España - Valencia

Ya te vale, Amor

Rafael Díaz Gómez
miércoles, 20 de marzo de 2024
Carsen, Orfeo ed Euridice © 2024 by Miguel Lorenzo, Les Arts Carsen, Orfeo ed Euridice © 2024 by Miguel Lorenzo, Les Arts
Valencia, sábado, 9 de marzo de 2024. Palau de les Arts, sala principal. Orfeo ed Euridice, azione teatrale per musica en tres actos, con libreto de Raniero de’ Calzabigi, basado en el mito de Orfeo, y música de C. W. Gluck. Estreno: Viena, Burgtheater, 5 de octubre de 1762. Dirección de escena: Robert Carsen. Escenografía y vestuario: Tobias Hoheisel. Iluminación: Robert Carsen y Peter Van Praet. Christophe Dumaux (Orfeo), Francesca Aspromonte (Euridice), Elena Galitskaya (Amore). Coproducción del Théâtre des Champs-Elysées, la Canadian Opera Company, el Teatro dell’Opera di Roma y la Opéra Royal de Versailles. Orquestra de la Comunitat Valenciana. Gianluca Capuano, dirección musical.
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Me cuesta escribir. Miro lo que ocurre, por ejemplo, en Gaza y patino sin poder avanzar sobre una pregunta. Tópica, se me dirá, descontextualizada, se me reprochará, pero es mi pregunta, al fin y al cabo. La pregunta de a quién puñetas le puede interesar lo que un tipo cualquiera opine acerca de un acto cultural en un rincón de esta Europa más mezquina que vieja. 

Mi opinión sobre una ópera en la que a su protagonista femenina no le basta con resucitar una vez, que necesita dos. Tanta muerte real alrededor, insoslayable, como siempre, pero especialmente cruel, tanta historia de amor (a tu pareja, a tus hijas, a tus hijos, a tu familia, a tus amistades, a tu vida, a la vida) destrozada.

¿Dónde estás, Amor, que no es que ya no resucites, es que ni siquiera logras posponer la muerte? ¿Qué me ofrece ahora este Orfeo ed Euridice? No mucho, la verdad. En cambio, anhelo un Der kaiser von Atlantis, ya saben, esa ópera escrita por los judíos o descendientes de judíos Klein y Ullmann en el campo de concentración de Terezín en 1943 y nunca allí estrenada (el personaje de la Muerte no estaba en huelga, como sí ocurre en su ópera, cuando llegaron a Auschwitz).

Por lo demás, nunca me ha caído simpática esta obra de Calzabigi y Gluck en su versión vienesa. Supongo que para no salirme del guion académicamente aceptado y socialmente normativizado debería colocar en algún lugar de estas líneas a L’Encyclopédie y a Winckelmann, y, por supuesto, valorar su espiritualidad, elegancia, refinamiento, condensación e incluso arreglármelas para usar el adjetivo “alquitarado”, recurso que quizás podría hacerme entrar en la meta con una cabeza de ventaja sobre quienes han vertido sus juicios sobre esta ópera en los últimos tiempos. Pero voy a resistirme.

‘Orfeo ed Euridice’ de Gluck. Gianluca Capuano, dirección musical. Robert Carsen, dirección de escena. Valencia, Palau de les Arts, marzo de 2024. © 2024 by Miguel Lorenzo, Les Arts.‘Orfeo ed Euridice’ de Gluck. Gianluca Capuano, dirección musical. Robert Carsen, dirección de escena. Valencia, Palau de les Arts, marzo de 2024. © 2024 by Miguel Lorenzo, Les Arts.

Y no es que no reconozca sus méritos, simplemente resulta que la encuentro aburrida. He intentado buscar en ella algún guiño humorístico que me la rescate (como los que se postula que existen en el Orfeo de Striggio y Monteverdi), en especial en lo que atiende a la doble resurrección de Eurídice. Y no lo encuentro. Lo malo de cuando a un supuesto ilustrado le da por la seriedad es que se suele poner sacerdotalmente plasta.

