizo en el Sinaí y más tarde en Gaza.

Ortodoxos

Por supuesto, ahora también viven allí muchos colonos religiosos y extremistas. Para echarlos a todos solo hace falta una cosa: voluntad política. Hasta ahora ha faltado mucho de ese anhelo, por desgracia. La corresponsal europea formula votos para que esa intención pueda ser vista en un futuro próximo.

Actualmente, un mes después de la masacre de Hamás, la solución de los dos Estados no parece una opción viable. Si el camino en esa dirección era complicado antes del 7 de octubre, ahora parece interminable con infinitos posibles giros hacia la oscuridad por delante, sostienen los politólogos.

Sin embargo, es la única opción a largo plazo para todo Oriente Medio. Para ello sería necesaria no solo la buena voluntad de ambas partes, sino también cambios estructurales del sistema político, sobre todo en el lado palestino. La viabilidad de dicha opción solo sería posible bajo la condición de un gobierno (más o menos) democrático que se base en la búsqueda de compromisos.

Sí. Israel tiene sus propios problemas relacionados con la personalidad del primer ministro Benjamin Netanyahu y el populismo vinculado a su gobierno y su coalición. Pero la sociedad israelí está organizada según los principios de la democracia y, por ello, puede hacer frente a sus defectos.

Ni democracia ni compromisos

La sociedad palestina, por el contrario, no muestra esa tendencia hacia la democracia y una cultura de compromisos políticos. En consecuencia, también está aislada por sus potenciales aliados árabes, no porque sean demócratas -que en su mayoría no lo son-, sino porque en ninguna de sus formas el liderazgo palestino fue capaz de formular y atraer la atención y el apoyo mediante dicha cultura política de compromiso.

Pocos observadores creen que sea posible una solución de dos Estados, por deseable que fuera. Cerca de medio millón de colonos israelíes viven en Cisjordania. La población palestina está siendo expulsada de sus hogares mientras escribimos estas líneas y los colonos dirigen cada vez más el gobierno israelí. Una solución de dos Estados dependería siempre de un equilibrio de poder entre ambas partes e Israel se siente ahora tan poderoso que ya no necesita comprometerse.

Lo que se presenciaba en Cisjordania hace un año fue el colmo de la desesperación. Por desgracia, la solución de un solo Estado también es imposible. Tras los brutales ataques de Hamás del mes pasado, se vislumbra el escenario de una expulsión definitiva de los palestinos de Gaza e incluso de Cisjordania. Puede ser que se haya entrado ya en la fase de los últimos estertores del sueño nacional palestino.

Condiciones

Para que una solución de los Estados pueda seguir siendo posible en teoría, debieran darse varias condiciones, afirma el ex ministro y diplomático jordano Marwan Muasher, vicepresidente del programa de estudios sobre Oriente Medio de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional. Estados Unidos debería ser capaz y estar dispuesto a liderar una iniciativa no hacia otro proceso abierto en el que ninguna de las partes crea ya, sino uno en el que defina el juego final a priori -simplemente el fin de la ocupación- y luego trabaje hacia atrás un proceso para lograrlo; todo ello además en un añol electoral.

En segundo término, necesita un gobierno israelí diferente, que no solo sustituya a la actual coalición de línea dura, sino que esté dispuesto a aceptar una retirada a lo largo de la frontera de 1967, un desmantelamiento significativo de los asentamientos -donde el número de colonos supera hoy los 750.000- y a hacer todo eso en un ambiente en el que la actual opinión pública israelí es más dura que nunca, tras la operación de Hamás del 7 de octubre.

En tercer lugar, necesita un nuevo liderazgo palestino que surja mediante elecciones en Cisjordania, Jerusalén Este y Gaza, que pueda firmar legítimamente un acuerdo en nombre de los palestinos. Estas elecciones no interesan a ninguna de las partes. Para Muasher estas posibilidades no son nulas, pero tampoco probables. La solución de los dos Estados solo existe en teoría; en la práctica murió hace mucho tiempo.

Fantasía

Con el recuerdo de los atentados de Hamás del 7 de octubre todavía fresco, con la suerte de los rehenes israelíes sin resolver y con el asalto militar de Israel a Gaza todavía en curso, la idea de la solución de los dos Estados parece hoy fantasiosa, señala por su lado el politólogo Dr Joel Peters, profesor de asuntos de gobierno e internacionales de la Virginia Tech School of Public and International Affairs, de Estados Unidos.

Las cicatrices tardarán en curarse. Pero en algún momento, la política y la razón tendrán que sustituir a la emoción y la ira. La solución de los dos Estados ha sido durante mucho tiempo la solución preferida al conflicto. Pero en realidad, Israel y los palestinos la han aplicado de boquilla.

La solución de los dos Estados sigue sobre la mesa, aunque solo sea por la falta de una alternativa viable.

Pero para que se haga realidad, será necesario que Israel reconozca que no puede controlar la vida de los palestinos impunemente y sin coste alguno, y que los palestinos renueven su compromiso con la idea de una coexistencia pacífica con Israel. También exigirá un compromiso mucho mayor del mostrado hasta ahora por parte de la comunidad internacional para que Israel y los palestinos rindan cuentas de sus actos.

