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La Filarmónica de Viena vuelve a Sevilla 32 años después

Redacción
lunes, 17 de junio de 2024
Orquesta Filarmónica de Viena © Lois Lammerhuber | Maestranza Orquesta Filarmónica de Viena © Lois Lammerhuber | Maestranza
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El 7 de septiembre de 1992, la Orquesta Filarmónica de Viena dirigida por Claudio Abbado, subía al escenario del Teatro de la Maestranza de Sevilla con un concierto incluido en la programación del Teatro con motivo de la Expo 92. El lunes 24 de junio, casi 32 años después, la formación regresa dirigida por Lorenzo Viotti.

El programa está integrado por Capricho español, op. 34 de Nikolái Rimski-Kórsakov (1844-1908); La isla de los muertos, poema sinfónico, op. 29 de Sergéi Rachmáninov (1873-1943); y Sinfonía nº 7 en re menor, op. 70 de Antonin Dvořák (1841-1904).

La historia de la música clásica, además de la de sus compositores, también es la historia de sus intérpretes. Pues sin ellos, solo hay partituras impresas. Silencio. Hay solistas, y por supuesto formaciones sinfónicas o barrocas, que han marcado el curso del sonido hasta alcanzar tal grado de perfección, emoción y de excelencia, que cualquier actuación suya tiene un plus de atractivo en sí misma, independientemente de las obras que aborden.

La Filarmónica de Viena es una de esas orquestas. Con una historia que se remonta a 1842, cuando Otto Nicolai formó lo que llamó una Academia Filarmónica, la formación ha sido pulida por titanes como Hans Richter, Gustav Mahler, Weingartner, Furtwängler, Clemens Krauss, por citar a algunos titulares.

“Es una de las más destacadas del mundo”, dijo ya de ella Richard Wagner. Y Richard Strauss atinó aún más: “Todo elogio de ella se convierte en un eufemismo”. De carácter privado, está vinculada a la Orquesta de la Ópera Estatal de Viena en una simbiosis que garantiza la independencia de los músicos y, por lo tanto, su alto nivel artístico.

Tan musculosa como sedosa, tan mórbida como dulce, escuchar a la Filarmónica de Viena, entrar en su fascinante y rico universo sonoro, constituye una experiencia en sí misma. En Sevilla, dirigida por Lorenzo Viotti, director de la Filarmónica de los Países Bajos y una de las jóvenes batutas que están triunfando en el mundo, la Filarmónica de Viena, en un programa ruso y eslavo, aborda La isla de los muertos, perturbador poema sinfónico de Sergéi Rachmaninov, de 1908, que retrata la personalidad angustiada del autor, el Capricho español de Rimski-Kórsakov, de 1887, inspirado por las melodías españolas que escuchó a lo largo de sus viajes como oficial de la Marina rusa y la Séptima Sinfonía de Antonin Dvořák, op. 70, de 1885, una de sus obras más maduras y profundas.

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