En cambio, me interesa más el proceso político (las relaciones de aproximación entre las cortes vienesa y parisina a través de la ópera), de ambición y oportunidad de los artistas (el “manifiesto” reformista firmado por Gluck, pero al parecer redactado por Calzabigi con ocasión del Alceste de ambos autores) y de instalación en el canon como ejemplo principal del deseo de reforma y superación de la ópera seria metastasiana en estilo barroco, cuando no fue ni mucho menos el único. Es este, de todas formas, un interés necesitado de respuestas. Por lo que parece, hoy las preguntas me sobran.

‘Orfeo ed Euridice’ de Gluck. Gianluca Capuano, dirección musical. Robert Carsen, dirección de escena. Valencia, Palau de les Arts, marzo de 2024. © 2024 by Miguel Lorenzo, Mikel Ponce, Les Arts.‘Orfeo ed Euridice’ de Gluck. Gianluca Capuano, dirección musical. Robert Carsen, dirección de escena. Valencia, Palau de les Arts, marzo de 2024. © 2024 by Miguel Lorenzo, Mikel Ponce, Les Arts.

Y, no obstante, de lo que toca hablar ya es de esta representación en concreto. Pocos peros se le puede poner. Hasta la ausencia canora, que no física, del contratenor Carlo Vistoli fue bien resuelta. Una afección vocal impidió al italiano cantar las dos últimas de las cuatro funciones que ofrecía Les Arts, pero no evitó que pudiera desenvolverse en el escenario encarnando, quizás un punto exagerado, el papel escénico de Orfeo mientras que, desde el foso, a la altura del director, Christophe Dumaux abordaba, partitura en mano, la parte correspondiente. La proyección de su voz por delante de la orquesta y su fija situación, alejada del Orfeo que se movía en el escenario, no dejaban de chocar, pero a Dumaux, a quien ya conocimos en esta sala en un pasado Ariodante, no cabe sino reconocerle precisión y exquisitez expresiva, largamente compensadoras del timbre algo retraído y nasal emitido en algún pasaje.

Pese a la distancia, la compenetración con la Euridice de Francesca Aspromonte fue buena. La soprano rindió también a un excelente nivel, sosteniendo una tersa línea de canto efectiva y comunicativa. Mientras, Elena Galitskaya fue un Amore ligero, que se adaptaba perfectamente al deseo de la dirección escénica de construir una divinidad caprichosamente bulliciosa.

‘Orfeo ed Euridice’ de Gluck. Gianluca Capuano, dirección musical. Robert Carsen, dirección de escena. Valencia, Palau de les Arts, marzo de 2024. © 2024 by Miguel Lorenzo, Mikel Ponce, Les Arts.‘Orfeo ed Euridice’ de Gluck. Gianluca Capuano, dirección musical. Robert Carsen, dirección de escena. Valencia, Palau de les Arts, marzo de 2024. © 2024 by Miguel Lorenzo, Mikel Ponce, Les Arts.

Este último aspecto es bastante llamativo en una puesta de Robert Carsen sobria y bien medida, térrea y etérea, ardiente y líquida, en elementos reducidos a lo esencial y en los que juega un papel determinante una muy ponderada iluminación. Sin bailes, mueve con justeza a solistas y coros en la escena.

El Cor de la Generalitat Valenciana acostumbra a resolver con nota tales desafíos. También en esta ocasión. Sin embargo, se pudo apreciar alguna leve fisura en la densidad del empaste. Nada que no pasara por alto la ovación cerrada de un público que acabó ocupando buena parte de las butacas. 

Una vez más, la formación coral y la orquestal, reducida y adaptada a criterios historicistas, fueron muy reconocidas por el respetable. También la inteligente labor de Gianluca Capuano, que pese a lo minucioso del tratamiento no le perdió el hilo al impulso general.

Algunos, además, le agradecimos como merece la rapidez con la que sirvió el Che farò senza Euridice? Hizo bien. ¡Total, para que la rerresuciten!

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