Estados Unidos

NWS, MTT & Thibaudet

Roberto San Juan
lunes, 13 de mayo de 2024
Miami Beach, domingo, 5 de mayo de 2024. New World Center, Michael Tilson Thomas Performance Hall. P. I. Chaikovski: Obertura-Fantasía de Romeo y Julieta; M. Ravel: Concierto en Sol mayor para piano y orquesta; D. Shostakovich: Sinfonía nº 15 en La mayor, Op. 141. Jean-Yves Thibaudet, piano. Orquesta New World Symphony. Dirección: Michael Tilson Thomas.
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La ovación del público puesto en pie acompañó a Michael Tilson Thomas -conocido en el panorama musical por sus iniciales MTT- durante su lenta salida a escena hasta alcanzar el podio, donde, batuta en mano, realizó un saludo militar, como de un viejo soldado, para agradecer la calurosa acogida. El veterano director y compositor de 79 años es ya una leyenda viva de la música clásica y se mantiene en activo con una energía envidiable que parece aumentar con los primeros sonidos de la orquesta.

Y es que la New World Symphony -conocida, igualmente, por sus iniciales NWS- es, en gran medida, no sólo su orquesta sino también su obra. Él, junto con Lin y Ted Arison, la fundó en 1987 y ha sido su director artístico durante 35 temporadas, siendo actualmente su director emérito. Sin duda que todo este trabajo en favor de la música clásica en la ciudad de Miami estaba presente en la mente del público durante esos prolongados aplausos iniciales en una sala que lleva su nombre, dentro de un moderno edificio -New World Center- que, además, es el primer proyecto realizado en Florida por el afamado arquitecto Frank Gehry.

La Obertura-Fantasía de Romeo y Julieta de Chaikovski, en su versión de 1880, abrió la velada. La obra ofrece muchas oportunidades de lucimiento para los jóvenes músicos de una agrupación cuyo propósito principal es servir de transición entre el final de la formación académica y el comienzo de la vida profesional en orquestas de todo el mundo. En esta ocasión, a los miembros de la NWS se unieron músicos de Iberacademy -Academia Filarmónica de Medellín, Colombia- dentro de un enriquecedor programa de intercambio que se viene realizando durante varias temporadas. La sección de madera, muy bien concertada, interpretó la melodía introductoria para dar paso a las trompas, siempre de difícil afinación en el ataque inicial. La cuerda sonó bien empastada, con pasajes en pizzicato perfectamente sincronizados y la sección de percusión realizó un buen trabajo. MTT, desde el podio, cuidó con especial mimo la sonoridad en las secciones de transición y sus amplios gestos en el pasaje donde el bello tema melódico suena legato en la cuerda, acompañado por el tutti orquestal, llevaron a una explosión de energía muy bien controlada.

Como dos viejos amigos, y presumiendo del mismo modelo de zapatos azules -probablemente diseño de Vivienne Westwood, ya fallecida, que se ocupaba del vestuario de concierto del pianista francés- MTT y Jean-Yves Thibaudet salieron a escena. Thibaudet interpretó el Concierto de Ravel desde la libertad de quien no sólo domina ese repertorio, sino que también se siente identificado con él. Esto, unido a su innata elegancia al piano, hizo que la escucha de esta obra fuera una experiencia lujosa, además de placentera. Thibaudet interpretó el primer movimiento -‘Allegramente’- con cierto desenfado e irreverente elegancia, con un toque superficial de poco calado en el teclado y con intenso color jazzístico. El segundo movimiento -Adagio assai’- fue un delicado paseo, primero con el piano solo y después acompañado por distintas combinaciones de instrumentos de madera en pasajes de sonoridades exquisitas. El toque percusivo, casi agresivo, en el teclado imperó durante el ‘Presto’ final.

MTT reconoció en la ronda de aplausos el trabajo de instrumentistas individuales y, ante la insistente ovación, un ayudante trajo una segunda banqueta para el piano y, mano a mano -MTT en el agudo y Thibaudet en el grave-, director y solista ofrecieron como propina la Sonata para piano a 4 manos FP 8 de Francis Poulenc, con sus tres movimientos -‘Prélude’, ‘Rustique’ y ‘Final’- en una versión de gran complicidad entre ambos intérpretes.

La segunda parte del concierto, tras el descanso, estuvo dedicada a la última Sinfonía de Shostakovich, la nº 15. La obra requiere de una amplia plantilla instrumental, con una riquísima sección de percusión, y ofrece, al igual que la pieza de Chaikovski comentada más arriba, numerosas oportunidades de lucimiento de los músicos en los abundantes pasajes a solo o con textura orquestal adelgazada. Las citas de la ‘Obertura’ de Guillermo Tell de Rossini sonaron poderosas en los metales en el ‘Allegretto’ inicial, donde también hubo, al igual que en el ‘Adagio’ siguiente, destacadas intervenciones del concertino Dominique Bégin. La entrada de los metales al comienzo de ese segundo movimiento estuvo algo desajustada, pero más tarde el solo de cello interpretando su melodía con intenso vibrato y portamento hacia el agudo, resultó sumamente expresivo. Los numerosos pasajes con pequeñas combinaciones instrumentales fueron muy cuidados por parte de la dirección y resultaron muy bien ejecutados, por ejemplo, tuba y trombón con contrabajos en pizzicato o trompeta con sordina y pizzicato de violas. Vibráfono y celesta enriquecieron el crisol tímbrico.

Tras el breve ‘Allegretto’, el cuarto y último movimiento profundizó en los rasgos que caracterizaron esta versión: sonido muy cuidado desde el podio, extraordinaria riqueza tímbrica, calidez interpretativa y tutti orquestales de sonoridad rotunda.

Los prolongados aplausos y la ovación que la orquesta recibió parecían asegurar la propina, pero, después de consultar con los músicos de cuerda de la primera fila y tras más de 2 horas de música, MTT dio por concluida la velada.

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