Italia

“Se amar no puoi, rispettami”

Jorge Binaghi
martes, 26 de marzo de 2024
Nunziata, Beatrice di Tenda © 2024 by Marcello Orselli Nunziata, Beatrice di Tenda © 2024 by Marcello Orselli
Génova, domingo, 17 de marzo de 2024. Teatro Carlo Felice. Beatrice di Tenda (La Fenice, Venecia, 16 de marzo de 1833), libreto de Felice Romani y música de V. Bellini. Puesta en escena: Italo Nunziata. Escenografía: Emanuele Sinisi. Vestuario: Alessio Rosati. Luces: Valerio Tiberi. Intérpretes: Angela Meade (Beatrice), Mattia Olivieri (Filippo Maria Visconti), Carmela Remigio (Agnese del Maino), Francesco Demuro (Orombello), y otros. Coro (preparado por Claudio Marino Moretti) y Orquesta del Teatro. Dirección: Riccardo Minasi.
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Esta frase de la protagonista fue la que su primera intérprete y valedora principal, Giuditta Pasta, dirigió en la accidentada primera representación al mal dispuesto público en vez de a su antagonista en la acción. Sigue siendo el caso. Al parecer la penúltima fatiga lírica de Bellini conoce un momento bueno (hace poco en París en forma escénica, el año pasado en Nápoles en concierto, ahora en Génova y en el futuro justamente en Venecia en un espectáculo en coproducción), pero será, como siempre, una ilusión.

Volverá después al olvido, y es lástima. No porque se trate de una obra de grandes méritos dramáticos (la culpa seguramente fue de la mala relación que acabó con la colaboración de Romani y Bellini -nunca he visto versos tan mal acabados en el canto o incluso en los difíciles recitativos en un texto de Romani como aquí-), y el venenoso prólogo del libretista no deja de tener razón cuando habla de un ‘fragmento’.

Lo que no es óbice para una inventiva y soluciones musicales más que notables, que en parte continúan con los intentos experimentales de su obra más ‘revolucionaria’, La Straniera, y en parte hacen caso de las críticas que había recibido el magistral final del primer acto de Norma -un trío con coro- y vuelve al gran concertante final de la primera parte (como será el caso también en I Puritani).

Es verdad que la obra palidece ante la Bolena donizettiana, que presenta cuatro personajes interesantes contrastados (hasta un quinto), mientras aquí los únicos con ‘carne’ son la protagonista (un tanto monótona en sus eternos lamentos) y sobre todo su segundo esposo y verdugo, el papel más extenso y notable de Bellini para un barítono (o bajo en aquella época -en efecto en los concertantes y recitativos la escritura insiste en el registro grave-). El presunto amante y la vengativa dama de corte son apenas esbozos.

Verdad es que Bellini escribió un aria para el tenor luego de la primera representación, pero que no tuvo fortuna, y él mismo sacrificó un dúo de las dos señoras (se ha recuperado, pero que yo sepa no se ha ejecutado nunca en una representación completa por la inoportuna situación -en el final justo antes de la gran escena de la protagonista, algo que alargaría innecesariamente la acción dramática-).

La defensa que han hecho biógrafos y críticos como Orrey o Brunel, un especialista y gran maestro como Gui, y la del propio compositor no ha bastado, como tampoco la anécdota de que ‘Se un’ urna è a me concessa’ -el comienzo de la mencionada escena final- acompañó los últimos instantes de Chopin. Y es lástima, pero tal vez si esta vez Bellini deseaba un hecho realmente acontecido habría hecho mejor en mantener la proyectada obra sobre la reina Cristina de Suecia antes que ceder a los deseos de la Pasta, responsable principal del cambio de planes que indirectamente terminó por estropear la amistad de Romani y Bellini.

Me disculpo por ser extenso en un aspecto que no suele interesar demasiado, pero creo que he llegado a la última vez de un título que había visto sólo en Barcelona en 1987 en una versión escénica bastante olvidable y en 2000 en una versión de concierto más interesante, donde los principales eran la Gruberova y sobre todo un soberbio Bruson.

Si debo esperar otros veinticuatro años no me salen las cuentas. Y de cualquier modo dudo de que haya hoy un reparto tan equilibrado como el de la presente ocasión.

Y por eso he ido dos veces.

‘Beatrice di Tenda’ de Bellini. Dirección musical: Riccardo Minasi. Puesta en escena: Italo Nunziata. Génova, Teatro Carlo Felice, marzo de 2024. © 2024 by Marcello Orselli / Teatro Carlo Felice.‘Beatrice di Tenda’ de Bellini. Dirección musical: Riccardo Minasi. Puesta en escena: Italo Nunziata. Génova, Teatro Carlo Felice, marzo de 2024. © 2024 by Marcello Orselli / Teatro Carlo Felice.

Sobre el espectáculo diré que no molesta ni convence particularmente, lo que ya es algo. Hay algunos telones y paneles que se mueven, alguno con reminiscencia medieval o renacentista, como los trajes de las señoras mientras los caballeros se presentan vestidos como en la época de composición de la obra. No parece haber habido mayor interés en los movimientos de los solistas (sí en los del coro) y la escena única -al parecer hoy inevitable- obliga a algunas soluciones forzadas como que los coristas se giren para permitir una escena entre dos personajes.

