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Cambio climático

CXVIII Política climática de la Unión Europea ante el reto de neonazis y neofascistas

Juan Carlos Tellechea
lunes, 25 de marzo de 2024
European Green Deal © 2023 by ENERGICA European Green Deal © 2023 by ENERGICA
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Como última iniciativa importante en materia de política climática antes de las elecciones europeas, la Comisión Europea saliente ha publicado un comunicado sobre el objetivo para 2040. Con su recomendación de un objetivo de reducción neta del 90% respecto a 1990, sienta las primeras bases estratégicas para la próxima legislatura. Al hacerlo, subraya la importancia creciente de la política industrial que acompaña a la política climática, en particular las tecnologías de gestión del carbono. Es cierto que el diseño de la arquitectura de la política climática para los años 2031 a 2040 no comenzará hasta después de las elecciones europeas. Sin embargo, la comunicación sobre el objetivo de 2040 ofrece un anticipo de los retos políticos a los que también tendrá que enfrentarse el gobierno de Alemania.

Estos objetivos climáticos europeos y el "Pacto Verde" están en juego debido al inminente giro a la derecha en las elecciones parlamentarias de la UE. Los partidos de derechas gobiernan en Europa y saltan de un sondeo a otro. Una esperanza contra el giro a la derecha en las próximas elecciones parlamentarias de la UE podría ser una decisión pragmática de los no votantes.

Hay que agregar además que 2024 es el mayor año electoral de la historia del planeta Tierra. Se celebrarán elecciones en más de 70 países, que marcarán el rumbo de la política climática internacional en los próximos años. Además de las diversas elecciones nacionales en los países europeos, 350 millones de personas en la UE también podrán depositar su voto a principios de junio.

Fuerzas

Se elegirá un nuevo Parlamento de la UE, que a su vez nombrará a la Comisión Europea, el equivalente comunitario de un gobierno nacional. La Comisión Europea quiere un objetivo climático provisional para 2040. Esto representaría otro objetivo intermedio en el camino de la UE hacia la neutralidad climática a mediados de siglo.

Ante la responsabilidad histórica de Europa, muchas organizaciones ecologistas y el movimiento por el clima presionan para lograr la neutralidad climática en 2040. La UE tampoco tiene previsto eliminar progresivamente los combustibles fósiles para 2050, sino que se centra en la controvertida tecnología CAC de captura y almacenamiento de CO2. Según un informe del Consejo Consultivo Científico Europeo, la UE no sigue actualmente el rumbo climático de París.

Pero incluso esta política climática "inadecuada" está en juego en las próximas elecciones. La política de derechas está en alza en Europa. Las previsiones electorales así lo demuestran. En Austria, el partido populista de derechas FPÖ es con diferencia el más fuerte según las proyecciones, mientras que en Francia el partido de extrema derecha Rassemblement National (antiguo Frente Nacional) lidera las encuestas.

Los partidos populistas de derechas están en el gobierno en Suecia y Finlandia, aunque solo indirectamente en Suecia, donde el gobierno es tolerado y, por tanto, permitido por los Demócratas Suecos, populistas de derechas. Con Giorgia Meloni, del Fratelli d'Italia, y Viktor Orbán, del partido Fidesz, dos políticos de derecha populista a ultraderechista, con orientación neofascista, están al frente de los gobiernos de Italia y Hungría.

Esperanza

La derrota electoral del gobierno nacional conservador PiS en Polonia supuso un pequeño rayo de esperanza. El clima y la protección del medio ambiente ocupan un lugar destacado en el acuerdo de coalición del nuevo Gobierno del Primer Ministro Donald Tusk. La energía eólica, en particular, se ampliará masivamente.

A diferencia de la AfD en Alemania o el FPÖ en Austria, de vocación neonazi, no todos los partidos de derechas niegan el cambio climático provocado por el hombre. La primera ministra italiana Meloni, por ejemplo, calificó el cambio climático de "mayor desafío de nuestra generación". Aunque su gabinete ha expresado repetidamente su rechazo a la ciencia, el Gobierno de derechas italiano se ha atenido hasta ahora al objetivo de la UE de lograr la neutralidad climática para 2050.

