Una jirafa en Copenhague

Entrevista personal confrontada: Omar Jerez con Irene Otero y Gustavo Sierra Fernández.

Omar Jerez
miércoles, 5 de junio de 2024
Irene y Gustavo © 2024 by Omar Jerez Irene y Gustavo © 2024 by Omar Jerez
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Dos escritoras, dos amigas, dos buenas personas, dos creadoras con un talento demoledor, dos mentes invaluables, dos átomos que conectan con el ciclo de la vida, dos mujeres que luchan por los derechos e igualdad de sus semejantes, dos progresistas, dos seres irrepetibles, dos formas de sentir la existencia, dos más dos en sus cuerpos no hacen cuatro sino que suman cien, dos moléculas que serán estudiadas, dos ejemplos a seguir, dos entre mil millones que tenemos la gran suerte de tenerlas en nuestro ecosistema, dos seres sintientes, dos humanas que no conocen el odio, siendo dos fuerzas gravitatorias que generan un universo de autor como son las creadoras Irene Otero y Gustavo Sierra Fernández.

Amarlas, respetarlas o seguirlas es la opción que uno puede elegir si quieres sumergirte en un planeta de luz y color.

Ellas, solo ellas.

Irene Otero

¿Por qué seguir?

Porque había en la mesilla de noche de mi padre un manuscrito encuadernado en espiral por él mismo. Año tras año, las frases que lo componían se iban confundiendo con el polvo y la costra de la falta de uso.

Porque se le cambiaba el gesto cuando se hablaba en casa de literatura. Le salían arrugas frustradas en la boca. Callaba.

Porque quiso ser un visionario de la palabra escrita pero el machaque de la vida le impidió seguir.

Por eso lo hago yo. Por ahorrarme la sensación a conformismo ácido que le adivino a mi padre en los gestos. Es urgente para mí ahondar en este vendaval de letras si quiero cazarlas todas, si quiero no ahogarme de rabia, si quiero sublimar aunque sea un poquito.

Así que la pregunta tal vez debiera ser la siguiente: ¿cómo no seguir?

¿Qué es lo que construye a Irene Otero?

La música, el teatro, la ilustración, la poesía, los viajes, la lengua, el ansia de conocimiento… pero, sobre todo, levantan mi ser las historias que bullen dentro de mí.

Las invento sin parar. Es casi desesperante. Las cojo una y otra vez y las manoseo con plastilina. Entonces, en algún momento impreciso, por fin dejan de ser aquella idea original que las propició y se transforman en infinitud. Luego las reviso interminablemente hasta que ellas también me esculpen a mí. Y vuelta a empezar.

Sí, yo diría que estoy construida a base de escritura.

¿Y cuál es la esencia de esas historias?

Las mías son historias sociales. Me inclino siempre hacia lo intimista. Me encanta analizar la naturaleza de las relaciones humanas y cuestionar las que nos han contado que son sus normas.

Son narraciones que colocan los detalles en un lugar privilegiado. En las pequeñas cosas muchas veces se encarama la clave final, la chispa que dará lugar a una decisión sin vuelta atrás o el secreto que alguien olvidó a propósito.

En mis capítulos, la comedia y la tragedia son buenas amigas y conviven en armonía: se hacen el té mutuamente. Porque así también percibo que lo hacen en la realidad. Y, aunque todo pinte regular tirando a mal, perdura en ellos el optimismo. La esperanza en el avance. Necesitamos relatos con soluciones creativas para empujarnos a buscar las nuestras.

¿Qué destacarías de tu recorrido literario?

Por supuesto, mis dos novelas publicadas con la editorial Libros Indie: SecuenciasUna huida. Siento ambas obras como un experimento existencial que estudié con pasión y al que me encanta regresar.

También el haber recibido el Primer Premio en el Concurso de Relato Corto de la Universidad Cardenal Cisneros, hito que me obligó a creer en mi capacidad de generar impacto y crear cambios efectivos. A este galardón han seguido otros fallos de certámenes en los que mis poemas y relatos han ocupado puestos finalistas, la publicación de mis trabajos en varias revistas literarias como Almiar o Primera Páginala participación en tertulias y noches culturales celebradas en Madrid, el estreno de mis obras dramáticas en teatros municipales… Pero aquella llamada telefónica en que me dijeron que la literatura me había elegido ganadora por primera vez está sin duda en el podio y se ha llevado el oro. No solo se me concedía el reconocimiento, también la posibilidad de imaginarme grande y cambiar mis pasos habituales por unos de gigante.