La parte musical fue de gran importancia. Bien o muy bien los cuerpos estables. Un coro con una parte muy importante que salvo alguna imprecisión en los ataques en un par de escenas tuvo una labor descollante. La orquesta no sólo fue muy presente, sino que el director musical del Teatro, Minasi, se demostró profundo conocedor del estilo y de la edición crítica de la obra debida a Franco Piperno. Tal vez en algún momento el volumen resultó un tanto excesivo (pienso en las escenas de conjunto), pero la labor fue muy buena.

De los dos papeles comprimarios, quien tuvo más oportunidad de demostrar un nivel algo más que discreto fue el Annichino de Manuel Pierattelli, mientras que la parte de Ricciardo es demasiado breve como para permitir un juicio sobre Giuliano Petouchoff.

De los dos roles ‘coprotagonistas’ pero poco desarrollados se puede hablar bien. La Agnese de Remigio tuvo la suerte de ser una soprano (y no una mezzo como suele) por lo que las notas agudas le permitieron brillar. Centros y graves fueron menos interesantes como suele suceder con estas escrituras ambiguas.

Demuro, que hasta ahora nunca me había convencido totalmente, fuera por los papeles interpretados o por la poca seguridad de su emisión en agudo, no sólo ha mejorado esta última al punto de poder permitirse interpolar agudos y sobreagudos que dieran más lustre a sus intervenciones, sino que pareció muy seguro en técnica y estilo como Orombello. Ambos frasearon bien.

‘Beatrice di Tenda’ de Bellini. Dirección musical: Riccardo Minasi. Puesta en escena: Italo Nunziata. Génova, Teatro Carlo Felice, marzo de 2024. © 2024 by Marcello Orselli / Teatro Carlo Felice.‘Beatrice di Tenda’ de Bellini. Dirección musical: Riccardo Minasi. Puesta en escena: Italo Nunziata. Génova, Teatro Carlo Felice, marzo de 2024. © 2024 by Marcello Orselli / Teatro Carlo Felice.

El rol de Filippo Maria Visconti dio oportunidad, ya desde su escena inicial, al magnífico Olivieri de construir un personaje por demás impetuoso, de notable extensión vocal y homogeneidad en todos sus registros, bellísimo timbre, afinación impecable y sobre todo un sentido de la expresividad sin renunciar al más puro belcanto.

Si su gran escena del segundo acto (12 minutos de una intensidad abrumadora) resultó por su intensidad quizás el momento más electrizante desde el punto de vista teatral, su dominio de los recitativos: ejemplares el que comienza la escena ‘Rimorso in lei?’ y la frase convencional (‘ah, mi si solleva il crine’) que da pie al aria elegíaca ‘Qui mi accolse, oppresso, errante’ y luego el imperioso ‘Si eseguisca la sentenza’ a la que sigue la cabaletta doble ‘Non son io che la condanna’.

Una proeza que en mi opinión supera la prueba de Bruson por la belleza del color y lo muestra preparado ya para otra gran escena de ‘delirio y maldad’ como la de Francesco en I Masnadieri de Verdi. Su gallardía escénica no es novedad y, aunque colabora a realzar la impresión general, no es ni de lejos lo más importante.

‘Beatrice di Tenda’ de Bellini. Dirección musical: Riccardo Minasi. Puesta en escena: Italo Nunziata. Génova, Teatro Carlo Felice, marzo de 2024. © 2024 by Marcello Orselli / Teatro Carlo Felice.‘Beatrice di Tenda’ de Bellini. Dirección musical: Riccardo Minasi. Puesta en escena: Italo Nunziata. Génova, Teatro Carlo Felice, marzo de 2024. © 2024 by Marcello Orselli / Teatro Carlo Felice.

Por suerte tuvo frente a él a una Meade de los grandes días, que sólo le cedió en el aspecto interpretativo, y en parte porque el rol es casi todo el tiempo pasivo y nunca emprendedor. Esa es la razón de que su más que buen fraseo no haya tenido más variedad, pero lo compensó con ese dominio absoluto que tiene de las notas filadas y las impresionantes messe di voce en una voz de sus dimensiones, lozana, también ella de una homogeneidad y una calidad poco frecuente en este repertorio, con capacidad no sólo de fulminantes agudos y precisas agilidades (nunca fines en sí mismas) sino también de graves naturales y timbradísimos que fuerzan la admiración.

Si su aria de salida ‘Ma la sola, oimè, son io!’ demostró que su única interpretación anterior del personaje en un concierto la había preparado perfectamente, el subsiguiente dúo con Filippo, la escena con Orombello, el concertante final del primer acto, la escena del juicio del segundo, y el gran final que sigue al terceto ‘Angiol di pace’ (con Agnese y Orombello) con la ya citada cantilena de ‘Se un’urna è a me concessa’ seguida de la temible cabaletta ‘Ah!la norte a cui m’appresso’ (con variaciones) constituyeron una prueba si cabe ‘in crescendo’ de su capacidad para este repertorio (basta recordar aquí mismo su Bolena de la temporada anterior) y la necesidad de contar con ella para una reposición digna del título de que se trate.

No hubo prácticamente diferencias en las dos ocasiones en que vi la obra (la segunda dos días después) si no tal vez que Remigio se mostró aun más segura en esta nueva ocasión. El público festejó los números individuales y aplaudió con fuerza en los saludos finales. Es lástima que en la función semanal no hubiera más presencia como habría sido de desear. Creo que no se ha cobrado idea del significado de esta reposición para la ‘causa’ de Bellini y su obra de la que debería absolutamente quedar huella en un soporte video o al menos audio… Pero estamos en manos de quienes estamos. 

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