Pese a estas tenues diferencias en el campo de la derecha en Europa, no hay duda entre los expertos de que un giro a la derecha en el Parlamento de la UE sería un desastre para la política climática. "Nadie podrá superarnos en el próximo Parlamento Europeo", dijo el AfD en la Conferencia del Partido Europeo en Magdeburgo, subrayando su nueva fuerza.

Derechas

En el Parlamento Europeo hay dos grupos de derechas. El Grupo ECR (Conservadores y Reformistas Europeos), con el partido polaco PiS y el italiano Fratelli d'Italia, representa actualmente a 66 de los 720 eurodiputados. El Grupo ID (Identidad y Democracia) con la Lega italiana, el Rassemblement National francés, el FPÖ austriaco y la AfD suman 62 eurodiputados. Los expertos suponen que ambos grupos tendrán entre 80 y 90 escaños cada uno en las próximas elecciones, por lo que podrían contar con algo menos de 180 eurodiputados entre los dos.

Además, el PPE (Partido Popular Europeo), como grupo parlamentario más fuerte, adopta cada vez más una postura contraria a la protección del clima. El líder del grupo, Manfred Weber, que también es líder adjunto de la CSU (Unión Social Cristiana de Baviera, Alemania), está haciendo campaña a favor de la cooperación con Giorgia Meloni.

"El líder de los conservadores, Manfred Weber, quiere hacer retroceder elementos centrales del Pacto Verde. Está trabajando en un bloqueo climático desde la derecha", afirma el eurodiputado verde Michael Bloss en una reciente entrevista con la prensa.

Comportamiento

Para Bloss, está en juego el legado en materia de política climática de la actual legislatura: 

Una fuerte legislación de protección del clima, el Green Deal, el endurecimiento del comercio de derechos de emisión que lleve a la eliminación progresiva del carbón, el fin del motor de combustión.

En el Parlamento Europeo no hay presión de los grupos políticos. Por tanto, el comportamiento de voto puede variar mucho según el tema. La política climática progresista es rechazada por los eurodiputados de los grupos de derechas, así como por algunos de los grupos conservadores y liberales. Por tanto, el peligro de un retroceso de la política climática parece bastante real. A Bloss le animan las grandes manifestaciones populares contra la extrema derecha en Alemania. "Tenemos que reforzar este impulso contra el giro a la derecha", añadió.

Si los anteriores no votantes pudieran ser movilizados para votar pragmáticamente contra la derecha, el neonazismo y el neofascismo esto ciertamente tendría potencial. En las elecciones de la UE de 2019, solo la mitad de todos los votantes elegibles ejercieron su derecho al voto.

Importante paso

Con su recomendación de un ambicioso objetivo de reducción para 2040, la Comisión Europea saliente inicia la transición hacia la siguiente fase de la política climática europea. Al igual que los objetivos para 2020 y 2030, esto marca el inicio de la planificación política y el debate público sobre el nivel de ambición y las reformas necesarias de la política climática hasta 2040. Se trata de un importante paso intermedio en el camino hacia la neutralidad de los gases de efecto invernadero prevista para 2050, afirman los Dres Felix Schenuit y Oliver Geden, de la Fundación Ciencia y Política (SWP), gabinete estratégico que asesora al parlamento y al gobierno federal de Alemania.

La Comisión subraya que su recomendación del 90% sigue el dictamen del recién creado Consejo Consultivo Europeo sobre el Cambio Climático. Su recomendación también continúa el curso actual de la política climática, frente a una extrapolación teórica de las medidas políticas ya en vigor y que se extienden hasta 2030.

