Alemania

Kim Bomsori

Juan Carlos Tellechea
jueves, 13 de junio de 2024
Bomsori © 2024 by Kyutai Shim Bomsori © 2024 by Kyutai Shim
Colonia, viernes, 7 de junio de 2024. Gran sala auditorio de la Filarmónica de Colonia. Kim Bomsori, violín. WDR Sinfonieorchester. Director Cristian Măcelaru. Max Bruch, Concierto para violín y orquesta nº 1 en sol menor op 26. Mel Bonis, escena orquestal ''Salomé'' op 100/2. Richard Strauss, poema sinfónico ''Don Juan'' op 20. Ciclo de conciertos "Happy Hour". 100% del aforo.
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Un clamor enorme recorrió la imponente sala de la Filarmónica de Colonia esta tarde cuando Kim Bomsori concluyó su maravillosa interpretación del Concierto para violín y orquesta nº 1 en sol menor op 26 de Max Bruch, en su debut con la WDR Sinfonieorchester, dirigida por Cristian Măcelaru.

Las ovaciones y exclamaciones de aprobación del público fueron incontenibles y se extendieron por varios minutos. Bomsori tuvo que sustituir a último momento a Renaud Capuçon, por razones personales, y cumplió aquí una extraordinaria actuación.

De los tres conciertos para violín y orquesta de Bruch, el primero es sin duda el más famoso. Aunque todavía bajo el doble influjo de Felix Mendelssohn y de Johannes Brahms, el joven Bruch afirma, en su Concierto en sol menor, un bello lirismo y originalidad, al tiempo que exige una entrega total de la solista.

Bomsori tocó con gran pasión y fuerza, irradió mucha emoción a los espectadores con su Guarneri del Gesú (1725, ex "Moller"), mientras hacía ingentes esfuerzos para superar ella misma su propia emocionalidad. Otro tanto ocurría con Măcelaru, dirigiendo con consagración y diafanidad a la célebre Orquesta Sinfónica de la Radiodifusión de Colonia (WDR).

Triunfal acogida

El Concierto de Bruch, escrito a partir de 1864, fue estrenado en su primera versión el 24 de abril de 1866 en Coblenza, con el solista Otto von Königslöw, bajo la égida del compositor, y en su interpretación definitiva el 7 de enero de 1868 en Bremen por un gran amigo de Johannes Brahms, Joseph Joachim, con Carl Martin Reinthaler al frente de la orquesta.

Fue aquel un gran éxito, que proporció a Max Bruch una fama repentina que no encontraría en los otros dos conciertos para violín y orquesta que compuso posteriormente (el nº 2 op 44, y el nº 3 op 58). Solo con su Fantasía escocesa (1878-1880) op 46 para violín y orquesta volvería a experimentar Bruch la triunfal acogida de su Primer Concierto para violín op 26.

Aunque éste es claramente descendiente del op 64 en mi menor (1844) de Mendelssohn, difiere de él en muchos aspectos. En el Finale (Allegro enérgico), Bruch no duda en utilizar elementos de música gitana, anticipando en cierto modo el futuro Concierto para violín op 77 (1878) de Brahms.

Impresionista

A la compositora de la segunda obra de esta velada, Mel Bonis (1858-1937), tampoco le faltaban ni audacia ni confianza en sí misma, en medio de la discriminación que sufrían (y sufren) las mujeres músicas desde tiempos inmemoriales (y hasta no hace mucho). En Salomé op 100/2, una encantadora escena orquestal de apenas cinco minutos, la WDR Sinfonieorchester ofrece una caracterización impresionista de una mujer de la literatura universal.

Compuesta poco antes de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), Salomé forma parte del ciclo para piano de Bonis sobre "tres mujeres legendarias"; un tríptico que incluye además a Ophélie, op 165/2; y Cléopâtra, op 18/2. La orquestación es también de la compositora.

