Discos

Descubrimientos en el jardín (barroco) de las delicias

Eliana Cabrera
jueves, 14 de marzo de 2024
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Isabella Leonarda, Trio Sonatas op. 16. Ensemble Giardino di Delizie. Ewa Anna Augustynowicz, dirección musical y artística. Un disco compacto de 72,17 minutos grabado del 2 al 5 de noviembre de 2021 en la Iglesia de la Santa Cruz de Umbertide (Italia). Producción de Brilliant Classics, 2022. Brilliant Classics 96421
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Hace unos pocos años, inexplicablemente, era imposible encontrar grabaciones de la obra de Leonardi. Tras su reciente redescubrimiento, esta robusta personalidad barroca empieza a encontrar el lugar que se merece, gracias al florecimiento de sus interpretaciones y de algunas estupendas grabaciones, la última de las cuales nos la ofrece la discográfica Brilliant Classics a través del grupo polaco-italiano Ensemble Giardino di Delizie con la integral de las Sonatas en trío op. 16, once sonatas publicadas en 1693.

Contemporáneo de las primeras colecciones de Arcangelo Corelli, el opus 16 de Leonardi, con sus sonatas en trío para dos violines, cello y continuo (y una última -bellísima- sonata para un violín y continuo, la duodécima), ostenta una vivacidad y una inteligencia compositiva sobresalientes. Se trata de obras bien construidas, con un equilibrio entre vigor y lirismo, brillantez y melancolía que solo la maestría barroca de los mejores puede ofrecer. 

De la biografía de Leonardi poco sabemos. Nació en Novara, en 1620. Murió en Novara, en 1704. Sabemos también que tenía dieciséis años cuando accedió a la vida religiosa, y que había cumplido apenas veinte años cuando vieron la luz de la imprenta las dos primeras composiciones suyas que conocemos, dos motetes que aparecen en una colección firmada por Gasparo Casati. Sin embargo, su primera colección monográfica aparece solo treinta años después, en 1670. En los restantes treinta y cuatro años de su vida, Leonardi publicó nada menos que veinte colecciones de obras, la última de las cuales, aparece en el año 1700, cumplidos ya los ochenta años. Si mis matemáticas no me engañan, sale a un libro de música cada año y medio. 

Paolo Monticelli, director de los archivos musicales de la catedral de Novara, es autor de la única monografía que ha estudiado la vida y obra de Leonardi, de 1998. La literatura sobre Leonardi se había iniciado con dos textos publicados en los años treinta del siglo XX. Solo después de un olvido de cincuenta años, encontramos un artículo muy riguroso de 1983, firmado por Emilia Dahnk Baroffio, y publicado, sorprendentemente, no en una de las grandes revistas de musicología, sino en una oscura, aunque digna, revista de historia local de Novara (a mi curiosidad por Leonardi tengo que agradecer también el haberme hecho descubrir a esta musicóloga de valor, que hasta entonces yo desconocía). Aparte de estos textos especializados encontramos breves artículos en diccionarios y publicaciones colectivas. Algunos de los motetes “a voce sola” -dentro de una miscelánea colectiva de motetes del siglo XVII- son los únicos que han tenido el privilegio de una edición moderna, por obra de un especialista en interpretación de la música antigua y en instrumentos de viento metal, Stewart Carter, que defendió en 1981 una tesis sobre Leonardi en la Universidad de Stanford. 

En definitiva: las recientes grabaciones de la obra de Leonardi llegan en buena hora a dar a la musicología una merecida colleja por su pasividad. Las Sonatas de Leonardi fueron grabadas por primera vez en 2004 a cargo de la Cappella Strumentale del Duomo di Novara con el sello italiano Tactus. En 2022 la discográfica neerlandesa Brilliant Classics saca dos discos monográficos sobre Leonardi, con una selección de obra vocal sacra, y con la colección que hoy nos interesa: la integral de las sonatas en trío (excluyendo, pues, la única sonata del opus 16 que es solo para violín y continuo, la mítica “dodicesima”). Incluyendo otro disco de Tactus (con el Vespro a Cappella della Beata Vergine), estos cuatro son los únicos discos monográficos dedicados a esta interesante y misteriosa figura de la música barroca. 

Esta contextualización ya podría bastar para llamarnos la atención sobre el proyecto dirigido por Ewa Anna Augustynowicz, violinista y directora del Ensemble Giardino di Delizie. Pero el grupo no solo ha acertado con la idea, sino que también ofrece una realización sencillamente brillante. Estas intérpretes han sabido leer entre las líneas de la partitura barroca, demostrando un conocimiento exhaustivo de las prácticas interpretativas de la época y un acercamiento detallista y apasionado a la obra (es buena muestra de su conocimiento del tema la excelente síntesis de la biografía y el análisis de las sonatas, obra de la directora del grupo, que se ofrece en el booklet del CD, en inglés e italiano). 

Las diferentes secciones de cada una de las sonatas, reciben un tratamiento específico, coloreando con sabiduría y buen gusto tanto las partes solísticas como el continuo. Un ejemplo de ello podría ser la Primera sonata, donde apreciamos la variedad del continuo cuando la intérprete, la estupenda Chiara Cattani, pasa sucesivamente del órgano al clave, y de un acompañamiento más rítmico y penetrante a otro más lírico, delicado y expresivo; pero también la riqueza y creatividad de las solistas en la penúltima sección de esa misma sonata, de carácter naturalmente improvisado, con Augustynowicz junto a Katarzyna Solecka al violín barroco, y Valeria Brunelli con cello barroco, que revelan entre luces y sombras los perfiles exhuberantes de una música maravillosa. Espectacular el trabajo del grupo entero, incluyendo la figura clave de Sofia Ferri, guitarra barroca y tiorba, en la vitalidad literalmente explosiva de la sonata décima

El resultado es un disco realmente emocionante, vigoroso, sorprendente. Una auténtica inmersión en un mundo de fantasía barroca. La discográfica Brilliant Classics ha puesto la grabación a disposición en YouTube: yo les recomiendo sinceramente que no pierdan la ocasión de escuchar esta música. Quédense con ese nombre, Leonardi. O como la llamaban sus editores boloñeses, declinando su nombre según la costumbre de la época, Leonarda. Isabella Leonarda. Cuando la escuchen, pregúntense, como yo, cómo se puede explicar que no la hubieran oído nombrar antes.

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