Estos son grandes "si" y no es seguro que Israel, los palestinos o la comunidad internacional estén a la altura del desafío. Pero el último mes ha puesto de manifiesto el coste humano de los fracasos del pasado, concluye con razón el profesor Dr Joel Peters.

Obstáculos

Es difícil imaginar en estos momentos una solución de dos Estados, apunta por su lado el politólogo Dr Luigi Scazzieri, investigador principal en el Centro para la Reforma Europea. Los cerca de 700.000 colonos judíos de Cisjordania, la inclinación hacia la derecha dura de la política israelí y la falta de un liderazgo unificado de los palestinos plantean obstáculos formidables.

Pero las alternativas son aún menos realistas. La ilusión de que el conflicto puede ignorarse se hizo añicos con la masacre de Hamás en octubre. El control total de Cisjordania y Gaza que desea la derecha israelí dejaría a Israel más aislado, menos seguro y llevaría al límite sus recursos militares y financieros. Y la confianza necesaria para un Estado único en el que los dos pueblos coexistan con igualdad de derechos es más remota que nunca.

Replanteo

El conflicto está obligando a Estados Unidos, la UE y las potencias regionales a replantearse su enfoque y la suposición de que pueden ignorar el conflicto sin peligro. Una vez que finalice el actual brote de enfrentamientos, podrían producirse cambios políticos sustanciales. Tanto si se erradica a Hamás como si no; muchos en Israel pensarán que no tienen más remedio que potenciar a la Autoridad Palestina, ya que sin una entidad palestina funcional y segura de sí misma, no hay alternativa al extremismo. Ese sería un primer paso hacia la reactivación de la solución de los dos Estados.

En 1993, el líder de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), Yassir Arafat, adoptó la solución de los dos Estados, al igual que el entonces primer ministro israelí, Isaac Rabin. Se firmaron los Acuerdos de Oslo y en 1994 se concedió el Premio Nobel de la Paz a Rabin, Arafat y Shimon Peres, que fue el cerebro del histórico acuerdo. La idea -un Estado cada uno para israelíes y palestinos- fue el primer plan que hizo pensar que podría encontrarse de mutuo acuerdo una solución para un conflicto interminable y costoso entre dos pueblos que reclaman la misma tierra.

Pero no bastó con aceptarlo. La aplicación fracasó, sostiene por último la historiadora Dra Tessa Szyszkowitz, comisaria del Foro Bruno Kreisky para el Diálogo Internacional, en Viena. Treinta años después hay pocas esperanzas para la solución de los dos Estados. Una parte de la sociedad palestina, Hamás en Gaza, está atrincherada en la violencia. En lugar de fomentar la confianza, los sucesivos gobiernos israelíes han construido más asentamientos en Cisjordania ocupada y Jerusalén Este.

Trampa

Hay unos 700.000 israelíes viviendo entre 3 millones de palestinos en la tierra destinada a un Estado palestino. Desde la masacre de hasta 1.400 civiles perpetrada por Hamás el 7 de octubre en kibutzs israelíes, la violencia ha tomado el control del conflicto. Israel está cayendo en la trampa tendida por Hamás. Un mes después del ataque, no hay mucha gente que crea que una coexistencia pacífica será posible algún día.

Mas tal vez esta catástrofe acabe llevando a una nueva forma de pensar sobre los planes de paz. El filósofo judío austriaco Martin Buber pensaba en un Estado binacional en 1946. Pensadores palestinos e israelíes -entre ellos el profesor Dr Bashir Bashir, de la Universidad Abierta de Israel, la  Dra Leila Farsakh, profesora de Ciencias Políticas de la Universidad de Massachusetts, en Boston, y escritor y político Avraham Burg, del partido Laborista israelí- han retomado recientemente estas ideas y considerado alternativas a la partición. 

Se han preguntado qué pasaría si la autodeterminación de israelíes y palestinos no se basara necesariamente en el territorio, sino en los derechos de los ciudadanos. Los mediadores y los que buscan la paz deben mantener la mente abierta y no renunciar a una solución pacífica, porque la alternativa es la guerra sin fin.

La Unión Europea

La guerra entre Israel y Hamás agrava los retos europeos en materia de seguridad. Ante los acontecimientos de Oriente Medio, la UE se ha mostrado débil y dividida. Sus líderes tendrán que ser estratégicos a la hora de abordar la creciente inseguridad e inestabilidad en el continente.

Hay acontecimientos que revelan mucho sobre cómo responden los gobiernos, las instituciones y las sociedades. Esta guerra es uno de esos acontecimientos profundos e inquietantes que están poniendo a prueba a Europa. Y está mostrando cómo las instituciones de la UE y sus veintisiete Estados miembros no están en condiciones de abordar varias cuestiones urgentes.

Si a estos asuntos no se les presta atención, Europa no solo irá dando tumbos de crisis en crisis. Su propia estabilidad interna se verá fundamentalmente socavada, porque los gobiernos y líderes del bloque no reconocen una y otra vez cómo este último conflicto en Oriente Medio está debilitando a la UE. La Unión ya está lidiando con varias crisis simultáneas. Todas están relacionadas con aspectos de la seguridad.

