Reino Unido

La Orquesta Insula en el cielo de Gounod y Fauré

Agustín Blanco Bazán
sábado, 25 de noviembre de 2023
Insula Orchestra y Equilbey © 2023 by Barbican Center Insula Orchestra y Equilbey © 2023 by Barbican Center
Londres, lunes, 20 de noviembre de 2023. Sala de conciertos del Barbican. Charles Gounod: Saint François d'Assise. Gabriel Fauré: Requiem. Vídeos: Mat Collishaw. Amilai Pati (tenor), John Brancy (bariton), Oliver Barlow (soprano). Coro Accentus. Insula Orchestra bajo la dirección de Laurence Equilbey.
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Insula, la orquesta de instrumentos de período fundada por Laurence Equilbey en 1962, ha vuelto a visitar Londres con uno de sus subjetivos conciertos escénicos que a ejecuciones musicales de alta calidad integran música, iluminación y videos sincronizados con modélica precisión y sentido de contexto. “Los conciertos escénicos son una parte de nuestro ADN” se lee en el folleto auto-descriptivo de la orquesta, y para Equilbey esta es una noción clave: se trata de visualizar su concepto de acuerdo al cual la orquesta ocupa un lugar clave en el progreso de la sensación inicial que produce una obra musical a una emoción más intensa cuanto más visual. 

Soy de los que en principio rechazan este tipo de audiovisuales porque en general me parecen pomposos y con una intención de impresionar estilo Hollywood, con rimbombancias normalmente ajenas a las obras en ejecución. Pero esto no ocurre con los experimentos de la Insula Orchestra. En ellos las partituras aparecen a la vista con perceptiva intuición psicológica. 

Este concierto no fue una excepción: en el poco conocido oratorio póstumo de Gounod, San François d’Assise, una enorme pantalla muestra solo cielos y nubes de luminosidad tenuemente graduadas de acuerdo a algunas de las más bellas melodías escritas por el compositor, siempre ultra católico y pietista, pero igualmente efectivo en su capacidad de elevar y arrumar el alma de los oyentes, que en esta oportunidad fueron cautivados por cielos y nubes. 

El manuscrito de la obra (estrenada en uno de aquellos conciertos de la Société des Concerts du Conservatoire en 1891) se perdió hasta ser redescubierto en los 1990 en la biblioteca de un convento. La primera grabación tuvo lugar en el 2016 con el excelente Coro Accentus, que también acompañó a Insula en esta oportunidad. 

Luego de una melodía difusa y de sugestivo cromatismo, Francisco (tenor) irrumpe con una apasionada declaración de amor a Jesús, y este no se queda atrás: “¡Ven, ven amante de mi cruz! ¡Ven, mi dulce víctima, mientras aguardas la muerte que colmará tus deseos!” La muerte no se hace esperar: un coro masculino que representa a los primeros discípulos franciscanos se desesperan de perder a este segundo Mesías de la cristiandad. Pero Francisco les retruca pidiéndole que no lloren, porque “es la muerte la que huye ante la vida eterna.” Aquí los cielos en la pantalla se iluminan en consonancia con el coro de ángeles final. 

Pero la muerte volvió con todo y sin dar al público el respiro de un intervalo, esta vez con el celebérrimo Requiem de Fauré. En el arranque inicial un enorme buitre sobrevuela el cielo al cual se nos fue Francisco. Otros buitres comienzan a acompañarlos antes que la ejecución se vea comentada visualmente por lo que está ocurriendo en un ruinoso edificio rascacielos. La cámara se introduce a través de ventanas donde vemos enfermos al límite, extenuados pero en paz, juntos a otros familiares que similarmente tocados por la paz de la aceptación toman suavemente las manos de los moribundos. La paz es interrumpida por un contraste aterrador. Durante el Die iriae, los buitres se precipitan para alimentarse de los cadáveres, bien de acuerdo a la tradición indo-budista imperante algunas regiones montañosas de abandonar a los muertos a una metamorfosis macabra. Pero la muerte siempre triunfa como paz. En un apacible y esplendoroso In paradisum coros y orquestas parecen desaparecer en la miríada de estrellas, en la infinitud de una noche a la cual el video nos precipita con un empujón que no admite resistencia: muerte y cosmos, quiérase o no. Con resurrección en el cosmos, para los que así lo creen. Así ve el cineasta Matt Collishaw a San Francisco, Gounod y Fauré. 

La filmación de Collishaw alcanzó una calidad similar a la de los experimentos de Bill Viola. Laurence Equilbey impuso en todo momento una ejecución profundamente sensible pero muy francesa en el buen sentido de esta calificación, esto es, con una intensidad nunca excesiva sino de una sensibilidad de profundo rigor cartesiano. Nada de emociones desbordantes, sino una exposición diferenciada de los diferentes grupos instrumentales, y una narrativa de relato claro, que con prudente distanciamiento nunca buscó las emociones extremas que los compositores alemanes o los italianos cultivan cuando hablan de la vida y la muerte. 

Como dicen en Argentina, aquí no “no hay drama.” Más bien se trata de un relato musical simplísimo y palpitantemente contorneado. El tenor Amitai Pati cantó su Francisco con timbre robusto y parejo. Similarmente efectivo estuvo el barítono John Brancy como Jesús en la obra de Gounod y como obsesivo vengador en Libera me…Die irae. El niño Oliver Barlow, una de esas joyas locales existentes en Inglaterra, en este caso proveniente del Trinity Boys Choir cantó su Pie Jesu con seguro arrojo y buena entonación. 

El próximo 21 de diciembre, Laurence Equilbei y su orquesta Insula, siempre junto al coro Accentus se presentarán en el Liceu de Barcelona con el Mesías de Haendel. Los acompañará un distinguido grupo de cantantes Sandrine Piau (soprano), Paul-Antoine Bénos-Djian (contratenor), Stuart Jackson (tenor), y Alex Rosen (bajo). Será una nueva gran ocasión para que el público ibérico los aprecie a todos ellos como se merecen. 

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