Las ambiciones de los Estados miembros siguen siendo demasiado bajas para cumplir el objetivo del 55% para 2030. En su evaluación de los planes nacionales sobre clima y energía a finales de 2023, la Comisión detectó una gran necesidad de actuación, también en agricultura y transporte. Además, el objetivo de 2030 sólo podrá alcanzarse si se triplica la reducción media anual de emisiones de la última década. Este déficit de ambición hasta 2030 plantea interrogantes sobre el desarrollo gradual. Desde el punto de vista político, el planteamiento de la Comisión es comprensible. Sólo insinúa el necesario aumento de la ambición y anticipa así la contención de la política climática en las capitales ante otras muchas crisis. Sin embargo, esto oculta los retos políticos que implica la realización del objetivo del 90%.

Éxitos normativos

Las elecciones europeas de junio de 2024 anuncian el final del mandato de la actual Comisión. Está previsto que el 1 de noviembre se produzca el relevo. La Comisión de Ursula von der Leyen ha dejado una profunda huella en la política climática desde 2019: Como parte del Pacto Verde Europeo, el programa "Fit for 55" agrupó las propuestas de la Comisión para afinar todos los actos jurídicos adoptados en 2018 para alcanzar el objetivo original de reducción del 40% para 2030 y alinearlos con el nuevo objetivo del 55% para 2030 en la Ley Europea del Clima (Reglamento 2021/1119).

La adopción de numerosos actos legislativos en el procedimiento legislativo ordinario durante la pandemia de coronavirus, la guerra de Ucrania y la elevada inflación se considera un éxito de la Comisión. La iniciativa política del Pacto Verde Europeo, lanzada tras las elecciones europeas, ha dado lugar a un aumento jurídicamente vinculante de la ambición, al perfeccionamiento de los instrumentos existentes y al desarrollo de otros nuevos. Entre ellos, la ampliación del régimen de comercio de derechos de emisión existente para incluir el transporte marítimo, la creación de un segundo régimen de comercio para edificios y transporte por carretera (ETS-II) y un mecanismo de ajuste fronterizo de CO2 para los sectores del hierro y el acero, el aluminio, el cemento, los fertilizantes, la electricidad y el hidrógeno.

Estos éxitos hablan en favor de la resistencia política de las mayorías favorables a una política climática ambiciosa y de la estabilidad del marco de política climática creado hasta la fecha. También demuestran la funcionalidad del procedimiento legislativo ordinario de la UE. Mientras que otros ámbitos políticos, como la sanidad o la energía, son mucho más coyunturales e impulsados por las crisis, la política climática se caracteriza por la actualización periódica de los actos e instrumentos jurídicos existentes.

No obstante, el déficit de ambición antes descrito muestra la urgencia de aplicar los objetivos e instrumentos ya adoptados. En los próximos años, es posible que se produzcan intentos de debilitamiento y bloqueo por parte de algunos Estados miembros o de un Parlamento Europeo con una composición diferente. Por tanto, los responsables europeos y nacionales deben seguir adelante para garantizar el nivel de ambición y la combinación de instrumentos acordados.

Objetivo 2040: nuevo paso intermedio

El calendario para el objetivo intermedio de 2040 acordado en la Ley de Cambio Climático estipula que la Comisión presentará la propuesta seis meses después del primer balance mundial en el marco del Acuerdo de París, que se concluyó en la COP28 en diciembre de 2023. Como este requisito choca con las elecciones europeas de junio, la Comisión ha decidido publicar primero la comunicación y dejar la propuesta legislativa para la próxima Comisión.

La nueva Comisión debería acordar una propuesta y publicarla como muy pronto en el primer trimestre de 2025. No está obligada por el nivel de ambición o el diseño de objetivos de la comunicación.

La pretensión de liderazgo del Consejo Europeo

Al igual que con la fijación de los objetivos para 2020 y 2030, es probable que los Jefes de Estado y de Gobierno declaren su pretensión de liderazgo e intenten limitar la influencia del Parlamento Europeo en el proceso de toma de decisiones en particular. De forma similar a la fijación del objetivo del 55% para 2030, los Estados miembros podrían utilizar la notificación anticipada de una nueva contribución de la UE a la protección del clima (Contribución Determinada a Nivel Nacional, NDC, por sus siglas en inglés) en virtud del Acuerdo de París para poner en juego el proceso legislativo de la UE. Sería concebible un objetivo de CDN para 2035, cuyo nivel haría improbable un objetivo de reducción del 90% para 2040. Los primeros acuerdos y la fijación del rumbo podrían formar parte ya de la reunión de Jefes de Estado y de Gobierno en el Consejo Europeo de finales de junio, donde se negociarán los nombramientos de los altos cargos.