¿Dónde tienes puesta la mirada a largo plazo?

Bernardine Evaristo defiende en su libro Manifiesto: sobre cómo no rendirse que hay que marcarse metas a priori estratosféricas y creérselas a pies juntillas. Nunca se me ha dado bien tener fe ciega en mí, pero eso es también algo que se trabaja. Tengo toda la convicción, la ilusión, la constancia, la cabezonería y el rigor necesarios para lograr mis metas.

Voy a hacerle caso a Bernardine y decir aquí que quiero ganar un Premio Nadal de Novela, un Espasa de Poesía. Ahí es nada. Ese es el objetivo: ser una referencia en mi campo.

Para conseguirlo, vienen primero varios proyectos: terminar mi tercera novela, culminar mi propuesta poética, seguir colaborando con revistas y periódicos, formarme sin descanso, llevar a la pantalla mi guion cinematográfico. Luego, vendrá lo demás. Y será bueno.

¿Para qué buscas conseguirlo?

Para sumar al panorama literario los tintes de mi voz, de mi experiencia, de mi prisma. Hace falta. Empecé a escribir porque quería leer mis novelas. Pero no existían aún.

Creo en el poder de la creación para cambiar concepciones. Creo que el arte es el primer paso en pos de un crecimiento revolucionario social. Y, ante todo, creo que yo también debo cumplir mi parte y tratar de movilizar el futuro. Porque lo quiero mejor. ¿Cómo no seguir?

Gustavo Sierra Fernández

Redención (Nuestro último baile)

¿De qué trata?

Redención (Nuestro último baile) es una historia de desamor que, a medida que avanza, revela tener mucho más dentro, cuando Susi, dolida por la probable infidelidad de su expareja e intentando superarlo, empieza a ver que había algo más en las razones que los llevaron a romper. Casualmente se topa con la investigación que estaba realizando Ángel, su expareja: la existencia de una sociedad secreta que aspira a dominar la sociedad entera mediante el caos para, al final, provocar el final de los tiempos, en donde ellos serán salvados por unas siniestras deidades y podrán decidir la salvación o la condenación del resto del mundo. A partir de ahí, una persona normal y corriente, sin sorprendentes ni fuera de lo común habilidades, desafiará a todo un plantel de potentados reunidos en torno al Cónclave, una secta que se remonta al reinado absolutista de Fernando VII.

Eso está muy bien, pero ¿qué supuso escribirlo?

Redención (Nuestro último baile) fue escrita en un momento crucial de mi vida. De alguna forma quise reflejar aquellos días en los que se mezclaban la esperanza y la desolación; vivencias increíbles que rayaron en lo fantástico; señales que aparecían por todos los lados y que parecían mandados por algo o alguien; aunque luego nada resultó como debía haber sido. Por eso quise plasmar toda aquella fuerza, la intensidad de unos días por los que a veces siento nostalgia, a pesar de que fueron amargos. Poca gente que me conoce y lo ha leído ha llegado a esta conclusión y, aunque no los culpo ni les reprocho nada, se han quedado solo en la superficie de reconocer a algunas personas o situaciones.

¿Qué encierran ese título y la imagen del ángel caído?

El título (aderezado con subtítulo, que hace referencia a una línea de la canción Under pressure; porque hay muchas producciones llamadas así) y la figura del ángel caído (no necesariamente Satán) vienen de ahí: alguien que se siente privado de su paraíso particular y se encuentra sumido en las tinieblas de la desesperación; de saber que no puede hacer nada y de que pudo tener su parte de culpa. Un ángel caído que batalla por recuperar su luz perdida y hacerse merecedor de la redención. Redención es una palabra con resonancias religiosas, es verdad, y es una de las palabras más bellas que existen. Significa el perdón, la máxima expresión del amor; significa que hay luz al final del transitar por un camino lleno de tinieblas y de sombras que acechan para hacerte caer. Al fin y al cabo, se sea creyente o no, todos somos ángeles caídos que reparan sus alas para alzar el vuelo hacia el resplandor de la redención. Todos tenemos algo que redimir, y no estoy hablando en términos religiosos o místicos. De ahí que parte de su inspiración y su símbolo sean las tremendas ilustraciones de Gustave Doré para Paraíso perdido de John Milton.

¿Qué fuentes te sirvieron para construirlo?

Me gusta pensar en Redención como una mezcla de manga/anime y heavy metal. Me gusta pensar que esto cabreará a mucha gente que no considera el manga arte y que la literatura tiene que nutrirse de literatura, y me gustaría que si van a hacerse el seppuku tras leer estar líneas me manden el vídeo.

