Francia

Menos es más: Les Accents de Noally en 'Rinaldo' de Haendel

Francisco Leonarte
miércoles, 21 de febrero de 2024
Rinaldo y Armida © 1734 by François Boucher / Museo del Louvre Rinaldo y Armida © 1734 by François Boucher / Museo del Louvre
París, viernes, 2 de febrero de 2024. Théâtre des Champs-Elysées. Rinaldo, ópera en tres actos, HWV 7b. Música de Georg Friedrich Haendel. Libreto de Aaron Hill a partir de Jerusalem Liberata de Torquato Tasso, traducido al italiano y versificado por Giacomo Rossi. Versión de concierto. Con Carlo Vistoli (Rinaldo), Emōke Baráth (Armida, Sirena), Chiara Skerath (Almirena, Donna, Sirena), Lucile Richardot (Goffredo), Anthea Pichanick (Eustazio, Mago Cristiano), Victor Sicard (Argante). Les Accents. Violín solista y dirección musical, Thibault Noally.
0,0002658

Uno de los títulos más populares de Haendel (con una de sus más famosas arias, ‘Lascia ch'io pianga’) y uno de los contratenores más completos y más queridos por el público (Carlo Vistoli) consiguieron que el Teatro de los Campos Elíseos estuviese prácticamente lleno el viernes 2 de febrero.

Una formación a tener en cuenta

La parte instrumental corría a cargo de Les Accents, la formación que dirige desde el violín Thibault Noally. Una formación relativamente reducida para lo que se escucha últimamente en el repertorio del barroco tardío (nueve violines, tres violas, dos violoncelos, dos contrabajos, cuatro maderas, dos metales, clavicembalo y tiorba o guitarra). Una formación cuyos integrantes están cuidadosamente escogidos siendo cada uno de ellos notables solistas, como tuvieron ocasión de demostrar, del flautín a la trompa pasando por el clave o el fagot. O por supuesto el violín, a cargo del propio Noally que no en balde es violinista respetadísimo y presente en numerosas agrupaciones como Les musiciens du Louvre, Concerto Köln, Ensemble Mattheus, etc.

En escena, Noally dirige con la mirada, y sólo en momentos precisos deja de tocar para marcar el tiempo con gestos amplios. Pero se nota también el trabajo de ensayos en el cuidado con que están preparados todos los da capi (las repeticiones del primer tema clásicas del barroco tardío) así como en la variedad de acentos de la orquesta a lo largo de la obra, dando a cada aria un color diferente, evitando así caer en la monotonía.

Fuerza es mencionar sin embargo un escollo que no fue resuelto, al menos en París -sin duda la repetición del concierto en otras ciudades europeas permitirá salvarlo-, la sincronía en las ornamentaciones entre solistas vocales y solistas instrumentales: en ocasiones tanto el cantante como el instrumentista desgranaban perfectamente todas las notas, pero no exactamente al mismo tiempo, creándose así pequeños desajustes entre uno y otro. Molesto aunque no grave.

Lo importante es el resto, la calidez con que la orquesta arropó a los cantantes, la sensibilidad, la diversidad de los colores, la nitidez del sonido.

Prueba, una vez más, de que más vale una orquesta pequeña y bien avenida, que una grande y ruidosa. Y no hablamos sólo del barroco...

Un notable plantel de cantantes

Entre los solistas vocales, alguna voz confirmadísima y otras en camino de ser confirmadas.

Lucille Richardot empieza a ser bien conocida por los aficionados, gracias notablemente a sus frecuentes colaboraciones con el brillante Sebastien Daucé y su agrupación Ensemble Correspondances. Su color de contralto, muy particular, con un pequeño vibrato a la antigua, y su seriedad en las ornamentaciones, suelen ser sus mayores bazas. Y, sirviendo al personaje de Goffredo, volvieron a cautivar al público.

Eustazio, su compadre, le correspondía a Anthea Pichanick. De nuevo gran facilidad en las coloraturas. Tal vez estuviera un punto falta de volumen en los graves en su primera aria, pero no en la segunda. Cantante a tener en cuenta.

Victor Sicard se encargó del inclemente papel de Argante, el malo enamorado de la mala. Y cumplió con creces: Buen volumen, mucha limpieza en las agilidades, cómodo en las notas extremas de su partitura, tanto graves como agudos, notable fiato y buena capacidad expresiva, sobre todo en su hermosa aria ‘Vieni o cara’.

Chiara Skerath tampoco es una sorpresa para el público, que pudo volver a admirar la facilidad de su emisión, su coloratura nítida, su bonita forma de controlar la voz en pianissimo... Así que se llevó el gato al agua en su ‘Lascia ch'io pianga’, evitando la cursilería y dando emoción auténtica sin exageraciones veristas ni melifluas.

Emōke Baráth, muy querida por los aficionados al barroco, sigue teniendo la misma voz fresca y la misma coloratura impoluta. Tal vez como Armida le faltase furia -particularmente en su complicada aria ‘Furie terribili’, que técnicamente fue impecable. Tal vez el aficionado espere para tal papel una voz más carnosa, más ‘de mala’. Pero en su favor, la elegancia con que Baráth nos evitó excesos veristas que suelen abundar cuando se trata de tales personajes.

En cuanto a Vistoli, como decíamos unas líneas más arriba, se ha convertido en una suerte de estrella del canto barroco. Y no defraudó a sus fans. Aunque en sus primeras arias tal vez su color fuera menos homogéneo que los de sus compañeros y sus graves menos sonoros en las agilidades, su exhibición de potencia, rapidez y precisión en ‘Or la tromba’ fue impresionante.

El público, entusiasta, distribuyendo ovaciones a todos y cada uno de los intérpretes, vocales e instrumentales. 

Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.