Con su recomendación, la Comisión saliente intenta establecer prioridades temáticas y un nivel de ambición para las discusiones entre los Estados miembros y para los posteriores debates en el Parlamento Europeo con el nuevo reparto de escaños. Por tanto, la recomendación sobre el objetivo 2040 no es sólo un traspaso del testigo a la nueva Comisión, sino también un intento de sentar las bases de lo que probablemente será una decisión controvertida en un terreno político que aún hoy se desconoce.

La recomendación de objetivos en detalle

La Comisión recomienda una reducción neta del 90% de las emisiones de gases de efecto invernadero para 2040 en comparación con los niveles de 1990. Al proponer un objetivo neto, la Comisión prosigue el cambio de paradigma que se puso en marcha con el paquete "Fit for 55", a saber, compensar entre sí las reducciones de emisiones y las absorciones de CO2 a la hora de alcanzar el objetivo. De forma similar al objetivo para 2030 y en respuesta a las demandas de muchas partes interesadas de organizaciones ecologistas, partidos políticos y empresas, propone dividir el objetivo neto en dos límites superiores: Para lograr una reducción neta del 90%, en 2040 deberían seguir emitiéndose un máximo de 850 millones de toneladas (Mt) de equivalentes de CO2 (excluidas las emisiones procedentes del uso del suelo y la silvicultura) y un máximo de 400 Mt de eliminación de CO2 de la atmósfera deberían contribuir a alcanzar el objetivo. A prorrata, esto correspondería a un objetivo mínimo de reducción de alrededor del 83% y un objetivo de eliminación de CO2 de alrededor del 8% en comparación con las emisiones brutas de 1990.

Una diferencia importante respecto al objetivo de 2030 es que la arquitectura de objetivos propuesta también tiene en cuenta la denominada eliminación industrial de CO2, además de la eliminación de CO2 en el sector terrestre. Se trata de tecnologías en las que el CO2 se extrae de la atmósfera y se almacena de forma permanente, por ejemplo mediante captura. Las tecnologías de bioenergía más CAC (BECCS) y de captura directa en el aire más CAC (DACCS) ya se utilizan a gran escala en 2040 en los escenarios de evaluación de impacto. En algunos escenarios, las emisiones netas negativas ya se alcanzan en el sector eléctrico en 2040, pero a más tardar en 2050, para compensar las emisiones residuales de otros sectores.

Nuevo potencial de conflicto

La evaluación de impacto detallada muestra que serán necesarios esfuerzos considerables para cumplir el objetivo del 90%. Entre ellos figuran la descarbonización del sistema energético, el abandono de la fosilización en la industria y una reducción significativa de las emisiones en la agricultura. El aumento de la ambición afecta, por tanto, a los sectores que han sido objeto de intensos debates en los parlamentos, manifestaciones y protestas en los últimos meses. Recientemente, la actual Comisión tuvo que suavizar varios de sus planes en política agrícola, entre otras cosas por la falta de mayorías en el Partido Popular Europeo. Para cumplir los objetivos globales de reducción, la próxima Comisión tendrá que impulsar nuevas medidas que combinen la política climática y la agrícola.

Lo mismo ocurre con la industria: el debate político no está dominado por los objetivos de la política climática, sino por la competitividad y la resistencia de una industria en crisis. La Comisión se anticipa al viento político en contra con su propuesta de un "acuerdo" para la descarbonización de la industria como parte de su recomendación. Ahora que la Ley de Industria Neta Cero y la plataforma de financiación STEP (Tecnologías Estratégicas para Europa) no han estado a la altura de las expectativas alimentadas por la Comisión, es probable que flanquear la política industrial con la política climática sea un área de acción clave para la próxima Comisión.