Defensa

La primera es la incapacidad de los europeos para defenderse. La seguridad del bloque depende de Estados Unidos desde 1945. Esto no es sostenible. La guerra de Rusia contra Ucrania debería ser sin duda la advertencia de que, sea quien sea el elegido para la Casa Blanca en 2024, Europa debe asumir la responsabilidad de esta parte del continente. Los europeos aún tienen que interiorizar ese hecho y ese reto.

No tiene sentido especular sobre lo que ocurrirá en Estados Unidos o si continuará la ayuda militar y financiera estadounidense a Ucrania. Sí, la UE puede regodearse de cómo ha apoyado a Ucrania. Pero la capacidad de la Unión para ampliar un nuevo paquete financiero a Ucrania se ve amenazada actualmente por Hungría y Eslovaquia. Y ello a pesar de que seguir apoyando a Ucrania y su capacidad de defenderse afecta a la seguridad y la estabilidad de toda Europa.

Las opiniones de Hungría y Eslovaquia no solo son peligrosas. Muestran una vez más cómo los líderes de la UE no tomarán medidas contra sus propios miembros que están socavando la seguridad y los intereses del bloque, y haciendo el juego a Rusia. La seguridad tiene otra dimensión.

En lugar de acordar una estrategia global de migración y asilo, la UE ha forjado acuerdos con Libia, Túnez y Turquía, y ahora negocia con Egipto y Marruecos en un intento de impedir que migrantes y refugiados lleguen a Europa.

Error de percepción

De algún modo, los Estados miembros creen que proporcionar ayuda financiera a estos países frenará los flujos migratorios a través del Mediterráneo. También esperan que estos paquetes debiliten a los movimientos antiinmigración de derechas que quieren convertir Europa en una fortaleza. Así las cosas, estos países receptores, algunos de ellos autoritarios o terriblemente inestables, soportan una enorme carga de flujos migratorios masivos que podrían afectar a su propia seguridad. Cabe preguntarse si la UE está exportando inseguridad.

Dentro de la propia Europa ya existe un problema de seguridad que afecta a la seguridad de sus ciudadanos. La guerra entre Israel y Hamás ha desatado oleadas de antisemitismo e islamofobia en varios países europeos.

Antisemitismo

El antisemitismo lleva tiempo aumentando. Pero ahora se identifica a los judíos con lo que ocurre en Israel, como si fueran personalmente responsables de esta última guerra. Los padres temen enviar a sus hijos a las escuelas judías.

Las últimas cifras, recopiladas por la Liga Antidifamación y RIAS, una organización apoyada por el gobierno alemán que registra los ataques a judíos o a cementerios, sinagogas o edificios judíos, son una lectura desalentadora. En Austria, según la Comunidad Judía de Viena, del 7 al 19 de octubre se produjeron 76 incidentes antisemitas, un aumento del 300%. En Francia, desde el 7 de octubre se produjeron 819 incidentes antisemitas y 414 detenciones. En Alemania, según la RIAS, del 7 al 15 de octubre se produjo un aumento del 240% de incidentes antisemitas en comparación con el mismo período del año pasado.

Michael O'Flaherty, director de la Agencia de Derechos Fundamentales de la UE, declaró al periódico británico The Guardian: El antisemitismo es un "racismo profundamente arraigado en la sociedad europea". Estas inquietantes estadísticas muestran cómo los judíos de Europa son cada vez más vulnerables.

Islamofobia

Los delitos de odio islamófobo también han aumentado considerablemente: La Policía Metropolitana informó de 101 delitos islamófobos en Londres en los primeros 18 días de octubre, frente a los 42 del mismo periodo del año pasado. Esto demuestra cómo se está instrumentalizando la guerra entre Israel y Hamás para sembrar el odio y el miedo, y cómo está afectando tanto a las comunidades judías como a las musulmanas de Europa.

Los judíos con los que O'Flaherty habló sobre esta sensación de miedo e inseguridad se refirieron a la reciente votación en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Fue abrumadoramente favorable a la adopción de una resolución sobre el conflicto entre Israel y Hamás. Pedía una "tregua humanitaria inmediata, duradera y sostenida que conduzca al cese de las hostilidades". Ni una palabra en el texto sobre Hamás.

¿Y cuál fue la postura de los Estados miembros de la UE? Nueve votaron a favor de la resolución no vinculante; catorce se abstuvieron; cuatro votaron en contra. La falta de unidad confirmó las profundas divisiones sobre un conflicto que afecta a la seguridad de Europa en todas sus dimensiones. Si los líderes de la UE no lo reconocen, harán que Europa sea menos segura, menos estable y dé menos protección a sus ciudadanos. Éste es un mal presagio para el continente y sus vecinos.

Notas

Muriel Asseburg und Jan Busse, «Der Nahostkonflikt: Geschichte, Positionen, Perspektiven», München: C. H.Beck, 2016, 128 Seiten mit 4 Karten. ISBN 978-3406697760. Paperback 8,95 €

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