Estados Unidos

Subamos a la montaña

Roberto San Juan
martes, 12 de diciembre de 2023
Ferrández y Denève en Miami © 2023 by Alex Markow Ferrández y Denève en Miami © 2023 by Alex Markow
Miami, viernes, 17 de noviembre de 2023. Adrienne Arsht Center. R. Schumann: Concierto para violonchelo en La menor, Op.129; R. Strauss: Sinfonía alpina, Op. 64. Pablo Ferrández, violonchelo. The Cleveland Orchestra y miembros de New World Symphony Orchestra. Dirección: Stéphane Denève.
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En su notable labor de mentoría orquestal, la Orquesta de Cleveland regresó a Miami para la primera de sus estancias en esta temporada, compartiendo trabajo y escenario con la New World Symphony, orquesta afincada en Miami e integrada por jóvenes instrumentistas recientemente graduados en conservatorios y facultades de música de todo el país.

En la primera parte del programa, la Orquesta interpretó el Concierto para violonchelo de Schumann con el joven Pablo Ferrández como solista. Ferrández, madrileño y formado, entre otras prestigiosas instituciones, en la Escuela Superior de Música Reina Sofía, es bien conocido por el público español. Tras su paso por la Fundación presidida por Anne-Sophie Mutter, se encuentra ahora inmerso en una etapa de su carrera con gran proyección internacional que le está llevando por salas de todo el mundo.

Con una gran seguridad y concentración sobre el escenario, su apasionada versión se caracterizó por la elegancia y por una constante búsqueda de la expresión y de la calidad del sonido, con intenso vibrato y un gesto vaporoso en el movimiento de brazos. Su fraseo fue excelente y las rápidas figuraciones del primer y tercer movimientos fueron interpretadas con una técnica arrolladora. Ferrández posee una amplísima paleta dinámica, si bien en determinados pasajes de mayor intensidad orquestal aún habría podido dotar al sonido de un mayor peso mediante una mayor fuerza del arco. Los finales de frase en pianissimo tuvieron una articulación impecable. 

La orquesta, bajo la dirección de Denève, fue una magnífica aliada del solista, con un sonido bien empastado y un riquísimo despliegue dinámico. El público que, dada la enorme calidad de la orquesta y del solista, curiosamente no llenaba la sala, quedó corto en aplausos y no hubo propina, como hubiera sido esperable.

Tras el descanso y antes de la interpretación de la Sinfonía alpina, Denève dedicó unas palabras de alabanza hacia la excelente labor de mentoría que la orquesta viene realizando en Miami, destacando que nueve de los actuales miembros de la Orquesta de Cleveland han pasado, en su formación, por la New World Symphony. A continuación, basándose en anotaciones del propio compositor acerca del número mínimo de instrumentistas requeridos para su Sinfonía, Denève justificó la gran plantilla orquestal reunida para la ocasión, puesto que miembros de la New World Symphony se unieron a la Orquesta de Cleveland para la interpretación de este gran poema sinfónico.

Se trata de una obra monumental de música programática que Denève presentó diciendo: “estamos a nivel del mar, pero vamos a subir a la montaña”. Y, efectivamente, la riqueza paisajística y la grandiosidad de la montaña alpina quedaron reflejadas en esta versión, donde al espectáculo sonoro se añadió otro visual. Realmente una orquesta de tal magnitud respondiendo de manera precisa a las indicaciones del director, como una única entidad orgánica, resulta atractivo también para la vista, con sus movimientos de arco perfectamente sincronizados en una especie de balanceo orquestal.

La rica sección de percusión se lució en numerosas ocasiones, destacando el pasaje de la tormenta. El viento metal hizo una gran labor ya desde la cuidada entrada en ‘Noche’ y los numerosos pasajes solísticos de la madera fueron interpretados con precisión y sonido muy cuidado. En una orquesta de estas dimensiones es indiscutible la dificultad añadida que el director encuentra para la ejecución de las dinámicas que requieren menor volumen sonoro y en esta obra hay varios pasajes de intensos y prolongados crescendi orquestales que, por la secuencia de acordes y por la dirección melódica, parecen conducir a una inevitable explosión sonora. Denève supo dosificar muy bien esa intensidad graduándolos con gran cuidado.

Concluida la pieza, y tras esta especie de catarsis sonora vivida, me llamó la atención que, a diferencia de lo que suele ocurrir en la sala, donde miembros de la audiencia parecen competir entre sí por iniciar los aplausos, en esta ocasión el público supo guardar un respetuoso y prolongado silencio antes de dar rienda suelta a su entusiasmo. Los aplausos fueron prolongados y merecidos y Denève fue, una a una, levantado las diferentes secciones orquestales para que recibieran de manera individualizada el reconocimiento de la audiencia. 

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