Opinión

Carta abierta a Jaume Collboni, Alcalde de Barcelona

J.G. Messerschmidt
martes, 23 de enero de 2024
Jaume Collboni © 2024 by Wikipedia Jaume Collboni © 2024 by Wikipedia
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Estimado Jaume Collboni:

Me dirijo a ti con motivo del despido de José Joaquín Sánchez, clarinetista de la Banda Municipal de Barcelona. Espero que todavía puedas acordarte de mí. Cuando eras secretario general de la organización estudiantil AJEC, yo representaba a los estudiantes de la Universidad de Barcelona en el Consejo Interuniversitario de Cataluña, nos habíamos conocido algún tiempo antes, siendo ambos miembros de la Junta de Gobierno de dicha universidad. Gracias a un acuerdo de federación entre la asociación que yo encabezaba y la AJEC tuvimos ocasión de colaborar intensamente en asuntos universitarios. Te recuerdo como a un excelente camarada,  sensato, leal, culto, realista, empático y con principios. Desde tu llegada a la alcaldía de Barcelona he seguido tus actos de gobierno. Te felicito y agradezco sinceramente por tu posición en el conflicto de Gaza, por tu empeño en mejorar la seguridad y la higiene en la ciudad (en la que hace ya mucho que no vivo), por la normalización de relaciones entre la Corona y el Ayuntamiento, etc. 

Con otras medidas soy crítico, por ejemplo con los planes sobre el parque Joan Miró, que debería ser tratado con el máximo cuidado y respeto en una ciudad tan carente de zonas verdes como es Barcelona y particularmente por ser un oasis para los más modestos y débiles, para quienes no tienen acceso a otros lujos: ancianos con poca movilidad y que apenas pueden alejarse de sus viviendas, vecinos sin grandes recursos que bajan a tomar el sol y el aire, personas que buscan un poco de espacio libre para sus perros, niños de familias que no pueden pagarse unas vacaciones, etc.

Ahora bien, lo que me mueve a escribirte esta carta es, como ya he dicho, el caso de José Joaquín Sánchez, desde hace 27 años clarinetista de la Banda Municipal de Barcelona y que acaba de perder su empleo por no haber aprobado el examen del nivel C1 de catalán. Para ser un buen clarinetista hace falta un mínimo de competencia lingüística, la suficiente para comunicarse con otros músicos en cuestiones profesionales, pero nada más. Lo que sí hace falta es saber tocar bien el clarinete. Si el Sr. Sánchez fue instrumentista de la Banda Municipal durante casi tres décadas, no cabe duda de que era competente tanto musicalmente como en la comunicación con sus compañeros. Por otra parte, tanto la Constitución como el Estatuto de Cataluña reconocen al español, lengua materna del Sr. Sánchez, como cooficiales. No es un secreto que existe en Cataluña una normativa lingüística, a la que está sometido el Ayuntamiento, que pretende convertir a la Constitución en papel mojado.

Sea como fuere, cuando por casualidad leí la noticia de este despido en una página de internet en alemán (vivo en Alemania) y luego en otra en inglés, y después en muchas en castellano, no supe si reír a carcajadas o sentir vergüenza ajena. Jaume, tú eres un melómano. Sabes, lo doy por seguro, cómo funcionan las grandes orquestas sinfónicas internacionales, y también las pequeñas y de relevancia sólo nacional o incluso local. 

La música es universal, las orquestas son cosmopolitas, en ellas la única lengua que importa es la de la música. Si en una de las Filarmónicas de Berlín, Múnich o Viena la administración competente pretendiera exigir a un músico un certificado de lengua alemana y lo amenazara con el despido si no lo presenta, se produciría un escándalo mayúsculo y quien podría temblar por su puesto sería el alcalde o quien fuera responsable político de la administración que tomase tal medida. 

Simon Rattle dirigió durante dos décadas la Filarmónica de Berlín sin hablar ni una palabra en alemán (cosa que, personalmente, me parece muy mal), ahora dirige la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera y sigue igual. Tampoco Kirill Petrenko, ex-director de la Orquesta del Estado de Baviera y de la Ópera de Múnich hablaba alemán, y no creo que lo haga ahora como titular de la Filarmónica de Berlín. ¿Y vosotros en Barcelona despedís a un clarinetista de la Banda Municipal porque no tiene el C1 de catalán?

La cosa sería para desternillarse de risa si no fuera una canallada: Barcelona deja sin empleo a un hombre de 53 años que se ha pasado más de la mitad de su vida al servicio de la ciudad como músico de banda. Y lo hace sólo porque no ha aprobado un examen absolutamente inútil para el ejercicio de su profesión. ¿Qué piensas y qué sientes tú, apreciado Jaume, ante un caso como éste? Esto sucede en el Ayuntamiento que tú presides. No me vengas, por favor, con aquello de dura lex sed lex. Mi viejo camarada, los dos sabemos, desde nuestra época de estudiantes, cómo se aplican las reglas...

Pero al margen de las leyes, al margen del trato justo que se debe a toda persona (aunque no tenga el C1 de catalán), al margen de las ideologías, lo que es evidente es que con este despido Barcelona y Cataluña se pegan un tiro en el pie (o muy probablemente en algún otro órgano bastante más sensible). ¿Puede ocurrir algo así en una urbe con pretensiones de internacionalidad, de tolerancia, de apertura, de modernidad, de cultura, de cosmopolitismo? ¿Para quién pueden ser atractivas una región y una ciudad donde rigen tal mezquindad y estrechez de miras?

Perdona, por favor, que esta carta sea tan dura. La sinceridad lo exige. No me expreso de este modo por hostilidad, ni por ningún otro motivo fuera de una vieja y muy amistosa camaradería, la cual en este caso exigen una crítica leal y abierta. Lamentaría muchísimo que tu paso por la alcaldía dejase un mal recuerdo, el de parques destruídos, músicos sin empleo y una Barcelona desprestigiada.

Un sincero y muy afectuoso saludo

Juan-Gastón Messerschmidt

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