Me inspiró mucho la obra magna de Katsuhiro Otomo, Akira, por entonces solo como película de animación (el manga lo leí después). Me ha entusiasmado de siempre el discurso que utiliza y, claro, esas hermosas imágenes de destrucción. Los rayos de sol iluminando la devastada Neo Tokio es algo insuperable. Otra fuente fue El guerrero samurái, del caído en desgracia Nobuhiro Watsuki (una lástima). Me inspiré en su versión del histórico Hajime Saito, por lo que el nombre del inspector de ascendencia japonesa Jaime Santos es una aliteración. Cuando aparece, pretendí llevar a las letras el discurso en imágenes que aparece generalmente en el manga.

Y el heavy metal; el heavy metal clásico de los años 70 y 80, tan bien representado aquí por grupos como Ángeles del Infierno. Redención no es una historia de amor; es una balada de heavy metal. Eso fue lo que quise, porque eso era lo que sentí en aquellos días; trasladar esa fuerza arrolladora, a veces lenta pero apasionada, y otras con un ritmo frenético, a una historia. Esas baladas tienen el poder de conmoverte y emocionarte, pero siempre traen esa parte de fuerza que te anima a levantarte y a seguir.

¿Qué hay de ti en esta historia?

Creo que todos los autores ponen vivencias propias, experiencias, situaciones y gente que han conocido. Sin embargo, es algo que hay que saber hacer para que no se note. En ese aspecto, para gente muy próxima le fue difícil discernir, y a veces hasta me ha dado miedo que se pensasen cosas que no son. Una persona acertó al decir que era una carta de amor, aunque para entonces era una carta sin destinataria. Y la mayoría de las personas se han equivocado al atribuir los roles entre Ángel y Susi. Ángel y Susi, con alguna excepción en su historia y en sus vivencias, soy yo a la vez. Ángel saliendo a la calle doliéndose y culpándose por lo que ha perdido soy yo; Susi en la cama, llorando por lo que ya no puede ser, soy yo también. Sus lágrimas eran las mías. Sus ganas de desaparecer, sus ganas de estallar, eran las mías. Su rabia era la mía, y su esperanza también.

¿Qué es eso de la metateoría de la conspiración?

Esta fue una parte posterior, escrita durante la pandemia, cuando vi el auge de las teorías de la conspiración, a cada cual más descabellada y que ha servido para nutrir de votantes a partidos de ultraderecha que las han empleado a su favor, sin pararse a pensar en el daño que hacen sobre las personas con desequilibrios psicológicos. No sé ni

cómo pueden dormir tranquilos, la verdad.

La teoría la propugna uno de los personajes, el profesor Alejandro Villacarros. Consiste en preguntarse a qué puede obedecer el planteamiento de muchas de las teorías conspirativas, cuando los que las defienden no cuentan con buen crédito. Entonces, se plantea la hipótesis de que un grupo realmente oculto las formule y las distribuya con un fin, que puede ser doble: por un lado, a causa de la falta de crédito, hacer cuestionar la existencia de dicho grupo; y por otro, atribuir los objetivos y actuaciones de ese mismo grupo a sus rivales o a cualquier otro, de forma que puedan tener vía libre de acción.

Ocurre, por ejemplo, con esa tontería del lobby gay: plantear que una élite homosexual pretende convertirse en hegemonía da lugar a la desconfianza, a que algunos se lo crean, a que se los agreda…, y, mientras, ese otro grupo lleva a cabo el propósito real: erradicar la presencia pública de lo gay, desterrarlo al armario; así, con todas las letras. Sé gay, vale, pero no mari…, y en tu casa, que no te vea yo, ¿eh?

Nos inventamos que en el colegio público se enseña a los niños a ser gais (¡ya ves tú!) y luego nos vamos a la cama a dormir tan tranquilos o a una cama de pago. Con el paso del tiempo, me voy convenciendo de que tiene muchos visos de verdad.

¿Cambiarías el final?

No, por dos razones. Para empezar, porque fue lo primero que escribí y, alrededor, se gestó la novela. La segunda es porque continuará. Los que lo han leído pensarán que cómo es posible, y espero que despierte buenas expectativas. Les aseguro que no les defraudará.

Entrevista Intrapersonal Confrontada (O cómo responder y después preguntar)

Oficialmente el género periodístico que creé en el año 2013 ya es científico y académico por parte del periodista Rubén Villalba Jiménez que presentó su TFG en la Universidad Rey Juan Carlos bajo el amparo de su tutora Marina Santín Durán con una nota media de 9,75 con el título: La autoentrevista como género periodístico: El caso de la Entrevista Intrapersonal Confrontada.