Gestión del carbono

Los preparativos para un nuevo enfoque de la política industrial también pueden verse en una comunicación sobre la gestión del carbono publicada en paralelo a la recomendación sobre el objetivo de 2040. El destacado papel de las tecnologías para la captura y posterior utilización y almacenamiento de CO2 constituye una interfaz entre la política climática y la política industrial, respecto a la cual las empresas y asociaciones empresariales formulan pronunciadas expectativas. En las tres variantes de estas tecnologías - Captura y Almacenamiento de Carbono (CAC), Captura y Utilización de Carbono (CCU) y Eliminación de CO2 basada en CAC (CDR) y sus funciones en la política climática (véanse los comentarios 30/2023 del SWP) - la Comisión ve elementos decisivos para alcanzar el objetivo intermedio en 2040.

Algunas de las cifras de la evaluación de impacto de cada una de las tecnologías son muy elevadas. Implican una rápida ampliación de los tres enfoques (280 Mt de CO2 para 2040, 450 Mt para 2050). Alcanzar estas dimensiones exigiría enormes recursos y un gran apoyo al desarrollo. También requeriría un mercado único europeo para las capacidades de transporte y almacenamiento de CO2.

Sin embargo, además de las sinergias que ese mercado único aportaría a estas tecnologías, también surgirían nuevos conflictos políticos: la gestión del carbono es a veces objeto de debates muy controvertidos en los Estados miembros. En Alemania, por ejemplo, la CAC es un tema extremadamente delicado. La afirmación en la evaluación de impacto de que la cantidad absoluta de CO2 capturado de la combustión de combustibles fósiles en el sector eléctrico aumentará de aquí a 2050 puede causar irritación. Además, habría conflictos previsibles dentro de los Estados miembros y entre ellos en relación con las infraestructuras de transporte de CO2 que habría que crear.

Próximos pasos e implicaciones para Alemania

La comunicación de la actual Comisión debe entenderse principalmente como una intervención estratégica con la que quiere marcar la pauta y gestionar las expectativas.

Queda por ver si la nueva Comisión seguirá la recomendación del 90% en su propuesta legislativa y si las mayorías favorables a una política climática ambiciosa en el Parlamento Europeo se mantendrán tras las elecciones. Independientemente del nivel de ambición, será un objetivo primordial de los Estados miembros reclamar la soberanía de facto en la toma de decisiones con la ayuda del Consejo Europeo. A diferencia del Consejo de la Unión Europea, los Jefes de Estado y de Gobierno deciden por consenso, lo que también suele ser un gran obstáculo en política climática.

Para el Gobierno alemán, el debate sobre un nuevo objetivo climático llega en un momento políticamente desfavorable. En vista del ya controvertido debate sobre la modificación de la Ley alemana de Protección del Clima, el objetivo para 2040 albergará un potencial de conflicto adicional. Además, las negociaciones sobre la propuesta legislativa tendrán lugar durante el año de las elecciones federales de 2025. Una forma de mantener la previsible disensión fuera de la campaña electoral sería intentar trabajar para retrasar el proceso legislativo tras una decisión oportuna sobre la notificación de la NDC para 2035.

La polifonía de la coalición en el proceso legislativo de la UE, que se ha hecho más patente en los últimos meses, y el deshacer en el último minuto compromisos ya alcanzados (por ejemplo, sobre la Ley de la Cadena de Suministro o los límites de CO2 de las flotas de camiones y autocares) han dañado la reputación del Gobierno alemán en Bruselas. Dado que Alemania es el Estado miembro con mayores emisiones en términos absolutos, la posición alemana respecto al objetivo de 2040 servirá, no obstante, de importante guía para otros Estados miembros.

Autores del informe

  1. Dr Felix Schenuit es científico del proyecto CDRSynTra y del grupo de investigación UE/Europa.
  2. El Dr Oliver Geden es jefe de la parte SWP del proyecto conjunto financiado por el Ministerio Federal de Educación e Investigación (BMBF) de Alemania, Senior Fellow en el grupo de investigación UE / Europa y jefe del cluster de investigación sobre política climática.
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