Estados Unidos

Dos obras consagradas y un estreno

Roberto San Juan
viernes, 2 de febrero de 2024
Franz Welser-Möst con la Clevelend Orchestra © 2022 by Manuela Jans / Lucerne Festival Franz Welser-Möst con la Clevelend Orchestra © 2022 by Manuela Jans / Lucerne Festival
Miami, sábado, 27 de enero de 2024. Adrienne Arsht Center, Knight Concert Hall. Oliver Knussen: Cleveland Pictures; Max Bruch: Concierto para violín nº 1 en Sol menor, Op. 26; Johannes Brahms: Sinfonía nº 1 en Do menor, Op. 68. Nikolaj Szeps-Znaider, violín. The Cleveland Orchestra. Dirección: Franz Welser-Möst
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En las rigurosas notas al programa de mano, firmadas por Kevin McBrien, Peter Laki y Hugh Macdonald -uno para cada una de las tres piezas programadas-, McBrien explica detalladamente la génesis de Cleveland Pictures. En 2003 la Orquesta de Cleveland y su director musical, Franz Welser-Möst, encargaron al compositor británico Oliver Knussen (1952-2018) una nueva obra. La pieza sería una versión moderna de los Cuadros de una Exposición de Musorgski, con movimientos inspirados por obras de la colección permanente del Museo de Arte de la ciudad. Knussen, ferviente admirador del compositor ruso, se mostró entusiasmado con el proyecto y, a partir del encargo, sus ya frecuentes visitas al museo tuvieron el nuevo objetivo de buscar fuentes de inspiración para la nueva obra. El cerco se fue estrechando hasta reducirse a cinco obras pictóricas de Velázquez, Gauguin, Goya, Masson y Turner, una escultura de Rodin, y sendos relojes de Fabergé y Tiffany. 

El lento proceso de composición se extendió en el tiempo más allá de lo inicialmente previsto y Knussen falleció en 2018, dejando la obra con solo cuatro movimientos totalmente completados. La pieza fue estrenada por la Orquesta Sinfónica de la BBC en el Festival de Aldeburgh en junio de 2022 y estos conciertos en Miami -días 26 y 27 de enero- suponen el estreno de la pieza en Estados Unidos. 

El primer movimiento está inspirado en la fachada del museo de Cleveland, donde el visitante se encuentra la escultura de El pensador de Rodin antes de llegar a la portada, que se asemeja a un templo griego. La atmósfera tranquila y evocadora creada por la sección de cuerda se ve alterada por intervenciones de viento y percusión de carácter amenazante. Tras un destacado y desenfadado solo del clarinete bajo, se inicia el segundo movimiento. Éste está inspirado en el cuadro de Velázquez titulado El bufón Calabacillas, del que el Prado conserva otra versión. Como curiosidad, Knussen cita aquí un breve fragmento del motete Versa est in luctum de Alonso Lobo, coetáneo del pintor sevillano. El tercer movimiento se inspira en el San Ambrosio de Goya, también conservado en el museo de Cleveland. En este caso, destaca un solo de flauta que interpreta la melodía del himno Aeterne rerum conditor, atribuido al santo milanés. Por último, el breve movimiento final está inspirado por dos relojes, como da buena cuenta el ritmo mecánico y las intervenciones de la percusión simulando dar cuerda y cantar las horas. En total, unos 12 minutos de música con una sólida concepción intelectual, en un estilo que parece recrearse en la alternancia entre secciones orquestales y con una rica plantilla instrumental.  

Existen varios índices, algunos subjetivos, para tratar de medir la calidad de una orquesta sinfónica y la de Cleveland obtiene, sin duda, una altísima puntuación en todos ellos. La sección de cuerda es muy robusta y su sonido crea un poderoso cimiento sonoro sobre el que se sustenta la estructura orquestal. Ejemplo de ello fueron los pasajes homofónicos del primer movimiento de la Sinfonía de Brahms. La gradación de la intensidad en los crescendi y, especialmente, en los diminuendi, es otro de estos índices. En este sentido, la sección final del ‘Andante sostenuto’ brahmsiano o el prolongado diminuendo con el que concluye el ‘Adagio’ del Concierto de Bruch fueron interpretados con sumo cuidado y precisión. Al hilo de lo anterior, mantener una intensidad de pianissimo mostrando, al mismo tiempo, la riqueza tímbrica de la partitura no es, desde luego, tarea fácil; establecer matices dentro de ese pianissimo es aún más complicado y requiere de los músicos una constante escucha interna y externa, con una concepción de la obra común. De nuevo el segundo movimiento del Concierto de Bruch fue, en su comienzo, uno de esos momentos donde la respiración del público queda contenida para poder apreciar la excelente calidad del sonido orquestal en conjunción con el solista. Este segundo movimiento, al igual que ocurrió en el último de la Sinfonía brahmsiana, nos dejó, además, otro ejemplo del excelente empaste de la cuerda y del sincronismo de la cuerda grave en la ejecución de los pizzicati.

Por último, me gustaría destacar las excelentes intervenciones solistas de instrumentos como el oboe y el clarinete en el segundo movimiento de la Sinfonía de Brahms, la flauta en el tercer movimiento de la pieza de Knussen o la magnífica entrada de las trompas al final del ‘Adagio’ del Concierto de Bruch, o en el ya citado ‘Andante sostenuto’ de Brahms. El resto de los metales también se lucieron en el enérgico último movimiento de la Sinfonía brahmsiana.

Reservo para el final el comentario a la magnífica interpretación del solista en el Concierto de Bruch. Desconozco si Szeps-Znaider tocaba o no en esta ocasión el Guarnerius ex-Kreisler que posee en préstamo, pero la calidad del sonido y la belleza del timbre del instrumento fueron insuperables. Szeps-Znaider mantuvo una gran concentración y derrochó virtuosismo y elegancia. Ejecutó los rápidos pasajes del ‘Finale: Allegro energico’ con impecable limpieza e interpretó los momentos más líricos, como la bella melodía del ‘Adagio’, con un fraseo de gran musicalidad.

En cuanto al trabajo llevado a cabo desde el podio, ¿qué se puede decir de Franz Welser-Möst, tras 22 años al frente de la Orquesta de Cleveland como director musical, superando en duración la ya larga titularidad de Christoph von Dohnányi? Welser-Möst conoce la orquesta a la perfección y la guía con decisión y respeto. El público, que en otras ocasiones parece lanzarse a la carrera de los aplausos con impaciencia, supo, en esta ocasión, respetar los movimientos y los silencios al final de cada obra antes de aplaudir con generosidad el magnífico trabajo realizado.

Por último, señalar que este concierto, junto con el del día anterior con idéntico programa, se encuadra dentro de una serie de estancias anuales -y son ya 17 temporadas- de la Orquesta de Cleveland en Miami, donde, además de conciertos, desarrolla un intenso programa formativo y académico para beneficio de la comunidad musical de la ciudad. 

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