Reportajes

Hijos de Abraham

Tras el pogromo del sábado 7 de octubre de 2023

Juan Carlos Tellechea
martes, 16 de enero de 2024
Chaim Chaim Soutine, Houses by the Sea, c.1918 – Wikiart, «Casas al borde del mar», c.1918 © Dominio público / Wikiart Chaim Chaim Soutine, Houses by the Sea, c.1918 – Wikiart, «Casas al borde del mar», c.1918 © Dominio público / Wikiart
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Mientras la respuesta israelí sigue azotando la franja de Gaza, con un número de muertos que aumenta día a día, también sectores intelectuales en Europa se sienten profundamente conmovidos por la difícil situación de la población palestina en su territorio. Esta emoción lleva a cuestionar, de manera crítica, el giro que está tomando actualmente la intervención militar bajo la influencia del gobierno de Benjamín Netanyahu, incapaz a su vez, como cabría esperar, de encontrar un asidero político a la situación y, por tanto, de vislumbrar las perspectivas de salida de la crisis que siguen abiertas y que es importante ver surgir por fin, afirma el equipo de editores de la destacada revista de reflexión cultural K. Les Juifs, l'Europe, le XXIe siècle, que se publica en París (la letra ''K'' por Franz Kafka, y el personaje de Josef K. en su novela inconclusa El proceso).

Israel despertó en guerra el sábado (sabbat) 7 de octubre de 2023. A primera hora de ese día de fiesta judía, Hamás atacó el país desde la Franja de Gaza y asesinó a cientos de personas en pocas horas. Miles de cohetes llovieron sobre Israel. Se trataba de los ataques más violentos en años, y muchos observadores trazaron incluso paralelismos con la Guerra del Yom Kipur de 1973, que comenzó casi exactamente 50 años antes.

Después de estos acontecimientos las coordenadas del mundo judío ya no son las mismas. Se están desplazando, recomponiendo y reordenando, de modo que entre todos los sentimientos que acosan hoy a los judíos destaca la desorientación provocada por esta conmoción.

Miedo y espanto

No es fácil encontrarle sentido, mientras se está atenazado por el espanto y sumido en el luto. “

La única manera de desentrañar la nueva situación es obligarnos a abrir los ojos, aunque queramos mantenerlos cerrados y mirar solo hacia nuestro interior,

afirman los sociólogos Bruno Karsenti, vicepresidente de la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales, de París, donde organiza el seminario Los judíos y Europa, y el Dr Danny Trom, del Centro Marc Bloch, de la Universidad Humboldt, de Berlín, integrantes de la redacción de la revista K. Les Juifs, l'Europe, le XXIe siècle, en un artículo publicado este mes:

Pero tenemos que hacerlo. Es necesario que lo hagamos para que las acciones que vengan después estén regidas por nuestro pensamiento, al menos por el pensamiento del que aún somos capaces. Y puesto que el pensamiento, purificado en la medida de lo posible de afectos y llevado hasta el final, es público y no distingue entre judíos y no judíos, hablemos de un modo que todos puedan oír.

Hasta las acciones criminales de los islamistas palestinos que se desataron en el sur del país, el Estado de Israel era un lugar judío excepcional. Es el único, en la constelación de lugares donde se han dispersado los judíos desde el fin del reino. Su objetivo no es superar la condición de exilio del pueblo (Galut, la diáspora judía), sino conferirle una nueva modalidad con respecto a su conformación tradicional: la de un lugar para todos los judíos del mundo que, sin ser su antiguo reino restaurado, les garantice seguridad.

Seguridad

Para los judíos, la palabra seguridad suena extraña. No tiene el significado que se le suele atribuir, cuando se piensa en su aparición (bajo el nombre de seguridad) entre los derechos humanos referidos al individuo genérico en la declaración de las Naciones Unidas de 1948. He aquí lo que generalmente no se advierte: si bien seguridad significa efectivamente, para un individuo, la preservación de su vida y de su integridad física frente a la agresión de otros individuos, grupos o poderes en el lugar (estatales o no estatales), la misma palabra adquiere necesariamente un significado más específico cuando se refiere a colectivos definidos. Porque entonces está necesariamente teñida por sus experiencias históricas particulares acumuladas, refractadas en cada destino individual de los miembros del colectivo en cuestión.

