España - Euskadi

Desde el amor y la libertad

Maruxa Baliñas y Xoán M. Carreira
jueves, 25 de abril de 2024
Leonkoro Quartet © 2024 by Leonkoro Quartet Leonkoro Quartet © 2024 by Leonkoro Quartet
Bilbao, jueves, 18 de abril de 2024. Sociedad Filarmónica de Bilbao. Cuarteto Leonkoro: Jonathan Schwarz y Amelie Wallner, violines; Mayu Konoe, viola; y Lukas Schwarz, violonchelo. F. Schubert, Cuarteto nº 9 en sol menor D 173. W. Rihm, Cuarteto nº 9 'Quartettsatz'. L. V. Beethoven, Cuarteto nº 7 en fa mayor op. 59/1 'Razumovsky'.
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Escuchar al joven Cuarteto Leonkoro -fundado en Berlín en 2019, aunque saltaron a la fama en 2021- en una sala tan apegada a la tradición camerística como es la de la Sociedad Filarmónica de Bilbao (era el concierto 3.208 de la Sociedad Filarmónica de Bilbao, en su temporada 128) resultó una experiencia estimulante, pues Leonkoro ofreció un programa que es una lúcida reflexión sobre esa tradición con Schubert y Beethoven enmarcando un cuarteto, el nº 9 'Quartettsatz' (1993) de Wolfgang Rihm (Karlsruhe, Alemania, 1952) que precisamente rinde un homenaje explícito al Cuarteto en do menor 'Quartettsatz' (1820) de Schubert. Un programa similar a la programación de las sociedades de conciertos de Renania sobre las que informa regularmente nuestro colaborador Juan Carlos Tellechea, donde se combinan con frescura y naturalidad la tradición y la actualidad, pero mucho menos habitual en España, donde muchas sociedades filarmónicas 'subsisten' más que 'florecen'.  

El Cuarteto Leonkoro toma su nombre de un libro infantil, Bröderna Lejonhjärta (1973) de Astrid Lindgren, llamado en español Los hermanos Corazón de León, una tan bella como triste narración sobre la muerte y sobre el amor mutuo de dos hermanos, que incluso tras morir e ir a un 'paraíso' renuncian a él para luchar por la libertad y la justicia. 

Curioso nombre para un cuarteto que encuentra justificación en su concepto interpretativo que se plantea el desafío de ofrecer, con una ejecución sumamente precisa, obras maestras del repertorio con una perspectiva actual y pletórica de vida. Los hermanos Schwarz, colíderes del Cuarteto Leonkoro, parecen haber renunciado -al igual que los protagonistas de la novela- al confort paradisíaco que les garantiza su virtuosismo, en beneficio de unas lecturas críticas y relativamente distantes de esas obras maestras, con un obvio conocimiento de las tradiciones interpretativas pero con libertad para buscar su propio camino. 

Si en un primer momento lo que más llama la atención del Cuarteto Leonkoro es su impecable afinación y ajuste interno, y sobre todo su sonido cuidadísimo, que permite escuchar con la misma nitidez cuando tocan en forte o en piano, enseguida pasan a atraer por la coherencia de sus planteamientos. El Cuarteto Leonkoro parece preguntarse por qué Schubert nos sigue emocionando y cómo traducir la plácida sensibilidad Biedermeier a los tiempos actuales, cuando sufrimos una inestabilidad geopolítica similar a la que enfrentaba el propio Schubert. Y lo consigue con unos tempi no especialmente rápidos (parece que ya está pasando de moda la aceleración de los tempi con la que tantos grupos jóvenes -sobre todo de música antigua- nos 'machacaron') ni buscando los contrastes per se. Es la música la que habla. 

Del Cuarteto nº 9 'Quartettsatz' (1993) de Rihm lo más atractivo volvió a ser la naturalidad con la que los Leonkoro enfocan la obra. Nunca había disfrutado Maruxa de un Rihm tan cercano, tan natural, tan 'tradicional' en el buen sentido. La versión fue coherente, vivaz y sobre todo emocionante, propia de un compositor tan marcado por su carácter depresivo. En el descanso se oían comentarios de "este Rihm nos ha dejado muy tristes", algo poco habitual en obras contemporáneas donde parece que el lenguaje se convierte en protagonista y no en medio de expresión, y -con toda naturalidad- "me gustó más Schubert, pero los compositores contemporáneos también necesitan que les oigan". Fue además un acierto meter a Rihm entre Schubert y Beethoven, dos de los compositores que más admira. 

Si alguna tacha se le puede poner a la versión del primero de los 'cuartetos Razumovsky', el Cuarteto nº 7 en fa mayor op. 59/1 de Beethoven, escrito en 1806, fue una cierta frialdad en el primer movimiento, donde -con la excepción del violonchelo de Lukas Schwarz- se desaprovecharon las melodías en favor de una exactitud y brillantez que llegaba a bordear el aburrimiento. Sin embargo a partir del segundo movimiento, el 'Allegretto vivace e sempre scherzando', el Cuarteto Leonkoro recuperó su feeling y nos ofreció nuevamente una versión coherente y virtuosa pero sobre todo emocionante: a destacar el paso del tercer movimiento al cuarto en attacca, y sobre todo el final de la obra, arquitectónico en el mejor sentido de la palabra. 

Los aplausos, no muy ruidosos pero sí muy constantes, obligaron a ofrecer un bis, una especie de homenaje a las 'danzas húngaras' de Brahms entre la ironía de Ravel y la contundencia de Bartók, que no identificamos. Sin duda el éxito de la presentación del Cuarteto Leonkoro en Bilbao fue tan apoteósico como los precedentes en los principales auditorios occidentales. A la salida pudimos escuchar al veterano público comentarios interesantes y bien informados que traducían una sana actitud ante la música actual, toda vez que el rechazo a este tipo de música sigue siendo un problema grave en las orquestas 'institucionales' de casi todo el mundo. 

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