La entrevista es un género periodístico fundamental. De hecho, se podría considerar su piedra angular, porque permite al periodista confirmar, acceder y conocer los hechos de manera directa, sin intermediarios, hablando con la fuente y estableciendo un diálogo con los protagonistas.

Lamentablemente, y salvo honrosísimas excepciones, la entrevista, ese momento excepcional que combina conversación, reto y seducción, se ha convertido en un acto seco, forzado, en el que demasiado a menudo el entrevistado no quiere responder y al entrevistador le da lo mismo que no quiera. El momento sublime que permite al periodista ejercer su derecho a preguntar se transforma en un trámite, una penitencia o directamente un combate tosco y sin ningún vencedor.

En otras ocasiones, los entrevistados han tenido una clase por parte de sus asesores para evitar, rodear o directamente eliminar preguntas incómodas, que suelen ser precisamente las que el periodismo debe y puede hacer. El resultado, nuevamente, queda en un limbo de medias verdades y frases insulsas. Por no hablar de las entrevistas promocionales asociadas a algún producto cultural, tipo cine, literatura y música, donde la superficialidad es tan apabullante que se podrían mantener las preguntas hechas años antes y tendríamos la certeza de encontrar las mismas respuestas.

Ante este panorama, desolador y habitual en demasía, el artista y creador Omar Jerez propone una nueva fórmula, una nueva aproximación al género que exige una complicidad de ambas partes (tomando como inspiración las entrevistas noveladas que hizo durante años Milan Kundera) para generar un contenido atractivo, valiente, que enriquezca al lector y que suponga una aventura donde ni el camino ni el destino queda prefijado.

El nuevo concepto se llama Entrevista Intrapersonal Confrontada, (EIC), y tiene como cimiento inamovible la siguiente premisa: el entrevistado genera un discurso a priori, provocado y sugerido (o no) por el entrevistador, y posteriormente el periodista edita y da forma periodística a ese contenido. Se crea una arcilla pura que será moldeada por las manos expertas del entrevistador, a posteriori.

A continuación se exponen los 10 puntos que definirán cualquier EIC que se haga a partir de ahora, y que creemos supone una innegable revolución en este género. Es tan sencillo como invertir el orden para recuperar la pureza que nunca debió perder.

Decálogo para una Entrevista Intrapersonal Confrontada (EIC)
  1. Cualquier persona, tenga o no relevancia pública, podrá solicitar a un periodista la realización de una EIC. Igualmente, cualquier periodista podrá solicitar la realización de una EIC a cualquier persona o personaje.
  2. Cualquier EIC tiene como base fundamental la relación que se establece entre el periodista y el entrevistado, así como la reinterpretación del concepto de entrevista para el siglo XXI.
  3. Una vez aceptada la realización de la EIC, se propondrá, por cualquiera de las partes, un tema sobre el que girará la narración, así como su extensión. Igualmente podrá ser de libre elección si así se decide de mutuo acuerdo.
  4. El entrevistado construirá libremente una narración sobre la temática escogida, que podrá ser creada en cualquier formato: texto, audio, vídeo, ilustración, así como cualquier combinación entre estos. El periodista no intervendrá nunca en esta parte del proceso.
  5. El periodista recibirá esa narración y a partir de ahí construirá una EIC en la que se compromete a mantener el sentido del texto original, y podrá modificar, eliminar, ampliar o extender la entrevista para tratar de llegar a la naturaleza real del entrevistado. Podrá solicitar más información al entrevistado, así como convertirla a otro formato.
  6. Bajo ningún concepto el periodista podrá utilizar la información en bruto para difamar o menoscabar la figura o reputación del entrevistado.
  7. El periodista deberá entregar una copia de la EIC antes de su difusión al entrevistado para que la confronte y certifique que se ha mantenido el sentido original, no entrando éste en consideraciones de estilo y forma.
  8. El periodista puede declarar la EIC nula si percibe que está falseada o que el entrevistado se aleja del objetivo principal, que es un ejercicio de honestidad consigo mismo.
  9. El espectador, para poder completar la experiencia, debería tener acceso al discurso en bruto enviado por el entrevistado y la EIC  definitiva, para comparar y enriquecer la lectura/visionado/escucha del proceso.
  10. Al contrario que en la entrevista clásica, en cualquier EIC la búsqueda de la verdad queda supeditada a la experiencia compartida, confrontada y colaborativa entre las dos partes.

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