¿Qué significa entonces para los judíos? Para ellos, seguridad significa neutralizar el pogromo. Fue a esta forma tan particular de violencia colectiva a la que el mundo judío ruso de finales del siglo XIX dio su nombre distintivo. Al hacerlo, creó una categoría que podía aplicarse retrospectivamente.

Resonancia freudiana

El término pogromo capta adecuadamente un tipo de calvario que los judíos han experimentado repetidamente desde el siglo I hasta las épocas moderna y contemporánea de diferentes maneras, con intensidad y frecuencia variables. Para cada judío, tiene una resonancia que un freudiano llamaría tanto ontogenética como filogenética.

La historia colectiva del pueblo y la autopercepción de los individuos se mezclan y condensan. Por eso el término pogromo permite comprender lo que significa la seguridad en sentido judío: la neutralización de su mera posibilidad. Para todos y cada uno de los judíos, sentirse seguro significa no temer la revuelta antijudía, organizada o no, emanada de grupos organizados o de multitudes no organizadas, con su cohorte de asesinatos y exacciones de todo tipo, condenando a la tortura, la mutilación y la muerte a todos los individuos del pueblo indiscriminadamente, en los lugares donde se les localice y encuentre, sin distinción de sexo o edad, ya sean mujeres u hombres, recién nacidos o ancianos.

En este sentido, es importante destacar que el pogromo en sí mismo conlleva una pasión exterminadora por parte de quienes lo cometen, del mismo modo que conlleva una dimensión de amenaza existencial para el grupo perseguido, reflejada en la conciencia de cada uno de sus miembros. Tomado en este sentido -y teniendo cuidado de subrayar que la categoría es obviamente aplicable a otros pueblos en cuanto se vean colocados en situaciones similares- es el nombre mismo de la persecución y el sufrimiento judíos. También se puede ver que se refiere a la violencia correlativa al Galut: la que temen los colectivos estructuralmente minoritarios en los que se dispersa geográficamente el pueblo en exilio. Para los judíos, la seguridad no significa otra cosa que la condición en la que se neutraliza esta violencia tan específica.

Entorno hostil

Esto es precisamente lo que ocurrió con la creación del Estado de Israel tras el Holocausto, donde la violencia cruzó un nuevo umbral. A partir de Alemania, la persecución mediante pogromos se intensificó hasta convertirse en una política de exterminio decidida y racionalmente aplicada a escala continental, a la que supuestamente se puso fin en un único lugar del mundo, una excepción territorial a este respecto.

La paradoja es digna de destacarse: este país proporciona seguridad colectiva judía, aun cuando rebaja el nivel de seguridad individual objetiva, puesto que se trata de un Estado situado en un entorno hostil compuesto por potencias que desean su destrucción o, en el mejor de los casos, se resignan a su facticidad, y puesto que los atentados y bombardeos son la trama continua de la existencia de todos, las pausas suceden irregularmente a los picos.

Pero la experiencia profunda de los judíos es que hay más seguridad en el sentido judío en Israel que en el lugar más tranquilo y menos antisemita de la Diáspora. Esto es lo que pone en marcha una representación tácita que todos comparten.

Diáspora y polaridad

Esto es lo que hace del Estado de Israel, ese lugar judío cuyo estatus es único por ser estatal, un santuario para todo judío viva donde viva, y no la metrópolis de una formación satélite que más o menos atraería hacia sí el flujo de judíos infelizmente dispersos en su periferia. Simplemente destaca como opción para cualquier judío que siempre, en cualquier momento, puede refugiarse allí si así lo desea. Eso la convierte en un lugar excepcional entre los lugares judíos de todo el mundo, pero no cambia el hecho de que el mundo judío sigue siendo una constelación de lugares judíos que juntos forman lo que se llama -en el sentido judío, aquí también- la diáspora.

La polaridad Israel-Diáspora es efectivamente ésta: Israel es el país de los judíos, que representa sus intereses vitales, o más bien existenciales -su existencia como pueblo depende de ello- en la escena internacional. Representa su derecho a la seguridad en el sentido judío. Esto se define por el hecho de que excluye por principio los pogromos.

