España - Castilla y León

La irregularidad como norma

Samuel González Casado
viernes, 19 de abril de 2024
Hera Hyesang Park © 2020 by Hye Sang / Vogue Korea Hera Hyesang Park © 2020 by Hye Sang / Vogue Korea
Valladolid, viernes, 12 de abril de 2024. Centro Cultural Miguel Delibes. Sala Sinfónica Jesús López Cobos. Hera Hyesang Park, soprano. Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Thierry Fischer, dirección. Mozart: La flauta mágica: obertura; Exsultate, jubilate. Mahler: Sinfonía n.º 4 en sol mayor. Ocupación: 85 %
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Variado e irregular concierto, como viene siendo norma, de la OSCyL con su titular, Thierry Fischer, en el que se apreció y mucho la dispar calidad entre las versiones del gran repertorio sinfónico, normalmente ubicado en las segundas partes y por el que suizo siente afinidad, y el resto.

Así, la primera parte fue insatisfactoria por un par de motivos fundamentales, que tienen que ver con director y orquesta el primero y con la soprano el segundo. Es evidente que hoy muy pocas orquestas multirrepertorio saben adaptarse a Mozart, y por eso habitualmente se programa poco y se toca regular o mal, no solo en España. La obertura de La flauta mágica tuvo poca magia y más bien exceso de superficialidad y trazo grueso. El trabajo en esta obra fue tosco y careció de cualquier viso de teatralidad, muy necesario aunque en este caso se escuchara como obra de concierto. El final tuvo marcado rítmico y presencia del timbal excesivos, hasta tal punto que casi parecía otra obertura.

Por su parte, el encantador motete Exsultate, jubilate arrastró la poca adaptación de la cuerda a este estilo y la voluntariosa pero a la postre imposible labor de la soprano Hera Hyesang Park, que mostró una técnica de emisión de resonancias bajísimas y arreglos en el centro, lo que provocó un sonido que directamente borraba cualquier utilidad en el centro-grave, unos contrastes de volumen entre registros que evitaban que se pudiera trabajar la línea, y unos ataques y afinación aproximativos cerca del agudo que sonaban peligrosos para la integridad de este mecanismo. Su Mozart, en parte causado por la necesidad de sacarlo adelante con estas características, fue inaceptable, y sus decisiones estilísticas sonaron realmente raras en algunos momentos (cadencia de Tu virginum corona, lentísima e irreconocible, y desaforadas descargas aquí y allá). La coloratura, evidentemente desde atrás, fue también aproximativa y no circulaba bien por la sala. La dicción y gestualidad extrañas no ayudaron, aunque parece que al público le encantó la supuesta teatralidad.

La soprano mejoró su prestación en el último movimiento de la Cuarta de Mahler, sobre todo avanzada su intervención, donde pudo controlar el sonido y ganar en homogeneidad, pese a las tradicionales partes rápidas e inaudibles. Siguió en esta línea en una propina muy digna, Morgen, de Strauss, donde, a falta de color, consiguió un sorprendente recogimiento, mezclado con algunos discretos matices de planificación que dieron variedad al lied: pausas y pequeños contrastes de volumen tanto en su parte principal (final de la primera estrofa y segunda completa) como en el Mudo. Maravilloso el concertino Luis María Suárez. La pieza de Strauss se interpretó en homenaje al ya exgerente Jesús Herrera, presente en el concierto, que recibió una gran ovación del público.

En este punto debe decirse que los cantantes no tienen por qué hacer bien todos los repertorios, un asunto que normalmente se desconoce. En este caso, el dos por uno “ligero” de Mozart + Mahler no cuadra demasiado bien, porque la escritura no tiene nada que ver. Puede que un cantante no solucione determinado programa mágicamente, y en mi opinión la primera parte debería haber ido por otros derroteros, ya que este es un asunto que puede dar al traste con la coherencia de una velada musical, aunque parezca obligatorio que una soprano lo deba resolver porque su tesitura parece indicarlo.

El resto de la Cuarta fue, como cabía prever, lo mejor de la noche. Aunque Fischer tiende últimamente a cargar las tintas en cuanto a contrastes del volumen, esta interpretación tuvo detalles sutiles, a veces algo lastrados por una realización de la orquesta irregular en cuanto a la finura que pedía el director, pero también realzados por algunas prestaciones estupendas (Silvia Esain al oboe, por ejemplo). Al segundo movimiento le faltó algo de carácter “demoniaco”, pero se compensó con el fraseo. Estupendo el Poco Adagio, realmente muy adagio pero intachable en concepción y efectos (brutal forte final, preparado con mimo). Y ultrasatírico cuarto movimiento, contrastado hasta el límite.

Cabe lamentar lo de siempre en el programa de mano. Por ejemplo, ¿quién es Wilhelm (sic) Mendelberg (sic)? Creo que a estas alturas sobra cualquier reflexión sobre este asunto, más que nada porque ya he mencionado sus nocivas implicaciones en anteriores críticas. A ver si es posible que este horror se solucione algún día. 

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