Salomé cuenta la historia de la hija de Herodes Antipas, quien según el Nuevo Testamento, sedujo a su padre en un banquete con una danza erótica para exigirle, bajo juramento de éste, la cabeza de Juan el Bautista en una bandeja de plata. Las impactantes trompas introducen al espectador en este mundo romano-hebreo de la Antigüedad en el Cercano Oriente, aderezado con destellos de maderas y cuerdas, así como de triángulo, xilófono y pandereta.

Mil y una noches

A diferencia de la Salomé de Richard Strauss, la obra de Mel Bonis no suena ni cruel ni maliciosa. Todo lo contrario, comienza con una ligereza que se extiende a toda la orquesta. Le sigue una especie de arrebato sonoro impresionista que toca esferas de misticismo y exotismo. Ni siquiera Maurice Ravel hubiera podido haberlo hecho mejor.

Como una serpiente, el motivo temático principal se arrastra sin cesar por los variados pasajes instrumentales, en un flujo de emociones que despliega un efecto mágico, antes de desembocar en un final como los de los cuentos de Las mil y una noches, con el público arrobado en sus butacas, deseando escuchar más de esta música subyugante.

Titulado Happy Hour este ciclo de conciertos que la WDR Sinfonieorchester organiza los viernes a las 19 horas, con precios populares y gran afluencia de público, son presentados por la periodista local Marlis Schaum, quien con mucho salero y desenfado introduce a los espectadores fácilmente en el universo de la música clásica y la historia de las piezas del programa.

Dionisíaco e incandescente

Don Juan (1888), el poema sinfónico de Richard Strauss puso un impresionante cierre a esta tarde de pasiones. Cristian Măcelaru dirigió con gran maestría a sus músicos que dieron el 100% de rendimiento en una interpretación de ímpetu dionisíaco e incandescencia pura. Inspirado en el poema homónimo de Nikolaus Lenau, el joven Strauss, a la sazón de 24 años de edad, disecciona las distintas facetas del héroe, exuberante conquistador, generoso y seguro de sí mismo, en temas tratados con incesante modulación y variados patrones rítmicos, en los que abundan los delicados motivos femeninos.

Hay en esta interpretación de la WDR Sinfonieorchester dirigida por Cristian Măcelaru una sucesión de climas; por un lado, imperiosos hasta la agitación sonora, y por otro, más apaciguadores, en una seductora canción de amor arrullada por el oboe y el clarinete. Don Juan concluye con un epílogo desilusionado, la visión de un anciano que se acerca a su fin, la postrera etapa de una búsqueda que acaba en un gran desengaño.

Proeza de Strauss

Todo ello ocurre en un tiempo que apenas supera los 15 minutos. ¡Una proeza (con mayúsculas) de Richard Strauss en éste, su segundo poema sinfónico, después de Macbeth (1888) op 23 TrV 163). Lo mismo, el hecho de que una obra tan brillante pueda llegar a una conclusión tan serena, incluso humilde. Ante una interpretación así, es imposible no sucumbir a la llamada de los músicos de la WDR Sinfonieorchester, que con su pátina de buen hacer trasciende la idea misma de virtuosismo.

Hubo una serie de intervenciones individuales que realzaron el aura de prestigio de este colectivo musical, sobre todo de las maderas, oboe, clarinete y fagot; y la complicidad real entre los instrumentistas y su director, cuyo carisma es muy difícil, por no decir imposible, de resistir. La platea deliraba de entusiasmo, aplaudió a rabiar, hubiera querido un bis, pero no lo hubo. ¡Qué más se podía pedir!

Gira por España en 2025

Dicho sea al margen, la WDR Sinfonieorchester ha programado una gira por España desde el 23 al 27 de febrero de 2025, con el destacado violonchelista Pablo Ferrández, bajo la batuta del renombrado director Andrés Orozco-Estrada, con conciertos en Girona, Barcelona, Zaragoza, Valencia y Madrid para interpretar obras de Ludwig van Beethoven, Robert Schumann, Piotr Chaikovski y Johannes Brahms.

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