Exilio

Esta polaridad no solo no cambia el hecho de que los judíos son un pueblo en el exilio, sino que solo gana coherencia por el hecho de que son y siguen siendo un pueblo en el exilio. En esta medida, Israel sigue siendo un lugar de exilio. Pero no es un lugar de diáspora. Se exceptúa a sí mismo de esta definición a través de una característica y solo una característica: afirma que no ser restaurado a la plena soberanía -lo que sería la restauración mesiánica- no implica estar expuesto para siempre a los pogromos.

Surge de la negativa sionista a poner la existencia del pueblo exclusivamente en manos de Dios, del mismo modo que surge de la negativa a ponerla exclusivamente en manos de reyes extranjeros, incluso cuando se han convertido en gobiernos de Estados-nación de los que los judíos son ciudadanos.

Por lo tanto, se añade un artificio humano necesario, el Estado judío, que debe describirse como el Estado del exilio. Como Estado, tiene propiedades que lo distinguen de otras formaciones estatales, porque lleva la marca de la garantía fundamental de avalar la seguridad en el sentido judío. En este caso, esto significa mantener una mayoría judía en su interior -sin la cual el pogromo no podría neutralizarse eficazmente- aunque los judíos no dejen de experimentarse a sí mismos como un pueblo estructuralmente minoritario.

Palestinos en Israel

De ello se deduce que la sensación judía de seguridad se aplica a todos los ciudadanos de este Estado, sean judíos o no. Porque, es necesario repetirlo, si el pogromo es el nombre apropiado para el sufrimiento judío, lo es en la medida en que revela la exposición a la violencia de ser una minoría como tal - estructural para los judíos y coyuntural para los demás, especialmente los palestinos en el propio Israel.

Dicho de otro modo: el pogromo designa el sufrimiento judío, sin que su neutralización sea un privilegio concedido únicamente a los judíos. Pero solo a través de la elucidación de su significado judío se puede percibir a qué está potencialmente expuesta cualquier minoría en su relación con grupos sociales que siempre pueden amenazarla, o con poderes mayoritarios que siempre pueden perseguirla.

Éstas son las coordenadas del mundo judío que actualmente se tambalean. Son el resultado de la política moderna reafirmada sobre un fundamento teológico-político judío, cuya piedra angular es Galut. Una política que es exactamente lo contrario de una teología política restaurada, que algunos sionistas religiosos a veces pretenden promover.

Fracaso del Estado de Israel

La polaridad Israel-Diáspora incluye un lugar exílico de neutralización de pogromos, por un lado, y lugares diaspóricos de pogromos potenciales, por el otro. La experiencia judía global se reorganizó y encontró su relativa estabilidad tras el Holocausto con la ayuda de esta polaridad. Pero fue precisamente esta disposición la que llegó a su límite los días 7 y 8 de octubre de 2023.

El Estado de Israel fracasó en su piedra angular. La barrera del refugio se rompió, literal y figuradamente. Y es el trasfondo diaspórico del ser judío sobre el que se levanta el que se ha revelado, en el mismo lugar -el único lugar del mundo- donde había sido puesto en el limbo. Este ineliminable trasfondo diaspórico, con su correspondiente experiencia de máxima persecución, sale de repente a la superficie.

Vocación exterminadora

Lo que ocurrió en un solo día puede expresarse de la siguiente manera. El mundo se reunificó y homogeneizó para los judíos; el lugar israelí se unió a los lugares diaspóricos. La brecha entre el lugar exílico y el lugar diaspórico que había logrado introducirse en la conciencia judía se cerró brutalmente. Y mecánicamente, la prueba definitiva de la unidad en el sufrimiento -el Holocausto- se reactivó irrevocablemente en todas las experiencias judías (además de en las de los no judíos, que han retenido en sus mentes lo que la interrupción del Holocausto representó en la historia mundial). Pues la vocación exterminadora del pogromo resurgió como un estrato persistente y nunca eliminado de la vida judía en toda su amplitud, incluso en el mismo lugar donde se alojó su neutralización. A partir de ese momento, el exilio redescubrió su uniformidad en la posible muerte de los judíos, en todas partes, en cualquier lugar.

