España - Madrid

Otro prometedor pianista

Maruxa Baliñas
martes, 28 de mayo de 2024
Roman Borisov © 2024 by Fundación Juan March Roman Borisov © 2024 by Fundación Juan March
Madrid, domingo, 19 de mayo de 2024. Fundación Juan March. Roman Borisov, piano. Ludwig van Beethoven, Doce variaciones sobre la danza rusa del ballet 'Das Waldmädchen' de Paul Wranitzky WoO 71. Leopold Godowsky, Renaissance libro1: Sarabande (Nouvelles suites de pièces de clavecin nº 3 de Rameau) y Menuet (Nouvelles suites de pièces de clavecin nº 11 de Rameau); Renaissance, libro 2: Pastorale (Pastorale del Concerto nº 8 en sol menor de los Concerti Grossi op 6 de Corelli), y Courante (de la Lección en mi menor de Lecciones para clave o espineta de John Loeillet); y Renaissance Libro 4: Concert-Allegro (Sonata en la mayor K 113 de Scarlatti). Serguei Prokofiev, Valses de Schubert y Sonata nº 8 en Si bemol mayor, op. 84. Ciclo 'Jóvenes intérpretes'.
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Un doble atractivo para este concierto matinal en la Fundación Juan March: por un lado el descubrimiento de un nuevo pianista con el que creo haber coincidido haber cinco años o seis años -antes del COVID-, cuando me lo presentaron como un adolescente muy prometedor; y por otro la posibilidad de escuchar un programa poco habitual. Y no hubo decepción en ninguno de los dos aspectos. 

Roman Borisov (nacido en 2002) se formó en el Conservatorio de Novosibirsk con Mary Lebenzon entre los 4 y los 18 años. Posteriormente participó en diversas academias y cursos en Europa, principalmente en la Academia de Verano del Festival de Verbier. Actualmente, desde enero de 2022, continúa sus estudios en el Conservatorio Hans Eisler de Berlín con Eldar Nebolsin. Pese a esta juventud, Borisov ha tocado ya en salas importantes, y tiene un curriculum muy prometedor. De hecho, en este concierto en la Fundación Juan March tocó un programa semejante al que presentó el pasado 6 de mayo en uno de los principales ciclos de piano de Europa, el Klavier-Festival Ruhr. 

La primera obra del programa, las Doce variaciones sobre la danza rusa del ballet 'Das Waldmädchen' de Paul Wranitzky WoO 71 de Ludwig van Beethoven, eran una de las piezas nuevas para mí, ya que aúnque las conocía de youtube -supongo, quizás fue un disco- nunca me habían coincidido en un concierto. Son una obra muy temprana de Beethoven, de 1796, y de un género 'de segunda categoría', la música de salón aprovechando grandes éxitos de la ópera y el ballet, pero Beethoven era Beethoven incluso entonces, cuando se estaba dando a conocer como pianista, y estas variaciones son preciosas. Borisov mostró un buen sonido, con momentos muy lindos, pero presentó simplemente una sucesión de variaciones no siempre bien hiladas entre sí, aunque cabe preguntarse si la falta de un concepto unitario de la obra es problema de Borisov o del propio Beethoven. 

El segundo bloque del concierto estuvo dedicado a unas piezas que tampoco había escuchado nunca en concierto, una selección de cinco de las transcripciones de obras de los siglos XVII y XVIII que realizó el mítico Leopold Godowsky para sus propios conciertos y que publicó bajo el título Renaissance en 1909. Sí conocía otras transcripciones de Godowsky, aunque siempre he tenido una actitud ambivalente hacia ellas. Como yo nací en la época del primer apogeo de la música 'históricamente informada', estas 'visiones Belle Époque' de la música antigua me resultaron durante muchos años un 'noli me tangere', nunca mejor dicho. Actualmente me interesa mucho más la música de las últimas décadas del XIX y de principios del XX, y estas piezas de Renaissance han pasado a ser un mundo fascinante, aunque algo confuso. 

Borisov no contribuyó a aclararme las cosas porque su interpretación no me parecía ni Belle Époque ni respondía a la tradición bachiana rusa que aún tuve ocasión de escuchar en algunas ocasiones (y que todavía asoma en Sokolov bastante a menudo), ni tampoco se acercaba al estilo que hoy consideramos propio de la música del barroco o dieciochesca. Las dos transcripciones de Rameau me resultaron especialmente desconcertantes, al igual que la conversión de la Sonata en la mayor K 113 de Scarlatti en algo llamado por Godowsky Concert-Allegro y que Borisov entendió casi como si fuera Schumann. 

Además Borisov tiende a exagerar el sonido de la mano izquierda, que tapa un poco a la derecha, o sea, a las partes melódicas, y eché de menos un mayor rigor métrico. O sea, tuve en algunos momentos la sensación de que Borisov se interesa también por un concepto del piano jazzístico y se le escapan elementos del jazz en medio de una música que tiene muy poco que ver con él. Esto no es incompatible con el hecho de que Borisov también mostró en diferentes momentos de Renaissance una pulsación de eso tan evanescente que se ha dado en llamar jeu-perlé, sin que sepamos si se corresponde realmente con el modo de tocar de Mozart o es tan 'francés' como se dice. En estas piezas se notó además que el piano de la Fundación Juan March, un buen Steinway, está ya 'gastado' y se merece una renovación. 

Las dos últimas obras del concierto fueron un clásico en las 'presentaciones' de pianistas rusos: Prokofiev. Primero una obra inhabitual, unos Valses de Schubert que Prokofiev arregló en 1920 para sus propios conciertos como pianista virtuoso, cuando -tras abandonar la URSS- estaba intentando hacerse un lugar en EEUU, sin llegar a conseguirlo, por lo menos tanto como esperaba. No me extraña que la obra sea poco habitual en el repertorio de los pianistas, porque Prokofiev no llega a captar el espíritu schubertiano (como sí lo hizo por ejemplo Liszt en sus preciosas adaptaciones de piezas de Schubert, las Soirées de Vienne S.427) aunque la interpretación de Borisov resultó convincente y parecía disfrutar de la obra. 

Y para terminar el concierto, lo mejor. La Sonata nº 8 en Si bemol mayor op. 84 de Prokofiev, escrita durante la 2ª Guerra Mundial y estrenada en 1944, es una de las más difíciles del catálogo de Prokofiev quien resume en ella muchos de sus elementos más característicos, desde un comienzo que recuerda al 'enfant terrible' que fue en su juventud hasta momentos que lo asemejan a Scriabin en el segundo movimiento, un tercer movimiento 'clásico' -Schumann, Chopin- y un final brillante y algo rudo, nuevamente muy característico de Prokofiev. Es una obra muy apropiada para pianistas jóvenes, ya que no tiene grandes dificultades narrativas o expresivas pero es muy virtuosística, y muy apropiada para concursos de piano, una fase de la que Borisov -a sus 22 años- creo que aún no se ha librado. Su interpretación cumplió todas las expectativas, fue brillante, mostró una técnica casi perfecta, un sonido potente, un buen uso del pedal y además disfrutó y nos hizo disfrutar de la obra. 

Hace veinte años hubiera escrito que Borisov está destinado a ser una de las grandes figuras del piano en las próximas décadas. Actualmente ya no me atrevo a hacer predicciones: he visto grandes pianistas que desaparecieron de las salas de concierto no sé por qué, otros que no parecían reunir las condiciones mínimas y han hecho buenas carreras, y tengo grandes dudas sobre las exigencias a los pianistas actuales. O sea, si tienen ocasión de disfrutar de Borisov háganlo, cuál será su futuro ... no lo sé. 

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