Derrumbe

"En todas partes"... Esta proposición, desde 1948 hasta 2023, había sido negada. El Estado para los judíos, el que "lucha por él", en este caso por el pueblo y no por Dios o alguno de sus sucedáneos, había sido esta negación - y ahora se tambaleaba ante los ojos de todos. Después del 7 y 8 de octubre de 2023, la proposición volvió a ser cierta; su negación fue trágicamente anulada. Es cierto que los judíos nunca abandonaron el Galut al darse un Estado; pero con la polaridad modernista del sionismo realizado habían conseguido alterarlo. Fue esta alteración la que se derrumbó, sostienen Bruno Karsenti y el Dr Danny Trom, Los judíos fueron exterminados en Israel. En cuanto a las nuevas coordenadas de la existencia judía hoy y mañana, aún no han sido detectadas. Y sobre todo, después de este desastre, es necesario reconstruirlas para que el mundo vuelva a ser habitable para los judíos.

Los editores de K. Les Juifs, l'Europe, le XXIe siècle concluyen:

Aquí es donde nos encontramos ahora, y es la magnitud de las víctimas civiles palestinas lo que nos obliga a afrontar los hechos: la política debe recuperar el lugar que le corresponde si se quiere poner fin a la guerra, una guerra que Hamás provocó y en la que Israel participa por su propia seguridad. Sin embargo, para todas las partes implicadas -y, por tanto, tanto para los palestinos como para los israelíes- el resultado depende de una primera condición: que se tenga en cuenta toda la secuencia en la que se desarrolla realmente la guerra actual. 
Porque está ahí como consecuencia de un fenómeno de otro tipo, inédito y desencadenante: el pogromo del 7 de octubre. Esta es nuestra convicción, en la redacción de la revista K.: no es probable que surja hoy ninguna perspectiva política viable, si no es reconociendo y analizando el punto de inflexión que representa este acontecimiento, en los dos planos distintos e interrelacionados del conflicto israelo-palestino, por una parte, y de la historia de los judíos, por otra.

Incomprensión

Sin embargo, lo que domina actualmente en la opinión pública mundial es precisamente lo contrario: el desconocimiento, o incluso la negación, de la singularidad de los acontecimientos recientes, que tienden a reducirse a la trama supuestamente lineal y sin fisuras del conflicto entre las dos causas, Palestina e Israel. Son las formas más radicales de esta incomprensión las que obstruyen el horizonte político-histórico en lugar de hacerlo inteligible. Esta incomprensión debe eliminarse a toda costa si se quiere evaluar la situación política de manera realista, es decir, teniendo en cuenta la naturaleza de las fuerzas en juego y lo que aún es posible, más allá de la guerra para eliminar a Hamás, para construir sobre ellas.

Si el discurso antisionista insiste sobre todo en la necesidad de contextualizar y comprender los acontecimientos del 7 de octubre, es también para quitarles todo carácter explicativo. La respuesta militar de Israel parece así totalmente inmotivada, a menos que sea asumida como parte de una voluntad permanente de aniquilación del pueblo palestino, que algunos no dudan en considerar constitutiva de la formulación del proyecto sionista.

Holocausto

El próximo 27 de enero se conmemora el 79º aniversario de la liberación del campo de concentración de Auschwitz-Monowitz, el campo principal de Auschwitz I y el campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau por los soldados de la 322a división del Ejército Rojo soviético.

De acuerdo con una resolución de la ONU, el 27 de enero es desde 2006 el Día Internacional de Conmemoración de las Víctimas del Holocausto. En las ciudades más importantes de Alemania tienen lugar actos especiales conmemorativos del genocidio perpetrado por el régimen nacionalsocialista, racista y antisemita del (presunto) psicópata Adolf Hitler.

Con este motivo, la Comunidad de Teatros de Krefeld y Mönchengladbach ha decidido contribuir con una actividad en esa fecha centrándola en un debate con un superviviente y testigo del Holocausto, Icek Ostrowicz, de 96 años, quien reside en Mönchengladbach. El debate estará enmarcado por aportaciones musicales de miembros del teatro musical y de los músicos de la Niederrheinische Sinfoniker con obras de compositores perseguidos por el Estado nazi.

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